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viernes, 23 de enero de 2026

También nos sentimos llamados porque también nos elige por nuestro nombre para que estemos con El y encendiéndonos en la llama de su amor convertirnos en sus testigos

 


También nos sentimos llamados porque también nos elige por nuestro nombre para que estemos con El y encendiéndonos en la llama de su amor convertirnos en sus testigos

1Samuel 24, 3-21; Salmo 56; Marcos 3, 13-19

Una llamada en el sentido de lo que hoy queremos hablar podemos decir que es una invitación; podríamos hablar también de llamada como un toque de atención, o la llamada que hacemos ante una puerta cerrada para que nos abran, que en este caso seríamos nosotros los que hacemos esa llamada. Pero quiero pensar ahora en la llamada que se nos hace, para que prestemos atención es cierto, pero como una invitación a algo; llamada a la que podemos hacer oídos sordos y no prestar atención, a la que nos negamos a responder o a la que rechazamos porque no tiene interés para nosotros.

Pero la llamada no se queda en que nosotros nos enteremos de que nos hayan llamado sino que hemos de dar una respuesta, aceptar esa invitación y en consecuencia dar lo pasos necesarios para atender a eso a lo que se nos llama. Es importante lo que estoy diciendo porque si importante es el que alguien haya pensado en nosotros para llamarnos o invitarnos a algo, es importante la respuesta que nosotros damos haciendo que esa llamada sea importante para nosotros.

¿Por qué me hago esta previa reflexión? Hoy el evangelio nos habla de llamada y de llamada concreta no solo para que nos enteremos de lo que nos está anunciando, como una campana o una señal de alarma que se hace sonar para que nos enteremos de algo, sino para invitarnos a dar una respuesta.

Mientras subía al monte Jesús llamó a los que quiso para que fueran con Él. Ya comenzaba a haber muchos discípulos, pues la gente lo seguía, acudía para escucharle, le llevaba a sus enfermos para que los curase, y ya se iba formando un grupo de seguidores que con más o menos lealtad seguían a Jesús. Pero entre todos ellos Él llamó a los que quiso, y constituyó un grupo de doce, los llamaremos apóstoles, porque su misión era luego ser enviados para seguir anunciando el Reino de Dios como lo estaba haciendo Jesús. Por eso, nos dice incluso, que les da autoridad para expulsar demonios, para realizar los mismos signos que Jesús hacía como manifestación de la llegada del Reino de Dios.

Y nos dice el evangelista, después de hacernos relación de los nombre de los doce escogidos, que se fueron con Él. Escucharon y dieron respuesta, escucharon la llamada y se fueron con Él, porque luego habría una misión que realizar, para enviarlos a predicar, como lo hacía Jesús. Es hermoso este detalle, ‘se fueron con Él’;  serán los que estarán siempre a su lado, van a recibir sus confidencias y a ellos de manera especial les va a explicar lo que a toda la gente les enseñaba en parábola, van a ser testigos de toda la intimidad de Jesús como suele suceder en toda convivencia humana, podrán hablar con confianza con Jesús preguntándole lo que no entienden, se sorprenderán de lo que es de verdad el espíritu de Jesús y de El querrán aprender, viéndole orar le pedirán que les enseñe a orar, contemplando su espíritu de servicio aprenderán, aunque sean cosas que muchas veces les cueste, que su verdadera grandeza está en servir, seguían a Jesús con sus luces y con sus sombras, con sus momentos de entusiasmo y con los momentos duros en los que les cuesta entender de verdad la vida de Jesús y lo que les enseña, con sus ambiciones y con sus aspiraciones; todo eso iremos contemplando en el Evangelio.

Aunque este pasaje de manera especial nos está hablando de aquellos a los que iba a constituir apóstoles porque serían enviados con misión especial, no podemos dejar de pensar que también está hablando de nosotros los que queremos seguir a Jesús, ser sus discípulos, porque eso para nosotros es también una invitación y un regalo del Señor. También nosotros debemos estar con El, queremos estar con El.

Es el camino del cristiano, es nuestro camino, porque como seguidores de Jesús también tenemos la misión de ser testigos, de dar testimonio de nuestra fe. Pero tenemos antes que crecer por dentro, crecer en ese conocimiento de Cristo y empaparnos de su Evangelio y eso solo lo podemos hacer estando con Él. Es nuestra oración y es la escucha de su Palabra, es el rumiar allá en lo más hondo de nosotros mismos cuanto Jesús nos va enseñando, es crecer en ese espíritu de Cristo, crecer en nuestra espiritualidad cristiana porque será la forma de que podamos dar ese testimonio que no solo serán nuestras palabras sino sobre todo nuestra vida y principalmente nuestro amor.

Un amor que tenemos que encender en la llama del corazón de Cristo, en la llama de su amor.


sábado, 8 de febrero de 2025

Ojalá sepamos estar con Jesús, aprenderíamos de verdad a ver las cosas con los ojos de Jesús, aprenderíamos a hacer las cosas como nos enseña Jesús

 


Ojalá sepamos estar con Jesús, aprenderíamos de verdad a ver las cosas con los ojos de Jesús, aprenderíamos a hacer las cosas como nos enseña Jesús

 Hebreos 13,15-17.20-21; Salmo 22; Marcos 6,30-34

Nos gusta volver a encontrarnos con los amigos, con aquellas personas que nos aprecian y nos aman; es la alegría que sentimos cuando volvemos a encontrarnos con el amigo que hace tiempo no veíamos, es el bonito reencuentro de las familias que muchas veces a causa de trabajos y ocupaciones estamos lejos, pero deseamos volver a encontrarnos con ellos; y en nuestro reencuentro recordamos cosas y compartimos lo que ha sido nuestra vida en la ausencia, nos contamos lo que hacemos o lo que son nuestros proyectos, contamos cómo nos va y lo que quizás ansiábamos volver a encontrarnos. Aun cuando estemos cercanos y casi nos veamos todos los días siempre buscamos el momento para estar con el amigo, con la persona que apreciamos, siempre tenemos tiempo para ellos.

Hoy nos dice el evangelio que ‘los discípulos volvieron a encontrarse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado’. Recordamos que en la lectura del evangelio en días anteriores vimos cómo Jesús los había elegido y dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos los había enviado a hacer un anuncio del la Buena Nueva del Reino de Dios. Ahora es la vuelta, el reencuentro después de la tarea. Y Jesús busca la manera de querer llevarlos a un lugar apartado para estar a solas con ellos y que descansaran. ‘Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco… Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer’.

Estar a solas con Jesús. Tenemos que aprender a estar a solas con Jesús, simplemente para eso, para estar con El. Como dos amigos que se sientan juntos y quizás no necesitan decirse muchas cosas, sino simplemente estar con el amigo. Irá surgiendo la conversación de forma espontánea, habrá momentos de silencio en que solo con la mirada o con sentir la respiración del otro nos es suficiente.

Ya me diréis que eso lo hacemos en la oración, cuando vamos a rezar. Pero, con sinceridad preguntémonos, ¿sabemos estar en silencio con Jesús? Seguro que cuando vamos a rezar ya llevamos nuestras oraciones preparadas, seguro que ya llevamos una lista de cosas de las que queremos hablarle a Dios, o mejor, cosas que queremos pedir, y será por nosotros o será por nuestros seres queridos, o será por la situación que vemos en el mundo. Eso está bien, pero hagamos silencio, dejemos a un lado todas esas cosas por las que vamos a pedir y hagamos silencio para escuchar, para sentir su presencia, para disfrutar de estar con el Señor.

Seguro que nos sentiremos mejor, porque nos sentiremos más llenos de Dios. Con nuestros rezos muchas veces lo que queremos es que Dios haga las cosas como nosotros las vemos, pero tenemos que aprender a ver nosotros las cosas como las ve Dios.Y para eso necesitamos silencio, escuchar, estar. Y allí en nuestro corazón comenzaremos a sentir algo nuevo y distinto. Como decían los discípulos de Emaús que recordaban que cuando Jesús les hablaba comenzaron a sentir arder su corazón.

Fijémonos en un detalle más de lo que nos narra hoy el evangelio. Cuando llegaron al lugar, cuando estuvieron con Jesús comenzaron a ver algo distinto, porque se encontraron que allí había mucha gente con sus preocupaciones, con sus ansias de estar con Jesús también, con sus enfermedades y con las cosas que les atormentaba en el corazón. Y nos dice el evangelio que Jesús se puso a escucharles y a hablarles, porque estaban como ovejas sin pastor.

Muchas veces interpretamos que lo que Jesús había planeado con los discípulos se había venido abajo y no pudieron tener ese descanso programado. Creo que aquel estar con Jesús les hizo ver las cosas de manera distinta; en la continuación del evangelio veremos que los discípulos serán los que se preocuparan de que no tienen que comer y que hay que hacer algo. Y es a lo que los impulsa Jesús; buscarán los recursos aunque no los tengan y todos saldrán de aquel momento con algo nuevo en sus vidas.

Ojalá sepamos estar con Jesús. Aprenderíamos de verdad a ver las cosas con los ojos de Jesús, aprenderíamos a hacer las cosas como nos enseña Jesús.

sábado, 4 de enero de 2025

Aquellos dos primeros discípulos no solo querían saber donde vivía Jesús sino que más bien querían pasar un día con Jesús y conocerle

 


Aquellos dos primeros discípulos no solo querían saber donde vivía Jesús sino que más bien querían pasar un día con Jesús y conocerle

1Juan 3, 7-10; Salmo 97; Juan 1, 35-42

Me gustaría pasar un día contigo… ¿No habremos expresado algo así alguna vez a un amigo o alguien también nos habrá manifestado ese deseo? Dos amigos que poco a poco se van conociendo y que van entrando en estrecha amistad y que desean estar juntos; alguien que quizás recientemente hemos conocido pero nos ha llamado la atención su forma de ser o de pensar, con quien veíamos que podíamos tener buena comunión y que queremos conocer más porque nos sentimos muy a gusto con él…No ya es solo saber cosas de su historia o de su vida, sino que es algo mucho más hondo lo que sentimos y que sabemos que puede anudar una hermosa amistad. Luego vamos a hablar del amigo que encontramos, vamos a resaltar sus valores, nos sentiremos orgullosos y felices de ser su amigo.

Algo si sucedió en aquella tarde cuando aquellos dos discípulos del Bautista se fueron tras aquel a quien Juan había señalado como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Muchos se habían congregado en torno al Bautista para escuchar sus anuncios de lo nuevo que estaba por suceder y escuchando las palabras de Juan se sometían a aquel bautismo en las aguas del Jordán. Aquel que ahora era señalado como el Cordero de Dios también se había puesto en las filas de los que recibían el bautismo y ahora Juan decía que cosas maravillosas y extraordinarias habían sucedido porque había visto bajar al Espíritu de Dios en forma de paloma sobre El al salir de las aguas del Jordán.

Ahora ellos se habían ido tras El porque algo más buscaban tras las indicaciones de Juan el Bautista. ‘¿Qué buscáis?’ había sido la pregunta que les había dirigido, ¿por qué me seguís? ¿Qué es lo que buscan o desean? Pero no eran cosas lo que buscaban, tampoco eran solo palabras ni recomendaciones, querían estar con El, querían conocerle, quería saber cómo era su vida. ‘Maestro, ¿dónde vives?’

Y estuvieron con El y le conocieron, estuvieron con El y algo nuevo de verdad encontraron, estuvieron con El y ya comenzaron a hablar a todos de El; Andrés a su hermano Simón al que convencería de que habían encontrado al Mesías, más tarde sería Felipe el que tendría noticia de Jesús, y también éste comenzaría a pasar la noticia, porque con entusiasmo se la comunicaba a Natanael al que convenció para que también viniera a estar con Jesús a pesar de sus reticencias y desconfianzas.

Es muy importante este detalle que en cierto modo nos puede pasar desapercibido del evangelio que hoy escuchamos. Queremos pasar un día con Jesús, como comenzábamos nuestra reflexión. ¿Será realmente lo que queremos y lo que buscamos cuando nos decimos cristianos y seguidores de Jesús y miembros de su Iglesia? Es cierto que necesitamos de la mediación de alguien que nos anuncie, que nos comunique, que nos dé señales del camino; así la mayoría de nosotros hemos bebido nuestra fe en la familia, de nuestros padres o nuestros mayores, o tantas otras mediaciones que a lo lago de la vida hemos tenido, una catequesis en la infancia, unas celebraciones de las que nos hemos hecho participes en tantos momentos de la vida, unas fiestas religiosas en las que habremos participado, una asistencia a unos lugares determinados de especial devoción en nuestros pueblos, pero preguntémonos seriamente, ¿habremos deseado realmente estar un día con Jesús?

Podríamos decir que de mil manera Dios nos ha abierto sus puertas para que vayamos a El y nos encontremos con El, para que escuchemos su Palabra o nos enriquezcamos con la gracia de sus sacramentos, pero ¿le habremos abierto nuestras puertas, las puertas de nuestra vida a Jesús para que venga a estar con nosotros?

Lo de aquellos dos discípulos no solo fue que Jesús les dijera que fueran con El y vieran donde vivía, sino que de alguna manera aquellos dos discípulos ya tenían también una predisposición – quizás con su curiosidad por saber algo más de aquello que les había hablado el Bautista – para dejar que Jesús entrara en sus vidas. Es conocer donde Jesús vive, o es hacer que Jesús venga a vivir en nosotros, o sea, como decíamos, pasar en día con Jesús.

¿Será algo que nos tendría que hacer pensar?

sábado, 5 de febrero de 2022

Necesitamos saber estar con el Señor para tener una nueva mirada, darle una mayor profundidad a la vida, descubrir cómo tenemos que llenarnos de ternura y compasión

 


Necesitamos saber estar con el Señor para tener una nueva mirada, darle una mayor profundidad a la vida, descubrir cómo tenemos que llenarnos de ternura y compasión

1Reyes 3, 4-13; Sal 118; Marcos 6, 30-34

He aprendido más en estos pocos días que he estado con esta persona que todo lo que me habían enseñado en todas las escuelas o facultades en las que he estado en mi vida. No es muy habitual escuchar algo así, pero puede suceder que o lo hayamos oído a alguien en algún momento determinado o nos habrá podido pasar a nosotros mismos.

Quizás todo partió de una invitación de esa persona que amigablemente nos había invitado a pasar unos días juntos; se había planificado irse a algún sitio donde estar más cercanos el uno con el otro, o simplemente había sido una sencilla convivencia en su propia casa, en su propio hogar; pero el estar con aquella persona había sido de gran provecho; no fueron solo las conversaciones que con cierta profundidad se habían tenido, sino simplemente ese estar, ese convivir, ese contemplar el hacer y el actuar de esa persona, ese percibir los detalles de su vida, ese escuchar oportunamente una palabra que encerraba gran sabiduría, fue el compartir un vivir. Cuántas cosas se descubren, cuánto aprendemos a encontrar un sentido de vida.

Era lo que Jesús quería con sus discípulos más cercanos. La ocasión había venido después de la vuelta de aquella misión que les había confiado, donde ellos contaban y contaban cuántas cosas les habían sucedido o habían podido realizar. Ahora dice el evangelista que Jesús quiere llevárselos a un lugar apartado. Y hay una disculpa, es que si están en casa no tienen tiempo ni para comer, y era necesario un descanso.

Pero era lo que había querido Jesús desde el principio. A aquellos primeros discípulos que le preguntan dónde vivía – y esa pregunta encerraba muchas cosas – y les había dicho que se fueran con él para que vieran. Ya sabemos cuál fue la buena reacción posterior. Cuando llama a algunos en particular, ya nos explica el evangelista en el relato que eran para que estuvieran con El. Y es lo que vemos a lo largo del evangelio, cómo se va formando ese grupo de los que están siempre con Jesús, no solo en sus correrías sino también cuando están en casa, cuando están en Cafarnaún donde Jesús se había establecido, probablemente en casa de Pedro.


Ahora se los quiere llevar a un lugar apartado, y aunque pareciera que no se consiguió lo que se pretendía porque al llegar se encuentran con una multitud grande que los estaba esperando, lo que Jesús quería de aquella convivencia se realizó perfectamente. Allí en la cercanía de Jesús, con aquella compasión que siente por la multitud, con ese ponerse a enseñarles pacientemente, con el ir curando a los enfermos, o las mismas indicaciones que va dando a los discípulos de lo que tendrían que hacer, hay toda una hermosa lección. La aprendieron bien los discípulos en aquella cercanía con Jesús, en ese estar con Jesús.

Les hace tener una visión distinta de las personas y de los mismos acontecimientos, incluso de los imprevistos; aprenderán de la comprensión y de la paciencia de su Maestro, aprenderán de su preocupación por todos haciéndoles caer en la cuenta de cuáles son las verdaderas necesidades que tienen aquellas personas, aprenderán a llenar el corazón de ternura y de misericordia, aprenderán a descubrir el verdadero corazón, herido y lleno de angustias de aquellas personas. Estaban con Jesús y su visión comenzaba a cambiar, aunque sabemos cuánto les cuesta ir dando los necesarios pasos.

¿No necesitaremos nosotros estar con Jesús? ¿No necesitaremos ese tiempo a solas con Jesús, sin prisas y sin agobios, sin estar pensando en otras cosas o cuánto tenemos que hacer? porque también nosotros en nuestros agobios y carreras parece que no tenemos tiempo ni para comer, que no sabemos tener tiempo para nosotros mismos, que no sabemos tener tiempo para hacer silencio y aprender a escuchar el latir de los que están a nuestro lado, que no tenemos tiempo tampoco para esta a solas y en paz con el Señor; miremos cómo son las carreras de nuestras oraciones.

Necesitamos saber estar con el Señor, para tener una nueva mirada, para darle una mayor profundidad a la vida, para descubrir cómo tenemos que llenarnos de ternura y compasión para poder ir luego a los demás.