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jueves, 16 de julio de 2026

Jesús nos dice que tomemos su yugo, el ejemplo de su vida, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad y se acabarán nuestros desánimos y cansancios

 


Jesús nos dice que tomemos su yugo, el ejemplo de su vida, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad y se acabarán nuestros desánimos y cansancios

 Isaías 26, 7-9. 12. 16-19; Salmo 101; Mateo 11, 28-30

Estoy cansado, hemos dicho más de una vez como lo escuchamos también a muchos a nuestro alrededor. ¿Cansado? ¿por el esfuerzo? ¿por el trabajo? ¿por el camino realizado? ¿por las responsabilidades que hemos tenido que asumir? Normalmente cuando hablamos de cansancio estamos haciendo referencia a ese cansancio físico de nuestro cuerpo, pero bien sabemos que hablamos de cansancio por algo más, nuestro estado de ánimo que se nos va para el piso, cansancio que es también desilusión e impotencia, cansancio que es consecuencia de los agobios de la vida, cansancio que es soledad en nuestras luchas o incomprensión de los que nos rodean, cansancio que es desorientación y caminar sin rumbo, sin metas, sin objetivos, sin saber a donde vamos.

Y ¿cómo nos recuperamos de esos cansancios? Del físico sabemos que deteniéndonos en esas tareas para recuperar esas fuerzas gastadas, pero ¿y del otro tipo de cansancio? ¿dónde encontrar ese animo perdido? ¿dónde encontrar esa paz que necesitamos para encauzar bien nuestro camino? Mucho depende de cómo seamos capaces de afrontar esos problemas que nos agobian; ¿será necesario un cambio de nuestra mente para no sentirnos derrotados de antemano? ¿será importante comenzar a creer más en nosotros mismos y en nuestra capacidad para seguir el camino emprendido? Los derrotismos nada ayudan; saber que hay una posibilidad porque también una capacidad en nosotros mismos, nos puede hacer ver las cosas de otra manera; unas nuevas actitudes por nuestra parte creo que nos allana la solución de los problemas que podemos encontrar.

Hoy Jesús en el evangelio nos está haciendo una hermosa invitación. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré...´ ¿Estaría Jesús notando en sus discípulos ese cansancio porque aun con las palabras y los signos de Jesús no veían realizadas tan pronto como deseaban sus expectativas? Unas palabras que tendrán que seguir recordando sus discípulos cuando vengan los momentos difíciles, como será cuando llegue la hora de la pasión y de la pascua, y se sientan entonces desalentados encerrándose en si mismos. Como tenemos que recordarlos nosotros en el camino de nuestra vida.

Un día nos dirá el evangelista que Jesús sentía lástima de aquellas muchedumbres que le seguían porque andaban como ovejas sin pastor; ovejas sin pastor en sus pobrezas y en sus deseos de salud, ovejas sin pastor porque andaban desorientados sin nadie que les ofreciera nuevas esperanzas, ovejas sin pastor porque se sentían un pueblo pobre y oprimido desde muchas circunstancias difíciles que vivían no solo por la opresión extranjera sino también por la manipulación de sus dirigentes.

Y Jesús les dice ‘Venid a mí… y yo os aliviaré’. Jesús se nos está ofreciendo como nuestro descanso. Desde el principio se nos ha anunciado la llegada de una buena noticia, y esa buena noticia la tenemos en Jesús. Con sus signos y milagros ya nos ha ido manifestando que en verdad es la luz y la vida nueva para nuestra existencia. A ello tenemos que dar respuesta, y expresando en un cambio de actitudes y posturas que con Jesús todo es distinto. Y ¿qué nos dice Jesús que vamos a encontrar en El que será en verdad alivio y descanso para nuestra vida? En una palabra podríamos decir, ser como Jesús.

Por eso nos dice que aprendamos de El, que aprendamos de su corazón; es todo un cambio de vida, un cambio de actitudes, el nacimiento de una confianza y de una esperanza. ¿No nos ha pedido desde el principio conversión? ‘Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas…’ ¿Qué significan estas palabras? Tomar su yugo es caminar sus pasos. Esas actitudes negativas y de desesperanza que tantas veces nos aparecen en nuestra vida tenemos que desterrarlas de nosotros. ¿Qué nos suele suceder cuando estamos cansados y agobiados? Pensemos en nuestras reacciones, la acritud que envuelve nuestra vida, la violencia con que reaccionamos, el mal carácter que nos aflora desde el primer momento, el rechazo con que vamos caminando de cuanto nos rodea y hasta de nosotros mismos, el amor propio que aflora y nos hace agresivos con cuanto nos rodea.

Jesús nos dice que tomemos su yugo, que tomemos el ejemplo de su vida, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad y se acabaran nuestros desánimos y cansancios. Cuando caminamos con humildad, reconocemos es cierto nuestra pobreza y nuestra pequeñez, pero comenzamos a confiar, confiamos a ver las cosas de otra manera, comienza a despertarse en nosotros la esperanza; cuando llenamos nuestro corazón de mansedumbre qué distintas son nuestras reacciones y nuestras relaciones con los demás, con qué fuerza interior nos estamos sintiendo. Como nos decía el profeta ‘Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú’. El Señor es nuestra fuerza y nuestra paz. Y Jesús nos dice que su yugo es llevadero y su carga es ligera. ¿Cómo no lo va a ser si El es nuestra fuerza y camina con nosotros?

sábado, 29 de abril de 2023

Necesitamos aprender a confiar, despojándonos de soberbias y autosuficiencias, despertando la verdadera fe nuestra vida porque nos sentimos envueltos por el amor

 


Necesitamos aprender a confiar, despojándonos de soberbias y autosuficiencias, despertando la verdadera fe nuestra vida porque nos sentimos envueltos por el amor

1Juan 1, 5 — 2, 2; Sal 102; Mateo 11, 25-30

Necesitamos en la vida aprender a confiar. Pero ¿en qué confiamos? ¿Qué nos merece esa confianza? Ahí está la sabiduría. El poderoso confía en su poder, el rico confía en sus riquezas, el que se cree sabio su autosuficiencia lo hace sentirse el ombligo del mundo, pero se nos acaba el poder, se nos gastan las riquezas, se diluye esa autosuficiencia de creer sabedores de todos porque pronto nos daremos cuenta de lagunas de nuestra vida, ¿en qué nos quedamos? Vacíos, indefensos, hasta nos sentimos inútiles. Por eso tenemos que saber tener esa sabiduría para encontrar lo que verdaderamente merezca nuestra confianza.

Son los pequeños, los sencillos, los que nada tienen los que entienden mejor lo que es la confianza; aprenden a fiarse y eso les dará más fortaleza espiritual para superar carencias y limitaciones, los hace humildes porque se han despojado de su autosuficiencia; en ese camino nos damos cuenta de la importancia de confiar porque aprenderemos apoyarnos en cosas que tengan verdadera hondura. Nuestro espíritu se eleva por encima de las materialidades dándonos cuenta de que somos más que un trozo de materia. Y aquí entramos en el ámbito de la fe que es dar nuestro voto de confianza, porque experimentamos como nadie lo que es sentirnos amados, aunque nos parezca que de tan pequeños que somos no tenemos ningún merecimiento.

Hoy vemos uno de esos momentos del evangelio en que Jesús llega a expresar incluso el gozo interior que le embarga, que le llena hasta rebosar. Podríamos decir que las palabras que escuchamos hoy a Jesús en el evangelio son como una canción. Da gracias al Padre porque los pequeños y los sencillos lo han escuchado y Dios a ellos se ha revelado. Eran de verdad los más dispuestos a la confianza, entonces, a creer. No estaba la autosuficiencia de los que se creen sabios o poderosos, por eso se fían, por eso confían. Y Jesús da gracias al Padre porque a ellos se revela de manera especial.

Pero nos continua diciendo Jesús que sigamos confiando a pesar de lo duro que nos pueda parecer el camino, a pesar de que notemos nuestros cansancios y nuestras debilidades. El se nos ofrece como nuestro descanso, El nos manifiesta también la mansedumbre y la dulzura de su corazón para que así confiemos totalmente en El. ‘Venid a mí los que estáis cansados y agobiados… aprended de mi que soy manso y humilde de corazón… encontraréis vuestro descanso…el yugo no es tan duro’, es liviano porque está forrado del amor.

¿Cómo no vamos a creer? ¿Cómo no vamos a confiar? En El encontraremos la verdadera sabiduría, El será en verdad nuestra paz. El nos da confianza para que sigamos caminando a pesar de nuestras flaquezas y debilidades, porque es Dios el que confía en nosotros, a nuestro lado está, nos hace sentir su amor, nos regala su perdón y nos envuelve con la fuerza del Espíritu. Quien se siente así amado confía, quien se siente así amado mantendrá firme su fe.

Un camino nuevo emprendemos donde vamos a hacer gala de nuestra confianza. Aprenderemos a confiar en los demás, aprenderemos a caminar juntos, aprenderemos a creer en las personas y darle nuestro voto de confianza aunque tantas veces nos cueste, no defraudaremos a los demás porque hemos aprendido a caminar de manera distinta; el amor que nos ha envuelto ha transformado nuestra vida y nuestra vida estará ya siempre hecha para el amor.

miércoles, 9 de junio de 2021

El camino de los mandamientos del Señor es el que nos llevar a la más plena realización de nuestra vida y a la mayor felicidad para todos

 


El camino de los mandamientos del Señor es el que nos llevar a la más plena realización de nuestra vida y a la mayor felicidad para todos

2Corintios 3, 4-11; Sal 98; Mateo 5, 17-19

Algunas veces tenemos el peligro de simplificar tanto las cosas que le hacemos perder toda la amplitud y profundidad. Una simplificación muchas veces superficial y en ocasiones interesada cuando nos queremos quitar algo de encima

Cuántas veces escuchamos decir a la gente que ellos no tienen pecado porque ni matan ni roban; han simplificado tanto los mandamientos que al final han terminado por cargarse la mayoría de los mandamientos, pero nos indica también una superficialidad cuando no llegamos a comprender toda la amplitud y toda la profundidad que ha de tener el mandamiento de amor a los demás. Nos quedamos en la letra, en sus formas más elementales, pero no profundizamos en el espíritu que ha de animar nuestra vida y el cumplimiento del mandamiento del amor.

Hoy Jesús, en el sermón del monte, respondiendo quizás a actitudes y posturas de ese tipo que siempre pueden aparecer en el corazón de todos, nos viene a decir que El no ha venido a abolir la ley y los profetas sino a darle plenitud. Quizás entre aquellos oyentes de Jesús se había podido producir el hastío de tantas normas, reglamentos y preceptos con que habían rodeado la ley de Moisés y estaban esperando un Mesías que les liberara de tantos preceptos que reglamentaban tanto la vida que el cumplimiento de la ley era un agobio.

Ya escucharemos en otra ocasión decir a Jesús que vayamos a El todos los que nos sentimos agobiados porque en El encontraríamos nuestro descanso, porque su yugo era llevadero y su carga ligera. La palabra yugo venía a hacer referencia a ese peso de la ley tan meticulosamente reglamentada que resultaba algo muy duro de cumplir. Pero Jesús nos dice que su yugo es llevadero y su carga es ligera. Y es que quien sigue a Jesús ha encontrado de verdad el sentido de todo, el sentido de su vida y de lo que ha de hacer y ya el mandamiento del Señor no es algo que haya que cumplir como algo pesado y duro en la vida, sino que venía a tener un sentido de liberación interior para buscar y hacer siempre lo que era la voluntad del Señor pero llenos de mucha paz.

Y es que quien se siente amado de Dios ya no lo verá todo como algo que hay que cumplir sin remedio, sino como una respuesta de amor a tanto amor como por otra parte recibimos. El enamorado está dispuesto a todo por mantener su amor, por agradar y complacer a la persona amada, por manifestarle con mil gestos y detalles todo lo que es el amor que le ofrece, el amor con que responde a ese sentirse amado; quien ama de verdad llega a olvidarse de sí mismo por ese amor del que se siente cautivado y que llena en plenitud su vida.

Por ese camino tenemos que entender las palabras de Jesús que hoy escuchamos. Pudiera parecerle a algunos que estas palabras podrían resultar duras y como un jarro de agua fría para quienes soñaban con verse liberados de mandamientos y preceptos, pero entendiendo bien las palabras de Jesús nos daremos cuenta que encontraremos la verdadera libertad, la que nace del amor y la que nos lleva a la mayor plenitud de nuestra vida. Será así, descubriendo lo que es la verdadera voluntad del Señor cómo nos sentiremos más plenamente realizados y cómo alcanzaremos el mejor camino de felicidad para todos.

¿Sentiremos de verdad que el cumplimiento de lo que es la voluntad del Señor, expresada y manifestada en los mandamientos, nos hace alcanzar la mejor realización de nuestra vida? ¿Nos sentiremos en verdad liberados en el Señor cuando aprendemos a hacer las cosas desde el sentido del amor? ¿Nos daremos cuenta que ese es el mejor camino para la felicidad de todos?

jueves, 29 de abril de 2021

El seguimiento de Jesús es el camino que hemos emprendido desde una llamada de amor pero el camino que queremos hacer con mucho amor en nuestro corazón

 


El seguimiento de Jesús es el camino que hemos emprendido desde una llamada de amor pero el camino que queremos hacer con mucho amor en nuestro corazón

1Juan 1, 5 — 2, 2; Sal 102; Mateo 11, 25-30

Cuando tenemos que hacer un largo camino, quizás de entrada lo hacemos con entusiasmo, las metas que nos hemos propuesto alcanzar parece que nos hacen sentirnos con fuerza, pero en la medida en que el camino se va alargando, van apareciendo dificultades y tropiezos, nos aparece el cansancio y nuestra debilidad, podemos perder aquel entusiasmo inicial o también algunas veces nos vemos como derrotados por las adversidades con que nos encontramos; nos cuesta avanzar, nos sentimos débiles, serán un aliciente para nosotros los compañeros de camino y si nos encontramos señales que nos hablen de su cercanía parece que vemos renovadas nuestras fuerzas.

Entendemos que lo dicho hasta aquí nos puede hablar de un camino, una peregrinación, como también de los trabajos que emprendemos en la vida poniendo en nuestro camino metas que aspiramos alcanzar, en nuestra realización personal como en los logros incluso materiales que podemos lograr en aquellas empresas que emprendamos. Ya estamos haciendo referencia a esa realización personal como personas, como individuos y aquí podemos ver todo lo que atañe a nuestro crecimiento y desarrollo personal, a la vivencia de una vocación o a todo lo que hace referencia a lo que es la vivencia de nuestra vida cristiana, nuestro seguimiento de Jesús.

Hay momentos en que nos aparecen los cansancios y los desalientos; nos pueden parecer muy altas e inalcanzables nuestras metas o nos damos cuenta de nuestra pobreza humana y de nuestra debilidad. Somos humanos y somos pecadores; somos seres de carne y hueso y estamos llenos de debilidades que nos aparecen en múltiples tentaciones; nos vemos rodeados de tantas cosas que se nos presentan como muy atractivas y puede aparecer la confusión en nuestro corazón; sentimos los cantos de sirena que nos invitan a una vida cómoda y fácil, donde no tengamos que realizar grandes esfuerzos y nos cegamos; vemos la aparente vida de triunfadores de tantos en la vida sin que realicen los esfuerzos que nosotros realizamos y pensamos si acaso habremos equivocado el camino. Son muchos los desalientos que nos pueden aparecer en nuestro entorno. ¿Se nos habrá enfriado el amor?

¿Lo que nosotros queremos realizar es el camino del seguimiento de Jesús? Pues escuchemos a Jesús y seamos capaces de ver su presencia junto a nosotros haciendo con nosotros el camino. La imagen de los discípulos de Emaús puede ser una buena imagen que nos sirva de aliento. Iban cansados de la vida, desalentados y perdidas las esperanzas, defraudados y frustrados porque ellos no habían visto el cumplimiento de las palabras de Jesús. Pero Jesús iba a su lado.

A pesar del desaliento fueron capaces de centrarse en la conversación para ponerse a escuchar al caminante que iba a su lado. Le dejaron hablar, porque tenemos el peligro de que cuando estamos muy encerrados en nuestras negruras todo sea una obsesión para nosotros y ni seamos capaces de escuchar a quien nos pueda ofrecer palabras de luz y de vida. Luego se darían cuenta como les ardía el corazón mientras les hablaba.

Pues escuchemos lo que hoy nos dice Jesús. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’.


¿Estamos cansados, defraudados, nos sentimos débiles y sin fuerzas? Vayamos hasta Jesús que en El encontraremos descanso para nuestras almas. Nos puede parecer duro y exigente el camino y la meta que nos propone, pero es que lo estamos mirando ya de antemano casi como un camino imposible; cuando en nuestra imaginación agrandamos la montaña más difícil se nos hará subir a ella.

Por eso tenemos que darnos cuenta lo que significa el camino de Jesús. Es el camino que hemos emprendido desde una llamada de amor pero el camino que queremos hacer con mucho amor en nuestro corazón. Y cuando hacemos las cosas desde el amor y con amor se nos van a hacer más fáciles, más llevaderas. El amor es la fuerza de nuestra vida. Y cuando decimos que queremos ser cristianos no es cuestión de comenzar planteándonos si tenemos o no tenemos muchas cosas que hacer, sino que solamente hemos de mirar el amor en el que nos sentimos cogidos y esa respuesta de amor que nosotros vamos a dar.

No seguimos a Jesús, no podemos decir que nos llamamos cristianos porque cumplamos con unos reglamentos con mayor o menor fidelidad. No es un yugo ni una carga a los que nos vamos a sentir atados, sino un camino de amor. Seguimos a Jesús porque entramos en la órbita de su amor, nos sentimos amados de Dios y ponemos a juego todo nuestro amor.

jueves, 17 de julio de 2014

Si aprendemos de Jesús y sentimos cómo El camina a nuestro lado su yugo será llevadero y su carga ligera

Si aprendemos de Jesús y sentimos cómo El camina a nuestro lado su yugo será llevadero y su carga ligera

Is. 26, 7-9. 12. 16-19; Sal. 101; Mt. 11, 28-30
No nos podemos obcecar con la primera impresión que nos produzca una palabra por su significado en sí misma, o por un gesto que apreciemos en una persona que nos encontremos sin tratar de descubrir el significado que se le quiera dar ya sea a la palabra o al gesto que contemplamos por lo que se comente al mismo tiempo o incluso las circunstancias en que nos encontremos.
Es lo que le puede suceder a muchos que quizá desde una postura externa o por un conocimiento limitado de lo que en sí es se hacen una idea de la religión y del cristianismo como si fueran solo una serie de normas y prohibiciones que lo que quisieran es o amargarnos la vida o no permitirnos ser felices. Puede denotar esto por una parte poco formación cristiana y del sentido de nuestra fe o también en algunos intenciones no tan buenas que quizá lo que quieran es corroer y destruir.
Entendamos en su hondo sentido las palabras que le escuchamos hoy a Jesús en el evangelio. Es cierto que nos habla de ‘yugo’, palabra con la que se quería expresar que todo no era sino una serie de normas, preceptos y prohibiciones. Ya sabemos lo que es un yugo, ese instrumento normalmente de madera que une a los animales – así enyugados se dice – que han de tirar al unísono de un vehículo (un carro o carreta) o arrastrar el arado en la labranza de la tierra; con el yugo se pretende que haya unanimidad en la tracción por parte de los animales para así facilitar el trabajo.
Por eso en ciertos ambientes religiosos entre los judíos, se hablaba del yugo solamente como ese conjunto de normas que marcaban o dirigían la vida de los que pertenecieran a aquella organización religiosa, pongamos por caso los fariseos, con sus pesadas y minuciosas normas que pretendían imponer a todos los de religión judía.
Pero, ¿qué nos dice Jesús hoy en el evangelio? Nos habla Jesús de ir a El porque en El encontraremos alivio y descanso. ‘Venid a mi todos los que estáis cansado y agobiados, que yo os aliviaré’. Cristo no quiere que vivamos agobiados como si tuviéramos pesadas cargas sobre nuestros hombros; no quiere que nos sintamos abrumados por los problemas y las luchas que nos encontramos en la vida. Es nuestro descanso, nuestra fuerza; quiere ser como nuestro cireneo que nos ayude a llevar esa cruz de nuestra vida, de nuestras luchas, de nuestros sufrimientos; no quiere que perdamos la paz del corazón.
Sí nos dice que tenemos que cargar con su yugo, pero quiere que aprendamos a llevarlo, a darle un sentido, a darle un valor a todo cuanto hacemos o tenemos que hacer. Por eso nos hablará de mansedumbre y de humildad, porque además de aprender de El tenemos que sabernos dejar conducir. Y El es nuestro camino y nuestra vida; El es la verdad de nuestra existencia con lo que se convierte en el sentido último de nuestro vivir.
‘Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’. Sí aprendemos de Jesús y lo tenemos con nosotros todo tiene un nuevo sentido y valor; si aprendemos de Jesús y sentimos cómo El camina a nuestro lado nos daremos cuenta que no quiere nada pesado para nuestra vida, porque lo que nos va enseñando a la larga lo que quiere es la felicidad del hombre; la verdadera felicidad en su mejor sentido mientras caminamos aquí en esta tierra y la verdadera y eterna felicidad en el cielo junto a Dios.
¿Será entonces un yugo pesado? Tiene es cierto sus exigencias, hay una cruz que tenemos que cargar, un camino que hemos de realizar y que nos exigirá es cierto esfuerzo y hasta sacrificio pero cuando tenemos una meta clara, un ideal grande en nuestra vida, nada se nos hace pesado ni insoportable, con la esperanza en que vivimos sentimos una alegría y una paz en el corazón que nadie nos podrá quitar.

Tenemos, pues, que entender bien las palabras y el mensaje de Jesús. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012


El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe

Is. 40, 25-31; Sal. 102; Mt. 11, 28-30
Cuando los profetas trasmiten el mensaje de la Palabra de Dios al pueblo de Israel, éste se ve sometido a fuertes tentaciones a la idolatría, porque viven en medio de pueblos paganos que se habían creado multitud de ídolos, dioses a su medida que no podían ofrecer ningun tipo de salvación. Es por eso que los profetas luchan fuerte contra la idolatría de los pueblos vecinos y a la se ve tentado Israel en caer. Podríamos recordar, porque sobre ello hemos meditado en más de una ocasión, la lucha del profeta Elías contra los profetas de los baales, lo que le acarrearía momentos difíciles y de persecusiones.
Ahora el profeta Isaías que  hoy hemos escuchado les recuerda al Dios todopoderoso creador de todas las cosas que se manifiesta con fuerza y poder pero al mismo tiempo cercano de su pueblo. Cuando ellos podían pensar que Dios no les hacía caso ni les tenía en cuenta, el profeta les recuerda esa cercanía de Dios siempre atento a sus necesidades y que por amor a su pueblo se hace presente en medio de ellos.
‘¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: mi suerta está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa?’ ¿No nos recuerda esto lo que quizá muchas veces nosotros hayamos pensado o dicho cuando acudimos a El en nuestra oración y decimos que Dios no nos escucha y no atiende a nuestras peticiones?
‘El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe, les dice el profeta. No se cansa, no se fatiga, es insondable en su inteligencia. El da fuerza al cansado, acrecienta el valor de inválido… los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas…’ ¡Qué bellas palabras que llenan al pueblo, nos llenan a nosotros, de esperanza! ¡Cómo tenemos que aprender a fiarnos del Señor, a poner en El toda nuestra confianza! No podemos olvidar nunca las maravillas que el Señor hace continuamente en nuestra vida, El que ‘es compasivo y misericordioso’.
No nos falta la ayuda y la gracia del Señor. El sí nos escucha y nos llena continuamente con su gracia. Aún en aquellos momentos oscuros por los que podamos pasar, porque quizá se debilite nuestra fe o nos llenemos de dudas y temores, porque quizá por el mal que hemos dejado meter en nuestro corazón nos sintamos más débiles y más tentados, sabemos que el Señor está ahí, es nuestra fuerza, nuestra vida, nuestra luz. A El en medio de las oscuridades con más fuerza tenemos que acudir porque hemos de sentir la certeza en nuestro interior de que el Señor no nos deja, no nos abandona está junto a nosotros.
En los momentos que nos sintamos cansados, porque nos cuesta luchar, porque quizá no avanzamos todo lo que quisiéramos o porque nuestro corazón se haya llenado de desilusión con más fuerza hemos de escuchar la voz del Señor que nos llama y nos invita a ir hasta El, como hoy hemos escuchado en el evangelio. ‘Venid a mí, todos los que estáis cansado y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso’.
‘Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan’, que decía el profeta Isaias; pero que no son sólo los jóvenes, que todos tropezamos y a todos nos aparecen cansancios. Pero hemos de escuchar esa palabra de aliento del Señor porque estando con El ‘se renuevan las fuerzas, les nacen alas como de águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse’. Unas bellas imágenes que nos están hablando de esa fortaleza del Señor que nunca nos faltará.
Como nos decía Jesús ‘mi yugo es llevadero y mi carga ligera’. Es llevadero y ligero porque lo tenemos a El como dulce Cireneo que nos ayuda a llevar la cruz de cada día; es llevadero y ligero porque cuando amamos los mandamientos del Señor nos damos cuenta que lo que nos pueda pedir el Señor será siempre para nuestra mayor felicidad con lo que asi le daremos gloria al Señor.

viernes, 20 de julio de 2012

La autoridad de Jesús… el amor será el que de verdadero corazón a nuestra vida

La autoridad de Jesús… el amor será el que de verdadero corazón a nuestra vida
Is. 38, 1-6.21-22.7-8; Sal.: Is. 38, 10-16; Mt. 12, 1-8

Varias consideraciones podemos hacernos a partir de este texto del evangelio. Un texto que viene a expresarnos con toda rotundidad que Jesús es el Mesías Salvador, el Señor. Nos manifiesta toda la autoridad de Jesús, que es el Señor. ‘Os digo que aquí hay uno que es más que el templo’.

La controversia surge desde un hecho totalmente natural y espontáneo. Al ir pasando en medio de un sembrado, los apóstoles cogen algunas espigas, las estrujan entre sus manos y comen los granos de trigo. Era sábado. Aquello podía considerarse, para quienes vivían bajo el duro yugo de las normas y preceptos estrictos en sus duras interpretaciones, todo un trabajo, segar, lo que no estaba permitido el sábado porque ya en sus interpretaciones habían llegado a contar los pasos que se podían dar en sábado para no quebrantar la ley.

Recordamos lo que reflexionábamos ayer que el yugo de Jesús ‘es llevadero y su carga ligera’. Pero las interpretaciones que se hacían de la ley mosaica, sobre todo por los estrictos fariseos, la convertían en carga dura. ‘Los fariseos al verlo le dijeron: Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado’.

Pero allí estaba la autoridad de Jesús. Recuerda algunos hechos del Antiguo Testamento que todos aceptaban con total naturalidad, pero Jesús se manifiesta con la autoridad del Maestro y del Hijo de Dios. No había venido para abolir la ley, como había dicho en el Sermón del Monte, sino para darle plenitud. Eso significaba que en verdad tendríamos que poner el acento en lo que verdaderamente es importante. Por eso terminará recordando aquel dicho de la Escritura ‘misericordia quiero y no sacrificios’. Será el amor verdadero el que tiene que dar corazón a nuestra vida.

Esto nos puede llevar, aunque fuera brevemente a alguna otra consideración. Cuando Jesús les recuerda lo de ‘misericordia quiero y no sacrificios’, les dice que si lo entendieran bien ‘no estaríais condenando a los que no tienen culpa’. Nos viene bien este pensamiento porque ya sabemos cómo somos en nuestros comentarios de todo tipo ante lo que hacen los demás y nuestras críticas y condenaciones.

Qué fáciles somos para juzgar. Todo lo queremos pasar por el prisma de nuestro pensamiento y nuestra sospecha y con qué facilidad vemos en los demás la malicia que llevamos en nuestro corazón. Todo se ve según el color del cristal con que se mira, se suele decir en nuestros refranes populares; y qué cierto es. Si tenemos malicia en nuestro corazón, no veremos sino maldad en el actuar de los que nos rodean; si nos acostumbramos a andar con sospechas y desconfianzas pensando que los demás andan con doblez de corazón es porque quizá nosotros somos los que andamos con esa malicia dentro de nosotros que nos lleva a pensar así y a desconfiar de los demás.

Quitemos las intenciones torcidas de nuestro corazón; no andemos con desconfianzas ni sospechas; supongamos siempre la bondad de los demás, porque nosotros no seamos capaces sino de actuar también siempre desde esa bondad; veremos como nuestras relaciones mutuas son mejores, cómo seremos más felices y haremos también más felices a los demás, nos sentiremos más hermanos que nos queremos y nos comprendemos y por eso somos capaces de aceptarnos y también de perdonarnos cuando en algún momento nos podamos hacer algo que no sea tan agradable para los otros; estemos dispuestos a disculpar y perdonar a los otros como nosotros a ser capaces de pedir una disculpa o pedir perdón por lo que podamos hacer mal.

‘Si comprendierais bien lo que significa quiero misericordia y no sacrificios, no condenaríais a los que no tienen culpa’, nos dice el Señor.

jueves, 19 de julio de 2012

Creemos en Jesús, le seguimos y vivimos su vida

Creemos en Jesús, le seguimos y vivimos su vida
Is. 26, 7-9.12.16-19; Sal. 101; Mt. 11m 28-30

¿Qué significa decir que creemos en Jesús? Creer en Jesús es algo más que sentir admiración por El. Creer en Jesús implica el seguirle, pero no como se sigue a cualquier líder o ídolo que en el mundo tengamos - y no empleamos ahora la palabra ídolo en una connotación religiosa - sino que creer en Jesús nos lleva a imitarle y a vivir su vida.

En la vida, en el mundo en que vivimos surgen líderes con sus ideas que la gente quiere seguir, o nos creamos ídolos en un personaje, ya sea un deportista, por ejemplo, o un cantante a quien la gente admira, copia sus gestos, sus maneras de actuar o de vestir, pero bien sabemos cómo esos ídolos pronto se apagan y son sustituidos por otros que en el ritmo de la vida van surgiendo y van llamando así la atención. Recordemos en los años de nuestra vida cuántos personajes de ese tipo han estado de moda y pronto han sido sustituidos por otros. Son estrellas que pronto se apagan pero nosotros queremos seguir a Jesús quien es la Luz verdadera que dura para siempre.

Creer en Jesús y seguirle, como decíamos antes, es mucho más que admiración, la admiración que podamos sentir por esa clase de líderes o ídolos que mencionábamos; no es copiar cosas externas sino que el seguimiento de Jesús es algo que nos coge mucho más por dentro para implicar toda una vida, que cuando en verdad nos hemos encontrado con El ya será para siempre distinta. Recordemos cómo en el evangelio vemos que mucha gente se quedaba admirada por las cosas que Jesús hacía o decía, pero que no dieron un paso más y pronto le dieron la espalda. Es mucho más que admiración lo que hemos de sentir por Jesús para decir que creemos en El.

‘Venid a mí…’ nos dice hoy Jesús en el evangelio. Y nos invita a ir a El desde lo que es nuestra vida con sus ilusiones y también con sus desesperanzas, con sus cansancios y sus sufrimientos, con sus luchas y sus alegrías, porque en El vamos a encontrar lo que nos va a dar respuesta verdadera por dentro de nosotros a todos nuestros interrogantes y preocupaciones. ‘Yo os aliviaré…’ nos dice Jesús. ‘Encontraréis en vuestro descanso’. En El encontramos esa paz que necesitamos, como esa fuerza de vida que nos hará vivir una vida nueva y distinta.

‘Cargad con mi yugo y aprended de mí…’ nos dice y quizá esa palabra yugo si no sabemos entenderla bien nos pueda sonar o fuerte o fuera de lugar. Nos puede sonar a carga pesada y algo que nos quite la libertad, porque nos llene de obligaciones. Esta expresión era muy utilizada en la literatura rabínica en los tiempos de Jesús, para significar esas normas o ese nuevo estilo de vivir de quien seguía a un maestro.

Pero Jesús nos dirá que su ‘yugo es llevadero y su carga ligera’, porque con El adquirirá, por así decirlo, un nuevo sentido. Pesado era el yugo que se imponía a los judíos desde las diferentes escuelas rabínicas con una cantidad de normas y leyes. Con Jesús todo será distinto. ‘La verdad os hará libres’, nos dirá Jesús en otro lugar del evangelio. Cristo es esa verdad de nuestra vida y el camino que nos lleva a la vida. ‘Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida’, nos dirá Jesús. El yugo de Jesús, que nos invita a cargar, nunca será algo pesado ni insoportable. Es el camino que nos llevará a la verdadera dicha y felicidad. Recordemos las Bienaventuranzas.

‘’Cristo nos ha liberado’, como bien comenta y reflexiona san Pablo en sus cartas. El Espíritu que recibimos de Jesús no es para la esclavitud sino para la libertad, la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Es el Maestro, sí, al que tenemos que seguir, pero el seguimiento de Jesús es para libertad, para la paz, para el amor. Nunca la verdadera libertad, el amor verdadero y la paz serán una carga pesada, sino todo lo contrario nos conducirá a caminos de felicidad, que es lo que realmente Jesús quiere para nosotros.

Por eso Jesús nos hablará de mansedumbre y de humildad cuando nos invita a imitarle, a copiarle en nuestra, a vivir su estilo de vivir. Es el estilo de su evangelio, son los valores que nos enseña a vivir, es el camino que nos lleva a la verdadera dicha y felicidad que encontramos en el Reino de Dios.

Vayamos a Jesús, escuchemos su llamada e invitación, pongamos en El toda nuestra fe y sigámosle con toda nuestra vida.

jueves, 14 de julio de 2011

Una palabra de Jesús que es vida y siempre nos llena de vida


Ex. 3, 1-6.9-12;

Sal. 102;

Mt. 11, 28-30

El texto del evangelio, unido al que ayer proclamamos, no hace muchos días que se nos proclamó en la liturgia dominical y ya reflexionamos sobre él. Pero la riqueza de la Palabra de Dios hace que cada vez que nos acerquemos a ella, aunque sean los mismos textos los que proclamemos, siempre sea palabra de vida para nosotros y siempre podamos sentir lo que el Señor allá en lo hondo del corazón quiere trasmitirnos.

Nunca la Palabra que Dios nos dice es una repetición ni se agota en sí misma, sino que siempre es palabra de vida y que nos llena de nueva vida. Somos nosotros más bien los que la escuchamos con rutina y desgana y es por lo que tantas veces no sabemos encontrar la riqueza de gracia que siempre el Señor nos ofrece.

‘Venid a mí…’ nos dice el Señor. Y en el Señor siempre encontraremos paz, descanso, vida, gracia, salvación. Venid a mi, cansados y agobiados, confusos y desorientados, tantas veces fríos en nuestro corazón o desganados porque otras cosas nos han cautivado el corazón. Vayamos a Jesús, busquemos a Jesús, querramos encontrar en Jesús toda esa vida que nos ofrece. Vayamos a Jesús y encontraremos esa paz que necesitamos. Vayamos a Jesús con fe, con confianza, con deseos hondos de encontrarle para llenarnos de su vida.

Y es que muchas veces tan confundidos y desorientados estamos que no buscamos a Jesús porque creemos que ya lo hemos encontrado todo para nuestra vida en otras cosas. Y al final nos sentimos hastiados de esas cosas donde hemos apegado el corazón; al final estaremos tan confundidos que todo se nos pueda llenar de tinieblas. En ocasiones no queremos ir hasta Jesús porque nos puede parecer duro y exigente, y lo que nos dice se nos puede volver como pesada carga. Pero nos dice que no, que su ‘yugo es llevadero y su carga ligera’.

Nos da un poco de miedo esta palabra, yugo. Nos pudiera parecer pesada obligación que incluso nos coartara nuestra libertad. Y no es así que ya nos dice en otro lugar que quien cree en él y le sigue alcanza la libertad verdadera.

Esta expresión, yugo, era corriente en la literatura judía y equivalía a la obediencia fiel de la ley del Señor. En el discurrir de la vida del pueblo judío esa ley del Señor podía haberse convertido en carga pesada, porque a la ley del Señor le habían añadido tantas cosas que la convertía en algo farragoso llenos de leyes y prohibiciones. Era lo que pasaba con los fariseos en la época de Jesús con sus interpretaciones muy peculiares de la ley del Señor en que al final lo que era realmente más importante tenía el peligro de convertirse en secundario.

Pero Jesús nos dice que su yugo no es pesado; que esa obediencia de la fe que nosotros hemos de hacer será para nosotros ligera y llevadera. Jesús nos hará centrarnos en lo que verdaderamente es principal. Y el mandamiento del Señor es el cauce por donde ha de discurrir nuestra vida con la que le tributemos la mayor gloria a Dios, pero donde también nosotros alcancemos la verdadera felicidad.

‘Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’. Cargar con el yugo del Señor es entrar en el camino de la mansedumbre y de la humildad, porque es hacernos como El, de El tenemos que aprender. Y una vida llena de mansedumbre, una vida llena de amor es una dicha que nos hace pregustar la gloria del cielo.

Buscamos a Jesús, como decíamos antes, vamos hasta Jesús y queremos llenarnos de su vida. Vamos a Jesús y queremos parecernos a El porque queremos amar con un amor como el amor con que El nos ama. Vamos a Jesús y encontraremos alivio y paz, encontraremos descanso y dicha. Vamos a Jesús y encontraremos el verdadero camino de la verdadera felicidad.

viernes, 1 de julio de 2011

Todo el misterio de Dios es revelación de amor



Deut. 7, 6-11;

Sal. 102;

1Jn. 4, 7-16;

Mt. 11, 25-30

Todo el misterio de Dios es revelación de amor. Un amor gratuito y generoso de Dios que es para todos, pero quizá no todos saben captar. Hay que entrar en la sintonía para poder entenderlo y sentir como llega al corazón. Son necesarias unas condiciones. Como las ondas de radio que están en el aire que no todos sintonizan. Es necesario captar la onda; tener el sistema de captación de señal adecuado.

Escuchamos a Jesús hoy en el evangelio cómo da gracias al Padre que se manifiesta a los humildes y a los sencillos. ‘Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla’. Esa es la sintonía para captar todo lo que es el amor inmenso de Dios, esa revelación de amor que es todo el misterio de Dios que se derrama sobre nuestra vida.

Hoy celebraramos la solemnidad del Corazón de Jesús. Y hablar del Sagrado Corazón de Jesús es hablar de su amor. Es lo que queremos sentir; es lo que queremos celebrar; es lo que queremos vivir. Hablar del Corazón de Jesús es una forma de expresarlo, como en la vida cuando hablamos de amor hablamos de entregar el corazón, o de amar con todo el corazón. Hablar, pues, del Corazón de Jesús es hablar de todo el amor de Dios, y de Dios hecho hombre.

Un amor gratuito y generoso, decíamos; un amor fiel que permanece para siempre. Nosotros podremos fallar, pero nunca nos fallará el amor que Dios nos tiene. El ha empeñado su palabra para amarnos y amarnos con toda fidelidad. ¡Qué hermoso lo que nos decía el Deuteronomio! Y es un libro del Antiguo Testamento. Nos habla de cómo Dios se ha enamorado de su pueblo y lo ha hecho ‘por puro amor’. No por merecimientos nuestros sino porque así es su amor.

Recuerda al pueblo la salida de Egipto y la liberación de la esclavitud del faraón, el paso del mar Rojo, la Alianza del Sinaí. Y nos habla de la fidelidad en ese amor. Dios es fiel, siempre y eternamente fiel. ‘Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios; el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones’. Y decir mil generaciones es decir siempre. Por eso deciamos en el salmo: ‘la misericordia del Señor dura siempre…’

Se me ocurre pensar en el dolor de un corazón enamorado cuando no es correspondido. Son experiencias que vemos en la vida alrededor; cuánto sufren los enamorados no correspondidos. Es el amor y es el dolor sangrante de Dios, enamorado de nosotros, pero que no siempre le correspondemos. Pensar en ese dolor de Dios, contemplando su Sagrado Corazón sangrante, tendría que movernos a dar la vuelta a la vida para correponder a ese amor divino y eterno de Dios, siempre fiel.

Todo es revelación de amor, decíamos desde el principio. En ello nos insiste la carta de san Juan invitándonos una vez más a corresponder a ese amor. Amor de Dios que siempre es el primero; porque no nos ama porque nosotros le hayamos amado, sino que El nos amó primero. Así nos lo dice claramente. ‘En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que El nos amó primero y nos envió a su Hijo como propiciación para nuestros pecados…’

¿Y sabéis lo que quiere Dios? Permanecer para siempre en nuestro corazón y hacernos llegar a la plenitud. Y para eso nos da su Espíritu que es Espíritu de amor. Confesamos nuestra fe en El, le amamos correspondiendo a su amor y nos da una plenitud tal que nos hace partícipes de su vida divina para hacernos a nosotros también hijos, hijos adoptivos de Dios por la fuerza de su Espíritu que habita en nosotros.

Seguimos contemplando el Sagrado Corazón de Jesús y nos habla de ternura, de descanso, de paz. Igual que un hijo se reclina sobre el pecho de su madre para estar cerca de su corazón y así sentirse seguro en los avatares y luchas de la vida, quiere Jesús que nos reclinemos, nos recostemos sobre su corazón para que sintamos sus latidos de amor que tanta paz, seguridad y fortaleza nos harán sentir. Estaremos atormentados y agobiados por los problemas, las luchas, las debilidades y flaquezas. Jesús nos manda ir hasta El y descansar en su corazón.

‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré… aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’.

Seguir a Jesús, estar con El y querer cumplir el mandamiento del Señor no será nunca para nosotros una carga pesada. Cuántos temen entrar por la senda de los mandamientos del Señor porque les parece difícil o imposible el camino. Seguir los pasos de Jesús es la mayor felicidad que podemos encontrar porque siempre nos sentiremos envueltos por su amor y por su paz. Y teniendo el amor y la paz del Señor ¿qué nos va a faltar? ¿qué otra cosa podremos necesitar?

Vivamos una fe madura, un amor maduro y fuerte en nuestro seguimiento de Jesús. Hagamos crecer en verdad nuestra fe y nuestro amor. No nos quedemos en superficialidades o pasajeros sentimientos. Démosle a nuestro amor toda la profundidad que tiene el amor del Señor.

jueves, 15 de julio de 2010

Mi alma te ansía de noche… en mí encontraréis vuestro descanso

Is. 26, 7-9.12.16-19;
Sal. 101;
Mt. 11, 28-30

Mientras en el profeta Isaías se nos manifiestan unas ansias y deseos de Dios porque queremos buscar y seguir su senda, vivir en su paz, en el evangelio Jesús nos invita a ir hasta El porque en El vamos a encontrar esa paz y ese descanso.
‘En la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra y aprenden justicia los habitantes del orbe’. ¡Qué hermosos deseos! ¡Qué esperanza y que confianza puesta en el Señor! Lo deseamos, lo buscamos, queremos encontrar esa luz, queremos aprender de su justicia y santidad.
No siempre es fácil porque nos distraen tantas cosas, nos sentimos atraídos por otras, y muchas nos llevan a caminar caminos que no son de justicia y verdad, o cuando queremos caminar nuestros caminos sólo a nuestro saber o por nosotros mismos. Podemos caer en el vacío, en la nada, en la muerte si abandonamos los caminos del Señor o perdemos esa inquietud espiritual en nuestro interior. No podemos perder de vista cuál es la meta de nuestro caminar cristiano.
Jesús nos invita a ir hasta El. Nos encuentra quizá desorientados o perdidos en nuestro camino y el va siempre delante de nosotros señalándonos la senda. Nos agobiamos y cansamos muchas veces porque la lucha por superarnos nos puede parecer fuerte y costosa, pero sabemos que no la hacemos por nosotros mismos sino en El, con El, sintiéndole a El en nuestro caminar.
‘Venid a mí todos los que estáis cansado y agobiados y yo os aliviaré’. Es nuestra senda, nuestra fuerza, nuestro descanso, nuestra paz. De El tenemos que aprender. ‘Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso’. Mansedumbre, humildad, paz y serenidad de espíritu, amor. Son los caminos del Señor. Es la vida del Señor. Es lo que contemplamos en El y de El tenemos que aprender.
Algunas veces la palabra ‘yugo’ nos puede resultar fuerte o dura a nuestros oídos, aunque Jesús nos diga que ‘su yugo es llevadero’. Pero al pensar en el yugo pensamos en ese aparato por llamarlo de alguna manera con que se enyugan los animales, sobre todo lo bueyes o caballerías, para realizar los duros trabajos del campo, las aradas o la conducción de los productos del campo. Nos puede parecer algo duro e incómodo. Pero el yugo les sirve a los animales para facilitarles el trabajo o para mejor conducirlos por los caminos.
Cuando en la literatura judía se está hablando de yugo se está haciendo referencia a la obediencia de la ley del Señor en todo momento. Podría parecer dura esa obediencia a la ley del Señor como si fuera una pesada carga que se nos impone, pero me gustaría recordar ahora lo escuchado en el libro del Deuteronomio el pasado domingo y así pudiéramos entender mejor lo que Jesús quiere hoy expresarnos.
‘Escucha la voz del Señor tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos… porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda o inalcanzable… el mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca…’ No es algo inalcanzable, lo tienes inscrito en tu corazón, es el cauce, el camino seguro por donde ha de caminar tu vida para que la vivas en felicidad. Los mandamientos con como esos raíles del camino para que lo siguas y no te salgas de ellos; si caminas por ellos caminarás seguro, sin peligro, con la seguridad de alcanzar la meta.
No nos pide el Señor cosas imposibles, sino aquello que nos va a lograr la más hermosa y plena felicidad. ‘Mi yugo es llevadero y mi carga ligera’, nos dice el Señor. Porque además El está con nosotros, haciendo nuestro propio camino, siendo nuestra fuerza y nuestro viático, nuestro descanso y nuestra paz verdadera. Aprendamos de Jesús. ‘Así aprenden justicia los habitantes del orbe’, que decía el profeta.

jueves, 16 de julio de 2009

Mi yugo es llevadero y mi carga ligera

Ex. 3, 15-20;
Sal. 104;
Mt. 11, 28-30


Podríamos pensar que el maestro lo que hace es señalarnos unas normas o unas pautas que el discípulo tiene que seguir a rajatabla si en verdad quiere seguir su camino. Unas normas que nos dicen minuciosamente lo que podemos o no podemos hacer, unos preceptos, mandatos o prohibiciones que van marcando la totalidad de lo que hacemos o no hacemos. Es lo que hacían los maestros de la ley y los fariseos en los tiempos de Jesús. Así, por ejemplo, la llamaban yugo al cumplimiento fiel y escrupuloso de esa ley o la obediencia ciega que se tenía hacia la ley.
Es fácil, creo, entender lo de yugo, pues bien sabemos que el yugo es esa herramienta que se ponía al cuello de los animales que nos servían por ejemplo en los trabajos agrícolas o para el transporte, bien fuera unciéndolos a otro para que siguieran al unísono la misma trayectoria o bien de forma individual para que la persona que los condujera pudiera tener un más fácil dominio sobre dicho animal. El yugo, podríamos decir, se convertía en una dirección irremediable del que dicho animal no se podía sustraer.
Pero ¿qué es lo que nos dice Jesús hoy? ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré…’ Cansados y agobiados por pesadas cargas? ¿cansados y agobiados por las tareas de la vida? ¿cansados y agobiados por las luchas contra la tentación y el peligro, los esfuerzos de superación…? En el Señor encontraremos alivio y descanso. En el Señor veremos las cosas de otra manera.
Jesús nos añade. ‘Cargad con mi yugo y aprended de mí…’ Tenemos que ir a Jesús y aprender de El. Pero Jesús nos habla de yugo ¿qué quiere decirnos? ¿cómo es el yugo que nos ofrece? Nos dice que en El encontraremos nuestro descanso. Luego ese yugo no puede ser una carga pesada e insoportable. ‘Mi yugo es llevadero y mi carga ligera’. Y nos habla de la mansedumbre y de la humildad de su corazón.
¡Qué alivio seguir a Jesús! En Jesús nos sentimos bien, nos sentimos estimulados, nos sentimos aligerados. No quiere Jesús ponernos pesadas cargas. No quiere Jesús llenar nuestra vida de preceptos y normas. Jesús nos quiere hacer volar por las alas del amor. Por eso, es su único mandamiento. ‘Un mandamiento os doy…’ Uno, no muchos. Uno, y es el amor. Y el amor nunca será una pesada carga. El amor nos hará hacer cosas grandes e importantes, aunque muchas veces esté hecho de las cosas más pequeñas y sencillas. ¿No hacen por amor lo que sea los enamorados y nada les cuesta? Ese es el único yugo que Jesús nos pone. Y más que yugo son alas ligeras que nos llevan volando al encuentro con los demás. ¡Qué hermoso es el encuentro del amor!
Esta reflexión que me hago me hace pensar en muchas cosas. Muchas veces pareciera que no supiéramos caminar por la vida si no la llenamos de normas y preceptos, reglamentos y códigos cuanto más detallados parece que mejor. Y nos atamos a esas normas, a esos preceptos, a esos códigos y pareciera que viviéramos sólo para ello, como si viviéramos dependientes o esclavizados de la norma. Me duele en el alma reconocerlo pero nos sucede también muchas veces en la iglesia o en determinados miembros de la Iglesia. ¡Y Cristo nos ha liberado…!
Pareciera que añoráramos aquellas épocas un tanto oscurantistas, épocas donde parecía que todo se reducía al cumplimiento ritual o formal de unas reglas y preceptos que nos decían hasta donde podíamos llegar y lo que no podíamos traspasar; donde parecía que andábamos con una regla en la mano para medir, para cuantificar, para no pasarnos de la raya, para llegar al mínimo y ya nos quedábamos contentos. ¿No recordáis cuando estábamos midiendo si habíamos cumplido con el precepto de la misa dominical si llegamos antes o después del evangelio, o cuando ya se había iniciado su lectura? O cuando estábamos poco menos que pesando para ver si nos habíamos pasado unos gramos en lo que comíamos o no para cumplir con la ley del ayuno.
¿Serán cosas así lo que nos pide Jesús? ¿ese es el espíritu del evangelio? ¿No andábamos demasiado agobiados y preocupados por el cumplimiento al milímetro de manera formal de los preceptos aunque nuestro corazón estuviera lejos del Señor? Pero ya habíamos cumplido.
Y Jesús nos dice hoy ‘venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré… porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’.Cuidado que no nos volvamos a hacer una religión de mínimos, de preceptos y mandatos y realmente nos olvidemos de Jesús que es nuestro único Salvador y liberador.