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viernes, 16 de enero de 2026

¿Seremos capaces de arrancar de nosotros muchas cosas que nos envuelven y esclavizan para poder llegar hasta Jesús?

 


¿Seremos capaces de arrancar de nosotros muchas cosas que nos envuelven y esclavizan para poder llegar hasta Jesús?

1Samuel 8, 4-7. 10-22ª; Salmo  88; Marcos 2, 1-12

¿Cómo reaccionamos cuando encontramos un tropiezo o una dificultad en el camino? Algunas veces somos impacientes porque queremos el camino llano y limpio de obstáculos; ya sabemos cómo nos ponemos tantas veces de críticos hacia aquellos que pensamos que tienen la obligación de mantener el camino limpio  y libre de obstáculos, pero quizás no somos capaces de detenernos para hacer algo por nuestra parte para quitar aquel impedimento, para poner una señalización para evitar el peligro para otros que transitan por esa misma vía, o para buscar la ayuda necesaria para poder entre todos eliminar ese impedimento. Hablo en este caso en mi ejemplo de vías y caminos porque en tiempos atmosféricos adversos son problemas habituales que nos encontramos.

Pero entendemos que con este ejemplo podemos poner muchas otras experiencias que de una forma o de otra vamos teniendo en la vida; son los problemas que nos encontramos en nuestras relaciones con los demás, en la familia, en nuestros trabajos, con la gente con la que convivimos; problemas derivados de muchos factores partiendo de nuestra manera de ser o de nuestras ambiciones, de momentos malos por los que pasamos en la vida y con los que nos vemos atorados sin saber muchas veces cómo salir adelante. ¿Echamos la culpa a los demás? Es una cosa que nos sale fácilmente muchas veces. ¿Nos rendimos y damos por imposible esa superación que necesitamos en la vida? Nos acomodamos, nos aguantamos, nos resignamos y seguimos arrastrándonos atados quizás a nuestros propios miedos. Con buena voluntad queremos avanzar por la vida, pero pronto nos desanimamos y vamos arrastrándonos como podamos con nuestros miedos y cobardías. ¿Dónde está nuestra madurez humana? ¿Dónde se quedan esos buenos valores que tendrían que ser fuerza y fundamento para nuestro caminar y para nuestra superación?

Me ha surgido todo este pensamiento y reflexión contemplando un detalle que nos puede pasar desapercibido en el texto del evangelio de hoy. Son muchos los aspectos sobre los que tendríamos que reflexionar, pero quiero fijarme en el detalle de valentía y de creatividad e iniciativa de aquellos hombres que con buena voluntad traían a un enfermo, en este caso un paralítico, para que Jesús lo curase. Se había extendido la fama por toda Galilea y de todas partes les traían a sus enfermos para que los curase.

Pero al llegar a la puerta con el paralítico en su camilla no pueden entrar. Tanto es el gentío que se agolpa a la puerta para escuchar a Jesús que se les hace imposible el llevar hasta el lugar donde esta Jesús. ¿Se sienten frustrados en su esfuerzo y en su buena voluntad y se resignan ante lo que parece imposible? Ya el evangelista nos detalla la iniciativa de estos hombres de abrir un boquete en el tejado sobre donde está Jesús para por allí descolgar la camilla y hacer que aquel hombre llegue a los pies de Jesús.

Jesús nos dice el evangelista se admiró de la fe de aquellos hombres. No se rindieron, no se dieron por vencidos, buscaron la forma y lograron lo que deseaban. Qué relación más bonita con lo que veníamos reflexionando como introducción. Pero Jesús ofrece mucho más de lo que aquellos hombres en principio pedían; solo deseaban que aquel paralítico se viera libre de su dependencia para poder caminar. Y claro que Jesús quiere que nos veamos libres de nuestras dependencias, no quiere que nos sintamos ligados por ningún tipo de ataduras, nos quiere libres, lejos de cualquier esclavitud.

Pero sus palabras van a extrañar a muchos, llegarán incluso a pensar que Jesús está blasfemando porque se está atribuyendo un poder que solo es de Dios. Pero, ¿para qué ha venido Jesús? Como anunciaba en la sinagoga de Nazaret para liberar a los oprimidos, para establecer un tiempo de gracia. Es el regalo que nos ofrece Jesús. Hacer que nos sintamos libres desde lo más hondo de nosotros mismos de toda atadura y esclavitud. Las curaciones de los enfermos que realiza no son sino un signo de esa otra libertad que quiere darnos. Por eso sus palabras son de perdón.  O como dirá en algunas ocasiones a aquellos que ha curado, ‘vete y no peques más’, no vuelvas a caer en esa esclavitud. ‘Tus pecados quedan perdonados’, le dice al paralítico.

Y porque produce esa transformación dentro de nosotros con su gracia y su perdón nos sentiremos fortalecidos para no dejarnos vencer, para estar siempre en camino de superación, para llegar a lo más alto y más sublime de nuestra vida, aunque muchas cosas quizás tengamos que romper dentro de nosotros; somos nosotros mismos con nuestro egoísmo y con nuestras ambiciones los vamos poniendo trabas en los caminos de la vida. Pero con Jesús todo tiene que ser distinto. Dejemos que estas palabras del evangelio calen hondamente dentro de nosotros.

jueves, 14 de febrero de 2019

Traduzcamos verdaderos gestos de amor tantas palabras bonitas que nos decimos estos días, para que no sean palabras falaces que se las lleva el viento, mientras seguimos envueltos en las mismas soledades



Traduzcamos verdaderos gestos de amor tantas palabras bonitas que nos decimos estos días, para que no sean palabras falaces que se las lleva el viento, mientras seguimos envueltos en las mismas soledades

Hechos de los apóstoles 13,46-49; Sal 116; Lucas 10,1-9
A estas tempranas horas de la mañana en que me siento a escribir esta reflexión de la semilla de cada día no sé cuantos corazones floreados y atravesados por flechas del amor he recibido ya con múltiples felicitaciones de mis amigos en el día del amor y de la amistad. Confieso que soy alérgico a este tipo de ‘días’ en que celebramos tantas cosas porque uno no sabe qué viene motivado por detrás y quienes son los que mueven los hilos de estas celebraciones.
Sin embargo he tratado de reaccionar a esta alergia y tratar de mirar en positivo estas cosas. Es bonito, sí, que nos felicitemos por el amor y la amistad, es bonito que nos felicitemos por tener amigos, sentir el aprecio que muchos pueden tener por nosotros y que nos lo manifiestan, quizá cayendo en esta espiral muchas veces engendrada por motivaciones publicitarias y económicas, pero que al menos hace que un amigo tenga un recuerdo de ti y manifieste esos buenos deseos de que la amistad no se pierda sino perdure. Es bonito celebrar onomásticas, cumpleaños, fechas que nos recuerdan cosas buenas y positivas de la vida, porque eso también nos hace caminar con ilusión alejando nubes oscuras de desaliento o del olvido.
Sí, feliz día del amor y de la amistad, y que este día acreciente en nosotros esos buenos deseos, que se mantenga vivo el recuerdo de los amigos y de los seres que nos aman, pero que cultivemos cada día esos sentimientos y seamos capaces de vivir emocionados porque sabemos que tenemos amigos que nos quieren, que están a nuestro lado en las duras y en las maduras, y que ese fuego de amor que ponemos en el amigo haga que crezca más y más esa hoguera de amor que incendie nuestro mundo para que todos queriéndonos seamos mas felices y hagamos felices también a cuantos nos rodean.
No quiero alejarme de lo que motiva esta semilla que quiere sembrar cada día por esos medios y que siempre tiene su fuente en la Palabra de Dios que cada día se nos ofrece como alimento de nuestra vida. Por mi parte esa siembra que cada día pretendo realizar arranca de esos deseos de amor y de paz para todos, para mis amigos y para cuantos se acercan a esta página, porque quiero con ello ir sembrando esa buena semilla que  nos ayude a ser mejores, que nos ayude a hacer un mundo más feliz para todos.
Aunque todos recuerdan este día por el día de san Valentín, sin embargo la liturgia de la Iglesia que también hace memoria de ese santo, celebra de manera especial a dos santos que son considerados también patronos de Europa por la tarea evangelizadora y transformadora de la sociedad de su tiempo que realizaron. Celebramos hoy a San Cirilo y san Metodio, dos monjes orientales que sembraron el evangelio en grandes regiones de Europa.
Y el evangelio que se nos propone en esta fiesta es precisamente el envío de los discípulos dedos en dos a hacer el anuncio del Reino. Nada han de llevar para el camino y su mensaje es el mensaje de la paz y del amor, señales que son del Reino de Dios. Un mensaje siempre actual, un mensaje que tanto necesitamos escuchar los hombres y mujeres de hoy, un mensaje que no se puede quedar nunca en bonitas palabras y deseos, sino que tiene que ser un compromiso que llevemos con la vida. 
Hoy, en este día del amor y de la amistad, es algo que repetimos hasta la saciedad, pero me pregunto si acaso a pesar de que tanto hablamos del amor y de la amistad, sin embargo no estaremos huérfanos de ella, no seguiremos con demasiadas soledades en la vida, con tantas carencias de un amor verdadero aunque tanto porfiemos por él. Tenemos que buscar la sinceridad de nuestras vidas, de nuestras palabras y de nuestras actitudes.
Todo eso bonito que nos decimos hoy tenemos que hacerlo palpable, sí, que el otro note que lo amamos con un amor verdadero, que tengamos verdaderos gestos de amor, de amistad, de cercanía, de compañía, de caminar juntos, de tendernos seriamente nuestras manos para no dejar que el amigo caiga o camine solo.
Traduzcamos verdaderos gestos de amor tantas palabras bonitas que nos decimos estos días, pero de lo contrario todo sería vaciedad sin sentido, palabras falaces que se las lleva el viento, mientras seguimos envueltos en las mismas soledades.