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jueves, 16 de julio de 2026

Jesús nos dice que tomemos su yugo, el ejemplo de su vida, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad y se acabarán nuestros desánimos y cansancios

 


Jesús nos dice que tomemos su yugo, el ejemplo de su vida, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad y se acabarán nuestros desánimos y cansancios

 Isaías 26, 7-9. 12. 16-19; Salmo 101; Mateo 11, 28-30

Estoy cansado, hemos dicho más de una vez como lo escuchamos también a muchos a nuestro alrededor. ¿Cansado? ¿por el esfuerzo? ¿por el trabajo? ¿por el camino realizado? ¿por las responsabilidades que hemos tenido que asumir? Normalmente cuando hablamos de cansancio estamos haciendo referencia a ese cansancio físico de nuestro cuerpo, pero bien sabemos que hablamos de cansancio por algo más, nuestro estado de ánimo que se nos va para el piso, cansancio que es también desilusión e impotencia, cansancio que es consecuencia de los agobios de la vida, cansancio que es soledad en nuestras luchas o incomprensión de los que nos rodean, cansancio que es desorientación y caminar sin rumbo, sin metas, sin objetivos, sin saber a donde vamos.

Y ¿cómo nos recuperamos de esos cansancios? Del físico sabemos que deteniéndonos en esas tareas para recuperar esas fuerzas gastadas, pero ¿y del otro tipo de cansancio? ¿dónde encontrar ese animo perdido? ¿dónde encontrar esa paz que necesitamos para encauzar bien nuestro camino? Mucho depende de cómo seamos capaces de afrontar esos problemas que nos agobian; ¿será necesario un cambio de nuestra mente para no sentirnos derrotados de antemano? ¿será importante comenzar a creer más en nosotros mismos y en nuestra capacidad para seguir el camino emprendido? Los derrotismos nada ayudan; saber que hay una posibilidad porque también una capacidad en nosotros mismos, nos puede hacer ver las cosas de otra manera; unas nuevas actitudes por nuestra parte creo que nos allana la solución de los problemas que podemos encontrar.

Hoy Jesús en el evangelio nos está haciendo una hermosa invitación. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré...´ ¿Estaría Jesús notando en sus discípulos ese cansancio porque aun con las palabras y los signos de Jesús no veían realizadas tan pronto como deseaban sus expectativas? Unas palabras que tendrán que seguir recordando sus discípulos cuando vengan los momentos difíciles, como será cuando llegue la hora de la pasión y de la pascua, y se sientan entonces desalentados encerrándose en si mismos. Como tenemos que recordarlos nosotros en el camino de nuestra vida.

Un día nos dirá el evangelista que Jesús sentía lástima de aquellas muchedumbres que le seguían porque andaban como ovejas sin pastor; ovejas sin pastor en sus pobrezas y en sus deseos de salud, ovejas sin pastor porque andaban desorientados sin nadie que les ofreciera nuevas esperanzas, ovejas sin pastor porque se sentían un pueblo pobre y oprimido desde muchas circunstancias difíciles que vivían no solo por la opresión extranjera sino también por la manipulación de sus dirigentes.

Y Jesús les dice ‘Venid a mí… y yo os aliviaré’. Jesús se nos está ofreciendo como nuestro descanso. Desde el principio se nos ha anunciado la llegada de una buena noticia, y esa buena noticia la tenemos en Jesús. Con sus signos y milagros ya nos ha ido manifestando que en verdad es la luz y la vida nueva para nuestra existencia. A ello tenemos que dar respuesta, y expresando en un cambio de actitudes y posturas que con Jesús todo es distinto. Y ¿qué nos dice Jesús que vamos a encontrar en El que será en verdad alivio y descanso para nuestra vida? En una palabra podríamos decir, ser como Jesús.

Por eso nos dice que aprendamos de El, que aprendamos de su corazón; es todo un cambio de vida, un cambio de actitudes, el nacimiento de una confianza y de una esperanza. ¿No nos ha pedido desde el principio conversión? ‘Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas…’ ¿Qué significan estas palabras? Tomar su yugo es caminar sus pasos. Esas actitudes negativas y de desesperanza que tantas veces nos aparecen en nuestra vida tenemos que desterrarlas de nosotros. ¿Qué nos suele suceder cuando estamos cansados y agobiados? Pensemos en nuestras reacciones, la acritud que envuelve nuestra vida, la violencia con que reaccionamos, el mal carácter que nos aflora desde el primer momento, el rechazo con que vamos caminando de cuanto nos rodea y hasta de nosotros mismos, el amor propio que aflora y nos hace agresivos con cuanto nos rodea.

Jesús nos dice que tomemos su yugo, que tomemos el ejemplo de su vida, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad y se acabaran nuestros desánimos y cansancios. Cuando caminamos con humildad, reconocemos es cierto nuestra pobreza y nuestra pequeñez, pero comenzamos a confiar, confiamos a ver las cosas de otra manera, comienza a despertarse en nosotros la esperanza; cuando llenamos nuestro corazón de mansedumbre qué distintas son nuestras reacciones y nuestras relaciones con los demás, con qué fuerza interior nos estamos sintiendo. Como nos decía el profeta ‘Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú’. El Señor es nuestra fuerza y nuestra paz. Y Jesús nos dice que su yugo es llevadero y su carga es ligera. ¿Cómo no lo va a ser si El es nuestra fuerza y camina con nosotros?

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Qué distintas hacemos las cosas cuando caminamos desde el amor, vayamos hasta Jesús y su evangelio y dejémonos encontrar por El, otra será nuestra alegría

 


Qué distintas hacemos las cosas cuando caminamos desde el amor, vayamos hasta Jesús y su evangelio y dejémonos encontrar por El, otra será nuestra alegría

Isaías 40, 15-31; Salmo 102; Mateo 11, 28-30

Estoy cansado, no puedo más. ¿Lo habremos dicho alguna vez? ¿Lo habremos escuchado a gente a nuestro alrededor? Cansados porque mucho es el trabajo y duras sus condiciones, muchas las cosas que hacer y no sabemos de donde sacar el tiempo, nos sentimos presionados porque hay que sacar las cosas a tiempo porque la vida es una loca carrera, porque nos sentimos débiles, porque estamos enfermos y nos sentimos sin fuerzas.

Pero ese cansancio puede venir de más allá, de otras situaciones, del ambiente que nos rodea o de las desganas que sentimos en nuestro espíritu; porque hemos perdido la ilusión o ya no tenemos metas por las que luchar y entonces el trabajo se hace cansino, sin sentido; porque nos hemos ido quemando en la vida con fracasos, contratiempos, incomprensiones, desmotivación porque no se valora lo que hacemos o no se nos tiene en cuenta; porque los problemas se nos amontonan y hasta hemos perdido la esperanza, porque hay en nosotros cosas que nos desestabilizan y quitan claridad a nuestra mente para saber por donde vamos ni por qué hacemos las cosas; porque la sociedad en la que vivimos parece en ocasiones que va sin norte y todo es confusión…

Cuando Jesús nos dice hoy en el evangelio que vayamos a El los que estamos cansados y agobiados está saliéndonos al encuentro, saliendo al encuentro de esta sociedad nuestra, en aquel momento de la historia de su presencia allí en los caminos de Galilea y Palestina, pero también en el hoy de nuestra historia, de nuestra vida concreta donde también se manifiesta ese cansancio, ese agobio y esa desesperanza.

No podemos tomarnos estas palabras de Jesús como unas palabras bonitas como si fueran solamente una hermosa página literaria. Su Evangelio, su buena noticia nos quiere alcanzar hoy ahí donde estamos con nuestros cansancios y con nuestros agobios; cada uno sabemos cómo nos encontramos, cada uno hemos de escucharlas directamente dichas para nosotros.

Y es que Jesús ha venido para poner luz en nuestra vida, Jesús ha venido para responder a esas situaciones concretas que cada uno vivimos, Jesús ha venido para ser nuestra salvación, y salvarnos es sacarnos de esas situaciones donde nos sentimos hundidos, donde hemos perdido la ilusión y la esperanza, donde nos encontramos con nuestros problemas, donde estamos con nuestros cansancios concretos.

Por eso escuchar el evangelio, escuchar el mensaje de Jesús es pensar en nuestra vida, en nuestra situación, en las cosas que hacemos o que tenemos ganas de hacer, en las cosas que nos cansan y que nos aburren y ver qué quiere Dios de nosotros, qué nos quiere decir en concreto la Palabra de Dios, de qué en concreto necesitamos sentirnos salvados. No es algo etéreo que veamos tan espiritual y sobrenatural que le hagamos perder el sentido nuevo de humanidad que Dios quiere dar a nuestra vida.

Cuando Jesús nos está diciendo que vayamos a El, que aprendamos de El, que en El encontraremos nuestro descanso no es simplemente para que nos encerremos en nuestras iglesias con nuestros rezos y con nuestros cantos – que también tenemos que hacerlo – sino para que empecemos a caminar un camino nuevo, el que nos va trazando con su Evangelio, que será una nueva manera de mirar y de ver las cosas, ver nuestro trabajo, ver nuestra familia, ver las cosas que hacemos, ver esa sociedad en la que estamos y comencemos a sembrarla de nuevos valores, comencemos a empaparla de un nuevo sabor y sentido, a encontrar nuevas motivaciones para nuestras luchas y para nuestros esfuerzos, a llenar de una nueva alegría, entusiasmo e ilusión nuestra vida y lo que hacemos, a tener una nueva y trascendente esperanza.

Es la mansedumbre de su corazón, es la ternura que aprendemos de El, es la nueva paz que sentimos en nuestro espíritu, es ese sentido de sencillez y de humildad con que hacemos las cosas. Qué distintas hacemos las cosas cuando las hacemos con amor y por amor; qué fortaleza interior sentimos para superar cansancios, desilusiones, fracasos, contratiempos, rutinas. Es otra nuestra vida. Vayamos hasta Jesús y su evangelio y dejémonos encontrar con El.

jueves, 20 de julio de 2023

Detengámonos y queramos parecernos a Jesús que siempre tendrá tiempo para detenerse junto al borde del camino, El nos llenará de su paz y mansedumbre

 


Detengámonos y queramos parecernos a Jesús que siempre tendrá tiempo para detenerse junto al borde del camino, El nos llenará de su paz y mansedumbre

Éxodo 3, 13- 20; Sal 104; Mateo 11,28-30

Sí, algunas veces estamos cansados, muy cansados y necesitamos descansar. Después de un duro día de trabajo, necesitamos descansar; después de esas tareas que desarrollamos cada día, necesitamos descansar; después de un duro esfuerzo, un largo camino recorrido, del agobio que sentimos envueltos en los problemas de la gente a la que tratamos de ayudar, necesitamos descansar… a veces son otras las cosas que nos producen cansancio, les desesperanzas que nos obnubilan el camino, los desalientos por los fracasos en aquello que estábamos intentando realizar, los sueños que se ven frustrados porque ni creen en nuestros sueños ni se nos ponen fáciles las cosas de la vida para alcanzar esas metas que tanto deseábamos, la soledad cuando no cuentan contigo, cuando te arriman a un rincón, cuando no nos muestran confianza ni aquellos que más cerca tenemos y en quien nosotros habíamos confiado, cuando nos encontramos las dificultades de la vida, cuando todo parece que se nos pone en contra… nos sentimos cansados que es una desilusión, una desesperanza, una soledad.

Algunas veces nos encontramos con gente que siempre nos dicen que están cansados, que parece que se han envejecido, que han perdido ilusiones, que las metas de su vida son ramplonas y siempre se quedan de tejas abajo, que quizás no han encontrado en sentido para sus vidas y simplemente se contentan con vivir, con vegetar, con trabajar para poder producir unos beneficios que le faciliten la vida, pero que andan como zombis sin rumbo y sin sentido. No nos extrañe que nos digan siempre que están cansados porque todo eso da un tremendo cansancio a la vida.

Necesitamos descansar que es reavivar y recuperar las fuerzas perdidas; necesitamos descansar que es reavivar nuestras ilusiones para comenzar de nuevo a creer en nosotros mismos; necesitamos descansar porque necesitamos meternos dentro de nosotros mismos para revisar caminos, para sentirnos fuertes desde lo más hondo para seguir luchando; necesitamos descansar que es abrir de nuevo los ojos a la luz para salir de esas oscuridades que nos aturden, que nos hacen perder ilusión, que nos han quitado metas de nuestra vida, que nos han envejecido.

¿Cuáles son las recetas para curar esa enfermedad del cansancio que tanto nos adormece? Hoy simplemente quiero escuchar en el evangelio las palabras de Jesús que me invitan a ir hasta El. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas’.

Sí, vayamos a Jesús cualesquiera que sea nuestro cansancio, El es nuestro alivio, El es nuestro descanso. Es una buena noticia. Jesús es esa buena noticia, porque El es nuestro descanso. Como nos ha pedido desde siempre, desde el primer momento para creer en esa buena noticia, para creer en El, tenemos que vaciarnos de tantas cosas con las que hemos querido llenar nuestras vidas pensando que ellas eran la razón de nuestra felicidad. Aunque llenos de cosas nos sentimos vacíos, aunque llenos de cosas no hemos encontrado el camino que dé ese verdadero sentido a nuestra vida. Nos pide convertirnos para creer en la buena noticia, para creer en El.

¿No estamos encontrando en El esa mansedumbre y esa paz que tanto necesitamos? No son las locas carreras que nos llenan de violencia la vida las que nos van a dar esa paz. Detengámonos y queramos parecernos a El. Nunca lo veremos  corriendo por muy grande que sea la tarea. Sabe siempre tener tiempo para detenerse porque una mujer le tocó el manto y quiere interesarse por ella; sabe tener tiempo para escurrirse del barullo de la gente e ir a dar con aquel paralítico que está al borde de la piscina y nadie ayuda; sabe detenerse para mirar a los ojos a la mujer que llora a sus pies y darle la mano para levantarla aunque todos la desprecien porque es una pecadora; sabe tener tiempo para dejar que los pequeños se acerquen a El y con los niños entretenerse incluso con sus juegos, pero también para escuchar aunque fuera en la noche a los que están agobiados buscando un sentido para sus vidas.

Cuánto tenemos que aprender de Jesús. ‘Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón… porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’.