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jueves, 19 de marzo de 2026

Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe, como san José, para sentir que Dios está en nuestra vida, sea cual sea nuestra situación, y tiene para nosotros una misión

 




Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe, como san José, para sentir que Dios está en nuestra vida, sea cual sea nuestra situación, y tiene para nosotros una misión

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16: Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Llegar a descubrir y sentir que, sea como sea nuestra vida, en las mas diversas y hasta contradictorias situaciones que vivamos, Dios está en nuestra vida y quiere contar con nosotros es una maravilla y un gozo que solo podemos alcanzar por la fe. la vida en ocasiones se nos vuelve ininteligible incluso para nosotros mismos, nos podemos ver confundidos por las situaciones que se nos presentan que en principio no sabemos a donde nos van a llevar, tendremos incluso conflictos en nuestro interior sin saber qué hacer, lo que pueda ser mejor, lo que nos puede dañar o no o a aquellos que pueden estar cerca de nosotros, pero si no perdemos el norte de la fe una luz nos va a iluminar para sentir que Dios anda detrás de todo eso y de alguna manera nos está hablando a nuestro corazón.

¿Era la situación en que se encontraba José con lo que estaba sucediendo en su vida, que de alguna manera le complicaba y ante lo que no sabía qué hacer o cómo actuar? Pero mostró una madurez humana muy grande porque él se sentía envuelto por el amor y cuando hay amor de verdad en nuestra vida no queremos hacer daño a nadie y tenemos la paciencia para esperar y un día poder llegar a comprender. Esperas y paciencia que algunas veces se nos pueden volver callejones oscuros pero tenemos por la fe la confianza de que una luz nos iluminará.

Es lo que contemplamos en este pasaje evangélico en la vida de san José a quien hoy estamos celebrando. ‘Era bueno’, nos dice el evangelista y con ello nos quiere significar mucho; era alguien que había ido madurando su vida en la fe y en el amor; ahora en nombre de ese amor no quería hacer daño a la mujer a quien amaba y con quien estaba desposado, aunque hubiera cosas que no comprendiera y fueran para él callejones oscuros.

Pero  san José sabía captar la sintonía de Dios, aunque en las turbaciones por las que estaba pasando se le podía hacer difícil. El evangelista en la forma de hablar propia de aquellas épocas habla de unos sueños en los que les habla el ángel de Dios. Será también en otros momentos donde volverán a aparecer esos sueños y esa voz de Dios a través de ellos. Pero solo quien tiene la sintonía de la fe, como decíamos antes, es capaz de ver a Dios presente en su vida aunque las situaciones y circunstancias sean difíciles de entender.

Y José desde su fe se deja guiar por esa voz de Dios que de esa manera llega a su vida. Y siente no solo que Dios está con El y Dios está en esas situaciones sino que Dios quiere contar con él. En el plan de Dios hay un lugar para José, el esposo de María, que le va a dar un hijo al que él como padre ha de imponer el nombre de Jesús. Es su función de padre, es el lugar que Dios le está reservando en el misterio de nuestra salvación, es la misión que ha de realizar aunque sea grande el misterio y no siempre las cosas aparezcan con la claridad necesaria. Hoy para nosotros cuando contemplamos estos hechos, lo que nos relata el evangelio, podría parecernos muy claro todo cuanto le está sucediendo a José.

Esto nos tiene además que hacer reflexionar para lo que es también nuestra vida. Jóvenes o mayores quienes nos estamos haciendo esta reflexión habremos tenido o habremos pasado también por situaciones muy diversas en nuestra vida; muchas veces también nos habremos visto perdidos, habrá habido cosas que nos han hecho sufrir, momentos en que también quizás nos hemos visto atormentados por la duda, cosas que no comprendemos y comenzamos a echarle la culpa a quien sea o nos culpabilizamos a nosotros mismos sintiéndonos a la vez confundidos, momentos también en los que habremos podido vivir la vida a la ligera sin preocuparnos ni preguntarnos por nada sino que simplemente nos hemos dejado llevar, cada uno conoce sus situaciones y sus circunstancias, pero quizás  tendríamos que preguntarnos si en esas cosas por las que hemos pasado habremos sabido descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Aunque hayamos estado cegados Dios ha estado ahí, Dios nos ha ido conduciendo, de alguna manera nos ha estado diciendo que cuenta con nosotros porque tenemos nuestro lugar en el corazón de Dios, nos ha estado abriendo caminos, ampliando horizontes, señalándonos también una misión que tenemos que realizar.

Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe como José, para que se manifieste nuestra madurez humana y cristiana para afrontar nuestra vida con un nuevo sentido que es el que le va a dar verdadera profundidad a nuestra vida. ¿Qué querrá Dios de mí? ¿Cuál será la misión que Dios aun sigue confiándonos en la altura que estemos de nuestra vida? Abramos nuestro corazón a Dios como lo hizo san José y dejémonos conducir por la acción de su Espíritu, que no nos hablará en sueños, pero si nos habla en lo más profundo del corazón.

miércoles, 14 de enero de 2026

Seamos capaces de ser mano de Jesús para ayudar a levantar a tantos a nuestro alrededor haciendo el anuncio del Reino de Dios con obras y palabras

 


Seamos capaces de ser mano de Jesús para ayudar a levantar a tantos a nuestro alrededor haciendo el anuncio del Reino de Dios con obras y palabras

1Samuel 3, 1-10. 19-20; Salmo 39; Marcos 1, 29-39

Las señales de Dios se van manifestando. La aparición de Jesús haciendo aquel primer anuncio de la llegada del Reino de Dios fue un rayo de esperanza para aquellos  pueblos. Las tinieblas pujaban por permanecer pero la luz se va abriendo paso en aquellos corazones. Se sorprenden con las palabras de Jesús, se sorprenden con los signos que realizaba y que manifestaban que Dios estaba con El. Era su presencia, su cercanía, sus palabras, los signos que se manifestaban en su vida. Quería estar cerca de todos y se dejaba llevar allí donde hiciera falta.

Hoy nos dice el evangelista que después de salir de la sinagoga, allí donde había liberado de su mal a aquel hombre poseído por un espíritu inmundo, los primeros discípulos, aquellos que primero han escuchado su llamada y ya le siguen de cerca, Santiago y Juan a los que había invitado a seguirle para ser pescadores de hombres, se llevan a Jesús a casa de Simón y de Andrés y le dicen que la suegra de Simón está enferma, está en cama.

¡Qué hermosa sintonía de aquellos primeros discípulos que viendo lo que hace y enseña Jesús le cuentan también de sus incidencias familiares o de sus vecinos! Algo en lo que es necesario detenernos en nuestra reflexión. Somos los discípulos de Jesús, al menos nos gloriamos de llamarnos cristianos, pero ¿hasta dónde llega nuestra sintonía y nuestra sensibilidad en nuestro trato con el Señor? ¿Le hablamos a Dios de lo que vemos y de lo que palpamos a nuestro alrededor?

Por distintas circunstancias, confieso, que estos días he caminado por distintos rincones de mi pueblo, con ese crecimiento demográfico de la población, las nuevas viviendas que se van promoviendo y levantando por distintos sitios y pensaba en qué medida los que nos llamamos cristianos sentimos inquietud por esas poblaciones que parecen tan alejadas de Dios, tan alejadas de la vida de la Iglesia, aunque estén viviendo casi a sus puertas. ¿No nos hará falta un mayor sentido misionero a los que nos sentimos más cercanos de la Iglesia para hablarle a Dios de esas gentes, pero para hablarle a esa gente de que el Reino de Dios está cerca? La verdad, os digo, que sentía una inquietud en mi interior que me hacía preguntarme a mí mismo por muchas cosas.

Y siguiendo con el comentario del evangelio vemos cómo Jesús se acerca a aquella mujer, la toma de la mano y la levanta. Y aquella mujer que estaba postrada en su enfermedad, inmediatamente se puso a servirles. Postrados y encerrados en nosotros mismos es la peor enfermedad, que nos vuelve pasivos, que nos hace insolidarios, que nos hace pensar solo en nosotros mismos y agrandamos incluso los males que nos envuelven quizás buscando una compasión. ¿No necesitaremos esa mano de Jesús que nos levante y nos ponga en camino de servicio? Seguro que nos sentiremos sanados desde lo más hondo y se acabará toda pasividad e insolidaridad, se descorrerán esos nubarrones que oscurecían nuestra vida y nos sentiremos con una vitalidad nueva. ¿Dejaremos que Jesús tienda su mano sobre nosotros y nos levante? ¿Seremos capaces de ser mano de Jesús para ayudar a levantar a tantos a nuestro alrededor haciéndole el anuncio del Reino de Dios?

No quiero alargarme en el comentario. Al anochecer se agolpan muchos a la puerta para que Jesús los cure. A la mañana siguiente lo buscarán porque seguirán con sus deseos de estar con El. Jesús se había retirado al descampado para orar. Pero Jesús les dice que hay que ir a otros sitios, porque a todos ha de hacer aquel anuncio del Reino de Dios.

Después de estar con Jesús y escuchar su Palabra, ¿sentiremos nosotros deseos de ir a otros sitios para hacer también a todos ese anuncio del Reino de Dios?


lunes, 17 de noviembre de 2025

Ojalá nuestro paso por el camino se convierta en un signo del paso de Jesús porque hagamos oír en nuestra vida la sintonía del evangelio

 


Ojalá nuestro paso por el camino se convierta en un signo del paso de Jesús porque hagamos oír en nuestra vida la sintonía del evangelio

1Macabeos 1,10-15.41-43.54-57.62-64; Salmo 118; Lucas 18, 35-43

En este caso es el ciego el que intuye que algo distinto está pasando junto a él por el camino; pero creo que de alguna manera alguna vez hayamos tenido la experiencia, sin necesidad de ver nada especial, en que también hemos intuido que allí junto a nosotros hay algo o alguien que puede ser especial; es la sensación que nos da esa persona, pueden ser los gestos que como signos realiza de forma espontánea, una como vibración especial que si tenemos cierta sensibilidad podemos como sentir, no por los sentidos físicos, porque no es el oído ni los ojos de nuestro rostro los que van a escuchar o ver algo distinto, pero sí algo que nos contagia y quizás nos impulsa a que también nosotros hagamos algo distinto.

Muchas veces, sin embargo, vamos tan imbuidos en nuestros pensamientos y en nuestras locas carreras que no llegamos a entrar en esa sintonía. Y son sintonías que necesitamos, sintonías que nos despierten y nos hagan trascendernos, sintonía que nos haga escuchar esa palabra que puede ser tan maravillosa para nosotros, captar ese gesto que de alguna manera puede ser también profético para nosotros. Cuidemos de no perder esa sensibilidad, cuidemos de estar alertas porque muchas veces nos podemos perder cosas importantes, porque vamos más preocupados por nuestros intereses y en esa palabra caben muchas cosas.

Como comenzamos a decir, o como hemos escuchado en el evangelio, al borde del camino, en las afueras quizás de Jericó se encontraba un ciego con su pobreza esperando que quien pasara por el camino le hiciera alguna limosna. Quizás sentiría los pasos de tantos que pasaban de largo - ¿no es eso lo que hacemos tantas veces en la vida que nos hacemos los ciegos o cruzamos para otro lado para no encontrarnos con quien nos está tendiendo la mano? – pero en esta ocasión sintió que algo distinto lo que pasaba. No podía ver, no sabían quien pasaba por allí y por eso pregunta.

‘Pasa Jesús, el Nazareno’, le dicen. Es suficiente. Comienzan sus gritos y sus súplicas. ‘Jesús, hijo de David, ten compasión de mi’. Era tanta su euforia que los que iban con Jesús querían que se callase. ¿Les molestaban aquellos gritos? ¿Serían quizás gritos que les llegaban a ellos al alma? ¿Podían aquellos gritos impedir que ellos sí pudieran escuchar y disfrutar de la compañía de Jesús? Tantas veces que vamos enfrascados en lo nuestro que nos hacemos sordos a muchas cosas que puedan suceder a nuestro alrededor.

Pero Jesús no podía pasar de largo. Lo mandó llamar. Y ahora aquellos que antes querían que se callase se apresuran a llevar al ciego a la presencia de Jesús. ¿Haciendo méritos quizás?

‘¿Qué quieres que haga por ti?’ ¿Qué podía querer? Recobrar su vista, aunque sería algo más lo que se estaba produciendo en el corazón de aquel hombre. Había tenido la sensibilidad de que pasaba Jesús y se había interesado por lo que pasaba por el camino. ‘Tu fe te ha sanado’, le dice Jesús cuando recobra la vista. Recobra la vista pero que la sensibilidad no la pierdas, parece que le está diciendo Jesús. Quería seguirle por el camino, nos dice el evangelista.

Cuántos detalles encontramos en este evangelio, cuántas cosas que nos pueden hablar al corazón, cuántas cosas que nos pueden abrir los ojos, cuántas cosas que nos pueden despertar la sensibilidad, cuántas cosas que nos hacen salir de nuestros encierros, cuántas cosas que nos pueden hacer ver lo que está a nuestro lado de una forma distinta, cuántas cosas que nos están impulsando a que nosotros vayamos dejando huella de nuestro paso.

Detengámonos en nuestro camino, miremos a nuestro lado, hagamos sentir nuestro paso y nuestra presencia a los que están a la vera del camino, seamos signos de algo nuevo para los que nos rodean, escuchemos esa llamada o seamos nosotros llamada para los demás. Ojalá nuestro paso se convierta en un signo del paso de Jesús por lo que hacemos y por lo que vivimos. El mundo necesita escuchar esa nueva sintonía.

jueves, 24 de julio de 2025

Necesitamos entrar en una sintonía nueva para escuchar todo lo que Jesús se hace Palabra de Dios para nosotros desde sus gestos y sus signos

 


Necesitamos entrar en una sintonía nueva para escuchar todo lo que Jesús se hace Palabra de Dios para nosotros desde sus gestos y sus signos

Éxodo 19,1-2.9-11.16-20b; Dn 3,52.53.54.55.56; Mateo 13,10-17

Es muy variada y rica en sus diversas expresiones la cantidad de lenguajes que utilizamos en la vida para entrar en comunicación y hasta en comunión los unos con los otros; y no me estoy refiriendo a la diversos idiomas con todas sus variantes que utilizamos los diferentes pueblos del mundo; estoy hablando de un lenguaje que muchas veces va más allá de las palabras pues nos manifestamos por signos y por gestos, nos expresamos con nuestra presencia corporal, pero también hemos de saber descifrar el lenguaje de los acontecimientos que también nos hablan y hasta en cierto modo pueden ser portavoces de otra voz superior, que nos llega de la naturaleza pero más aún nos trasciende y sentimos que nos viene también de Dios.

Claro que es necesario saber entrar en sintonía, captar la onda, escuchar con el corazón, leer más allá de unos sonidos o de unos signos, saber captar esa voz misteriosa que nos llega pero para lo que hemos de tener el corazón preparado. Obtusos muchas veces nos quedamos en la materialidad de lo que vemos o de lo que nos llega por los sentidos, pero tiene que haber otra afinación, para lo que ciertamente hemos de hacer también un aprendizaje, para saber interpretar, para no quedarnos por las ramas, para no sostenernos en la literalidad de unas palabras o unos hechos que para nosotros han de ser signos de algo más, de algo nuevo para nuestra vidas.

Ahí está el camino de sabiduría que tenemos que emprender, aprendiendo a saborear que es algo más que tragar. Y muchas veces nos tragamos las cosas pero no saboreamos la vida, no entramos en ese camino de nueva sabiduría. Cuando lo encontremos nos sentiremos dichosos porque es entrar en un camino de plenitud para nuestra vida.

Hoy escuchamos en el evangelio que los discípulos más cercanos a Jesús le preguntan por qué cuando le habla a la gente lo hace con parábolas. Jesús en sí mismo, podríamos decir, es la Parábola viva de Dios, porque es a través de quien Dios nos habla; así se manifestado Jesús con la gente a la que enseña, pero a la que está hablando también a través de los signos que realiza; a los milagros los evangelistas los llaman signos, porque hay que ir más allá del milagro en sí mismo que ya también es voz de Dios en lo que Jesús quiere significar para nosotros con lo que realiza; pero es la cercanía de Jesús, son sus gestos y sus detalles, es el detenerse junto al camino, o dejarse acariciar por los niños, es la mano que pone sobre el enfermo o el que se siente caído, o es el gesto de dejar que abran un boquete en el techo para que quien está impedido por otras cosas pueda llegar hasta Él y en encontrar salud y encontrar salvación.

Las palabras algunas veces nos son difícil de interpretar, porque cada uno podemos darle un sentido a lo que oímos según lo que tengamos en el corazón por eso Jesús se hace entender con un lenguaje sencillo como un buen pedagogo pero también irá directamente al corazón de quien le escucha señalándole incluso con crudeza lo que es su vida, como a la mujer que se acercó a buscar agua al pozo de Jacob en Samaría. Habla Jesús del agua y aquella mujer en principio querrá de esa agua que calma la sed para no tener que ir cada día a aquel pozo a buscarla, pero Jesús está queriendo ofrecer esa agua cuando con la fe le aceptamos y abrimos no solo los oídos sino sobre todo el corazón.

Son los lenguajes de Jesús que así en sus palabras pero sobre todo en su vida es Palabra de Dios para nosotros. Pero hemos de querer escucharle, quitarnos las vendas de los ojos o alejar de nosotros los prejuicios o las ideas preconcebidas; por eso nos hablará igual del samaritano que es de otra zona y de quien se tiene unos conceptos preconcebidos, como se mezclará con los pecadores y con los publicanos que todos desprecian, escogiendo a alguno de ellos, Leví, para formar parte incluso del grupo de los doce; se dejará lavar los pies por la mujer pecadora aunque todos la rechacen igual que por el corazón agradecido de María de Betania que previamente se había sentado a los pies de Jesús para escucharle.

¿Seremos capaces de entrar en esa sintonía nueva que Jesús nos ofrece con su Palabra para escucharle?


sábado, 24 de agosto de 2024

Entremos en la sintonía de Dios que nos llega por los demás, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha trasmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza

 


Entremos en la sintonía de Dios que nos llega por los demás, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha transmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza

Apocalipsis 21, 9b-14; Salmo 144; Juan 1, 45-51

¿Lo experimentamos para poder saberlo, para poder estar convencidos? No es mala manera de llegar al conocimiento de las cosas. El conocimiento científico de alguna manera parte de aquello que podemos experimentar. Ya decimos muchas veces si no lo veo no lo creo, y también cuando tratamos de contar algo que hemos visto nosotros y  no nos creen le decimos que vengan y que lo vean por sus propios ojos. Claro que por medio está también por una parte la credibilidad que pueden dar nuestras palabras, o la credibilidad con que hemos de vivir en nuestras mutuas relaciones, si no nos ofrecen nada ejemplo de lo contrario, y que facilita nuestro trato y nuestra mutua confianza. Algo que nos estará hablando por otra parte de la madurez con que nos expresamos en la vida y es base importante de nuestra mutua intercomunicación.

La página del evangelio que hoy se nos ofrece, en esta fiesta del apóstol san Bartolomé podemos decir que va por este sentido, Es base también de lo que ha de ser el anuncio del evangelio, que ya nos decía san Juan en el principio de sus cartas que El nos habla de lo que ha visto y de lo que ha vivido,  es precisamente la base del anuncio del evangelio que nos hace.

Pero en nuestro camino humano de la vida, como en el camino de nuestra fe podríamos decir que son procesos que de alguna manera tenemos que realizar en la vida. Precisamente en estas primeras páginas del evangelio de san Juan la comunicación de la Buena Noticia de Jesús arranca precisamente de lo que van recibiendo unos de otros  y en lo que van creyendo para llegar a ese seguimiento de Jesús.

Juan Bautista que ha visto bajar al Espíritu Santo desde el cielo sobre Jesús, será el que anuncie a sus discípulos que aquel pasa entre ellos es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; tras ese anuncio Juan y Andrés se van tras Jesús queriendo ya saber de su vida, ‘¿donde vives?, le preguntan a lo que Jesús les dirá ‘Venid y lo veréis’.

Será lo suficiente para que Andrés a la mañana siguiente vaya a convencer a su hermano Simón que han encontrado el Mesías, y así lo llevará hasta Jesús; después de la invitación de Jesús a Felipe para que le siga, éste irá al encuentro de su amigo Natanael para convencerlo de que han encontrado aquel de quien hablaban Moisés y los profetas; ante la resistencia de Natanael, solamente le dirá ‘ven y lo verás’. Será suficiente ese encuentro para que comience a creer comenzando a hacer ya una confesión de fe, pero Jesús les dirá que mayores cosas verán.

Todo un camino y un proceso que también se ha ido realizando en nuestra vida, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha trasmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza. No nos habrán faltado momentos de ponerlo todo en duda, pero experiencias hemos tenido en el corazón que nos han mantenido en esa fe y que tenemos que reavivar continuamente para que no se nos debilite.

Ese ‘ven y lo verás’ será algo que de una forma o de otra escuchamos muchas veces en el corazón sobre todo cuando nos vienen momentos oscuros y momentos de ponerlo todo en crisis. Siempre habrá una llamada interior que de forma misteriosa quizás nos haga despertar en el corazón, pero hemos de estar atentos a esa voz y a esa llamada; no podemos hacernos oídos sordos, tenemos que aprender a sintonizar con ese susurro del Espíritu que de alguna manera llega a nosotros, pero que si estamos distraídos podemos perder.

No nos dejemos aturdir por tantos ruidos de la vida que quieren distraernos. Dejemos que suene en nuestros corazones esa melodía de la fe que nos llenará de la verdadera paz, que nos abrirá a nuevos rumbos, que abre nuestro corazón a Dios, que nos hace sintonizar con la vida de los que nos rodean en los que podemos admirar también las maravillas de Dios.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Que Dios ponga luz en nuestro corazón y en nuestra mente para captar esas señales para descubrir lo que son los mejores anhelos de los que nos rodean



 Que Dios ponga luz en nuestro corazón y en nuestra mente para captar esas señales para descubrir lo que son los mejores anhelos de los que nos rodean

1 Timoteo 3, 14-16; Sal 110; Lucas 7,31-35

Vamos por la vida demasiado absortos en nosotros mismos, en nuestras cosas, en nuestras preocupaciones y perdemos la capacidad de entrar en sintonía con los demás, captar lo que en verdad sucede a nuestro alrededor, ver tantas señales de cosas buenas de las que incluso podríamos disfrutar, o también darnos cuenta del sufrimiento de los que están a nuestro lado y podríamos consolar.

Y lo que acontece a nuestro alrededor son llamadas que hemos de escuchar qué pueden decirnos muchas cosas, pueden ser toques de atención que nos tendrían que hacer que andemos precavidos para no caer quizás en los mismos errores, o caminos nuevos que se abren ante nosotros que podrían llevarnos a algo grande.

Muchas veces nos habla jesús de los signos de los tiempos a los que hemos de estar atentos; claro que no se trata de asuntos de metereología si va a llover o a hacer viento, pero sí del tiempo que vivimos, del estado de nuestra sociedad y de los derroteros por donde caminamos, donde tenemos nuestra parte, en cuanto que por lo que hacemos o dejamos de hacer llegamos a las situaciones en que nos encontramos y no tendríamos que volver a los mismos errores porque nos llenemos de confianza en que no nos pasa nada, o porque también tenemos que comprometernos positivamente en hacer que las cosas sean distintas.

Quizás nos viene bien una vida cómoda y sin preocupaciones simplemente dejándonos llevar por lo que va saliendo, pero como seres humanos y que vivimos en una sociedad no podemos desentendernos y enredarnos en nosotros mismos sin hacer nada positivo. Mejor supiéramos abrir los ojos. Pero ahí vamos sin darnos cuenta de lo que nos puede venir en el futuro.

Hoy hemos escuchado a Jesús en el evangelio qué es lo que va a ser de aquella generación en la que vive. ¿En que va a terminar todo? Y hace una comparación muy curiosa. Los compara con los niños que juegan en la plaza, donde en ocasiones parece que no se saben poner de acuerdo. Unos quieren danzar y cantar, pero los otros pasan de todo y no entran a participar en la fiesta; por otra parte andan algunos preocupados, pero los que están a su lado no se dan cuenta de su situación y también pasan de ellos. Como dice Jesús en una frase que se ha convertido en proverbial: 'Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado'.

Pero Jesús no se queda en el proverbio, sino que les va a hablar de algo concreto haciendo una referencia a Juan el Bautista y a sí mismo. Juan les parecía duro y exigente y por eso no querían escucharlo, porque los invitaba a la conversión y al cambio de vida. La austeridad de Juan les asustaba. Ahora está Jesús en medio de ellos, se manifiesta con su cercanía a todos, comparte con todos, vive la vida de ellos y con ellos participa incluso en los banquetes a los que le invitan, por una parte recordamos la invitación de Simón el fariseo, pero también comía con los publicanos y pecadores cuando quiso comer en casa se Zaqueo, o fue invitado por Mateo en el momento de comenzar a seguirle. Y ahora a Jesús lo consideran un comilón y un borracho, lo consideran un pecador porque se acerca a los pecadores para llevarlos por nuevos caminos.

Tenemos que saber descubrir los caminos del Señor, su presencia entre nosotros, su palabra que nos habla también a través de esos acontecimientos de la vida, de eso que cada uno le está pasando allá en lo profundo de su corazón, o de aquello que contempla en los demás. Hay una sintonía de Dios que hemos de saber captar. Y la llamada de Dios es siempre para la esperanza y para la vida, hemos de saber confiar si con sinceridad le escuchamos y le abrimos el corazón.

Pero hemos de saber abrir tambien el corazon a los demás, saber descubrir los mejores anhelos del mundo que nos rodea, como ser sensible también a los sufrimientos de tantos, que quizás lo llevan oculto en el corazón, pero que andan con pasos cansinos por la vida en medio de los tormentos que llevan por dentro. Que Dios ponga luz en nuestro corazón y en nuestra mente para captar esas señales, que sintamos la fuerza de su Espíritu para emprender su camino que nos llevará siempre a una cercanía de los que nos rodean.


domingo, 19 de diciembre de 2021

Una sintonía de fe y de esperanza con una comunión profunda en el amor se dio es el encuentro entre María e Isabel y ejemplo y estímulo para nosotros ante la cercana Navidad

 


Una sintonía de fe y de esperanza con una comunión profunda en el amor se dio es el encuentro entre María e Isabel y ejemplo y estímulo para nosotros ante la cercana Navidad

Miqueas 5, 1-4ª; Sal 79; Hebreos 10, 5-10; Lucas 1, 39-45

¿Qué sucede en nuestros hogares, entre nuestros vecinos cuando acontece algo extraordinario o ha llegado una buena noticia? La persona que ha recibido una noticia de algo importante que le afecta muy directamente va corriendo al encuentro del familiar de más confianza, o la vecina más cercana con quien comparte sus cosas para contarle lo que le ha sucedido o de lo que se ha enterado. Lo bueno que nos produce una gran alegría no lo podemos tener guardado mucho tiempo; y es que lo bueno tiene que difundirse, la alegría no puede contenerse, lo que es grande e importante para uno no se puede tener callado mucho tiempo.

¿Por qué no pensar así en los acontecimientos que estos días nos está narrando el evangelio? ¿Por qué no pensar de manera semejante en lo que le ha sucedido a María que corre presurosa a la montaña de Judea para ir al encuentro de su prima Isabel? Aquella visita inesperada de María, venida desde la lejana Galilea – entonces no había teléfonos ni nuestras redes sociales de hoy para anunciar previamente la llegada – coge de sorpresa a Isabel pero bien sabemos que las personas con gran sensibilidad intuyen rápidamente si que previamente se lo digan lo que ha podido suceder. De ahí, pensando solamente humanamente, podemos entender la alegría de Isabel y cómo pronto su voz se convierte en alabanzas para María, pero también para Dios en quien una mujer creyente como Isabel sabe descubrir detrás de todo cuanto sucede.

Estamos hablando quizá en principio solo desde unas sintonías humanas, pero sabemos que en el corazón de aquellas mujeres había mucho más. Era la mujer creyente que ya en ella había experimentado la misericordia del Señor que le había concedido el don de la maternidad en una edad tan prolongada como ella tenía, y por eso mejor podía tener la intuición, podríamos decir, pero mejor decir la revelación que Dios estaba haciendo en su corazón del misterio que ante ella se estaba manifestando. Dios también se había manifestado misericordioso con ella – así lo manifestaban incluso los vecinos al enterarse de la maternidad que se estaba gestando en la anciana Isabel - y no podía ser menos que hubiera una sintonía especial de Dios en su corazón.


Entendemos así las palabras de Isabel en su encuentro con María. ‘¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?’ Es el reconocimiento por parte de Isabel del misterio de Dios que se está realizando en María. Por eso exclamará con toda la fuerza de su corazón la alabanza a María y la alabanza a Dios. ‘¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!’ Es bendecida María, pero se reconoce que el fruto de las entrañas de María merece también toda alabanza y toda bendición. 

Maravillas se estaban realizando porque también el fruto de sus entrañas era santificado con la presencia de María que era en este caso presencia especial de Dios. ‘Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre’. Siempre hemos visto en este momento como una especial consagración de Juan el Bautista para la especial misión que había de realizar. Era el elegido del Señor para ser el profeta del Altísimo, y la misión que había de desempeñar posteriormente allá en el desierto de Judea se adelanta de alguna manera cuando desde el seno de su madre está sintiendo la presencia de aquel cuya venida había de anunciar y cuyos caminos había de preparar.

Y si hemos venido hablando de una mujer creyente en referencia a Isabel será ahora ella la que proclame y bendiga la fe de María. ‘Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá’. De nadie mejor podría salir esta alabanza que de una mujer profundamente creyente que estaba experimentando en si misma el amor y la misericordia del Señor. Es como la primera bienaventuranza que nos aparecerá en el evangelio y está dirigida a María, la mujer creyente, la mujer que se puso en la manos de Dios, la mujer que se sentía inundada por la presencia y la gracia de Dios – así la saludó el ángel -, la mujer que escuchó la voz de Dios en su corazón y se dejó guiar por Dios para sentirse pequeña aunque reconociese que el Señor estaba obrando cosas maravillosas en ella pero que no era sino la humilde esclava del Señor para que se cumpliera en ella la Palabra de Dios anunciada por el ángel.

Un hermoso recorrido que se nos ofrece en este último domingo de Adviento en la cercanía ya de la celebración de la Navidad. ¿Seremos capaces nosotros también de ir corriendo al encuentro con los demás para recordar cuál es el verdadero misterio que estos días celebramos? Que no son unas fiestas más, como cualquier fiesta que por cualquier motivo celebremos en cualquier otro momento. Celebraremos Navidad, celebramos el misterio inmenso y maravilloso de que Dios ha querido hacerse hombre encarnándose en el seno de María para ser en verdad Dios con nosotros.

No digamos solamente felices fiestas, digamos con todo el sentido y profundidad ‘Feliz Navidad’, porque eso es lo que verdaderamente estaremos celebrando. Un acontecimiento para toda la humanidad, la historia de nuestro mundo se ha dividido desde entonces en desde antes del nacimiento de Cristo y después del nacimiento de Cristo. No pretendamos corregir la historia, como tantos ahora quieren hacer en muchos acontecimientos históricos. A nadie ofendemos con esta proclamación, pero para todos es una inmensa alegría que nosotros podamos anunciarlo y no queremos privar a nadie de esa felicidad.

Aprendamos a tener la sintonía de la fe, para abrirnos a Dios y sentir el misterio de Dios que en nosotros también se realiza, pero también para que en esa sintonía de la fe seamos capaces de comunicarnos los unos con los otros. Nos decimos creyentes y cristianos y estamos los unos junto a los otros tantas veces y parece como si no hubiera ninguna sintonía entre nosotros, porque no nos comunicamos en verdad lo que llevamos dentro de nosotros. Qué maravilla de diálogo se nos ofrece hoy entre aquellas dos mujeres creyentes, María e Isabel; sin comunicarse se estaban comunicando lo que más hondo llevaban dentro de sí mismas. Seamos capaces de tener entre nosotros esa hermosa comunicación de la fe, esa sintonía de la esperanza y esa comunión del amor.