Una
subida a Jerusalén, un camino de pascua que nosotros hemos de hacer desde
nuestra vida concreta
Jeremías 18, 18-20; Salmo 30; Mateo 20,
17-28
‘Mirad,
estamos subiendo a Jerusalén…’ les dice Jesús a sus discípulos. tiene importancia
esta subida, no es un viaje más, en otros momentos veremos a Jesús subir también
a Jerusalén; de todas maneras la vida de Jesús con sus discípulos era
itinerante, ya nos dicen los evangelista cómo iba recorriendo las distintas
aldeas y pueblos de Galilea, lo veremos incluso en los confines de la tierra de
los judíos cuando lo de la mujer cananea o cuando nos dicen que está en Cesarea
de Filipo que era una ciudad muy al norte prácticamente en los nacientes del
Jordán, o le veremos cruzar el lago para ir a la otra orilla, tierra de los
gerasenos que ya no eran realmente israelitas.
Ahora van
subiendo de nuevo a Jerusalén, no es una subida más a la pascua, sino que es la
subida a la Pascua definitiva; de alguna manera entienden que algo va a suceder
dado la premura con que Jesús hace el camino. Es lo que ahora les anuncia, su
Pascua, ‘el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a
los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que
se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará’.
¿Entenderían
los discípulos lo que Jesús les está diciendo? En varias ocasiones les ha hecho
este anuncio y siempre se quedaban dándole vueltas al asunto; en una ocasión
Pedro se enfrentará a Jesús diciéndole que eso no le puede pasar; está hablando
el amor que siente por Jesús, aunque cuando llegue la hora de la verdad ya
sabemos cómo reaccionará. Por sus mentes pasan todos sus deseos y ambiciones,
la idean que se habían hecho de lo que sería el Mesías, los sueños que tenían
para sus vidas; tantas veces habían discutido sobre quien iba a ser el primero.
Ahora se
adelantan los hermanos Zebedeos con su madre, quizás por aquello de que eran
parientes; siempre andamos buscando afinidades para medrar, para conseguir algún
beneficio, para adelantarnos a los demás porque nos creemos quizás con
derechos; las influencias que todo quieren manipularlo, como nos sigue
sucediendo, porque esas son las leyes por las que quiere regirse nuestra
sociedad que aunque no sean leyes escritas sin embargo las llevamos muy
impresas en nuestros sueños y en nuestros corazones. Queremos ser del grupo de
aquellos que están cercanos al poder, a ver si cae algo, que tantas veces
pensamos.
Cuando
meditamos este evangelio nos choca esta reacción de los Zebedeos apoyados en su
madre precisamente después de haber escuchado las palabras de Jesús. No siempre
damos la verdadera importancia a las palabras que escuchamos sobre todo cuando
tenemos muchos sueños en nuestra mente, nos pueden parecer palabras solemnes y
bonitas dichas para la ocasión pero no sabemos o no queremos aterrizar con
ellas.
Nos sigue
pasando hoy cuando ahora mismo estamos escuchando este anuncio de Jesús de la
subida a Jerusalén, y la estamos escuchando precisamente en este camino
cuaresmal que estamos haciendo, porque nosotros seguimos pensando en la semana
santa de la misma manera que la hemos celebrado siempre y la hemos edulcorado
tanto que le hemos hecho perder el sentido y el sabor de la pascua. Es muerte y
resurrección pero no como unas bonitas imágenes muy envueltas en ricos y
lujosos ropajes a pesar de que queramos representar la pasión de Jesús, que nos
olvidamos de la pasión que nosotros hemos de vivir, de la muerte en la que nos
hemos de sumergir para que en verdad haya resurrección a nueva vida y entonces
haya verdadera pascua.
¿No tendríamos
que despojarnos de muchas cosas, de muchos ropajes, de muchas ideas
preconcebidas para sumergirnos de verdad en la muerte de Jesús? ¿No tendríamos
que comenzar a contemplar esa pasión que hay en nuestra vida en tanto que nos
hace sufrir, en desgarros que se producen en nuestro espíritu en los problemas
con los que cada día nos vamos encontrando, en esas situaciones tan complejas
en las que nos vemos envueltos quizás por nuestros errores, quizás por las
incomprensiones que encontramos a nuestro alrededor, o en los desaires que
sufrimos tantas veces?
Es el camino
de la pascua que hemos de recorrer en lo concreto de nuestra vida. Es la invitación
que hoy nos hace la palabra del Señor en esta nuestra subida a Jerusalén de
nuestra pascua.
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