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viernes, 20 de marzo de 2026

Demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio del mundo, si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad

 


Demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio del mundo, si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad

Sabiduría 2, 1a. 12-22; Salmo 33; Juan 7, 1-2. 10. 25-30

¿Habrás tenido alguna vez la experiencia de que alguien te resulta incómodo? Quizás al hacer esta pregunta en un primer momento te hace pensar en alguien con quien no te llevas bien, alguien que quizás en un momento determinado te hizo daño, pero quizás la incomodidad no es tanto por la otra persona sino porque en ti mismo hay una herida que no has sabido curar; es tu resentimiento, los celos quizás, la envidia que sientes dentro de ti lo que en verdad en esta situación te está haciendo que te sientas incómodo, pero quizás es incomodo por ti mismo porque no has sabido curar la herida.

He mencionado los celos y los envidias porque quizás estás viendo en la otra persona lo que tú no has sido capaz de conseguir y eso es más bien sentirte incómodo contigo mismo porque quizás te veas inútil o fracasado en sueños que has tenido pero que no has sabido cuidar y trabajar para dar esos pasos para alcanzar lo que aspirabas.

Y no es a estas situaciones a las que quiero referirme cuando hablo de sentirse incomodo ante alguien. El vernos en el espejo de los demás, pero viendo la rectitud con que andan esas personas por la vida, contemplando la capacidad de darse y desgastarse por los demás, el asumir unos compromisos en el trabajo por el bien y la justicia, es lo que verdaderamente nos resulta incómodo viendo quizás nuestra dejadez, lo insolidarios que somos que pasamos del sufrimiento de los otros o los ignoramos mirando para otro lado, nuestras cobardías, el poco compromiso que somos capaces de asumir. Nos damos cuenta de nuestra pobreza pero no queremos salir de ella porque nos puede parecer que perdemos privilegios o la capacidad de influencia que podamos tener sobre los otros.

Y en esa incomodidad que sentimos vienen las reacciones donde tratamos de tapar nuestros vacíos y queremos quitar de en medio a quien con la rectitud de su vida se está convirtiendo en una denuncia de nuestra desidia. Qué fáciles somos para socavar debajo de los pies del que hace el bien y vive con rectitud, con qué facilidad queremos echar sombras sobre ellos para que los demás desconfíen y no traten de imitar ese buen camino que están haciendo.

Es de lo que nos habla hoy el libro de la Sabiduría y que luego veremos reflejado en el evangelio en el rechazo que hacen de Jesús. Como decía el libro de la sabiduría los malvados quieren poner a prueba la lealtad y la rectitud del justo. ¿No nos suenan estas proféticas palabras a lo escuchado alrededor de la cruz de Jesús en el Calvario? Si es el Hijo de Dios que baje de la cruz y creeremos en El, decían los que crucificaban a Jesús.

En el evangelio de hoy vemos que hay momentos en los que Jesús no anda abiertamente porque sabe muy bien que ya andan rondando en torno a El buscando quitarle de en medio. Por eso nos habla el evangelio de aquella subida de Jesús a la fiesta de Jerusalén pero no abiertamente, aunque luego en Jerusalén y en el templo se dejará ver. Llevará a los comentarios de algunos que al ver cómo dejan actuar a Jesús piensan si acaso ya las autoridades religiosas han terminado por aceptar a Jesús. Pero no pudieron hacer nada; como dice el evangelista no había llegado su Hora. Ya Jesús en su momento señalará que ha llegado su hora.

Pero Jesús habla claramente, manifiesta lo que podíamos decir su identidad  y su misión. No todos lo comprenderán pero es fiel a su misión. Ya se nos había dicho que sería signo de contradicción, recordamos al anciano Simeón cuando la presentación en el templo. ‘A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado’.

Llega el momento de que nos preguntemos qué señal estamos dando nosotros de nuestra fe en Jesús tal como es nuestra vida. Tenemos que ser signos de Jesús en medio del mundo aunque el mundo no lo comprenda, aunque quizás para algunos podamos resultar incómodos. Lo importante es que nosotros no nos sintamos incómodos con nosotros mismos por la incongruencia de nuestra vida. Sanemos las heridas que puedan haber en nuestro corazón y demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio de nuestro mundo; si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Una subida a Jerusalén, un camino de pascua que nosotros hemos de hacer desde nuestra vida concreta

 


Una subida a Jerusalén, un camino de pascua que nosotros hemos de hacer desde nuestra vida concreta

Jeremías 18, 18-20; Salmo 30; Mateo 20, 17-28

‘Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…’ les dice Jesús a sus discípulos. tiene importancia esta subida, no es un viaje más, en otros momentos veremos a Jesús subir también a Jerusalén; de todas maneras la vida de Jesús con sus discípulos era itinerante, ya nos dicen los evangelista cómo iba recorriendo las distintas aldeas y pueblos de Galilea, lo veremos incluso en los confines de la tierra de los judíos cuando lo de la mujer cananea o cuando nos dicen que está en Cesarea de Filipo que era una ciudad muy al norte prácticamente en los nacientes del Jordán, o le veremos cruzar el lago para ir a la otra orilla, tierra de los gerasenos que ya no eran realmente israelitas.

Ahora van subiendo de nuevo a Jerusalén, no es una subida más a la pascua, sino que es la subida a la Pascua definitiva; de alguna manera entienden que algo va a suceder dado la premura con que Jesús hace el camino. Es lo que ahora les anuncia, su Pascua, ‘el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará’.

¿Entenderían los discípulos lo que Jesús les está diciendo? En varias ocasiones les ha hecho este anuncio y siempre se quedaban dándole vueltas al asunto; en una ocasión Pedro se enfrentará a Jesús diciéndole que eso no le puede pasar; está hablando el amor que siente por Jesús, aunque cuando llegue la hora de la verdad ya sabemos cómo reaccionará. Por sus mentes pasan todos sus deseos y ambiciones, la idean que se habían hecho de lo que sería el Mesías, los sueños que tenían para sus vidas; tantas veces habían discutido sobre quien iba a ser el primero.

Ahora se adelantan los hermanos Zebedeos con su madre, quizás por aquello de que eran parientes; siempre andamos buscando afinidades para medrar, para conseguir algún beneficio, para adelantarnos a los demás porque nos creemos quizás con derechos; las influencias que todo quieren manipularlo, como nos sigue sucediendo, porque esas son las leyes por las que quiere regirse nuestra sociedad que aunque no sean leyes escritas sin embargo las llevamos muy impresas en nuestros sueños y en nuestros corazones. Queremos ser del grupo de aquellos que están cercanos al poder, a ver si cae algo, que tantas veces pensamos.

Cuando meditamos este evangelio nos choca esta reacción de los Zebedeos apoyados en su madre precisamente después de haber escuchado las palabras de Jesús. No siempre damos la verdadera importancia a las palabras que escuchamos sobre todo cuando tenemos muchos sueños en nuestra mente, nos pueden parecer palabras solemnes y bonitas dichas para la ocasión pero no sabemos o no queremos aterrizar con ellas.

Nos sigue pasando hoy cuando ahora mismo estamos escuchando este anuncio de Jesús de la subida a Jerusalén, y la estamos escuchando precisamente en este camino cuaresmal que estamos haciendo, porque nosotros seguimos pensando en la semana santa de la misma manera que la hemos celebrado siempre y la hemos edulcorado tanto que le hemos hecho perder el sentido y el sabor de la pascua. Es muerte y resurrección pero no como unas bonitas imágenes muy envueltas en ricos y lujosos ropajes a pesar de que queramos representar la pasión de Jesús, que nos olvidamos de la pasión que nosotros hemos de vivir, de la muerte en la que nos hemos de sumergir para que en verdad haya resurrección a nueva vida y entonces haya verdadera pascua.

¿No tendríamos que despojarnos de muchas cosas, de muchos ropajes, de muchas ideas preconcebidas para sumergirnos de verdad en la muerte de Jesús? ¿No tendríamos que comenzar a contemplar esa pasión que hay en nuestra vida en tanto que nos hace sufrir, en desgarros que se producen en nuestro espíritu en los problemas con los que cada día nos vamos encontrando, en esas situaciones tan complejas en las que nos vemos envueltos quizás por nuestros errores, quizás por las incomprensiones que encontramos a nuestro alrededor, o en los desaires que sufrimos tantas veces?

Es el camino de la pascua que hemos de recorrer en lo concreto de nuestra vida. Es la invitación que hoy nos hace la palabra del Señor en esta nuestra subida a Jerusalén de nuestra pascua.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Hoy vemos en el evangelio que algunos le preguntan a Jesús si serán muchos o pocos los que logren salvarse, pero ¿qué significará ese salvarse o no?

 


Hoy vemos en el evangelio que algunos le preguntan a Jesús si serán muchos o pocos los que logren salvarse, pero ¿qué significará ese salvarse o no?

Romanos 8,26-30; Salmo 12; Lucas 13,22-30

Siempre andamos buscándonos caminos fáciles. ¿Para ir a ese lugar no hay otro sendero que no sea tan exigente? Nos parece que son vueltas y revueltas innecesarias y que podríamos encontrar otras soluciones más fáciles; todos queremos ser ingenieros para trazar los caminos que nos faciliten el recorrido. ¿Y no hay otro camino que sea más cómodo o más fácil donde no tengamos que hacer tanto esfuerzo?,  nos preguntamos cuando el camino se  hace cuesta arriba, vemos las situaciones difíciles que tenemos que afrontar. Y queremos buscar otros senderos que no tengan tantas exigencias. Pero ya nuestra sabiduría popular tiene sus dichos y sentencias y nos dice que ‘quien deja el camino por el atajo…’

No es que queramos ser ingenieros de caminos para trazar buenas autopistas, sino que en ese recorrido que tenemos que hacer en la vida ya queremos ingeniarnos para pasarlo de la mejor manera posible y con el menor esfuerzo. Y no es solo el plan de vida cómoda en que nos estamos educando hoy en que todo está permitido y analicemos bien lo que estamos ofreciendo a las generaciones que vienen tras nosotros. Es que cuando se trata de nuestro crecimiento personal, de nuestra maduración como personas, de la seriedad y responsabilidad con que hemos de asumir la vida, enseguida comenzamos a decir que la vida es difícil, que tiene que haber otra cosa y otra manera de plantearnos ese camino de la vida. ¿No andaremos con una flojera crónica en la vida y ante la menor dificultad nos ahogamos?

Y esto nos pasa en el camino de nuestra vida cristiana. Si no, veamos en qué convertimos todo lo que tendría que ser la vivencia de nuestra fe. ¿Tendremos en verdad ansias de vida eterna? ¿No habremos convertido nuestra vida cristiana en unos parches que colocamos en algunos momentos como cartelitos que digan que aquello que vivimos es ser cristiano, pero realmente andamos muy lejos de los planteamientos y exigencias que nos propone el evangelio? Yo, ya cumplo, decimos, porque quizás vamos a Misa alguna vez o nos contentamos verla por la televisión mientras estamos quizás entretenidos en otras cosas; yo ya cumplo porque trato de no molestar a nadie y que cada uno viva su vida; yo ya cumplo porque bauticé a mis hijos y quise que hicieran la primera comunión, pero luego ellos que decidan y hagan lo que les parezca.

Yo ya cumplo, repetimos, pero ¿donde estamos manifestando un compromiso desde esa fe con la vida, con la mejora de nuestro mundo, con los problemas que afectan a la vida de tantos, con la construcción de una sociedad más justa? ¿Dónde estamos preocupándonos por vivir esos valores que nos enseña el evangelio y con los que construir el Reino de Dios en nuestro mundo? ¿Acaso eso nos suena a sueños de otros tiempos y que ya todo eso está pasado de moda?

Hoy vemos en el evangelio que algunos le preguntan si serán muchos o pocos los que logren salvarse. Pero ¿qué significará ese salvarse o no? Y Jesús nos dice que nos afanemos por entrar por la puerta estrecha, porque es la que va a hacer verdadero camino. Porque puede ser que lleguemos y ya nos encontremos la puerta cerrada y no nos reconozcan, aunque nosotros digamos que hemos sido muy cumplidores. ‘No os conozco, no sé quienes sois’, terribles palabras que podríamos escuchar. Y podremos ver que otros a los que nosotros no considerábamos tan dignos van a entrar primero. ¡Ay de las distinciones entre unos y otros que nos hacemos tantas veces en la vida considerándonos que nosotros somos superiores o mejores!

Y nos habla Jesús de saber hacernos los últimos, porque tenemos que aprender a ser los servidores de todos. Claro que ceñirnos la toalla y ponernos a lavar los pies a los demás no es tarea del gusto de todos, no es tarea fácil. Pero a El lo contemplamos haciéndolo y nos dice que si El que es el Maestro y el Señor lo ha hecho, nosotros también debemos hacérnoslos los unos a otros. ¿Estaremos dispuestos? ¿Nos parece un camino difícil? ¿Habrá otro más fácil?

domingo, 16 de marzo de 2025

Vayamos con Jesús a la montaña de la oración y no nos quedemos adormilados en nuestras rutinas, seamos capaces de vivir esa experiencia de transfiguración en el Señor

 


Vayamos con Jesús a la montaña de la oración y no nos quedemos adormilados en nuestras rutinas, seamos capaces de vivir esa experiencia de transfiguración en el Señor

Génesis 15, 5-12. 17-18; Salmo 26; Filipenses 3, 17 – 4, 1; Lucas 9, 28b-36

Hay momentos en la vida que son para nosotros como encrucijadas, donde tenemos que tomar decisiones que pueden ser importantes, afrontar retos que algunas veces pueden suponer un peligro, contratiempos que parece que todo nos lo echan abajo y nos podemos sentir frustrados en la imposibilidad de conseguir nuestros sueños; son momentos que se nos hacen difíciles y por nuestra mente e imaginación pasan multitud de supuestos de lo que nos puede ocurrir y nos algunas veces encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros pensamientos y reflexiones, tratando de encontrar una salida o ver claras las cosas en orden a las decisiones que hayamos de tomar; en ocasiones no querer ver a nadie ni que nadie nos moleste, nos gustaría alejarnos de todo hasta que logremos salir de ese túnel.

El creyente no solo piensa y reflexiona sino también y sobre todo ora para encontrar esa luz, para pedir esa ayuda del cielo, para sentir esa voz en nuestro corazón que nos hable y nos abra caminos; el creyente confía en Dios, aunque a veces todo se le vuelva oscuro, busca en su interior, quiere escuchar a Dios; y en esa reflexión que no solo es pensar por si mismo llegará un momento en que aparezca esa luz, tome una determinación, se confíe y se ponga en camino al encuentro de lo que tiene que realizar.

El creyente se siente fortalecido interiormente, porque siente que Dios está con El, aunque algunas veces dudemos, aunque algunas veces parezcas que perdemos la confianza, aunque, tenemos que reconocer, que no siempre sabemos hacerlo y nos decidimos a ir por ese camino de oración.

En este camino de cuaresma que estamos haciendo es tradicional escuchar en este segundo domingo este pasaje que llamamos de la Transfiguración en el Tabor. El relato del evangelio nos dice que Jesús tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan subió a una montaña alta para orar. Lo vemos en otros momentos del evangelio que Jesús no solo va al templo o los sábados a la sinagoga sino que en ocasiones se retira a lugares apartados para orar.

Fue el monte de la cuarentena del que escuchamos el pasado domingo, será cuando en Cafarnaún desde la casa de Pedro en la madrugada se va a las afueras del pueblo a orar mientras la gente lo buscaba, o lo contemplaremos en Getsemaní, porque allí lo encontrará Judas también porque era un lugar en las laderas de las afueras de Jerusalén donde muchas veces tenia la costumbre de ir a orar.

Jesús va a emprender el camino de subida a Jerusalén. A los discípulos ya les viene anunciando lo que allí va a suceder, aunque ellos parece que no quieren entender. Jesús es consciente de la Pascua que va a vivir en Jerusalén, que para El y después ya para siempre para nosotros no va a ser solo la pascua de comer el cordero pascual. Será El mismo ese Cordero inmolado y sacrificado. Son momentos decisivos. Y Jesús sube a la montaña para orar.

Los discípulos, como siempre y como nos sucede a nosotros también tantas veces, se quedaron adormilados pero allí van a suceder cosas asombrosas. El evangelista nos habla de resplandores y transfiguración, nos hablará de nubes que los envuelven y de la aparición de Moisés y Elías conversando con Jesús, toda una serie de imágenes y signos que nos están hablando de lo que en Jesús está sucediendo.

¿Las dudas de Jesús simbolizadas en esa nube que los envuelve? En Getsemaní Jesús llegará a pedir que pase de El aquel cáliz y dirá que su alma está llena de angustia hasta la muerte. Aparecen como signos de la Ley y los profetas, signos de ese bucear en las honduras de la Palabra de Dios, en ese diálogo con Jesús. Pero resonará fuerte en la montaña la voz del cielo señalándonos, como fue en el Jordán cuando el Bautismo, que es el Hijo amado de Dios con su misión redentora de salvación, al que tenemos que escuchar, al que tenemos que seguir.

Habrá que bajar de nuevo a la llanura y proseguir el camino. Será otra la ascensión que Jesús ha de emprender en su camino hacia Jerusalén, hacia la Pascua. Hay una certeza porque en medio de todo hemos escuchado la voz del cielo. A los discípulos les sigue costando entender cuando Jesús les diga que de ello no hablen hasta después de la resurrección; ellos quizás se habían perdido algo importante porque estaban medio adormilados, pero aun así siguieron caminando detrás de Jesús.

¿Seguiremos nosotros adormilados en medio de nuestras dudas o de nuestras angustias? Es la llanura de la vida en la que tantos tropiezos nos encontramos, o es el camino de ascensión, de superación, de crecimiento interior que tantas veces se nos hace costoso. Contemplemos esta experiencia del Tabor y hagámosla nuestra. Hagámosla nuestra porque bien sabemos a donde tenemos que ir cuando nos encontremos en esas encrucijadas de la vida, cuando tengamos que sacar valentía de nuestra fuerza interior para afrontar nuestros caminos, nuestras oscuridades.

Vayamos con Jesús a la montaña de la oración y no  nos quedemos adormilados en nuestras rutinas sino hagamos que siempre seamos capaces de vivir esa experiencia del encuentro con el Señor. Escuchemos la voz que nos habla en el corazón, sintamos el calor del Espíritu del Señor en lo hondo del corazón. Vivamos la experiencia de la transfiguración.

martes, 1 de octubre de 2024

 


En un mundo que quizá no entienda o nos rechace por nuestra manera de ver las cosas, nuestra decisión tiene que ser firme de seguir los pasos de la pascua de Jesús

Job 3,1-3.11-17.20-23; Salmo 87; Lucas 9,51-56

Hay momentos en que tenemos que tomar decisiones; la vida realmente está llena de esos momentos, porque tenemos que ir aclarando lo que buscamos o lo que queremos, pueden ser muchas las cosas distintas que se nos ofrezcan y nos encontramos en la alternativa de decidir; y hay cosas y momentos en que no lo podemos dejar en manos de otros, porque son cosas que realmente nos atañen a nosotros, nuestro futuro, la realización de nosotros mismos, nuestra felicidad; y nos cuesta porque tememos equivocarnos, porque algunas veces no sabemos realmente a donde nos lleva y sus consecuencias el camino elegido, porque son muchas las bifurcaciones.

Pero ahí iremos demostrando nuestra madurez, la seguridad con que caminamos en la vida, el fondo que hay en nosotros que nos hace pensar en nuestras metas, la fortaleza para afrontar quizás caminos difíciles, escabrosos, que pueden traernos incluso problemas. ¿Seguiremos dando vaivenes de una lado para otro sin aclararnos? ¿Permanecerá la paz y serenidad en el corazón a pesar de lo difícil que pueda ser tomar una decisión?

Hoy nos dice el evangelista que Jesús tomó la determinación de subir a Jerusalén. Y lo hizo con firme decisión consciente del camino que estaba emprendiendo. Ya lo había venido anunciando a los discípulos que no habían sabido o querido entender las palabras de Jesús que eran bastante claras. Jesús sabe que es el camino de su Pascua. No es solo que suba como todos los judíos a celebrar la Pascua en Jerusalén, sino que iba a ser su Pascua, una Pascua que iba a tener una característica muy especial y que como en su momento dirá Jesús será definitiva y eterna.

En algún momento mas adelante el evangelista nos dirá que Jesús iba deprisa, como que le faltaba tiempo para llegar a Jerusalén. Ahora le vemos en una decisión firme, teniendo claro cuanto iba a suceder. Y ya desde unos primeros momentos, porque en esta ocasión van atravesando Samaría, van a aparecer las primeras dificultades. Ha enviado por delante a algunos de los discípulos buscando alojamiento, pero no lo encuentran; nadie quiere darles alojamiento porque subían a Jerusalén. Ya conocemos sus rivalidades y como los samaritanos decían que el monte santo no era Jerusalén, sino Garizin.

Pero podríamos recordar aquí con la falta de alojamiento aquello que un día había dicho, que el Hijo del hombre no tenía donde reclinar su cabeza. La pobreza de Jesús, la pobreza del seguidor de Jesús que no tiene tantas veces esos apoyos materiales que todos en el fondo buscamos. También les había dicho a los apóstoles que no llevaran ni bastón ni alforjas para el camino, que en la casa donde entraren allí permanecieran si eran bien recibidos, pero si eran rechazados marcharan a otra parte. ¿Será lo que ahora hace Jesús? Ante la reacción de los discípulos que poco menos que pedían que bajara fuego del cielo para castigarlos, Jesús les dice que han de marchar a otra parte. Jesús no perdió la paz. Siempre en camino. ¿Tomamos ejemplo para las reacciones que tengamos ante la oposición que encontremos?

No podemos perder la paz, perder los nervios como decimos habitualmente cuando tenemos que enfrentarnos a momentos o decisiones difíciles. Reconocemos que no es fácil. Parece que el espíritu del mundo nos envuelve o nos ciega. Soñamos quizás con tiempos de cristiandad, allí cuando parecía que todos tenían la misma fe y el mismo entusiasmo. Parece hoy como si todo hubiera cambiado. ¿Dónde está aquellos que llenaban nuestros templos o hacía multitudinarias procesiones? ¿Qué dejaron de todo aquello a sus hijos que hoy pasan de todo y en nada que sepa a religioso quieren participar? ¿Qué hondura le dimos a la fe que no supimos transmitir o es que nos habíamos quedado solo en lo externo?  

Pero cuando queremos seguir los pasos de Jesús en su espíritu tenemos que sentirnos fortalecidos, aunque el camino sea duro y difícil o nos encontremos a tantos indiferentes a nuestro lado que quizás siguen aprovechando lo religioso pero solo como base de sus actividades sociales. Yo miro, por ejemplo, en lo que se han quedado las fiestas de nuestros pueblos, las fiestas del Cristo, de la Virgen o del santo patrono del pueblo; ¿siguen siendo una expresión de fe comprometida o se queda solo en un motivo para otras actividades con lo que hacemos la fiesta? Lo pienso cuando en estos momentos a nuestro alrededor tantas fiestas se están celebrando, pero que tenemos que ver en qué se quedan.

Claro que no nos podemos cruzar de brazos y tenemos que tomar la decisión con Jesús de subir a Jerusalén. ¿Dónde estará hoy esa subida a Jerusalén en mi vida de cristiano para celebrar la Pascua con Jesús? No será fácil nadar a contra corriente de lo que hace el mundo, pero ahí tenemos que estar los cristianos aunque la decisión que tengamos que tomar sea costosa y difícil.

miércoles, 29 de mayo de 2024

No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

 


No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

1Pedro 1, 18-25; Salmo 147; Marcos 10, 32-45

Cuando hacemos un nuevo camino necesitamos quien vaya delante de nosotros, quien nos guíe para no errar en el camino, para encontrar la verdadera senda; eso nos dará seguridad, eso a pesar de las dificultades del camino hará que no caminemos con miedo, que no nos falte la paz. No podemos hacer el camino por nuestra cuenta, adelantarnos a quien está haciendo de guía, pretender hacer por nosotros mismos nuestras propias sendas abandonando la ruta que nos ha trazado quien de verdad conoce el camino y sabe dónde está la meta o el fin de ese camino. Es cierto que algunos son atrevidos en los caminos de la vida y quieren hacerlo por sí mismos, pero hemos de estar seguros de cuáles son nuestras metas para no trazarnos ni metas ni sendas que no nos llevan a ninguna parte, sino que al contrario nos llenan de confusión.

Jesús va delante de nosotros, como nos dice hoy el evangelio. Nos está hablando de que subían a Jerusalén; era importante aquella subida por los anuncios que ya Jesús les iba haciendo, aunque a ellos les daba miedo y no terminaban de entender. Jesús no se detiene en el camino porque sabe bien a las claras cual es la meta de aquella subida, su Pascua. Por eso les anuncia cuanto va a suceder en Jerusalén, aunque ellos, repito, no terminan de entender.

Tanto es así que no entendían que si en otra ocasión fue Pedro el que trataba de quitarle la idea a Jesús de su cabeza, encontrándose incluso con el rechazo de Jesús, ahora serán los hermanos Zebedeos los que vengan con sus aspiraciones. Motivará el recelo de los demás discípulos, como si ellos fueran a quitarles los puestos, como tantas veces nos sucede en la vida. Andamos tantas veces a la zancadilla, que cuando vemos a alguien que nos parece que no va con buenas intenciones ya andamos con nuestros recelos y desconfianzas. Así andaba el resto de los discípulos hacia los hermanos Zebedeos.

Y es que ellos no pedían cualquier cosa. Estaban adelantándose a pedir primeros puestos. Alguien tendría el poder en sus manos cuando llegara el nuevo reino que anunciaba Jesús, según lo que ellos entendían, por eso era necesario irse garantizando algún lugar de influencia; no en vano ellos eran medio parientes de Jesús. Ya conocemos el episodio y no es necesario entrar en más detalles.

Pero, ¿cuál es el camino que les está ofreciendo Jesús, El que es el guía de aquel camino? Jesús volverá a insistir en el espíritu de servicio y desprendimiento, Jesús seguirá pidiendo la generosidad del corazón para alejarse de todo lo que fueran ambiciones malsanas, Jesús seguirá diciéndonos que es el amor la única vestidura que hemos de tener la preocupación de vestir. Aunque no lo entiendan. El va por delante y su camino es el del amor, su camino es hacia la entrega, la senda que va realizando es el ir a entregar la vida, porque nadie se la arrebata sino que El la entrega libremente.

Y ese tiene que ser nuestro camino. No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos;  no podemos andar con componendas ni figuraciones; de nada nos vale la vanidad y la apariencia. Lo importante es lo que seamos capaces de dar de corazón. No tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús.

Como hoy nos dice Jesús, ‘Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos’.

¿Seremos capaces al fin de decidirnos a dar el paso de vivir esas actitudes nuevas que Jesús nos está pidiendo? ‘El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos’. ¿En qué lo vamos a manifestar? ¿Qué seremos capaces de hacer por los demás para que encuentren también ese camino de vida nueva?


miércoles, 28 de febrero de 2024

En este camino de subida a Jerusalén de esta cuaresma miremos que no andemos perdidos porque no sabemos escuchar con corazón abierto a Jesús

 


En este camino de subida a Jerusalén de esta cuaresma miremos que no andemos perdidos porque no sabemos escuchar con corazón abierto a Jesús

Jeremías 18, 18-20; Salmo 30; Mateo 20, 17-28

Nos cuesta escuchar lo que no nos interesa, lo que nos parece que nos hace daño o no va según nuestras conveniencias. Y es que a veces da la impresión que andamos como perdidos en la vida; y no se trata de que nos hayamos ido a las montañas o al bosque y perdimos el camino y ahora no sabemos donde estamos y cómo salir de ese atolladero; no se trata de que nos hayamos metido en la gran ciudad que no conocíamos y caminando entre calles y calles entretenidos en todo lo que va apareciendo a nuestros, ahora no sabemos donde estamos y cómo podemos volver por nuestro camino.

Es otra cosa; vamos haciendo un camino en la vida porque nos entusiasmamos por algo que nos parecía que nos podía interesar, encontramos a alguien con carisma y nos atrajo, pero cuando nos va dando las verdaderos motivaciones nosotros andamos como soñando con otras cosas y al final ni prestamos atención a aquello que se nos dice o que se nos propone. Seguimos tras aquella persona, porque quizás nos atrae su simpatía, su alegría, pero cuando nos habla de algunas exigencias, eso ni lo escuchamos.

¿Les estaría pasando a los discípulos así? Estaban entusiasmados por Jesús, escuchaban sus enseñanzas y se quedaban encantados con sus parábolas, los milagros que hacía despertaban un interés pero les parecía que aquella era un camino que les llevaría a triunfos y a que ellos pudieran alcanzar también esas glorias humanas que podían ver en otros. Ahora marchaban a Jerusalén, y les parecía que aquello iba a ser un camino victorioso. En Galilea la gente andaba entusiasmada por Jesús y las multitudes le seguían por todas partes; su fama llegaría también a Jerusalén y allí no iba a ser menos, pensaban ellos.

Por eso cuando ahora habla Jesús de su sentido de la subida a Jerusalén donde el Hijo del Hombre iba a ser entregado incluso en manos de los gentiles, no lo entendían. Ellos seguían con sus mismos pensamientos. Estaban como obcecados.

Por eso se adelante la madre de aquellos dos hermanos, los Zebedeos, y se postra ante Jesús porque quiere hacer una petición para sus hijos. ‘¿Qué deseas? ¿Qué pides?’ le pregunta Jesús. ¿Era un camino de triunfo y de gloria el que iban haciendo, al menos así lo pensaban ellos? Pues participar de esa gloria; y por aquello de que eran parientes de Jesús, que ocuparan los primeros puestos, uno a la derecha y otro a la izquierda, de ese poder que vislumbraban para Jesús.

‘No sabéis lo que pedís’, es la primera respuesta de Jesús. Respuesta que se convierte en pregunta. Había hablado Jesús poco menos que de un bautismo de sangre, porque había hablado de entrega que llevaría al sufrimiento y a la muerte, ¿estarían ellos dispuestos a ese bautismo de sangre? ‘¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?’ Y en el entusiasmo de sus sueños dicen que están dispuestos.

Están dispuestos y, como les dice Jesús, lo beberán. Pero en el Reino de Dios las cosas no son como nosotros a nuestra manera humana soñamos o imaginamos. Hay algo distinto que tenemos que hacer y que tendremos que llegar a vivir. No podemos andar a la manera de los reinos de este mundo. Bien lo sabemos; cómo la gente aspira al poder y es aspirar a riquezas y a dominio sobre los demás, es buscar honores y reconocimientos. Así andamos, así lo estamos viendo todos los días, como la corrupción va entrando en los corazones, el egoísmo y el orgullo es lo que impera, y surge todo lo que surge que lo estamos viendo en las noticias de todos los días.

En el camino de Jesús otros son los parámetros, otro es el estilo y la manera de hacer las cosas. Es el espíritu de servicio el que tiene que imperar en el corazón; y eso nos tiene que hacer humildes, ser capaces de hacernos los últimos para mejor servir a los demás, dejar de pensar en nosotros mismos para buscar el bien y lo bueno que tenemos que hacer. Y eso no es fácil, porque son muchas las cosas que de un lado y de otro estarán tirando de nosotros, nos atraerán y nos tentarán. De muchos orgullos y pedestales tenemos que bajarnos; otros caminos con los pies descalzos tenemos que hacer.

Estamos subiendo a Jerusalén, porque estamos haciendo el camino que nos lleva a la pascua en esta cuaresma. ¿Estaremos dispuestos a emprender el camino a la manera de Jesús? ¿Cuáles serán en verdad nuestras aspiraciones? ¿Andaremos también a la manera de los hijos del Zebedeo?

Mirad que no andemos también perdidos, porque no sepamos escuchar con corazón abierto a Jesús.

domingo, 25 de febrero de 2024

Subamos hoy a la montaña y disfrutemos del Tabor para que un día también podamos subir al Calvario, el camino de la vida estará siempre iluminado por la luz de la Pascua

 


Subamos hoy a la montaña y disfrutemos del Tabor para que un día también podamos subir al Calvario, el camino de la vida estará siempre iluminado por la luz de la Pascua

Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18; Salmo 115; Romanos 8, 31b-34;  Marcos 9, 2-10

Si no sabemos subir a la montaña y no disfrutamos de su altura, me atrevo a decir que no sabremos caminar bien por la llanura. Puede parecer atrevida esta afirmación, porque a algunos no les gusta subir a la montaña; significa esfuerzo y deseos de superación, porque la subida se hace dura, cuanto más vayamos subiendo parece que más dificultad encontramos y necesitamos el esfuerzo de la superación en cada momento para ser capaces de ir más allá y más arriba; hay quien tampoco sabe disfrutar de la altura y no es capaz de contemplar nada, le parece que todo está como difuminado y no será capaz de contemplar los detalles, por eso digo no va a saber caminar por la llanura.

Esto tendría que ser imagen del camino de la vida. Ascensión, pero sabiendo que hemos de caminar por la llanura de la vida que no siempre va a estar tan llana porque también serán muchos los obstáculos y tropezones que vamos a encontrar. Aquella subida, como decíamos, nos habrá enseñado. Pero es tarea necesaria la Ascensión, el estar en actitud y postura de subida, de querer ascender porque buscamos otras visiones, otras perspectivas, porque queremos encontrar un sentido que nos haga al mismo tiempo ahondar en lo más profundo para encontrar el sentido y la fuerza para ese camino.

Es tradicional en la liturgia de la Iglesia que en este segundo domingo de Cuaresma nos encontremos con el evangelio de la transfiguración. Jesús también nos invita a subir al Tabor, como irá luego también delante de nosotros en la subida del calvario. Ahora será una subida que nos lleva a la contemplación de la Transfiguración, como la subida del Calvario será la subida a la Pascua. Que es el camino que vamos haciendo a lo largo de la Cuaresma, un camino hasta la Pascua.

No podemos olvidar que este episodio en los relatos de los distintos evangelistas siempre viene como enmarcado por los anuncios que hace Jesús de su subida a Jerusalén y de lo que allí ha de pasar. Por eso este momento del Tabor viene a ser algo así como un anticipo de la Pascua. Alguno de los evangelistas nos dirá que lo que hablaban Jesús y Moisés y Elías que aparecen en este momento de la Transfiguración es de lo que en Jerusalén ha de suceder. Y finalmente Jesús les dirá los discípulos  que han contemplado este momento de Transfiguración que no han de hablar de ello hasta después de la resurrección, aunque ellos seguirán siempre sin terminar de entender las palabras de Jesús.

Pero allí en lo alto, después del camino duro de la Ascensión, se va a contemplar la gloria del cielo. Una voz desde lo alto va a señalar a Jesús como el Hijo amado de Dios a quien hemos de escuchar. Sin embargo, los discípulos que ya estaban pensando en quedarse allí para siempre – ‘haremos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’ – se sentirán sobrecogidos con la voz del cielo cayendo por tierra, pero cuando Jesús los levanta les dirá que hay que bajar de nuevo.

Una subida con la dureza del camino de la ascensión, un momento de gloria cuando estando Jesús en oración se transfigura en la presencia de sus discípulos, un anuncio del cielo de que hay que seguir el camino de Jesús, todo lo cual va a ser como anticipo de todo lo que entraña el camino de subida a Jerusalén, con el calvario y con la Pascua como meta.

En el Tabor tenemos mucho que aprender para el sentido del camino de nuestra vida, y ahora de nuestra cuaresma. Subida que es ascesis, que es camino de superación, camino de mirar a lo alto, pero también para ponernos en sintonía de escuchar la voz que nos viene de lo alto. Es la manera de aprender para luego saber hacer el camino ordinario de todos los días. Será así como podremos seguir realizando el camino de cada día, con sus luchas, con sus dificultades, con sus momentos de desánimo y decaimiento; pero camino que tenemos que saber hacer con esperanza, porque estamos seguros de lo que nos vamos a encontrar en la Pascua.

Ya hemos contemplado como el anticipo en la transfiguración del Tabor; el centurión después del Calvario podrá exclamar que quien había muerto pendiendo de una Cruz era un hombre justo, un inocente, que era como vislumbrar la acción de Dios, el paso de Dios en aquellas circunstancias, pero nosotros de antemano tenemos la certeza, lo  hemos escuchado en la voz venida del cielo, que a quien luego contemplaremos colgado del madero es verdaderamente el Hijo de Dios. Y claro, finalmente lo veremos resucitado y podremos decir ¡es el Señor!

Subamos, pues, a la montaña y disfrutemos del momento. Subamos hoy al Tabor para que un día también podamos subir al Calvario y no nos escandalicemos ni nos escondamos en aquellos momentos duros. La Pascua estará siempre iluminando el camino de nuestra vida. ¿Qué vamos a hacer en el camino que nos queda de Cuaresma? Escuchemos al Hijo amado del Padre.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

El reino de Dios tenemos que construirlo en nuestro mundo donde no siempre será fácil pero claro es el mensaje que Jesús nos ha dejado a lo largo del evangelio

 


El reino de Dios tenemos que construirlo en nuestro mundo donde no siempre será fácil pero claro es el mensaje que Jesús nos ha dejado a lo largo del evangelio

2 Macabeos 7,1.20-31; Sal 16; Lucas 19,11-28

El episodio, o más bien la parábola que nos narra hoy el evangelio, son acontecimientos, son palabras de Jesús en su subida a Jerusalén cuando ya estaban cerca de la ciudad. Aquella subida tiene unas connotaciones especiales, desde los anuncios insistentes que Jesús había hecho de esa subida a Jerusalén y hacía que los que le seguían también se hicieran muchas preguntas.

¿Era el momento tan esperado de la aparición del Mesías tan deseado e iban a suceder cosas que cambiarán la historia del pueblo de Israel? No iba a suceder tal como ellos se lo habían imaginado muchas veces según la idea que se habían ido haciendo de lo que iba a representar la figura del Mesías. Por eso se preguntan si había llegado ya el momento en que se iba a manifestar el Reino de Dios tal como ellos tanto habían imaginado y que Jesús venía anunciando desde los inicios de su predicación. ¿No sería el mejor momento y lugar precisamente su presencia en la ciudad santa? 

Ecos de esos sueños y aspiraciones sería la entrada en Jerusalén que más tarde nos narrarán los evangelistas; pero era lo que estaba en la mente de los discípulos más cercanos también, porque en las apariciones de Cristo resucitado y cuando ya va a suceder la Ascensión de Jesús al cielo seguirán preguntándose por lo mismo, por la llegada del Reino y la restauración de la soberanía de Israel.

Pero todo tendría otro recorrido. Y ahora Jesús les propone una parábola. ¿Sería la llegada del Reino algo como automático o algo que se les diera como regalado desde lo que ese Mesías pudiera realizar por el pueblo? Y Jesús habla del rey que va a marchar de viaje para volver con el título de rey pero a sus servidores les reparte unos dineros, unas minas de oro, para que las negociaran mientras él volvía. Algunos negociaron y tuvieron sus rendimientos, otro prefirió enterrar aquella mina donde nadie la pudiera encontrar y robar para entregarla intacta a la vuelta de su señor.

Y aquí está el mensaje que recientemente también hemos meditado pero con la entrega de unos talentos. Esas minas de oro, o esos talentos, valga una u otra expresión, nos están queriendo manifestar cómo es que tenemos que realizar ese Reino de Dios. Es, sí, un regalo que se pone en nuestras manos porque bien sabemos que todo parte del amor y de la misericordia del Señor y no de nuestros merecimientos, pero es algo en lo que tenemos que implicarnos, tiene, por así decirlo, unas exigencias en nuestra vida, hay una laboriosidad que tenemos que desarrollar, no nos vale simplemente guardar por temor a perderlo, nos exigirá también que pasemos por un riesgo.

Ese reino de Dios tenemos que construirlo en nuestro mundo donde no siempre será fácil. Porque andamos con otras preocupaciones, porque son otros nuestros intereses, porque andamos envueltos en un materialismo y una sensualidad de la vida que nos absorbe y nos hace perder la visión de metas altas, porque en ese camino nos vamos a encontrar muchos señuelos que nos atraigan, nos arrastren y nos alejen de lo que tendrían que ser nuestras metas, porque muchas veces pensamos más en nosotros mismos y nos olvidamos de tener una mirada amplia alrededor.

El mensaje lo tenemos claro, porque claro nos ha hablado Jesús a lo largo de todo el evangelio. Pero eso tenemos que hacerlo vida, y nos cuesta, y surgen muchas cosas que nos atraen y nos tientan. Ojalá cuando nos presentemos ante el Señor vayamos no con las manos vacías sino con toda esa riqueza espiritual que hemos labrado. No pensamos en cosas o momentos espectaculares, momentos extraordinarios, sino que el Reino de Dios se va a hacer presente en nuestra vida calladamente pero haciéndonos germinar desde nuestro interior como semilla sembrada en buena tierra.


martes, 3 de octubre de 2023

Intentemos hacer el camino de la vida al paso de Jesús con la misma decisión de su subida a Jerusalén y emprenderemos un camino de entrega y de amor

 


Intentemos hacer el camino de la vida al paso de Jesús con la misma decisión de su subida a Jerusalén y emprenderemos un camino de entrega y de amor

Zacarías 8,20-23; Sal 86; Lucas 9,51-56

De camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén'.

¿No sucederá de una forma semejante también en nuestra sociedad de hoy? Aunque es bonito hablar de derechos humanos, de que todos somos iguales y cosas muy lindas por el estilo, sin embargo a la hora de la verdad nos hacemos nuestros 'distingos', no nos aceptamos todos de la misma manera, siguen existiendo discriminaciones. 'Yo no soy racista' nos dice más de uno, pero es que a ciertos individuos - y nos citan países o regiones de origen, y nos hablan del color de la piel, y nos recuerdan cosas del pasado - no me los puedo tragar, te dicen. Muchas veces también nos dejamos llevar por las apariencias, y cómo la gente hoy viste como quiere, y hay personas con las que no nos sentaremos a su lado, por ejemplo. Ahi tenemos el problema de la inmigración irregular con gentes, por ejemplo en nuestra tierra, que nos llegan en pateras arriesgando sus vidas por buscar una vida mejor, y miremos la letanía de quejas que nos hacemos si los reciben, si los tratan bien, si los tienen en este lugar o en otro. Y así podríamos poner muchos ejemplos que suceden en nuestro entorno y en lo que nosotros algunas veces nos podemos ver tentados a caer.

Aunque pudiera parecer que esto no tiene que ver con el evangelio, la actitud de aquellos samaritanos que no querían recibir ni a Jesús ni a los que le acompañaban porque iban a Jerusalén me ha dado pie para hacerme estas consideraciones. Nos viene bien porque es una invitación a reciclar viejas actitudes que también podemos tener en nuestro corazón. Además el evangelio nos hace pensar en algo más, las reacciones que ante esas diversas situaciones se pueden provocar en nosotros. Vemos lo que les sucedía a los propios discípulos de Jesús; vienen quejándose porque en aquel pueblo no han querido recibirles y en una reacción violenta ya están pidiendo a Jesús que baje fuego del cielo para castigarlos. ¿No será algo semejante a cuando decimos que a esos emigrantes que los manden a sus tierras?

Tenemos que andar con cuidado porque aunque nos decimos cristianos, que tenemos fe en Jesús y queremos escuchar su evangelio, también a veces nos sucede que nos contagiamos del espíritu del mundo y las reacciones que tenemos ante los diversos problemas que se nos van suscitando en la sociedad no siempre están guiadas por el espíritu del Evangelio.

Decíamos antes que tenemos que reciclarnos, es una forma de hablar, pero con ello queremos expresar cómo siempre hemos de estar en una actitud humilde de revisión de actitudes y comportamientos, porque fácilmente nos dejamos llevar, nos dejamos contagiar y no están resplandeciendo en nosotros los valores del evangelio.

Nos hace falta humildad, nos hace falta impregnarse de los sentimientos de Jesús, nos hace falta contemplar mucho el camino de Jesús para seguir en verdad sus pasos. Que resplandezca en nosotros la misericordia, la comprensión, la acogida, la cercanía y la escucha, la humildad y la sencillez que nos aleje de vanidades, la mansedumbre del corazón de Cristo. Que sepamos aceptarnos y acogernos, a pesar de las debilidades o sombras que podamos contemplar en la vida, que sepamos valorar y respetar la dignidad de toda persona, que sepamos poner amor que le dará un colorido nuevo a nuestros ojos y que le dará entonces un colorido nuevo a las relaciones mutuas entre unos y otros.

Camino bello si lo supiéramos caminar, aunque sabemos cuánto nos cuesta; pensar en nosotros rutinas y viejas costumbres, actitudes egoístas e insolidarias y muchas veces demasiado amor propio, pero es un camino que podemos realizar porque lo intentamos hacer al paso de Jesús en su subida a Jerusalén.


domingo, 21 de mayo de 2023

La Ascensión del Señor pone ascensión en nuestra vida, porque buscamos lo mejor, porque tenemos esperanza, porque podemos proclamar que es posible un mundo mejor

 


La Ascensión del Señor pone ascensión en nuestra vida, porque buscamos lo mejor, porque tenemos esperanza, porque podemos proclamar que es posible un mundo mejor

Hechos 1, 1-11; Sal 46; Efesios 1, 17-23; Mateo 28, 16-20

Queremos estar con aquellos que amamos, queremos tener junto a nosotros a aquellos a los que amamos. ‘Me voy a prepararos sitio, para que donde yo estoy, estéis vosotros conmigo… vendré y os llevaré conmigo’, les había dicho en la cena pascual; hoy le contemplamos subir al cielo, subir junto al Padre, pero, como decían los ángeles a los discípulos que se habían quedado embelesados mirándolo subir al cielo ‘volverá como os lo había dicho’. Pero también nos dice que estará con nosotros hasta la consumación de los tiempos. Necesariamente, porque amamos, podemos estar con Jesús, Jesús puede tenernos junto a El.

Es lo que hoy contemplamos, lo que hoy celebramos, a los cuarenta días de la Pascua. Como nos detalla san Lucas en los Hechos de los apóstoles ‘se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios’. Se ha cumplido el plazo, ha llegado la hora de la glorificación ‘según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro’, como nos explicaba la carta a los Efesios.

Celebrar la Ascensión del Señor es sentir cómo nosotros estamos llamados a la ascensión. El deseo más humano que podamos tener es ascender, es crecer, es sentirnos elevados y transportados a algo más grande, a algo más alto, a algo mejor. No podemos perder esos sueños porque estaríamos perdiendo vida.

Son nuestros sueños y nuestras aspiraciones más nobles, donde no queremos quedarnos anquilosados en las mismas rutinas de siempre; queremos huir de lo vulgar y de lo mediocre por eso queremos elevarnos, queremos vivir en ascensión permanente; disfrutamos de todo lo bueno del presente, pero tenemos deseos siempre de algo mejor, buscamos algo nuevo y no nos sentimos satisfechos con lo ya logrado. Todos queremos más. Y no es lo material, es lo que nos da mayor hondura dentro de nosotros mismos, por eso queremos crecer, queremos mirar siempre más arriba, más alto.

Celebrar la Ascensión del Señor es alimentar nuestra esperanza al tiempo que asumimos una misión, transmitir, contagiar de esa esperanza al mundo que nos rodea. Esperanza que nace de nuestra fe en Jesús, esa fe que ilumina nuestra vida, esa fe que nos da un sentido para nuestro caminar, esa fe que se convierte en un motor en el alma con la gracia del Señor que nos acompaña.

Por eso la Ascensión no se convierte en una despedida triste. Es cierto que los discípulos vivían con una añoranza en el corazón y no querían desprenderse de su maestro, pero el que había venido como Emmanuel, como Dios con nosotros, porque entre nosotros plantaba su tienda, ahora nos promete que estará siempre con nosotros, que siempre será nuestro Emmanuel.

Estos momentos que los discípulos estaban viviendo con una especial emoción y sensibilidad, los que incluso se preguntaban si ya era la hora de la restauración de Israel, como le preguntan, Jesús les viene a decir que de eso ahora no tienen que preocuparse, que hay otras cosas más grandes e importantes que les va a llenar sus corazones de alegría. ‘Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra’.  Una presencia nueva, su Espíritu, que los va a convertir en testigos hasta el confín de la tierra. Por eso se sentirán seguros y llenos de alegría. Tendrán la fuerza del Espíritu Santo en sus corazones.

Tenemos con nosotros para siempre la alegría de Dios que inunda con su presencia nuestros corazones. Por eso nos tenemos necesariamente que convertir en testigos de esperanza. A ese mundo nuestro que vemos tantas veces desencantado, que simplemente parece que se va dejando arrastrar por las cosas que le salen al paso cada día, pero sin ilusión por algo nuevo y distinto, sin ilusión por cosas grandes, por poner metas altas en la vida, tenemos nosotros que contagiar con nuestra esperanza.

Es posible algo nuevo, algo distinto, algo mejor, algo que nos de profundidad a la vida, algo que nos de altura espiritual. Tenemos que ser testigos. Tenemos que expresarlo con nuestras palabras pero tenemos que expresarlo con un nuevo estilo de vida, no nos podemos dejar arrastrar por esas rutinas que nos llenan de vacío la vida. Mantengamos viva la vida, mantengamos esos sueños que nos llenan de fuerza y que ponen ilusión nueva en el corazón.

Es la ascensión que desde la Ascensión de Cristo al cielo también tenemos que poner en nuestra vida.



viernes, 24 de marzo de 2023

Aquí estamos acercándonos a la hora de la Pascua, arrancando miedos, diluyendo sombras, conociendo y amando a Jesús para vivir también su hora y nuestra hora

 


Aquí estamos acercándonos a la hora de la Pascua, arrancando miedos, diluyendo sombras, conociendo y amando a Jesús para vivir también su hora y nuestra hora

Sabiduría 2, 1a. 12-22; Sal 33; Juan 7, 1-2. 10. 25-30

Todavía no había llegado su hora… nos dice el evangelista. Todo tiene su tiempo nos había dicho un día el profeta Jeremías, para trabajar y para descansar, para sembrar y para recoger, para vivir y para morir, podíamos decir resumiendo.

La hora, el tiempo oportuno. Lo utilizamos de muchas maneras en la vida. No es el momento y esperamos que sea su tiempo para sembrar, esperamos que llegue su tiempo para recoger la cosecha, esperamos que llegue su tiempo para realizar aquel proyecto con el que soñábamos, esperamos que llegue el momento para actuar, para emprender la tarea, el momento de hablar, de decir esto o aquello. Claro que siempre es el momento de amar, siempre es el momento de la hora de Dios, aunque quizás no siempre estemos atentos.

¿Habrá habido cosas en la vida en las que se nos pasó el momento? La excesiva prudencia, el estar pensándonoslo siempre pero sin llegar a tomar decisiones, los miedos y cobardías, el pensar que la cosa no estaba madura, pero quizás éramos nosotros los que no estábamos lo suficientemente maduros para tener valentía. Pudimos hacer y no hicimos, pudimos prevenir y quizás caímos en las redes…

¿Cuándo llega el momento? ¿Será para nosotros ya la hora de Dios? ¿Cómo sintonizar con esa hora de Dios? Es una sabiduría que no vamos a alcanzar por nosotros mismos, sino que hemos de dejarnos empapar por la sabiduría de Dios, abrir nuestro corazón al Espíritu divino que El nos guiará, El nos inspirará, y estemos, pues, atentos, a esa llamada, a esa inspiración divina. Porque ahora también tenemos que hacer algo, no podemos quedarnos permanentemente con los brazos cruzados.

Es tanta la obra que está en nuestras manos, es tanto lo que en esta hora de la historia nosotros tenemos que hacer. Tenemos que dejar nuestra huella, nuestra impronta, desarrollar nuestros valores, actuar con todo nuestro saber pero dejándonos al mismo tiempo que el Espíritu de Dios nos inspire y nos impulse. Se ha de notar nuestra presencia; aunque queramos ocultarnos por nuestros miedos, tenemos que dejarnos notar. No nos podemos seguir cruzando de brazos.

Me ha surgido esta reflexión dentro de mí y que comparto con ustedes, desde este evangelio un tanto paradójico que hoy se nos ofrece. La gente subía a Jerusalén porque era la fiesta de la tiendas, una fiesta judía muy importante, y Jesús se queda en Galilea. Ya sabía que en Jerusalén están al acecho ante lo que hago o lo que diga. Parece que no va a subir a Jerusalén. En un último momento se decide a subir e incluso se deja ver por el templo. De ahí los comentarios que escuchamos, en las que algunos se preguntan si será o no será.

Por otra parte algunos dudan de la autenticidad de Jesús como Mesías porque, como dicen, de Jesús saben de donde procede pero la idea extendida era que el Mesías no se sabía de donde procedía. Jesús les viene a decir que aun no lo conocen, porque ellos no quieren reconocerlo como el enviado del Padre, el enviado de Dios. Y de eso Jesús sí tenía clara conciencia. Allí está en medio de ellos, porque ese es su lugar y esa es la misión que tiene que realizar. Pero los que intentan algo contra Jesús no pueden, no son capaces de realizarlo. Como dice el evangelista, a Jesús aún no le había llegado su Hora.

Será en la siguiente subida para la Pascua, donde veremos que Jesús poco menos que tiene prisa por llegar. Los discípulos veremos que incluso se extrañan de la prisa que lleva Jesús por llegar a Jerusalén. Es consciente de que llega su hora, así lo proclamará más tarde en el momento de la cena pascual.

Aquí estamos ahora nosotros cuando ya se va acercando la hora de la Pascua, preparándonos también para ese momento en este camino cuaresmal que vamos haciendo. ¿Habrá cosas de las que tenemos que irnos purificando, miedos que hemos de ir arrancando de nuestro corazón, dudas que oscurecen nuestro espíritu que tendremos que disipar, valentías de las que tendremos que ir llenando nuestro corazón?

 

martes, 27 de septiembre de 2022

Afrontemos el camino de la vida con decisión, fieles a la meta que queremos conseguir y no dejándonos vencer por las dificultades que encontremos

 


Afrontemos el camino de la vida con decisión, fieles a la meta que queremos conseguir y no dejándonos vencer por las dificultades que encontremos

Job 3,1-3.11-17.20-23; Salmo 87; Lucas 9,51-56

La vida está llena de decisiones que vamos dando continuamente que muchas veces tomamos sobre la marcha, según nos van surgiendo las cosas, pero hay ocasiones en que nos vemos obligados a detenernos un poco a pensar y ver las consecuencias de aquellas decisiones que vamos tomando. No son simplemente los cruces de calles o caminos que se van abriendo en la materialidad del recorrido que vamos haciendo, sino que en cierto modo son verdadera encrucijadas de la vida que nos obligan a pensarnos bien la decisión que hemos de tomar.

Muchas veces los que están a nuestro lado no entienden, pero nosotros podemos tener razones hondas que nos motivan a la decisión que hemos de tomar, aunque en ocasiones sea difícil y comprometida; ahí en lo hondo de nosotros mismos tenemos esas razones o esos ‘porqué’ que nos hacen tomar esa decisión. Pero si lo tenemos claro, si hemos considerado bien los ‘pro’ y los ‘contra’, luego tendríamos que se consecuentes con la decisión tomada afrontando lo duro que se nos puede hacer el camino, asumiendo que no siempre es fácil, pero que con nosotros con madurez y firmeza nos decidimos por ese camino.

Hoy nos dice el evangelista que Jesús tomó la decisión de subir a Jerusalén. Es cierto que se acercaba la fiesta de la pascua y para entonces muchos judíos de todas las regiones de Palestina o incluso de la diáspora se acercaban a Jerusalén. Pero Jesús sabe que esta subida va a tener un carácter especial, va a haber para El una verdadera Pascua, que será ya desde entonces para nosotros nuestra pascua. En un momento el evangelista nos dirá que parece que Jesús lleva prisa, porque va por delante, poco menos que tirando del grupo. Sabe cuál es su pascua, donde está su pascua.

A los discípulos más cercanos les irá anunciando qué es lo que le va a suceder en Jerusalén, y aunque los discípulos no entienda, o en alguna ocasión alguno, en este caso Pedro, trate de disuadirlo porque a El eso no le puede pasar, el continúa el camino. No serán solo los discípulos lo que no entiendan el por qué de aquella subida, sino que incluso en el camino va a encontrar dificultades, porque algunos – los samaritanos – no le reciben bien e incluso rechazan que Jesús y sus discípulos se pudieran hospedar en su pueblo. Pero la respuesta de Jesús no es quitarse de en medio de la forma que sea a quien pueda parecer un obstáculo, por eso cuando algunos de los apóstoles muy orgullosos de si mismos quieran que Jesús haga bajar fuego del cielo para castigarlos, Jesús se desentenderá de esos deseos violentos de los discípulos y seguirá con decisión adelante.

Una imagen, estas reacciones de los discípulos, que nos reflejan también lo que nosotros llevamos por dentro. No nos gusta que nos hablen de cruz y de sufrimiento, no terminamos de entender su sentido y su valor, cuántas veces queremos quitarnos de encima del hombro esa cruz; pero tampoco nos gusta que nos rechacen o no nos acepten, de la misma manera que en muchas ocasiones cuando encontramos oposición a nuestro alrededor por algo que queremos o tenemos que hacer, bien que se nos levanta el gallito de nuestro orgullo y de nuestro amor propio y nos ponemos a cacarear, que si pudiéramos los quitaríamos de en medio.

¿Cómo afrontamos nosotros las cruces que se nos presentan en la vida? ¿Cuál es nuestra reacción después de una decisión de vida tomada cuando nos encontramos con dificultades para llevarla a cabo? ¿Seremos los que a la menor dificultad tiramos la toalla y nos vamos a otra cosa? ¿Iremos dejando los caminos a medio recorrer por las dificultades que entrañan o seguiremos con decisión hasta alcanzar la meta final?