Vistas de página en total

domingo, 25 de enero de 2026

El evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas para este mundo en que vivimos

 


El evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas para este mundo en que vivimos

Isaías 8, 23b – 9, 3; Salmo 26; 1Corintios 1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-23

El evangelio hoy, igual que lo ha hecho también el texto del profeta Isaías, ha comenzado a hablarnos de tiempos de sombras, pero también de tiempos de luz como seguramente veremos reflejado en el hoy de nuestra vida. Precisamente el evangelista recuerda el anuncio profético como algo que se da en cumplimiento en el hoy de su vida con la presencia de Jesús predicando por toda Galilea que se convirtió en un rayo de luz de esperanza para quienes le escuchaban.

Recordar brevemente que fueron los tiempos del profeta momentos de crisis en la situación política, social y religiosa que vivían entonces. Se repite en los momentos de Jesús que en todos las situaciones se sentían como en crisis, por la opresión de los romanos, por la inoperancia de las autoridades judías pero también por la manipulación de muchos de sus dirigentes, por los cambios que se habían ido produciendo en aquella sociedad en la medida en que se abría al mundo contemporáneo. Mantenían una esperanza que no veían cumplida; un primer rayo de luz había sido a su manera la presencia del Bautista en el desierto a la orilla del Jordán anunciando la inminencia de tiempos nuevos, pero seguían en su oscuridad.

Como dice el evangelista después de la prisión de Juan se había vuelto Jesús a Galilea pero no se había quedado en Nazaret sino que se había establecido en Cafarnaún; allí había comenzado su anuncio de la llegada del Reino de los Cielos y se predicación se había extendido también por los pueblos de alrededor. Son los primeros anuncios y pronto al ver los signos que Jesús realizaba la gente se congregaba a su alrededor para escucharle y le traían sus enfermos para que los curase. Algo nuevo estaba comenzando. Una buena noticia que los llenaba de esperanza; era una luz que se encendía en sus vidas, por eso el evangelista recuerda las palabras del profeta porque ahora se están dando cumplimiento.

Y es el anuncio que hoy nosotros escuchamos; y lo escuchamos desde nuestra vida, que también tiene sus luces y sus sombras; que es la situación social y religiosa concreta que vivimos y que en consecuencia vive la iglesia, vivimos también los cristianos; y son las cosas que surgen cada día en todos los aspectos de la vida que muchas veces también nos llenan de confusión; y no podemos dejar de ver el sufrimiento que embarga a tantos en el mundo de hoy, o esos golpes que nos desequilibran, nos plantean preguntas e interrogantes, nos hace pensar qué estamos haciendo de nuestra sociedad, como puede ser el reciente suceso que a todos nos tiene conmocionados, pues no son cosas de unas familias o de las personas que pasaron o pasan por ese mal momento, sino que son cosas que nos afectan a todos.

Y ahí tenemos que escuchar nosotros la Palabra de Dios, en esa vida concreta tenemos que sembrar esa semilla de la Palabra de Dios que nos haga reflexionar, que nos haga buscar caminos, que siembre en nuestro espíritu esa serenidad que necesitamos para enfrentarnos a esas situaciones sin que tengamos que enfrentarnos los unos a los otros, que ponga en nosotros esa esperanza que necesitamos que nos haga trabajar seriamente por hacer un mundo nuevo.

El anuncio que nos hace Jesús es la llegada del Reino de Dios, que va a haber algo nuevo en nuestras vidas, que los valores por los que hemos ido guiando nuestra vida quizás necesiten una transformación y un cambio, que a Dios tenemos que verlo más presente en nuestras vidas y que muchas veces tenemos tan alejado de nosotros en esa atonía e indiferencia religiosa en la que va cayendo nuestra sociedad porque es el Reino de Dios el que se va a instaurar.

¿Cómo hacerlo? En el anuncio de la llegada del Reino de Dios lo primero que nos pedía era conversión, un cambio profundo del corazón, una transformación de nuestras vidas, un nuevo rumbo que tenemos que darle a lo que hacemos y a lo que vivimos, porque si seguimos con componendas nada se va a arreglar. Como nos dirá en otra oración lo nuevo tira de lo viejo y se hace un roto peor. ¿Estamos dispuestos nosotros a dejarnos cautivar por la Palabra de Dios que escuchamos para comenzar de verdad una vida nueva?

El evangelio termina hoy hablándonos de la llamada y vocación de los primeros discípulos. Pescadores que estaban con sus barcas y sus redes a los que se invita a una pesca distinta, a ser pescadores de hombres. Y lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Nos daría para hacernos muchas consideraciones, pero pensemos si acaso nosotros seremos capaces de dejarlo todo por seguir a Jesús. En ese mar de nuestro mundo, tan complejo como lo reflexionábamos, nosotros estamos llamados también a ser pescadores de hombres. ¿Llegaremos a ver ese tiempo de luz que nos anunciaba el profeta y el evangelio? ¿Así sentimos a Jesús nosotros?

 

sábado, 24 de enero de 2026

Nada podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, de ahí nuestra disponibilidad para el seguimiento de Jesús

 


Nada podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, de ahí nuestra disponibilidad para el seguimiento de Jesús

2 Samuel, 1, 1-27; Sal. 79; Marcos, 3, 20-21

No siempre nos entiende en lo que hacemos, muchas veces la incomprensión lo podemos encontrar hasta en las personas más cercanas a nosotros; están por supuesto también aquellos que no están de acuerdo con lo de nosotros hacemos o con la manera de hacer nosotros las cosas y crearán una oposición y puede llegar incluso hasta un enfrentamiento; siempre hay personas que pueden ponernos trabas en nuestras ruedas, por así decirlo, para evitar que aquello que nosotros estamos queriendo realizar buscando lo mejor pues no se pueda hacer realidad; sabemos que no siempre vamos a encontrar acuerdo sobre todo cuando caminamos desde una meta, unos ideales que de alguna manera pueden romper molde de lo que habitualmente se suele hacer y quienes se sienten beneficiado por esa rutina de la vida van a realizar su oposición; tienen su poder podríamos decir y si van a haber recortado por así decirlo sus beneficios dura va a ser la oposición.

Pero como decíamos antes en ese esfuerzo que realizamos por llevar adelante nuestras metas, por seguir con nuestros principios, por hacer ese bien y ese trabajo que queremos realizar lo que están a nuestro lado quizás lo vean la efectividad o la razón de ser de lo que nosotros hacemos, les parezca que es demasiado el esfuerzo que estamos realizando, y que si encima ahí esa oposición alrededor ven que eso puede hacernos daño, ponernos en peligro y tratarán de aconsejarnos, de decirnos que no hace falta tanto, que no es necesario enfrentarse con todo el mundo, que las cosas se pueden hacer de otra manera, dirán incluso que medio nos estamos volviendo locos; ya digo la oposición la podemos encontrar muy cercana a nosotros. 

Algo así le estaba pasando a Jesús, anunciaba el Reino de Dios y realizaba todos esos signos y señales de ese nuevo sentido de la vida si queríamos vivir el reino de Dios y a su alrededor quizás algunos podían ver en peligro sus privilegios, el dominio que podían realizar sobre los demás, porque Jesús enseñaba una vida nueva, una libertad del espíritu, un sentido nuevo y por eso vemos que incluso tratan de quitarlo del medio; lo veremos a lo largo del Evangelio. La tarea de Jesús no era fácil, se estaba gastando y desgastando por el reino de Dios en ese querer estar cercano a todos, en ese anuncio del Reino que iba realizando por todas partes, en esa tarea con sus discípulos más cercanos. Jesús sabía cual era su misión, cuál era su camino, qué es lo que tenía que realizar.

Y la gente lo escuchaba, lo buscaba, le traían enfermos, lo acompañaban en su caminos de un lado para otro, se entusiasmaban con las esperanzas que se iban suscitando en su corazón, veían una luz nueva que estaba comenzando a iluminar de verdad sus vidas. Era el anuncio del Evangelio del Reino de Dios que Jesús estaba realizando. 

Pero, como vemos hoy en el Evangelio, su familia no terminaba de entenderlo, le parecía quizás que era mucho lo que estaba haciendo, conociendo también la oposición que había en cierto sectores a la tarea de Jesús, al anuncio del Evangelio que realizaba contemplaban cómo se enfrentaban verbalmente incluso con Jesús poniendo dificultades, poniendo trabas; diríamos que en un sentido como muy humano, muy familiar, quieren como convencer a Jesús de que no es necesario tanto, como solemos decir, que mejor sería retirarse para evitar problemas, qué necesidad había de enfrentarse a los dirigentes del pueblo judío, querían llevárselo para casa porque decían que no estaba en sus cabales; así nos dice el evangelista. 

Siempre hablamos de las tentaciones de Jesús y recordamos aquel tiempo del desierto pero luego a lo largo del Evangelio veremos que también serán muchos los momentos en que de alguna manera surgirán como nuevas tentaciones, tientan a Jesús para que las cosas no sean tal como las ven venir o tal como él está presentando el anuncio del Evangelio; recordamos incluso cómo Pedro quería quitarle de la cabeza cuando subían a Jerusalén y anunciaba Jesús lo que allí había de pasarle ese pensamiento; poco menos estaba como queriendo decirle que no subiera a Jerusalén. Ahora es la familia la que de alguna manera es también como una tentación para Jesús queriendo apartarlo de su camino, pero era quien había dicho al entrar en el mundo ‘aquí estoy, oh Padre, para hacer tu voluntad’,  quien había dicho ‘mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre’ un día a los discípulos allá junto al pozo de Jacob en Samaria, o sentiría Jesús también la tentación en Getsemaní antes de comenzar la pasión y por eso pedía al Padre que apartase de él aquel cáliz que sabía que había de beber, pero aunque hace esa petición al mismo tiempo dirá ‘no se haga mi voluntad sino la tuya’;  ‘aquí estoy yo padre para hacer tu voluntad’. 

Es lo que estamos contemplando hoy en este corto pasaje del Evangelio que nos ofrece la liturgia de este día, pero donde nos vemos nosotros también que muchas veces podemos sentir los cansancios, las ganas de tirar la toalla, de volvernos para atrás, de pensar que no es necesario tanto, porqué me voy a meter en estos líos, pero en el fondo de nuestro corazón está nuestra fe, está nuestro querer seguir a Jesús, está la vivencia que queremos hacer del Evangelio, está esa fe en el Reino de Dios que tenemos que ir construyendo día a día aunque nos cueste y seremos capaces de seguir adelante hasta el final.

 

viernes, 23 de enero de 2026

También nos sentimos llamados porque también nos elige por nuestro nombre para que estemos con El y encendiéndonos en la llama de su amor convertirnos en sus testigos

 


También nos sentimos llamados porque también nos elige por nuestro nombre para que estemos con El y encendiéndonos en la llama de su amor convertirnos en sus testigos

1Samuel 24, 3-21; Salmo 56; Marcos 3, 13-19

Una llamada en el sentido de lo que hoy queremos hablar podemos decir que es una invitación; podríamos hablar también de llamada como un toque de atención, o la llamada que hacemos ante una puerta cerrada para que nos abran, que en este caso seríamos nosotros los que hacemos esa llamada. Pero quiero pensar ahora en la llamada que se nos hace, para que prestemos atención es cierto, pero como una invitación a algo; llamada a la que podemos hacer oídos sordos y no prestar atención, a la que nos negamos a responder o a la que rechazamos porque no tiene interés para nosotros.

Pero la llamada no se queda en que nosotros nos enteremos de que nos hayan llamado sino que hemos de dar una respuesta, aceptar esa invitación y en consecuencia dar lo pasos necesarios para atender a eso a lo que se nos llama. Es importante lo que estoy diciendo porque si importante es el que alguien haya pensado en nosotros para llamarnos o invitarnos a algo, es importante la respuesta que nosotros damos haciendo que esa llamada sea importante para nosotros.

¿Por qué me hago esta previa reflexión? Hoy el evangelio nos habla de llamada y de llamada concreta no solo para que nos enteremos de lo que nos está anunciando, como una campana o una señal de alarma que se hace sonar para que nos enteremos de algo, sino para invitarnos a dar una respuesta.

Mientras subía al monte Jesús llamó a los que quiso para que fueran con Él. Ya comenzaba a haber muchos discípulos, pues la gente lo seguía, acudía para escucharle, le llevaba a sus enfermos para que los curase, y ya se iba formando un grupo de seguidores que con más o menos lealtad seguían a Jesús. Pero entre todos ellos Él llamó a los que quiso, y constituyó un grupo de doce, los llamaremos apóstoles, porque su misión era luego ser enviados para seguir anunciando el Reino de Dios como lo estaba haciendo Jesús. Por eso, nos dice incluso, que les da autoridad para expulsar demonios, para realizar los mismos signos que Jesús hacía como manifestación de la llegada del Reino de Dios.

Y nos dice el evangelista, después de hacernos relación de los nombre de los doce escogidos, que se fueron con Él. Escucharon y dieron respuesta, escucharon la llamada y se fueron con Él, porque luego habría una misión que realizar, para enviarlos a predicar, como lo hacía Jesús. Es hermoso este detalle, ‘se fueron con Él’;  serán los que estarán siempre a su lado, van a recibir sus confidencias y a ellos de manera especial les va a explicar lo que a toda la gente les enseñaba en parábola, van a ser testigos de toda la intimidad de Jesús como suele suceder en toda convivencia humana, podrán hablar con confianza con Jesús preguntándole lo que no entienden, se sorprenderán de lo que es de verdad el espíritu de Jesús y de El querrán aprender, viéndole orar le pedirán que les enseñe a orar, contemplando su espíritu de servicio aprenderán, aunque sean cosas que muchas veces les cueste, que su verdadera grandeza está en servir, seguían a Jesús con sus luces y con sus sombras, con sus momentos de entusiasmo y con los momentos duros en los que les cuesta entender de verdad la vida de Jesús y lo que les enseña, con sus ambiciones y con sus aspiraciones; todo eso iremos contemplando en el Evangelio.

Aunque este pasaje de manera especial nos está hablando de aquellos a los que iba a constituir apóstoles porque serían enviados con misión especial, no podemos dejar de pensar que también está hablando de nosotros los que queremos seguir a Jesús, ser sus discípulos, porque eso para nosotros es también una invitación y un regalo del Señor. También nosotros debemos estar con El, queremos estar con El.

Es el camino del cristiano, es nuestro camino, porque como seguidores de Jesús también tenemos la misión de ser testigos, de dar testimonio de nuestra fe. Pero tenemos antes que crecer por dentro, crecer en ese conocimiento de Cristo y empaparnos de su Evangelio y eso solo lo podemos hacer estando con Él. Es nuestra oración y es la escucha de su Palabra, es el rumiar allá en lo más hondo de nosotros mismos cuanto Jesús nos va enseñando, es crecer en ese espíritu de Cristo, crecer en nuestra espiritualidad cristiana porque será la forma de que podamos dar ese testimonio que no solo serán nuestras palabras sino sobre todo nuestra vida y principalmente nuestro amor.

Un amor que tenemos que encender en la llama del corazón de Cristo, en la llama de su amor.


jueves, 22 de enero de 2026

Presencia de Jesús allí donde está la vida de cada día y sus sufrimientos nos hace preguntarnos como hacemos presente a Jesús en el mundo de hoy

 


Presencia de Jesús allí donde está la vida de cada día y sus sufrimientos nos hace preguntarnos como hacemos presente a Jesús en el mundo de hoy

1Samuel 18, 6-9; 19, 1-7; Salmo 55; Marcos 3, 7-12

Es sintomático que el texto del evangelio que hoy se nos presenta no nos habla de lo que dice o enseña Jesús, simplemente nos dice que fue y se sentó sobre el muro al borde del camino donde la gente solía reunirse; bueno he empleado la imagen del muro al borde del camino, aunque realmente el evangelista nos dice que Jesús con los discípulos fue allí a la orilla del lago; era el lugar habitual donde se reunía la gente.

En todos los pueblos hay lugares o rincones especiales donde la gente habitualmente pasa el rato, como decía antes el muro junto al camino, la esquina de la plaza, un lugar a la sombra de un árbol, o como veíamos en otros tiempos que se ha ido perdiendo sentados a las puertas de las casa, bien porque se sacará algún banco o silla de la casa, o se sentasen tranquilamente en el suelo o al borde de la acera donde la había; era el lugar de convivencia, de la charla relajada de las cosas del día, de lo que sucedía a los vecinos, en una palabra, de los problemas de la vida; surgían quejas, se despertaban esperanzas, en ocasiones se tomaban decisiones de hacer algo, o simplemente se estaba y se comentaba.

Es lo que yo he querido ver hoy en el evangelio, que Jesús está allí donde está la gente, y será allí donde acuden cuando saben que allí está Jesús; y vienen con sus penas, sus sueños, sus esperanzas y desesperanzas, con sus angustias o con la alegría de cualquier cosa que hubiera sucedido en el día. Allí con los más sencillos y los más pobres, con los que están llenos de sufrimientos y desesperanzas, con los que quizás nadie considera y eso se merecerá que más tarde lo critiquen por estar entre publicanos y pecadores, allí está Jesús.

Y esa presencia de Jesús despierta vida, crea nuevas ilusiones y esperanzas, se sienten a gusto con Jesús. Por eso no solo le traerán a los enfermos y vienen todos los que tienen algún tipo de mal, sino que comenzarán a seguirle donde quiera que vaya; pronto se van a reunir multitudes en torno a Jesús aunque esté lejos, en el descampado, y hasta lleguen a faltarle la provisiones.

Me quiero quedar ahí, en esa presencia de Jesús. Que no es poco. Esa presencia de Jesús quizás con los más olvidados y que nadie tiene en cuenta. ¿Sentiremos que Jesús quiere llegar también a nosotros de la misma manera? No vamos ahora a pensar en lo que nos dirá o nos enseñará, vamos a fijarnos en cómo quiere estar con nosotros allí donde estamos.

En nuestra casa y en nuestra familia, también con sus problemas o con las dificultades para salir adelante; allí donde hacemos la vida, donde realizamos nuestros trabajos – y pensemos cada uno en nuestro propio trabajo sea cual sea – Jesús está a nuestro lado; allí donde hacemos nuestra convivencia social, donde nos encontramos con los amigos o con los vecinos o conocidos, allí en ese camino que cada día hacemos cuando nos trasladamos por distintos motivos de un lado a otro… Allí va Jesús con nosotros, y  nos escucha como a aquella gente sentada a la orilla del lago, o como aquellos discípulos de Emaús que venían con sus tristezas y desalientos de Jerusalén; Jesús nos va saliendo al encuentro, ¿tendremos fe para descubrir su presencia? No busquemos cosas grandiosas o extraordinarias sino en ese día a día de nuestra vida.

Pero creo que a quienes creemos en Jesús este evangelio nos está diciendo algo más. ¿Sabrá descubrir ese mundo que nos rodea, esa gente que camina a nuestro lado, esta sociedad en la que vivimos, la presencia de Jesús en nuestro camino de vida? Claro que aquí tiene que estar nuestro testimonio, y el testimonio de la iglesia. Hemos de ser signos en medio de nuestro mundo de esa presencia de Jesús; somos nosotros los que tenemos que llegar a esos últimos lugares para ser esos signos vivos de la presencia de Jesús. La gente nos verá a nosotros con el testimonio que podamos ofrecerle y a través de nosotros llegarán a descubrir a Jesús.

Esto nos compromete. Esto nos obliga a hacer algo más de lo que actualmente estamos haciendo, porque no estamos siendo verdaderos misioneros de Jesús y de su evangelio. ¿Nos pondremos a pensar en qué vamos a hacer o cómo lo vamos a hacer? Pensemos que tenemos que ser presencia, ahí donde está la vida y estamos nosotros y está también la gente en la normalidad de su vivir, una presencia llena de vida, una presencia que llame, una presencia que transforme nuestro mundo.


miércoles, 21 de enero de 2026

Hay miradas que nos traspasan el alma, que despiertan nuevos sentimientos, que nos ponen en una dinámica distinta, que eso sea el evangelio hoy para nuestra vida

 



Hay miradas que nos traspasan el alma, que despiertan nuevos sentimientos, que nos ponen en una dinámica distinta, que eso sea el evangelio hoy para nuestra vida

1Samuel 17, 32-51; Salmo 143; Marcos 3, 1-6

No siempre miramos de la misma manera ni nos fijamos en las mismas cosas; hay ocasiones en que sentimos curiosidad por lo que pasa o sucede en nuestro entorno y queremos saber, queremos conocer, queremos recibir noticias de cuanto sucede; pero también sabemos que la curiosidad puede ser malsana, y no solo por la búsqueda del chascarrillo, de los comentarios que se suscitan, sino porque quizás no somos sinceros en nuestro corazón, porque vamos con prejuicios, vamos prevenidos para resaltar lo que no nos gusta o lo que pueda destruir la buena voluntad de otros.

Pero hay miradas suplicantes, porque quisiéramos otra cosa, porque nos sentimos en necesidad, porque estamos lacerados por el dolor, porque los problemas nos agobian y estamos buscando cómo salir de esas situaciones, como cambiar, cómo encontrar una paz que nos falta en el corazón.

Pero está también la mirada de la comprensión, de la misericordia, la mirada de la mano tendida no para pedir sino para ofrecer, la mirada que se hace compañía, la mirada que ofrece paz y quien la recibe se siente sanado por dentro. Son miradas que reparten vida, son miradas reconfortadoras, son miradas confortables que quien las recibe se siente transformado, pero quien las ofrece siente una satisfacción honda en su corazón.

Miradas también que nos traspasan el alma, que se convierten en denuncia, que quieren despertar nuevos y mejores sentimientos pero que algunas ven que no lo logra y de alguna manera se siente defraudado. Podríamos seguir describiendo muchas más miradas, pero ante este evangelio de hoy detengámonos aquí.

Y miremos ahora nosotros todo el conjunto de personas que se mueven en este episodio por decirlo de alguna manera. Desde aquellos que están al acecho a ver lo que hace Jesús, porque saben bien lo que allí se van a encontrar todos, pero ellos quieren acabar con Jesús, al final se hablará incluso de confabulaciones para quitar de en medio a Jesús.

Pero allí en medio está aquel hombre enfermo, algunos casi no lo ven, pasa desapercibido para la mayoría por su misma situación de la que muchas quizás querrían alejarse. ¿Cuál era sin embargo la mirada de aquel  hombre en medio de todos los que le rodean sabiendo además que allí está el nuevo profeta de Galilea, como lo ven algunos?

Y está la mirada de Jesús, de su corazón brota la compasión y la misericordia, para Él no puede pasar desapercibido aquel hombre enfermo ni tampoco pasar por el lugar sin que nada suceda, porque donde hay amor brota espontánea la compasión y la misericordia. Pero el actuar de Jesús provocará también controvertidas reacciones. Porque además es sábado y hay que guardar la ley del descanso sabático.

¿Habrá de verdad evangelio en esos momentos y a través de ese episodio? Una buena nueva de salvación va a quedar anunciada, aunque no todos la sepan comprender. Por eso incluso en medio de la misericordia que se desborda del corazón de Cristo aparecen sentimientos de desencanto porque no todos saben leer esa buena noticia que Jesús quiere dejarles.

Pero no nos quedamos en el episodio y en el hecho de aquel tiempo, sino que tenemos que mirarnos a nosotros, o mejor dejarnos mirar por Jesús. ¿Qué es lo que va a encontrar en nuestro corazón? ¿Habrá en verdad sintonía en ese cruce de miradas entre Jesús y nosotros?

Porque quizás también nosotros en muchas ocasiones nos ponemos a mirar para otro lado, no queremos mirar la cruda realidad de sufrimiento que puede haber en nuestro derredor, pero también nos desentendemos y vamos a lo nuestro pareciendo que nuestras preocupaciones son las más importantes. La mirada de Jesús fue dura para aquellos fariseos que estaban allí al acecho y no fueron capaces de sintonizar con una buena noticia que les traía Jesús también para sus vidas. Aunque en Jesús siempre será permanente la mirada del amor, la misericordia y la compasión.

¿Estará tocando la fibra de nuestro corazón de alguna manera este evangelio de hoy? ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar con nuestra mirada y con la oferta de nuestro corazón?


martes, 20 de enero de 2026

Dios quiere siempre el bien del hombre, es lo importante, con ello es como en verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios

 


Dios quiere siempre el bien del hombre, es lo importante, con ello es como en verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios

1 Samuel 16, 1-13; Salmo 88; Marcos 2, 23-28

No podemos confundir la baranda del camino que sirve para apoyarnos y evitar peligros con el mismo camino; nuestros pies han de ir pisando seguros por el camino, nunca por encima de la baranda. Y muchas veces nos confundimos y le damos más importancia a las cosas circunstanciales que simplemente tenemos como ayuda que a lo que es verdaderamente lo fundamental, lo que tiene que ser esencial en nuestra existencia. Las cosas están a nuestro servicio, no nosotros al servicio de las cosas. Las normas nos marcan aquellas pautas que nos sirven para no desviarnos, pero tenemos que ir a lo fundamental y nosotros los cristianos tenemos como fundamental la Palabra de Dios. No es ya la pauta de nuestra vida, sino lo que da sentido a nuestra vida. Qué importante entonces que nos envolvamos de evangelio, nos empapemos de evangelio porque no puede ser una cosa externa sino algo que eche raíces en lo más hondo de nosotros.

No es un camino fácil, el discernir de verdad lo que el Señor quiere de nosotros, lo que el Señor nos dice, lo que es en verdad su Palabra, que entonces será siempre para nosotros una palabra salvadora, una palabra de salvación. Pero le hemos hecho tantos añadidos que luego consideramos fundamentales que al final nos crea confusión. Por eso abrimos nuestro espíritu a su Espíritu que es el que verdad nos guía allá en lo más hondo del corazón.

En la palabra de Dios que hoy escuchamos tenemos dos muestras de ello. Por una parte Dios ha confiado al profeta Samuel para que elija a un nuevo rey para su pueblo. En sus criterios humanos, incluso con toda su visión profética, según van apareciendo los distintos hijos de Jesé piensa el profeta que tiene delante el elegido del Señor, sin embargo el espíritu divino lo va guiando para que descarte a aquellos que a él humanamente le parecen los mejores, hasta que llega el más pequeño, al que han enviado lejos a cuidar de sus rebaños, pero que es el elegido del Señor. Dios no mira los ojos, no se queda en lo externo, sino que mira el corazón. ¿Sabremos hacerlo?

Por otra parte tenemos en el evangelio la exigencia ‘según la ley’ de guardar el descanso sabático y los fariseos se quejan de que los discípulos de Jesús ‘no están cumpliendo la ley’. ¿Qué será más importante? ¿El cumplimiento formal de la ley, salga el sol por donde salga como se suele decir, o el bien del hombre, el bien de la persona? Una ley o norma que en su origen tenia como función el bien de la persona cuidando el descanso de los que trabajaban que también se convirtió en ocasión para la alabanza del Creador, pero que se había convertido en algo inviolable aunque no se buscara el bien de las personas. ¿En qué tenemos que fijarnos? Dios quiere siempre el bien del hombre, y eso es lo importante en lo que  hemos de fijarnos porque con ello es como en verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios.

Fijémonos que de los diez mandamientos solo tres se expresan como una forma de alabar y bendecir a Dios, pero cada uno de los restantes mandamientos buscan el bien de la persona, cuidando nuestra propia dignidad en la rectitud con que hemos de vivir pero al mismo tiempo con el respeto a las personas que están a nuestro lado a las que de ninguna manera podemos hacer daño, sino más bien mostrar nuestro amor y nuestro respeto. Con ello, pues, estaremos mostrando la gloria de Dios, bendiciendo al Señor nuestro Dios.

Buscad el Reino de Dios y su justicia, nos dirá el evangelio en otro momento, que lo demás se nos dará por añadidura.

domingo, 18 de enero de 2026

La vida tiene que es siempre crecimiento, tenemos que descubrir la novedad de la vida de cada día, la novedad de nuestro amor, la novedad de nuestro seguimiento de Jesús

 


La  vida tiene que es siempre crecimiento, tenemos que descubrir la novedad de la vida de cada día, la novedad de nuestro amor, la novedad de nuestro seguimiento de Jesús

1 Samuel 15, 16-23; Salmo 49; Marcos 2, 18-22

Algunas veces tratamos de hacer arreglos en las cosas que teníamos pero queremos conservar parte de lo antiguo porque nos parecía tan bonito, pero al mismo tiempo le agregamos cosas nuevas que son, por ejemplo, un estilo distinto y tenemos el peligro de que nos pueda salir una aberración, porque no valen esas mezclas, porque tenemos que decidirnos por lo nuevo y desechar aquellas cosas que no nos valen para el hoy. Por supuesto lo que estoy diciendo puede provocar inquietud y respuesta de oposición, porque nos hablarán de los edificios antiguos que son restaurados y que ahora pueden lucir en todo su esplendor, pero aun así creo que hay que andar con mucha precaución. Esto nos vale para la vida que cada día se hace nueva para nosotros porque no queremos caer en rutinas ni añoranzas sino que queremos vivir en el hoy de nuestra vida y nuestro mundo. 

No es tampoco el cambiar por cambiar, sino el saber encontrar ese verdadero sentido que tengo que vivir hoy desde nuestro yo más profundo. Y es lo que nos quiere decir hoy el evangelio, que siempre es buena  noticia de algo bueno. Una buena noticia que nos sigue llegando en el hoy de nuestra vida y desde el impacto que va produciendo en nosotros nos tiene que hacer vivir de una manera nueva.

Ante la manera como se va presentando Jesús mientras va haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios que llega, y su presencia es signo y señal de ello, comienzan también las desconfianzas y los recelos porque algunas cosas a las que siempre se le había dado mucha importancia parece que Jesús le va dando un sentido nuevo, la novedad del Reino de Dios. Por eso vienen quejándose con la cuestión del ayuno que no era solo la ausencia de comidas en momentos determinados sino que tenía que ir acompañado de unas señales que más parecían de duelo que de alegría de la fe.

Ayunaban los discípulos de Juan, como era también la austeridad con que vivían los esenios allá en el desierto cercanos al mar Muerto; pero ayunaban los fariseos y sus discípulos en aquel afán de vivir una vida muy reglamentada y muy de cumplidores. Jesús plantea si eso de cumplir por cumplir tiene en verdad sentido y valor. ¿Hacemos las cosas porque las amamos, consideramos que son buenas para nosotros, o simplemente como un cumplimiento ritual como para ganar méritos? Jesús nos viene a descubrir que todo es gracia, porque es regalo del amor de Dios y los derroteros por los que ha de caminar nuestra vida es como copiar esos sentimientos de Dios en nosotros. Por eso nos dirá que seamos compasivos y misericordiosos como Dios Padre lo es con nosotros. Pero será por ese lado por donde llevamos el derrotero de nuestra vida o unos simples cumplimientos.

Por eso nos habla Jesús hoy de que no andemos con componendas y remiendos. La tela nueva que pongamos en el remiendo va a tirar de la pieza ya vieja y gastada y se va a producir un roto peor, nos dice. Por eso nos habla de odres nuevos para el vino nuevo, porque la fuerza del vino nuevo va a reventar aquellos odres viejos y ya gastados.

Es lo que tiene que significar el evangelio para nosotros. Es la novedad que nos ofrece Jesús que no es otra que hablarnos del amor de Dios para que nosotros vivamos en ese amor. Y en cuestión de amor no podemos andar con componendas, o amamos de verdad o lo que tenemos no es auténtico; no podemos poner límites al amor, no podemos andar haciendo distinciones; no podemos decir que amamos a los que nos aman y ya hacemos bastante. Nuestro modelo es el amor de Dios que es un amor fiel que se mantiene sobre nosotros aunque no lo merezcamos porque somos pecadores o porque muchas veces no correspondamos a ese amor.

Y ese camino de renovación del evangelio es continuo; no nos vale decir yo un día cambié y comencé a hacer muchas cosas buenas, ya habré hecho méritos suficientes. Es vida y la vida tiene que estar siempre en crecimiento, tenemos que descubrir la novedad de la vida de cada día, la novedad de nuestro amor, la novedad que significa siempre nuestro seguimiento de Jesús.


Cristo, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, no solo palabras rituales de una profesión de fe, sino algo por lo que orgullosos y con alegría damos gracias a Dios

 


Cristo, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, no solo palabras rituales de una profesión de fe, sino algo por lo que orgullosos y con alegría damos gracias a Dios

Isaías 49, 3. 5-6; Salmo 39; 1Corintios 1, 1-3; Juan 1, 29-34

Cada uno en la vida ha de ocupar el lugar que le corresponde; no puede asumir el rol de otra persona, aunque quizás se nos hayan confiado misiones que tengan relación con ella, ya por los servicios que le podamos prestar, ya incluso por la dependencia de nuestra misión con lo que esa persona representa. Será señal incluso de nuestra propia madurez para respetar la individualidad de toda persona ayudando incluso a que esa persona desempeñe dignamente su rol, pero nunca intentando sustituir. Es un asunto delicado, es algo que algunas veces nos cuesta y a lo que nos sentimos quizás tentados, pero tenemos que saber estar en nuestro lugar.

Me hago esta introducción, que además nos puede ayudar en muchos aspectos de nuestra vida, ya sea en nuestra vida familiar y en la educación de nuestros hijos, como también en nuestros trabajos o el compromiso social que hayamos asumido, pero me la hago, estoy queriendo decir, por lo escuchado hoy en el evangelio y con la figura de Juan Bautista.

Se define él bien a si mismo; así lo había manifestado también con aquella embajada que le habían enviado desde Jerusalén, no quiere ocupar un rol que no le corresponde, sabe cual es su lugar y ahora no le importa menguar, cuando ya ha cumplido su misión. No es el Mesías, solo es el profeta, la voz que clama en el desierto; tiene una misión, preparar los caminos del Señor, por eso bautiza con agua como un signo de purificación, de penitencia y de conversión. Pero ya nos lo dice vendrá, y como nos dirá en otra ocasión entre vosotros está y no lo conocéis, el que viene a bautizar con Espíritu Santo. El sí es el que teníamos que esperar, el Mesías, el Salvador.

Y da testimonio, de lo que él había sentido en su interior como voz de Dios que le hablaba, y de lo que ha visto con sus propios ojos como cumplimiento de lo que se le había anunciado en su corazón. Había visto venir el Espíritu sobre El allí en las aguas del Jordán y había escuchado la voz que hablaba desde el cielo. El era la voz que clamaba en el desierto para preparar los caminos del Señor, pero había escuchado la voz que venía desde el cielo y que lo señalaba como el que está lleno del Espíritu del Señor, el Hijo amado del Padre a quien teníamos que escuchar. Y de eso da testimonio Juan, asumiendo su rol y su misión, como dirá en otro momento con gran humildad lo que quiere es que Cristo crezca aunque él tenga que menguar.

Por eso ahora con entusiasmo y con una gran certeza señala a sus discípulos cuando ve venir a Jesús que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; y dejará que sus discípulos se vayan con Jesús; él ha cumplido su misión, ha puesto en camino a sus discípulos para que vayan hasta Jesús.

En este domingo ya del tiempo ordinario cuando concluimos la semana pasada el tiempo de Navidad venimos a encontrar de nuevo con Jesús al que señala el Bautista como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Una imagen que nos traslada ya a lo que es el meollo de nuestra fe y de nuestras celebraciones cristianas; una referencia al cordero pascual que cada pascua se sacrificaba y se comía en la cena pascual como recuerdo del paso de Dios junto a su pueblo que los había liberado de la esclavitud de Egipto. Algo que estaba en el meollo de la fe judía y así cada año lo celebraban.

Pero nosotros nos transportamos desde aquella pascua recuerdo de una liberación antigua a la nueva Pascua donde el Cordero sacrificado es el mismo Cristo que por nosotros se entregó para que tuviéramos vida, para liberarnos de la peor de las esclavitudes, para quitar el pecado del mundo. Es a quien nosotros ahora tenemos que mirar, a quien tenemos que contemplar, a quien tenemos que seguir. Es el camino que emprendemos, que cada día queremos hacer vida de nuestra vida, en que en cada día vamos realizando en nosotros esa liberación. Es nuestra lucha y nuestro compromiso, es nuestro gozo y nuestra gloria. Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Que no sean solo palabras rituales que decimos en una profesión de fe, es de lo que nos sentimos orgullosos y con alegría damos gracias a Dios.

En el Bautismo del Espíritu hemos sido nosotros bautizados para tener una vida nueva que ya nos ha transformado para hacernos hijos de Dios; como tal tendríamos que vivir, ése sí que es nuestro rol, nuestra identidad, de lo que tenemos que dar testimonio, que tenemos que reflejar en nuestro vivir. Nos cuesta vivir esa santidad de los hijos de Dios porque seguimos siendo tentados por el pecado, pero tienen que ser en verdad nuestras aspiraciones y nuestra lucha. Con nosotros está la fuerza y la gracia del Espíritu de Dios que habita en nosotros.

sábado, 17 de enero de 2026

El evangelio de Jesús viene a romper barreras, a tender puentes, a abrirnos los ojos para ver con mirada distinta desde la humildad y la compasión

 


El evangelio de Jesús viene a romper barreras, a tender puentes, a abrirnos los ojos para ver con mirada distinta desde la humildad y la compasión

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Salmo 20; Marcos 2, 13-17

Todos entendemos que una comida es algo más que ingerir unos alimentos para nutrir nuestro cuerpo; una comida es un compartir, una comida significa cercanía, una comida es una puerta abierta a la amistad y el comer juntos viene a intensificar el crecimiento de ese mutuo conocimiento y de esa amistad. Por eso invitamos a comer con nosotros a aquellos con los que nos sentimos en mayor sintonía; la invitación a una comida es una invitación a la amistad, es una muestra del aprecio que sentimos por aquellos a los que sentamos a su mesa o el aprecio que nos muestran quienes nos invitan a nuestra mesa.

Esto voy reflexionando pudiera parecer a algunos muy idílico o como un sueño, porque no siempre le damos a nuestras comidas ese sentido abierto y universal y pudiera suceder que en nuestra malicia con esas comidas estemos haciendo juego sucio por nuestras manipulaciones, por nuestros intereses y en el fondo por falta de sinceridad y de auténtica solidaridad con aquellos con quienes estamos. Sabemos también cómo hacemos nuestras exclusiones, hay una cierta discriminación porque no con todos queremos que nos vieran sentados en una misma mesa, con lo que ya estaríamos desvirtuando el sentido que tendría que tener una comida, como hemos venido reflexionando.

Jesús no es de los que excluyen a nadie, más bien quiere mostrar claramente que todos son importantes para El y a todos busca y por todos quiere darse. Será precisamente en lo que es muy criticado por ciertos sectores por sentarse a la mesa con lo que ellos llaman los publicanos o los pecadores. Aquello que en el refrán castellano se dice ‘dime con quien andas y te diré quien eres’ con todo el sentido peyorativo que tiene esa frase que sin embargo los padres que quieren educar a sus hijos quizás tanto les repiten y tendríamos que decir que con esa visión qué es lo que realmente están formando o deformando en la conciencia humana. Es lo que piensan los dirigentes judíos de Jesús cuando lo ven comer con publicanos y pecadores, sean quienes sean.

El episodio que nos ofrece hoy el evangelio parte también de un gesto sorprendente de Jesús cuando al paso por delante de la garita de los impuestos invita a seguirle al publicano que está allí al frente de la recaudación de los impuestos, y que eran tan mal mirados por los judíos, a los que despreciaban precisamente con ese epíteto de publicano. Es cierto que quien anda en medio de esas materialidades de la vida fácilmente puede mancharse con esas ambiciones de usuras y de riquezas a lo que en cierto modo todos nos sentimos tentados. Fijémonos cómo priva en tantos momentos de nuestra vida esa ambición por lo económico o las riquezas: fijémonos en nuestros sueños de premios y loterías ganadas con las que pensamos que ya tendríamos todos los problemas de la vida resueltos. Hasta la navidad la tenemos así marcada con la suerte de la lotería.

Jesús invitó a Leví a seguirle y lo dejó todo para irse con Jesús, en él hemos interpretado siempre al Mateo que nos dejó el evangelio. Pero en su entusiasmo por seguir a Jesús lo invitó a comer con los discípulos que ya le seguían, pero como era normal se sentarían a la mesa con ellos también los que habían sido sus amigos y compañeros de siempre. Es lo que motivará las críticas de los fariseos y maestros de la ley.

Al médico lo llamamos o acudimos a él cuando estamos enfermos. Es lo que les viene a decir Jesús, ha venido a sanar a los enfermos, por eso se acerca a los pecadores con su corazón lleno de misericordia para ofrecer caminos de perdón y de paz. ¿Será ese el espíritu de misericordia que mueve nuestras vidas? Con nuestras posturas y actitudes tenemos que ser ese médico que sana los corazones, tenemos que ser capaces de sentar en la mesa de nuestra vida a esos que son despreciados por nuestra sociedad tan puritana para algunas cosas, pero tan necesitada de esa sanción porque nuestra sociedad sigue con sus discriminaciones y sus racismos, todavía pesa el color de la piel o el lenguaje diferente y no es porque no nos entendamos sino porque no queremos comunicarnos, porque seguimos mintiendo barreras y abismos en nuestras mutuas relaciones, en la acogida no siempre tan generosa que hacemos a los emigrantes que llegan a nosotros, provengan de donde provengan.

Muchas cosas se van desgranando en mi pensamiento cuando contemplamos este texto del evangelio, que tiene que ser auténtica buena noticia para nosotros.

viernes, 16 de enero de 2026

¿Seremos capaces de arrancar de nosotros muchas cosas que nos envuelven y esclavizan para poder llegar hasta Jesús?

 


¿Seremos capaces de arrancar de nosotros muchas cosas que nos envuelven y esclavizan para poder llegar hasta Jesús?

1Samuel 8, 4-7. 10-22ª; Salmo  88; Marcos 2, 1-12

¿Cómo reaccionamos cuando encontramos un tropiezo o una dificultad en el camino? Algunas veces somos impacientes porque queremos el camino llano y limpio de obstáculos; ya sabemos cómo nos ponemos tantas veces de críticos hacia aquellos que pensamos que tienen la obligación de mantener el camino limpio  y libre de obstáculos, pero quizás no somos capaces de detenernos para hacer algo por nuestra parte para quitar aquel impedimento, para poner una señalización para evitar el peligro para otros que transitan por esa misma vía, o para buscar la ayuda necesaria para poder entre todos eliminar ese impedimento. Hablo en este caso en mi ejemplo de vías y caminos porque en tiempos atmosféricos adversos son problemas habituales que nos encontramos.

Pero entendemos que con este ejemplo podemos poner muchas otras experiencias que de una forma o de otra vamos teniendo en la vida; son los problemas que nos encontramos en nuestras relaciones con los demás, en la familia, en nuestros trabajos, con la gente con la que convivimos; problemas derivados de muchos factores partiendo de nuestra manera de ser o de nuestras ambiciones, de momentos malos por los que pasamos en la vida y con los que nos vemos atorados sin saber muchas veces cómo salir adelante. ¿Echamos la culpa a los demás? Es una cosa que nos sale fácilmente muchas veces. ¿Nos rendimos y damos por imposible esa superación que necesitamos en la vida? Nos acomodamos, nos aguantamos, nos resignamos y seguimos arrastrándonos atados quizás a nuestros propios miedos. Con buena voluntad queremos avanzar por la vida, pero pronto nos desanimamos y vamos arrastrándonos como podamos con nuestros miedos y cobardías. ¿Dónde está nuestra madurez humana? ¿Dónde se quedan esos buenos valores que tendrían que ser fuerza y fundamento para nuestro caminar y para nuestra superación?

Me ha surgido todo este pensamiento y reflexión contemplando un detalle que nos puede pasar desapercibido en el texto del evangelio de hoy. Son muchos los aspectos sobre los que tendríamos que reflexionar, pero quiero fijarme en el detalle de valentía y de creatividad e iniciativa de aquellos hombres que con buena voluntad traían a un enfermo, en este caso un paralítico, para que Jesús lo curase. Se había extendido la fama por toda Galilea y de todas partes les traían a sus enfermos para que los curase.

Pero al llegar a la puerta con el paralítico en su camilla no pueden entrar. Tanto es el gentío que se agolpa a la puerta para escuchar a Jesús que se les hace imposible el llevar hasta el lugar donde esta Jesús. ¿Se sienten frustrados en su esfuerzo y en su buena voluntad y se resignan ante lo que parece imposible? Ya el evangelista nos detalla la iniciativa de estos hombres de abrir un boquete en el tejado sobre donde está Jesús para por allí descolgar la camilla y hacer que aquel hombre llegue a los pies de Jesús.

Jesús nos dice el evangelista se admiró de la fe de aquellos hombres. No se rindieron, no se dieron por vencidos, buscaron la forma y lograron lo que deseaban. Qué relación más bonita con lo que veníamos reflexionando como introducción. Pero Jesús ofrece mucho más de lo que aquellos hombres en principio pedían; solo deseaban que aquel paralítico se viera libre de su dependencia para poder caminar. Y claro que Jesús quiere que nos veamos libres de nuestras dependencias, no quiere que nos sintamos ligados por ningún tipo de ataduras, nos quiere libres, lejos de cualquier esclavitud.

Pero sus palabras van a extrañar a muchos, llegarán incluso a pensar que Jesús está blasfemando porque se está atribuyendo un poder que solo es de Dios. Pero, ¿para qué ha venido Jesús? Como anunciaba en la sinagoga de Nazaret para liberar a los oprimidos, para establecer un tiempo de gracia. Es el regalo que nos ofrece Jesús. Hacer que nos sintamos libres desde lo más hondo de nosotros mismos de toda atadura y esclavitud. Las curaciones de los enfermos que realiza no son sino un signo de esa otra libertad que quiere darnos. Por eso sus palabras son de perdón.  O como dirá en algunas ocasiones a aquellos que ha curado, ‘vete y no peques más’, no vuelvas a caer en esa esclavitud. ‘Tus pecados quedan perdonados’, le dice al paralítico.

Y porque produce esa transformación dentro de nosotros con su gracia y su perdón nos sentiremos fortalecidos para no dejarnos vencer, para estar siempre en camino de superación, para llegar a lo más alto y más sublime de nuestra vida, aunque muchas cosas quizás tengamos que romper dentro de nosotros; somos nosotros mismos con nuestro egoísmo y con nuestras ambiciones los vamos poniendo trabas en los caminos de la vida. Pero con Jesús todo tiene que ser distinto. Dejemos que estas palabras del evangelio calen hondamente dentro de nosotros.

jueves, 15 de enero de 2026

Bajemos los humos de la autosuficiencia y orgullo para aprender a confiar en la bondad de quien puede ayudarnos dando señales de la confianza que pueden tener en nosotros

 


Bajemos los humos de la autosuficiencia y orgullo para aprender a confiar en la bondad de quien puede ayudarnos dando señales de la confianza que pueden tener en nosotros

1Samuel 4, 1-11; Salmo 43; Marcos 1, 40-45

A ver si aprendes a pedir las cosas’, escuchamos a alguien que reacciona ante la forma en que alguien le presentaba una petición, pero desde mucha arrogancia y altivez. Lo sabemos bien con humildad y sencillez, con la sinceridad de reconocer nuestras carencias y limitaciones ‘ganamos más’, por decirlo de alguna manera, que con nuestra arrogancia y aun con nuestra pobreza con signos de arrogancia y prepotencia. Sé humilde para conseguir lo que graciosamente, en gratuidad y generosidad, te van a regalar.

Es lo que nos presenta hoy el evangelio. Su anuncio era la buena noticia de que el Reino estaba cerca. Y Jesús lo manifestaba con signos y señales. Lo hemos venido escuchando en estos días. Nazaret, Cafarnaún, toda la orilla del lago de Tiberíades, tierra adentro los pueblos y aldeas de Galilea habían ido escuchando su anuncio, pero habían visto también los signos que realizaba; escuchamos que en Cafarnaún se juntaban a su puerta ya a la caída de la tarde de aquel sábado que había ido a la sinagoga, multitud de gente venida de todas partes con sus lamentos y con sus sufrimientos, con sus imposibilitados y con sus enfermos, y a todos curaba. A la mañana siguiente dirá que hay que ir a otros lugares, que otros también han de escuchar ese anuncio de esperanza.

Movido por esa esperanza y por la fe grande que había comenzado a manar en su corazón, también con mucha sencillez y humildad había sido hasta un leproso, que saltándose todas las normas y prohibiciones de estar en poblado y en medio de las gentes, es que se acerca a Jesús para hacerle su petición. ‘Si quieres, puedes limpiarme’.

No aparece más diálogo en el relato del evangelista pero allí está con su grandeza de espíritu manifestada en su humildad y sinceridad que le llena además de confianza. No depende de sí mismo, viene a decir, todo está en manos de Jesús, en la voluntad de Jesús. El solo tiene lo mejor con que presentarse a Jesús, su fe y su humildad; sabe que Jesús puede hacerlo, ya lo ha manifestado en otros signos que ha ido realizando, y confía en Jesús, que está manifestando la confianza de su fe, de aquello en lo que cree.

Cuántas veces hacemos nuestra oración pobre por nuestra falta de confianza. Vamos a ver si ahora me escucha, parece que nos decimos, lo cual ya está señalando y marcando la pobreza de nuestra fe, quizás ocultando detrás nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia. No nos gusta sentirnos necesitados, reconocer nuestra pobreza, ser conscientes de que solo por nosotros mismos no lo vamos a lograr. Medio nos ocultamos a los ojos de los demás cuando vamos a rezar para que no nos digan si nosotros aun creemos en esas cosas; hacemos de nuestras oraciones y nuestras peticiones algo tan íntimas y personales que nunca compartimos con los demás lo que es nuestra oración. ¿Alguien sabe como ha sido ese momento íntimo en ti mismo, por ejemplo, después de comulgar? ¿A alguien le has hablado de sus sentimientos en ese momento o de lo que le has pedido al Señor más allá de pedir suerte o de pedir salud?

Aquel leproso se puso allí delante de todos, postrado ante Jesús, reconociendo que era leproso y confiando en Jesús que podía curarle. Creo que mucho nos puede enseñar la postura o la manera de hacer de aquel leproso, pero sobre todo de su humildad y de su confianza.

Necesitamos bajar los humos de nuestros orgullos que nos hacen ir de autosuficientes por la vida. Necesitamos bajarnos de nuestro pedestal del orgullo para ponernos ras a tierra en los caminos de la humildad. Necesitamos aprender a confiar en el corazón en la bondad de quienes nos rodean que pueden hacer muchas cosas por nosotros como expresar una apertura en nuestra vida que llene de confianza en nosotros en quienes nos rodean.

miércoles, 14 de enero de 2026

Seamos capaces de ser mano de Jesús para ayudar a levantar a tantos a nuestro alrededor haciendo el anuncio del Reino de Dios con obras y palabras

 


Seamos capaces de ser mano de Jesús para ayudar a levantar a tantos a nuestro alrededor haciendo el anuncio del Reino de Dios con obras y palabras

1Samuel 3, 1-10. 19-20; Salmo 39; Marcos 1, 29-39

Las señales de Dios se van manifestando. La aparición de Jesús haciendo aquel primer anuncio de la llegada del Reino de Dios fue un rayo de esperanza para aquellos  pueblos. Las tinieblas pujaban por permanecer pero la luz se va abriendo paso en aquellos corazones. Se sorprenden con las palabras de Jesús, se sorprenden con los signos que realizaba y que manifestaban que Dios estaba con El. Era su presencia, su cercanía, sus palabras, los signos que se manifestaban en su vida. Quería estar cerca de todos y se dejaba llevar allí donde hiciera falta.

Hoy nos dice el evangelista que después de salir de la sinagoga, allí donde había liberado de su mal a aquel hombre poseído por un espíritu inmundo, los primeros discípulos, aquellos que primero han escuchado su llamada y ya le siguen de cerca, Santiago y Juan a los que había invitado a seguirle para ser pescadores de hombres, se llevan a Jesús a casa de Simón y de Andrés y le dicen que la suegra de Simón está enferma, está en cama.

¡Qué hermosa sintonía de aquellos primeros discípulos que viendo lo que hace y enseña Jesús le cuentan también de sus incidencias familiares o de sus vecinos! Algo en lo que es necesario detenernos en nuestra reflexión. Somos los discípulos de Jesús, al menos nos gloriamos de llamarnos cristianos, pero ¿hasta dónde llega nuestra sintonía y nuestra sensibilidad en nuestro trato con el Señor? ¿Le hablamos a Dios de lo que vemos y de lo que palpamos a nuestro alrededor?

Por distintas circunstancias, confieso, que estos días he caminado por distintos rincones de mi pueblo, con ese crecimiento demográfico de la población, las nuevas viviendas que se van promoviendo y levantando por distintos sitios y pensaba en qué medida los que nos llamamos cristianos sentimos inquietud por esas poblaciones que parecen tan alejadas de Dios, tan alejadas de la vida de la Iglesia, aunque estén viviendo casi a sus puertas. ¿No nos hará falta un mayor sentido misionero a los que nos sentimos más cercanos de la Iglesia para hablarle a Dios de esas gentes, pero para hablarle a esa gente de que el Reino de Dios está cerca? La verdad, os digo, que sentía una inquietud en mi interior que me hacía preguntarme a mí mismo por muchas cosas.

Y siguiendo con el comentario del evangelio vemos cómo Jesús se acerca a aquella mujer, la toma de la mano y la levanta. Y aquella mujer que estaba postrada en su enfermedad, inmediatamente se puso a servirles. Postrados y encerrados en nosotros mismos es la peor enfermedad, que nos vuelve pasivos, que nos hace insolidarios, que nos hace pensar solo en nosotros mismos y agrandamos incluso los males que nos envuelven quizás buscando una compasión. ¿No necesitaremos esa mano de Jesús que nos levante y nos ponga en camino de servicio? Seguro que nos sentiremos sanados desde lo más hondo y se acabará toda pasividad e insolidaridad, se descorrerán esos nubarrones que oscurecían nuestra vida y nos sentiremos con una vitalidad nueva. ¿Dejaremos que Jesús tienda su mano sobre nosotros y nos levante? ¿Seremos capaces de ser mano de Jesús para ayudar a levantar a tantos a nuestro alrededor haciéndole el anuncio del Reino de Dios?

No quiero alargarme en el comentario. Al anochecer se agolpan muchos a la puerta para que Jesús los cure. A la mañana siguiente lo buscarán porque seguirán con sus deseos de estar con El. Jesús se había retirado al descampado para orar. Pero Jesús les dice que hay que ir a otros sitios, porque a todos ha de hacer aquel anuncio del Reino de Dios.

Después de estar con Jesús y escuchar su Palabra, ¿sentiremos nosotros deseos de ir a otros sitios para hacer también a todos ese anuncio del Reino de Dios?


martes, 13 de enero de 2026

Escuchemos a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio quiere hacer de nosotros un hombre nuevo liberado de toda atadura

 


Escuchemos a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio quiere hacer de nosotros un hombre nuevo liberado de toda atadura

1 Samuel 1, 9-20; Sal. 1 Sam 2, 1-8; Marcos 1, 21-28

Estamos de palabras que siempre nos dicen lo mismo y nos prometen lo mismo, por eso cuando aparece alguien que no es un simple repetidor, sino que lo que nos dice o nos habla surge de lo más hondo de si mismo y toca lo más hondo de nosotros mismos, nos despertamos, prestamos nueva atención. Claro que siempre estaremos al tanto para ver si es una estrategia que nos embauca o son de verdad esperanzas nuevas que se siembran en nuestros corazones.

Es lo que está sucediendo en estos primeros pasos de Jesús en lo que llamamos su vida pública y que ahora terminado el tiempo de Navidad vamos escuchando en este caso en las primeras páginas del evangelio de san Marcos. Jesús va a la sinagoga, podríamos decir que aprovecha el momento en que la comunidad se reúne para escuchar la ley y los profetas y como iría haciendo por todos aquellos lugares por donde comienza a predicar hace el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios está cerca.

La gente presta atención a sus palabras, porque además habla con autoridad, habla con sabiduría, habla con palabras que despiertan los corazones; no son palabras repetidas, como seguramente estarían acostumbrados a escuchar a los maestros de la ley. Jesús anuncia algo nuevo, algo distinto que despierta la esperanza; anunciar la llegada del Reino de Dios para ellos significaba la cercanía o la presencia del Mesías anunciado y tanto tiempo esperado. Jesús quiere siempre ir a lo más hondo de las personas, por eso ha pedido conversión para poder creer que esa buena noticia que les anuncia se realizará; es necesario una transformación de la vida, un cambio profundo, como salir de la enfermedad para estar con salud, como salir de la muerte para tener otra vez vida y vida de verdad. Las palabras de Jesús van llegando a sus corazones.

Pero es que Jesús acompaña sus palabras con sus actos. Si ofrece liberación porque tenemos que arrancarnos de tantas ataduras como tenemos en la vida, ahora lo van a ver palpable en el signo que va a realizar. Hay un hombre poseído por un espíritu inmundo, por el espíritu del mal, que ya está ofreciendo un rechazo a Jesús. Las tinieblas que no quieren dejarse iluminar por la luz, como tantas veces nos sentimos incómodos cuando nos dicen la verdad, cuando nos señalan aquellas cosas que tendríamos que mejorar en nuestra vida.

Pero bastan dos palabras de Jesús para hacer callar a aquel espíritu maligno. ‘Cállate y sal de él’, fueron las palabras de Jesús. ‘El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él’, nos relata el evangelista. Y la gente se quedó asombrada porque hablaba con autoridad.

Escuchemos a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio. Algunas veces nos cuesta, nos hacemos oídos sordos, lo damos por sabido, pero siempre el evangelio es buena noticia, algo nuevo que llega a nuestra vida, que nos pone en nuevos caminos, aunque, como decía, algunas veces nos resistimos. Pero Jesús nos pone el dedo en la llaga aunque escueza. De muchas cosas tenemos que liberarnos para vivir esa libertad del hombre nuevo, no podemos seguir pendientes de ataduras, de rutinas, de malas costumbres que hemos ido adquiriendo con el paso de los años.

Abramos de verdad nuestro corazón a esa palabra salvadora que nos ofrece Jesús.