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sábado, 15 de abril de 2017

Día de silencio y de soledad, pero con María aprendemos a que no falte en nuestro corazón la esperanza de una vida nueva con Cristo resucitado

Día de silencio y de soledad, pero con María aprendemos a que no falte en nuestro corazón la esperanza de una vida nueva con Cristo resucitado

Hoy es un día de silencio; un día en el que se palpa la soledad. Como cuando un hogar falta la cabeza, el ser querido que nos lo ha arrebatado la muerte. Tras los primeros momentos de dolor lacerante donde brotan espontáneamente los gritos, las suplicas, el alboroto ante lo indescifrable queda el silencio, buscamos la soledad, rumiamos en nuestro interior, no queremos palabras, nuestra mirada se queda perdida tratando de vislumbrar quizás un mas allá.
Es el silencio que arranco en la tarde del viernes y se prolonga hoy en todo el día. La Iglesia también hoy esta en silencio tras la muerte de Jesús. Nos arrimamos quizás mejor a la madre, nos acercamos a ella sin mucho alboroto, también ella esta en silencio, en soledad, pero nos dejamos acariciar por sus ojos de madre. La miramos y sabemos que ella nos mira. No hacen falta palabras, en ese silencio y soledad sabemos que esta ella.
Madre del dolor, dolorosa, madre de las angustias, madre de la amargura, madre de la soledad la llamamos en este día, pero también tenemos que llamarla la madre de la esperanza. Ella espera, como esperaba el nacimiento de su Hijo tras el anuncio del ángel, ahora la resurrección. Ella tiene la certeza, la seguridad porque ha plantado como nadie la Palabra de su Hijo en su corazón, y sabe que lo anunciado por Jesús se cumplirá. De ella queremos en nuestro silencio y en nuestra soledad aprender esperanza.
Por eso nos acercamos a ella, queremos estar con ella, en silencio, a su lado, dejando que su corazón de madre nos hable directamente a nuestro corazón. Es nuestra Madre, así nos la regalo Jesús como ultimo regalo antes de su muerte. La acogemos, la dejamos entrar en nuestro corazón, queremos aprender de su amor para amarla también con el amor intenso de los hijos, porque nos sentimos amados, porque sentiremos siempre su presencia en nuestro caminar.
Son tantas las soledades en que nos vemos envueltos en la vida, pero sabemos que tenemos un remedio, que hay una madre que estará siempre a nuestro lado y entonces nuestras soledades serán menos soledades. Con ella aprenderemos a no angustiarnos ni amargarnos, porque aunque la llamemos madre de las angustias o de la amargura, nunca esa angustia perturbo su corazón de manera que perdiera la esperanza, aun en medio del mayor dolor. Queremos aprender de ella, queremos que ella nos vaya dictando en nuestro corazón en cada momento como hemos de vivirlo, para que, aunque haya silencio, no nos perturbe la soledad porque nos sentiremos acompañados.
Pero no miramos solo nuestra soledad sino con María aprendemos a tener una mirada mas amplia para ver la soledad de tantos que caminan a nuestro lado desorientados quizás, con vacío en su corazón. Aprendamos de María a acercarnos delicadamente también a esos hermanos; no será necesario quizás muchas palabras, sino solo nuestra presencia; que nuestra presencia les hable a su corazón para que no se sientan solos; que nuestra presencia vaya llena de cercanía y de amor para saber estar a su lado, para tender la mano en el momento oportuno, para saber tener esa mirada de aliento que levante el corazón oprimido. Aprendamos de María. Como ella hace con nosotros hagamos también con los demás.
Sigamos así en silencio que ya no es soledad, con el corazón lleno de esperanza. A quien ayer contemplar expirar en lo alto del madero y luego ser llevado hasta el sepulcro al que ahora nosotros nos hemos acercado sabemos que lo contemplaremos victorioso y resucitado. Esta noche habrá un nuevo amanecer y la piedra del sepulcro se correrá sola y ya dentro del sepulcro no vamos a encontrar sino unas vendas por el suelo y un sudario doblado aparte. Y es que el Señor resucito y para nosotros ha vencido a la muerte. La esperanza no nos puede faltar en nuestro corazón. Estemos atentos para que resucitemos con El, para que con El salgamos también de las negruras de nuestros sepulcros, para que con El renazcamos a una vida nueva. Maria nos ayuda en silencio a mantener esa esperanza para alcanzar esa vida nueva.

viernes, 14 de abril de 2017

El camino de la vida pasa por la cruz pero envuelto en el amor siempre nos conduce al triunfo de la vida y de la resurrección

El camino de la vida pasa por la cruz pero envuelto en el amor siempre nos conduce al triunfo de la vida y de la resurrección

Meditación a la sombra de la cruz

Isaías 52, 13-53, 12; Sal 30; Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9; Juan 18, 1 - 19, 42
El camino de la vida pasa por la cruz pero cuando va envuelto en el amor siempre nos conduce al triunfo de la vida y de la resurrección. Es lo que hoy estamos contemplando. Hoy es un día para la contemplación. No son necesarias muchas palabras, solo es necesario sentarnos a la sombra de la cruz. Y ponernos a pensar, a meditar, a contemplar la vida, la nuestra y la de los demás, reflejadas en la sombra de la cruz de Jesús a cuyos pies queremos ponernos.
No es fácil, ponernos a su sombra, contemplar toda su tragedia. Cuantas veces en la vida la rehuimos. Acaso la revestimos con muchas joyas para hacerla mas agradable o la envolvemos en suaves sedas para no sentir su crudeza. Con cuantas cosas en la vida queremos disimular la cruz.
Ponernos a la sombra de la cruz de Jesús nos hace contemplar, si, con toda su crudeza lo duro que es una cruz. Es la cruz de Jesús con toda su tragedia de dolor, de sufrimiento, de injusticia, de la maldad de todos aquellos que quisieron llevarle a la cruz. Pero es la cruz que nos encontramos cada día en los caminos de la vida. serán nuestros sufrimientos cuando nos llega el dolor o la enfermedad; serán nuestros sufrimientos quizás en nuestras soledades que acaso por nuestro egoísmo nos hemos buscado nosotros mismos, o las soledades a las que otros nos han llevado; serán los fracasos cuando no hemos logrado aquello en lo que tanto nos habíamos empeñado, por nuestros errores, porque no supimos encontrar el camino para realizarlo; serán las incomprensiones, los desaires, los malos juicios que de nosotros otros hacen, las acusaciones con razón o sin ella que tanto nos duelen, los abandonos en que nos sumen tantos que se olvidan de nosotros o no nos tienen en cuenta. Muchas cosas que nos llevan a la cruz, que nos hacen sufrir. Es duro.
Pero, cuidado, no nos quedemos solo mirando nuestra cruz. Tengamos la valentía de mirar en torno para darnos cuenta de tantas cruces que cargan sobre los hombros de nuestros hermanos. Porque quizás nosotros también los hemos dejado solos, de tanto pensar solo en nosotros mismos. Miremos, si, cara a cara el dolor y el sufrimiento de tantos a nuestro alrededor, en sus enfermedades, en sus soledades, en su pobreza. Pensamos en los enfermos incurables, en aquellos a los que sobrevino cuando menos lo esperaban la enfermedad que parece que ya no tiene remedio y sufren desesperados, con angustia, sin encontrar fuerzas para seguir adelante.
Miremos, cara a cara, el dolor y sufrimientos de los que son injustamente tratados por la vida, decimos, por no atrevernos quizás a decir por la crueldad de los demás que los hace injustos, o por nuestra crueldad que nos hace perder la capacidad de la compasión. La cruz del sufrimiento de tantos que se sienten fracasados en la vida porque ven sus sueños rotos, porque han perdido la ilusión, porque todo lo que encuentran son los obstáculos que ponen los ambiciosos o los avariciosos que todo lo quieren para si y no quieren permitir que otros avancen en la vida.
La cruz del sufrimiento de los que se ven discriminados, de los que no son aceptados en la sociedad porque proceden de otros lugares, porque son de otra raza, porque tienen otra condición, porque tienen otras orientaciones en la vida, porque quizás un día cometieron unos errores y estarán siempre cargando con la culpa. La cruz y el sufrimiento de los que no se sienten perdonados, de aquellos a los que se le niega el saludo, con los que ya no se quiere contar y se les aísla en la vida para que coman el pan amargo de la soledad.
Nuestro pensamiento puede ir más allá para llegar a los lugares de la guerra o de los que parece que eternamente están condenados a vivir en la miseria y el hambre a lo largo del mundo por la insolidaridad de los que se creen más fuertes, o pudiera estar en sus manos el remedio o la solución a sus males. Es una cruz muy grande la que atraviesa de lado a lado nuestro mundo.
Miramos todas esas cruces y muchas más que hay seguro a lo largo del mundo, no somos capaces de ser exhaustivos, y al mismo tiempo queremos mirar la cruz de Cruz a cuya sombra nos hemos postrado. En esa cruz de Jesús están todos esos sufrimientos, todo ese dolor, pero en Jesús estamos contemplando algo mas que es el amor. Y porque contemplamos ese amor de Jesús sabemos que vendrá la victoria de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado. Es lo que ahora tenemos que aprender de Jesús, a envolver, si, esa cruz con el amor para convertirla en ofrenda. Es lo que la va a transformar.
Por eso, ese silencio nuestro a la sombra de la cruz y esa contemplación que estamos haciendo la vamos a convertir en oración. Pedimos el amor, pedimos vernos envueltos en ese amor de Jesús para darle un sentido a nuestro dolor, a nuestra cruz. Vamos a pedir que el amor ilumine todas esas sombras dolor que hay en nuestro mundo para que haya una verdadera transformación de nuestra humanidad. Una humanidad, empezando por la nuestra, que tiene que hacerse más humana, y lo podremos realizar con la fuerza del amor.
Desgranemos ahora hecho oración ante la cruz de Jesús de nuevo todas esas cruces de sufrimiento que hemos contemplado y otras muchas mas que podamos conocer. Pidamos, si, que nosotros nunca más seamos causa de cruz para los demás por nuestra insensibilidad, nuestro desamor, nuestras incomprensiones, nuestras discriminaciones que también hacemos tantas veces, nuestra forma injusta de tratar a los demás, nuestra violencia. Que nos transformemos nosotros primero que nada porque pongamos verdadero amor en nuestro corazón.
Pidamos que se transformen los corazones, que en verdad seamos una humanidad nueva, que cambien nuestras formas de relacionarnos los unos con los otros, que creemos entre todos un mundo de mayor justicia y de mas fraternidad. Pidamos por los que sufren esos males para que en el Señor encuentren fuerza para cargar con su cruz y transformarla en oblación de amor encontrando un sentido y un valor a sus sufrimientos, al mismo tiempo que logran para los suyos un mundo mejor.
En Jesús a quien hoy contemplamos colgado de la cruz encontraremos la victoria, porque El nos esta enseñando a envolver nuestra vida en el amor. Con Cristo crucificado a quien contemplamos de manera especial en este día de viernes santo sabemos que llegaremos al triunfo y a la victoria de la vida en la resurrección.

jueves, 13 de abril de 2017

Como Jesús nos despojamos y nos ceñimos para lavar los pies de los demás en el servicio y el amor


Como Jesús nos despojamos y nos ceñimos para lavar los pies de los demás en el servicio y el amor

Éxodo 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Corintios 11, 23-26; Juan 13, 1-15
‘Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones’, así les mandaba Moisés celebrar la pascua al pueblo judío.
‘Haced esto en memoria mía… os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis… Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva…’ Así nos dice Jesús, así nos lo recuerdan los evangelistas, nos dice San Pablo que hemos de hacer para siempre recordando, viviendo, haciendo presente la Pascua del Señor. Es lo que hoy celebra la Iglesia en este día que se inicia el Triduo Pascual y que llamamos Jueves Santo.
Ya no es un cordero sacrificado que recuerda la salida de Egipto. Ahora es el Cuerpo entregado, la Sangre derramada, Sangre de la Alianza nueva y eterna lo que comemos en el banquete pascual. Pero no son solo recuerdos sino que tendrá que hacerse vida en nosotros. Porque lo que Jesús realizo lo hemos de realizar nosotros también.
Allí lo más sublime que contemplamos es el amor de Dios en la entrega de Jesús, que realizara con gestos y signos, pero que realizara en la entrega de si mismo expresando el más sublime amor. Es el amor del que entrega su vida por el amado. No hay amor más grande. Es el amor del que nos sentimos inundados, pero en el que tenemos que aprender a amar nosotros también. Por eso hoy es el día del amor verdadero, ese amor que nos hace hijos y que nos hace hermanos.
Por eso en los prolegómenos de la pasión, del momento de su entrega suprema, Jesús quiso realizar unos gestos y unos signos que nos señalaran una vez mas por donde tiene que ir nuestro amor. Sabia que había llegado la hora de la suprema entrega. Sabía que había de pasar de este mundo al Padre. Nos amaba y nos amaba con un amor supremo que se iba a manifestar en su entrega y que iba a ser modelo de nuestro amor. De ahí los gestos y los signos que va a realizar en esa cena pascual.
No era una simple ablución o purificación lo que Jesús iba a realizar. Se despojo de su manto, se ciño la toalla a la cintura, se puso a lavarles los pies a sus discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. No es cualquier cosa. Se sorprenden los discípulos, Pedro casi se niega a que Jesús le lave los pies, pero ante cada uno Jesús esta postrado a sus pies.
Dos palabras, despojarse, ceñirse. Sobraba el manto como nos pueden sobrar muchas cosas que nos impiden un movimiento ágil; de cuantas cosas tenemos que aprender a despojarnos cuando queremos amar de verdad. Seria un contrasentido que nos pusiéramos a realizar obras de servicio adornados de lujosos mantos y de ricas joyas o anillos en nuestras manos. Las cosas superfluas no nos son necesarias, se pueden convertir en un estorbo. Solo desde la humildad y poniéndonos de verdad a la altura del otro es como podremos mostrar en verdad nuestra cercanía, nuestra sintonía de amor. La sintonía del amor es sutil y delicada y no puede haber ruidos que entorpezcan el encanto de su sonido.
Pero además Jesús se ciño la toalla a la cintura. Se ciñe bien, se ajusta bien el cinturón el que esta dispuesto a trabajar, a hacer algo verdaderamente útil, a luchar por algo que merece la pena, a comprometerse seriamente por el otro, por la justicia, por la verdad. Esa toalla ceñida a la cintura de Jesús y que además le servia para limpiar y secar los pies de los discípulos puede significarnos muchas cosas. Nos ceñimos con el cinturón de la verdad, de la justicia, del amor, del compromiso, de la paz. Es grande la lucha que hemos de realizar contra tantas injusticias y miserias, contra tanta falsedad y tanta vanidad, para romper ese cascaron de la insensibilidad y del egoísmo que nos hace insolidarios e injustos.
Y Jesús nos dice ‘os he dado ejemplo… para que vosotros también lo hagáis…’ nos ha dado ejemplo porque ceñido así no solo se ha postrado a los pies de los discípulos para lavárselos, sino que le veremos subir mañana a lo alto del calvario, a lo alto de la cruz para realizar la suprema entrega. Es la entrega de Jesús para que se realice de verdad ese Reinado de Dios. Cuando nosotros nos estemos despojando y ciñendo de la misma manera estaremos ya viviendo en ese Reino de Dios, estaremos haciendo presente ese Reinado de Dios.
Y ahí esta el otro signo maravilloso que Jesús nos dejara en la tarde del Jueves Santo, en la noche de la Cena Pascual. Un día había anunciado que comeríamos de su pan que era su cuerpo entregado para poder tener vida. Ahora nos realiza el signo. ‘Toma el pan, esto es mi cuerpo entregado… toma la copa llena de vino que reparte entre todos… esta es mi sangre derramada… comed… bebed… hacedlo en memoria mía… cada vez que bebáis de esta copa estáis anunciando la muerte del Señor…’
Así sencillamente nos realiza el signo. Sencillo pero comprometido. No lo podemos realizar de cualquier manera. Tendrá verdadero sentido para nosotros si en la vida vamos realizando los mismos gestos y signos de Jesús en su amor. Hacerlo en la memoria del Señor es querer hacerlo como lo hizo Jesús. Si nos despojamos de verdad, si nos ceñimos a la manera de Jesús tendrá verdadero significado para nosotros la Eucaristía. Nunca puede estar separada del amor. Nos manifiesta siempre lo que es el amor de Dios, la entrega de Jesús, pero nos compromete a vivir en ese mismo amor, con esa misma entrega. No habrá eucaristía sin amor, sin compromiso por el amor.
Es lo que hoy celebramos en este día del Jueves Santo con que iniciamos el Triduo Pascual de la muerte y la resurrección del Señor. Vivámoslo con intensidad.

miércoles, 12 de abril de 2017

Seamos conscientes del misterio grande que vamos a celebrar sintiendo esa presencia maravillosa del Señor en nosotros tal como El quiere llegar a nuestra vida

Seamos conscientes del misterio grande que vamos a celebrar sintiendo esa presencia maravillosa del Señor en nosotros tal como El quiere llegar a nuestra vida

Isaías 50,4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25
‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?... Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua…’ Es la pregunta que también nos hacemos en este miércoles santo, vísperas ya de comenzar a celebrar el triduo pascual.
‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?’ ¿Cómo tenemos que prepararnos para la celebración de la Pascua? Una pregunta importante para hacernos y para que actuemos no dejándonos arrastrar por el ambiente que nos rodea. ¿Dónde vas a ir en Semana Santa? ¿Qué vas a hacer en Semana Santa? Es una pregunta socorrida que hemos escuchado a muchos en estos días; incluso en los medios de comunicación, en las redes sociales tan en boga hoy son comentarios, anuncios, publicidad que se repite. Pase una buena semana santa en… y nos dan oportunidad de muchas cosas, de muchos lugares a visitar, de muchas cosas en las que podemos pasar unas vacaciones. Ojala se sepa encontrar también en medio de esas jornadas de descanso tiempo para una reflexión mas profunda sobre la vida.
Respetamos el pensamiento y el actuar de muchos, de la sociedad en la que estamos inmersos y esa es la realidad. Pero también en un ambiente religioso y eclesial se nos pueden ofrecer muchas posibilidades. Y nos hablan de semanas santas famosas, de interés turístico incluso a nivel nacional o internacional. Y se nos ofrecen imágenes de todo tipo desde un ámbito religioso y costumbrista. Es una tradición que no se puede perder, es una frase que también escuchamos y quizás nos podemos quedar en eso, una tradición.
Dios puede llegar y llega a muchos corazones también a través de esos medios y signos externos, pero es cierto que tendríamos que estar muy atentos a ese paso de Dios por nuestras vidas a través quizás de esas imágenes que tendrían que ser una verdadera catequesis, un verdadero kerigma como anuncio de una verdad de salvación. No siempre, sin embargo, sintonizamos debidamente y nos quedamos en lo externo y a la larga se nos puede quedar en algo superficial, como una semilla caída sobre un terreno duro y repisado o sobre abrojos o zarzales que impiden que pueda dar verdadero fruto.
Por eso la pregunta sigue estando presente. ‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?’ ¿Cómo tenemos que prepararnos para la celebración de la Pascua? también en nuestros templos en estos días hay un ajetreo tremendo de preparación de cosas para que todo salga bien, para que todo este en su punto, para que las celebraciones sean hermosas, para que nuestro monumento al Santísimo en el Jueves Santo sea el mas hermoso. ¿Son solo esos los preparativos que hemos de hacer? Porque entretenidos en todas esas cosas puede pasar el Señor por nuestro lado y no nos demos cuenta, se nos pase desapercibido y al final no haya pascua en nosotros.
Es ahí, pues, donde hemos de detenernos. Los preparativos no se nos pueden quedar en cosas externas. Todo eso nos ha de ayudar, pero es algo más profundo en lo que hemos de detenernos. Es ahí en el fondo del corazón donde hemos de preparar el lugar para la cena de Pascua, es nuestro corazón el que hemos de preparar.
Seamos conscientes del misterio grande que vamos a celebrar. Pensemos en ello. Sintamos esa presencia maravillosa del Señor en nosotros, en nuestro corazón, en tantas cosas o personas a través de las cuales quiere llegar a nuestra vida. Es importante que llegue el Señor a nuestra vida para que nos purifique, para que nos revitalice, para que haga surgir con toda fuerza de nuevo el amor en nosotros, para que aprendamos a caminar sus caminos, para que sepamos también abrirnos mejor a los demás. Así habrá verdadera pascua en nosotros.

martes, 11 de abril de 2017

Arden en nuestro corazón los buenos deseos, pero pesan también nuestras negaciones, nuestras cobardías, nuestras traiciones, nuestros pecados pero hagamos pascua en nosotros renaciendo a nueva vida

Arden en nuestro corazón los buenos deseos, pero pesan también nuestras negaciones, nuestras cobardías, nuestras traiciones, nuestros pecados pero hagamos pascua en nosotros renaciendo a nueva vida

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38
El evangelio hoy esta cargado de especial dramatismo. La escena corresponde a momentos de la cena pascual. Jesús esta rodeado de sus discípulos más cercanos y más queridos en momentos en que es inminente la pasión. El lo sabe. Los discípulos intuyen que algo va a suceder, aunque no han terminado de comprender las palabras de su maestro. Comienzan los titubeos, las deserciones, y los anuncios de negación. Son momentos tensos.
Como nos pueda suceder a veces en la vida en que por una parte nos sentimos solos porque o bien nos fallan los amigos o los que creíamos amigos o nosotros mismos hemos hecho algo que pueda desconcertar a los que están cercanos a nosotros, nos sentimos desorientados por no saber que va a suceder, o los problemas se nos acumulan en nuestro entorno. Buscamos respuestas y todo parece ser silencio en nuestro entorno.
Sentimientos así podíamos decir que se entrecruzaban entre los que estaban alrededor de aquella misma mesa preparados para la cena pascual. Las palabras de Jesús que parecen enigmáticas sin embargo hacen que se comiencen a suceder muchas cosas. ‘Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar’, anuncia Jesús. Se crea la tensión entre todos. ‘Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía’. Casi como en un susurro, acercándose a su pecho el discípulo amado se atreve a preguntar. ‘Señor, ¿Quién es?’
Jesús dará un poco de pan untado a Judas Iscariote, aunque el signo sea incomprensible para todos, lo mismo que las palabras de Jesús. ‘Lo que tienes que hacer hazlo en seguida’. Judas sale a la noche, aunque la noche la llevaba ya en su corazón, aunque los discípulos piensan si va a preparar algo que aun falta para la fiesta de Pascua. Es el comienzo, es cierto de la Pascua, porque será el momento de la entrega; será la traición de Jesús, pero será la entrega de Jesús; será el comienzo de la pasión que le llevara a la muerte, pero es el principio de la verdadera Pascua que va a tener lugar, porque en verdad es el paso de Dios en medio de los hombres, mas importante que aquella pascua que cada año recordaban y celebraban los judíos de su salida de Egipto.
Pero la tensión no termina porque Jesús habla de una marcha a un lugar que los discípulos ahora no podrán ir. No podrán ir porque mas tarde ellos mismos le abandoran y huirán allá en Getsemaní. Pedro, sin embargo, insiste porque el quiere estar con su maestro y dirá que será capaz de dar la vida por El. Pero Jesús le hablara de su cobardía y su negación aunque ahora se muestre tan valiente. ‘¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces’, le dice Jesús.
Estamos nosotros también dispuestos a celebrar la Pascua con Jesús. Arden en nuestro corazón los buenos deseos, pero pesan también nuestras negaciones, nuestras cobardías, nuestras traiciones, nuestros pecados. Pero aunque nos encontremos revueltos interiormente en esa tensión entre nuestro pecado, nuestros buenos deseos y nuestras promesas de amor, ha de predominar por encima de todo esa mirada llena de amor que Jesús nos dirige. No nos recrimina, nos mira y nos llama, nos muestra su ternura y su amor y nos esta invitando a que también nosotros nos recostemos sobre su pecho como se atrevió a hacerlo el discípulo amado.
Jesús también tiene sus secretos para nosotros, eso que quiere decirnos allá en lo más íntimo de nuestro corazón y que tocara nuestras fibras más sensibles, porque estará señalándonos cosas muy concretas de nuestra vida en las que hemos de hacer pascua, cosas de las que tenemos que morir para renacer, para resucitar, para llenarnos de nueva vida.
Dejémonos cautivar por esa mirada de amor. Busquemos la manera de caminar con El, pero sintiendo la seguridad que con la fuerza de su Espíritu podemos hacer ese hombre nuevo en nosotros. Somos débiles y tropezamos muchas veces, negamos no solo tres sino muchas veces en tantas cobardías de nuestra vida, pero hemos de hacer de verdad pascua en nosotros. Tenemos que morir con Cristo para con Cristo resucitar a nueva vida.

lunes, 10 de abril de 2017

Ojala seamos capaces de llenar nuestro mundo de esa nueva fragancia del amor que nace de nuestro encuentro con Jesús.

Ojala seamos capaces de llenar nuestro mundo de esa nueva fragancia del amor que nace de nuestro encuentro con Jesús.

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12,1-11
‘Y la casa se llenó de la fragancia del perfume’. El perfume, ese líquido aromático que se usa para desprender un olor agradable. No nos gustan los malos olores, tratamos de suavizarlos con algún perfume; hay muchas variedades y podríamos decir que hay perfumes para todos los gustos; nos hacen sentir una sensación agradable y es agradable estar al lado de quien huele bien o en un lugar suavemente perfumado. Es como la naturaleza que nos da diferentes perfumes, los árboles, las flores en toda su diversidad, el mar, la montaña, cada lugar tiene su perfume y nos puede llenar de paz y serenar nuestro espíritu.
Pero un perfume no es solo quitar una mala sensación por un mal olor, sino que puede convertirse también en una ofrenda de amor, un signo de amistad, una expresión de esa cercanía que queremos sentir con alguien que nos es agradable. Regalamos perfumes a quien amamos, los recibimos con agrado de quien sabemos que nos quiere bien, nos hace recordar hermosos momentos vividos con alguien, porque todos tenemos nuestro olor con el que nos podemos hacer recordar y que pueden motivar muchos recuerdos y sensaciones vividos.
‘La casa se lleno de la fragancia del perfume’, nos dice el evangelio hoy. Jesús estaba participando en una comida en Betania, Marta como siempre servia, allí estaba Lázaro a quien Jesús había resucitado, y por allá apareció María, la que sabia ponerse a los pies de Jesús, ahora con un frasco de caro perfume de nardo purísimo. Ya sabemos lo penetrante del olor del nardo; y María lo derramo entero a los pies de Jesús. Muchas cosas quería expresar aquella mujer a Jesús, a quien tanto amaba; podía estar el recuerdo de su vida anterior y su encuentro con Jesús, podría ser el recuerdo de aquellos momentos vividos a sus pies escuchando sus palabras, podría ser la expresión de la gratitud por la vuelta a la vida de su hermano Lázaro por la obra de Jesús.
Habrá siempre alguien interesado que no sabe interpretar los signos y los gestos. En este caso no vendrá la interpelación desde los que querían quitar de en medio a Jesús sino de uno de sus propios discípulos, pero en quien estaba entrando la negrura en su corazón. Aquel dinero gastado en el perfume se podría haber empleado de otra forma; y se quiere justificar en querer darlo a los pobres, pero ya el evangelista nos descubre cuales eran las intenciones torcidas de quien se presentaba ahora con cara de bueno. Jesús quiere quitar hierro a la disputa que se puede crear y resalta lo que aquella mujer hace, explicando que de alguna manera se esta adelantando a lo que habría que hacer con su sepultura, pero que con las prisas del viernes en la tarde no podrán realizar debidamente. Pero es que Jesús lo que quiere resaltar es el amor de aquel corazón.
Nos aprestamos nosotros a celebrar la pasión y la muerte de Jesús. Hemos iniciado ya el camino de la semana santa y nos acercamos a los días del triduo pascual. Creo que hoy podríamos tomar el camino de María de Betania y querer acercarnos a Jesús para perfumar también sus pies, esos pies que nos señalan los pasos que nosotros hemos de ir dando, de ir siguiendo. Podemos ofrecer también nosotros un perfume que tiene que ser necesariamente el perfume de nuestro amor.
Primero quizás tendríamos que quitar de nosotros los malos perfumes, el mal olor del pecado que hayamos dejado meter en nuestra vida. Busquemos a Jesús con el perfume del perdón que nos purifica. Pero intentamos ya comenzar a dar ese buen olor de Cristo porque de Cristo nosotros nos impregnemos en su amor. Es en Cristo donde podemos encontrar ese perfume. Es en su amor en el que tenemos que sentirnos envueltos para que lleguemos a dar ese buen olor de Cristo.
Nardos, rosas, jazmines, miles de flores olorosas en las que tenemos que sumergirnos para llenarnos de ese buen olor del amor. Un olor de amor que tenemos que expresar de mil diferentes maneras entre aquellos con los que convivimos, con aquellos a los que podemos o tenemos que acercarnos y a los que encontraremos cada uno en sus propias circunstancias de su vida; a cada uno, según su necesidad o su carencia, según lo que vive o lo que ansia en su corazón nosotros nos acercaremos con los gestos de nuestro amor, unos gestos bien individualizados, personalizados, porque de forma muy concreta amaremos a cada uno.
Ojala seamos capaces de llenar nuestro mundo de esa nueva fragancia del amor que nace de nuestro encuentro con Jesús.

domingo, 9 de abril de 2017

Está cerca la hora y hemos de levantarnos para hacer el camino de la cruz con Jesús que es nuestra cruz y la de nuestro mundo y se haga verdadera Pascua para todos


Está cerca la hora y hemos de levantarnos para hacer el camino de la cruz con Jesús que es nuestra cruz y la de nuestro mundo y se haga verdadera Pascua para todos

Isaías 50,4-7; Sal 21; Filipenses 2,6-11; Mateo 26,14–27,66
‘Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos!’ Así les decía Jesús en el huerto a los discípulos que estaban adormilados. ¿Será también lo que nos quiere decir Jesús hoy cuando comenzamos esta semana de Pasión? ‘Mirad, está cerca la hora…’
Lo que en el camino de Galilea a Jerusalén les había anunciado tantas veces y a los discípulos tanto les había costado comprender, ahora lo proclama ya inminente. ‘Está cerca la hora’. Era el inicio de la pasión. Es el inicio de nuestras celebraciones pascuales para las que nos hemos venido preparando a lo largo de toda la Cuaresma. Decimos Semana Santa, semana grande, semana de pasión que culminara en la celebración del tiempo pascual. También nosotros podemos andar confundidos y no terminar de entender los anuncios que Jesús nos hace. Es necesario espabilarnos, despertarnos de ese sueño en que nos sumergimos tantas veces en nuestra insensibilidad.
A nosotros también nos dice ‘¡Levantaos, vamos!’ Tenemos que subir también a Jerusalén pasando hoy por la bajada del monte de los Olivos para entrar en la ciudad santa, pasar por el huerto de Getsemaní, hacer todo el recorrido de la calle de la Amargura, subir con Jesús al Calvario, ponernos al lado de su cruz, mas aun, tomar la cruz, la nuestra y la de Jesús.
La cruz que veremos cargar a Jesús y en la que va a ser clavado es nuestra cruz. El la tomo antes que nosotros, que tantas veces quizás la hemos rehusado, de la que nos queremos echar atrás. Cuanto miedo le tenemos a la cruz, pero ¿Por qué? El puso amor, nosotros habíamos puesto nuestro pecado, pero en ella están puestas también todas las angustias y sufrimientos de todos los hombres – una lista muy larga podríamos hacer de pobreza, de hambre, de dolor, de guerras, de rivalidades y enfrentamientos, de injusticia… -, y ahora nos toca poner también amor para que sea redentora, para que sea en verdad transformadora para nosotros y para nuestro mundo, para que sea camino de salvación para todos.
Este domingo inicio y puerta de la semana santa lo llamamos Domingo de Ramos en la Pasión del Señor; y es que queremos hacer nuestra entrada como lo hizo Jesús en la ciudad santa; lo aclamaban las gentes, gritaban los niños, alfombraban el camino con los mantos y las ramas de los olivos y las palmeras en una entrada triunfal en Jerusalén. Todo tendría que sonar a música de paz y de triunfo - olivos y palmeras -, porque llegaba el Hijo de David, el que venia en nombre del Señor. Son los sencillos y los humildes, los niños y los pobres los que lo entienden y de los que saldrán los mejores cánticos de alabanza al Señor. Que no se callen esos gritos de paz para que no se oigan los gritos de tantas piedras de violencia.
No se ahogaran, sin embargo, estos gritos con los que cinco días mas tarde van a resonar ante el Pretorio de Pilatos, pero unos y otros hemos de entenderlos en su justo sentido. Nos pueden parecer contradictorios y un contrasentido que quienes un día entrando en la entrada en Jerusalén gritaban unas cosas, mas tarde parece que gritaran lo contrario. Unos y otros aunque parezcan de distinto signo nos van a proclamar una única y misma verdad,  quien es de verdad Jesús y el sentido de su muerte.
Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como un día lo señalara el Bautista allá en el Jordán. Es el Cordero inmolado cuya sangre nos purifica y nos da vida; es el Cordero inmolado cuya sangre derramada va a ser la Sangre de la Alianza Nueva y Eterna; es la Sangre que caerá sobre nosotros para sellar esa Alianza, para hacer nacer en nosotros eso hombre nuevo que nos comprometa a hacer un mundo nuevo.
‘¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’, gritaran ante el Pretorio los que buscaban su muerte sin comprender bien lo que decían y el alcance que tenían aquellas palabras. Será la Sangre que engendrara un hombre nuevo, un mundo nuevo. Nosotros, si, queremos entender y darle su verdadero sentido. Nosotros queremos entender ese camino de la cruz, ese camino de la pasión y de la muerte que va a emprender Jesús. Sabemos como nosotros tenemos que emprender ese camino al paso de Jesús porque como hemos dicho esa cruz es nuestra cruz, y es la cruz del sufrimiento, de la pasión que sufre nuestro mundo. Nosotros, si, queremos entender el sentido de esa Sangre derramada.
‘¡Levantaos, vamos!’ nos decía Jesús en Getsemaní y nos esta diciendo a todos en este día. Emprendamos el camino con Jesús en esta semana que nos lleva a la Pascua, pero que sabemos bien que ha de ser el camino pascual por el que ha de discurrir siempre nuestra vida.
Caminemos al paso de Jesús con la cruz, la nuestra y la de nuestro mundo, que es la cruz que Jesús va llevando delante de nosotros. Si lo hacemos así y ponemos toda nuestra vida y todo nuestro amor veremos surgir en nosotros un hombre nuevo, haremos posible también que nuestro mundo sea mejor, estaremos así construyendo de verdad el Reino de Dios, llegaremos a vivir en profundidad todo el sentido de la pascua.


sábado, 8 de abril de 2017

La muerte de Jesús es algo más de que uno tiene que morir por todos porque para nosotros es Pascua, paso Salvador de Dios por nuestra vida y nuestro mundo

La muerte de Jesús es algo más de que uno tiene que morir por todos porque para nosotros es Pascua, paso Salvador de Dios por nuestra vida y nuestro mundo

Ezequiel, 37, 21-28; Sal.: Jer. 31, 10-13; Juan 11, 45-56
Ya sabemos como nos las gastamos cuando en la vida actuamos movidos por intereses, por orgullos, por vanidades, donde buscamos o nuestras ganancias o nuestra superioridad y poder, cuando queremos ponernos sobre el pedestal y todo aquel o aquello que nos lo impida lo quitamos de en medio o lo destruimos.
Nos puede parecer fuerte lo que estamos diciendo pero bien sabemos que cosas así suceden en muchos aspectos y circunstancias de la vida social. No queremos que nadie nos haga sombra, nos molesta quizás quien con su rectitud esta indirectamente señalando lo injusto que nosotros realizamos, el que nos dice la verdad tratamos de acallarlo, y a quien por su vida puede ser un signo para nosotros lo ignoramos o tratamos de desprestigiarlo, de anularlo de la manera que sea.
¿Por qué tenemos que actuar así? Ya sabemos como nos ciega materialismo de la vida; ya sabemos que la perdida de valores nos hará movernos por intereses y por vanidades; ya sabemos como hemos convertido la vida en una lucha sin cuartel y vamos perdiendo en humanidad y al final el hombre termina siendo un lobo para el hombre. Hemos de saber estar alertas porque esas cosas nos pueden suceder, en esas redes podemos caer, por esa pendiente podemos resbalar y ya sabemos como podemos terminar aunque nos creamos colocados en los pedestales mas altos.
‘Uno tiene que morir para que todo el pueblo no perezca’, les viene a decir el sumo sacerdote Caifas a los principales del pueblo reunidos en el Sanedrín. Las noticias corren que vuelan, a Jerusalén ha llegado la noticia de lo que ha hecho Jesús en Betania, donde ha resucitado a Lázaro y les molesta tremendamente que  cada vez haya mas gente que crea en Jesús. Ya habían estado queriendo ponerle zancadillas de mil maneras, en dialéctica no habían podido ganar a Jesús porque su sabiduría era mayor, pero había que quitarlo de en medio. Es lo que les viene a decir Caifas y en lo que van a poner manos a la obra.
¿Intereses políticos porque podría surgir una rebelión y los romanos podrían avasallar a todos con sus legiones? Quizás se la pantalla que ponen, pero detrás puede haber otros intereses egoístas desde la situación en la que se han colocado y que las palabras de Jesús puede perturbar. ¿Una reacción ante lo nuevo que significaba Jesús y el mensaje que Jesús proclamaba? Son muchas las lecturas que podemos hacer. Como nos sucede ante tantas situaciones de la vida en la que nos vemos envueltos o la lectura tergiversada que podemos hacernos a veces hasta del actuar de la Iglesia o de lo que nos dice el Papa. Cada uno quizás desde el color del cristal a través del cual mira la vida.
El evangelista nos da una clave distinta. Nos hace una lectura creyente de la realidad y de lo que esta por suceder. Sin descartar esas motivaciones que puede haber por detrás sin embargo quiere hacer una lectura profética de las palabras de Caifas. ‘Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, hablo proféticamente anunciando que Jesús iba a morir por la nación y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos’.
Nos viene muy bien este apunte en el momento en que estamos prácticamente comenzando la semana santa. Consideremos lo que en verdad vamos a celebrar. ‘Uno tiene que morir por el pueblo…’ Jesús entrega su vida, es su pascua, como cordero inmolado para quitar el pecado del mundo.
Decíamos antes que se hacían muchas lecturas de las palabras de Caifas; en el mundo que vivimos también son diversas las lecturas que se hacen de la semana santa. Ya sabemos en que se queda para muchos. Lo de santa será una excusa para muchas cosas diversas. Para muchos puede ser unos días de devoción para asistir a unos actos religiosos, participar quizás en unas procesiones, quedarnos extasiados ante la belleza de los pasos procesionales, quizás vivir una emoción momentánea desde el realismo duro y cruel de unas imágenes que nos presentan el dolor y la muerte de Jesús, pero quizás no demos un paso mas adelante. No digamos de quienes se lo toman como unas vacaciones de primavera como las puede haber en invierno o las tendremos en verano. ¿Será solo eso para nosotros?
Contemplemos y vivamos lo que el evangelista que proféticamente se nos anunciaba. Es la Pascua, es el paso salvador del Señor por nuestra vida. No es un paso en el vacío, es un paso de vida y de salvación para el que nosotros hemos de estar predispuestos. Pensemos como vamos a celebrar, que es lo que vamos a celebrar, que nos falta que preparar para que en verdad sea la Pascua en nosotros, en nuestra vida y también para nuestro mundo.

viernes, 7 de abril de 2017

A las puertas de la semana de pasión que nos conduce a la Pascua caminamos en pos de María, Madre de los Dolores, que nos llevará por el amor y la cruz a la gloria de la vida

A las puertas de la semana de pasión que nos conduce a la Pascua caminamos en pos de María, Madre de los Dolores, que nos llevará por el amor y la cruz a la gloria de la vida

Jeremías 20,10-13; Sal 17; Juan 10,31-42
Los textos litúrgicos de este día nos hablan de aquellas diatribas que Jesús mantenía con los judíos sobre su propia identidad por lo que buscaban la manera de prenderle y de quitarle de en medio. Cuando en el evangelio de Juan se hace esa mención a los judíos no es una referencia en general  a todo el pueblo, sino mas bien a los dirigentes de la sociedad del momento, como eran los sumos sacerdotes, el sanedrín, los escribas o maestros de la ley y aquellos grupos de especial influencia como serian los fariseos y los saduceos.
Hoy veremos, incluso, que Jesús se retira a la región de más allá del Jordán donde aun sigue predicando y nos dice el evangelista que muchos creyeron en El. Será en esa estancia mas allá del Jordán donde le llegara la noticia de la enfermedad de Lázaro, que escuchábamos el pasado domingo y su posterior muerte con los acontecimientos que siguieron ya comentados.
Estamos a las puertas ya casi de la semana santa y la liturgia nos va preparando para estos días de pasión que nos lleven a celebrar la pascua. Por eso todo el ambiente que nos ofrecen las lecturas de la Palabra de Dios hacen referencia a como tramaban contra El que desembocara en su prendimiento como iremos viendo en los días sucesivos. Nos daría esto para momentos de reflexión en como nosotros aceptamos de corazón a Jesús y estamos dispuestos a entrar con El en esta semana de pasión, pero ya será tema de reflexión en los próximos días.
Este viernes de la quinta semana de cuaresma – semana que ya comúnmente llamamos también de pasión – es tradicional fijarnos en la figura de María. Llamamos a este viernes precisamente Viernes de Dolores, por esa referencia a la Madre de Jesús. Aunque la festividad litúrgica de la Virgen de los Dolores es el quince de Septiembre ya en  nuestros templos suele estar entronizada la imagen de la Virgen Dolorosa como una preparación fuerte para nuestros corazones para vivir los días que se acercan.
Miramos, si, a María en el camino de la pasión, al pie de la cruz en el Calvario. Madre de los Dolores, la llamamos, Virgen de las Angustias y así tantos nombres que con nuestro amor de hijos queremos darle junto al sufrimiento redentor de su Hijo en la Cruz. Allí Jesús quiso dárnosla como Madre, aunque ella nos llevaba ya en el corazón desde que acepto la Encarnación de Dios en sus entrañas. Conocía ella las Escrituras y lo que los profetas habían anunciado del sufrimiento del Siervo de Yahvé. Ella sabia que allí estaba la redención. También el anciano Simeón se lo había anunciado diciéndole que una espada atravesaría su alma. Jesús seria un signo de contradicción porque su ofrenda de amor le llevaba a la muerte y aquella muerte nos daría la vida.
Pero de signos contradicción íbamos a ser nosotros porque teniendo la salvación que Jesús nos ofrecía a nuestra mano sin embargo en lugar de la vida tantas veces preferimos la muerte. Contradicciones de nuestra vida pecadora. Y María sabia que había de estar a nuestro lado para recordarnos una y otra vez el camino de Jesús, el camino del amor que nosotros habíamos de escoger. En su dolor y sufrimiento están los dolores de Jesús en la cruz, pero esta también nuestro sufrimiento como están nuestras negruras y oscuridades.
Cuando ahora la vamos a contemplar caminando en pos de Jesús en la calle de la Amargura vamos a seguir sus pasos, vamos ponernos a su lado, vamos a sentir el resplandor y el calor de su amor que mueva también nuestros corazones para que nos decidamos a hacer el camino de Jesús. María es un camino certero que nos lleva a la pascua, que nos hace vivir la pascua, que nos ayudará a transformar nuestro corazón y nuestra vida para sentirnos siempre iluminados por la luz de Jesús.
Ella siempre nos dirá haced lo que El os diga, y nos señala del camino de Jesús, el camino de la cruz pero que es el camino del amor y de la vida.

jueves, 6 de abril de 2017

Jesús nos ofrece una vida sin fin y nos alimenta de su carne para resucitar en el último día

Jesús nos ofrece una vida sin fin y nos alimenta de su carne para resucitar en el último día

Génesis 17,3-9; Sal 104; Juan 8,51-59
‘Os aseguro quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre…’ Vivir para siempre, morir… ¿Quién quiere morir? ¿A quien no le gustaría que la vida no se acabara? Sabemos sin embargo cual es la realidad y un día esta vida terrena se acabara. Hay quien no piensa en nada más.
Hay quien se resiste ante el hecho de la muerte, se angustia, se desespera… piensa quizás en lo que deja atrás, son los apegos de las cosas, son los ‘quereres’ de las personas; no solo nos cuesta pensar en nuestra propia muerte y nos rebelamos ante ella, sino que dolorosamente vivimos el hecho de la muerte de los seres queridos. Ante ello sin embargo, aunque tengamos que pasar por ese duelo, tenemos luego muchos recursos que nos mitigan ese dolor y esa separación. ¿Estoicismo, quizás? ¿O acaso aquello de que el tiempo cura todas las heridas? Pero realmente ¿de eso es de lo que nos quiere hablar Jesús? En sus palabras, ¿hay algo más?
Los judíos que están escuchando a Jesús no le entienden. Se toman las palabras con excesiva literalidad. Sacan sus conclusiones, hacen comparaciones entre Jesús y Abraham, entre Jesús y los profetas. No terminan de entender las palabras de Jesús como les cuesta aceptar no solo lo que Jesús les dice sino sobre todo lo que Jesús es, como Jesús se manifiesta.
Esta imagen de la vida, del morir o del vivir para siempre es algo repetido en el evangelio de san Juan. Ya el pasado domingo escuchábamos el relato de la resurrección de Lázaro, pero sobre todo las palabras de Jesús que nos hablaban de creer en El y tener vida para siempre.
Pero ya desde el principio del Evangelio Juan nos hace una hermosa presentación del tema. La Palabra que esta junto a Dios y que era Dios, la Palabra por quien fue hecho todo, la Palabra en quien estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y a quienes la reciben, a todos aquellos que creen en su nombre les da la vida de hijos de Dios. No es una vida que provenga del hombre, no es la vida producto de la generación humana, es la vida que nace de Dios.
Creemos en Jesús, Palabra eterna de Dios, guardamos las palabras de Jesús y guardarlas es cumplirlas, es hacerlas vida en nosotros y estamos llamados a vivir para siempre. Ya nos dirá Jesús que El ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia, vida que dure para siempre. Y para eso – una imagen mas que nos ofrece Jesús – El se hace alimento para que tengamos vida. Quien come su carne tendrá vida para siempre, nos dirá en otro momento, y El nos resucitara en el último día.
Es hermoso lo que nos esta diciendo Jesús. Cuando le escuchamos tenemos que ir recogiendo toda su Palabra porque aunque en algún momento alguna cosa nos cueste entender, escuchándola en conjunto veremos la totalidad de su mensaje y unas cosas nos ayudaran a comprender otras.
Claro que queremos vivir para siempre, llenarnos de la vida de Jesús, hacer que nunca mas en nosotros haya muerte, porque en Jesús podremos tener la vida en plenitud, porque nos llenamos de la vida de Dios. A los que creen en su nombre les da el poder ser hijos de Dios, recordábamos, estamos haciéndonos participes de la vida de Dios por la fuerza de su Espíritu, estamos llamados a resucitar en el ultimo día, porque Jesús es la resurrección y la vida y es lo que El quiere para nosotros. Es su salvación.

miércoles, 5 de abril de 2017

Jesús nos da la sabiduría mas divina porque nos descubre la verdad del hombre y la libertad más grandiosa porque nos libera del mal y del pecado

Jesús nos da la sabiduría mas divina porque nos descubre la verdad del hombre y la libertad más grandiosa porque nos libera del mal y del pecado

Daniel 3, 14-20. 91-92. 95; Salmo: Dn. 3, 52. 53. 54. 55. 56; Juan 8, 31-42
Jesús nos habla hoy de verdad y de libertad, como al mismo tiempo nos hace reconocer nuestras esclavitudes y nuestras oscuridades. Creo que nos pueden hacer pensar mucho estas palabras de Jesús.
Verdad, libertad… todos hablan de ellos, todos tienen su opinión, todos quieren expresar su verdad muchas veces de manera subjetiva; no queremos absolutos, queremos hacerlo todo muy relativo, a nuestra conveniencia, a nuestra particular visión, en búsqueda de nuestras satisfacciones. Incluso nos hacemos nuestras muy particulares interpretaciones de las palabras de Jesús; como se suele decir queremos arrimar el ascua a nuestra sardina, porque nuestra verdad es la única que queremos que prevalezca.
Y en el mismo sentido cuando hablamos de libertad; en nombre de la libertad nos queremos permitir todo, pero claro todo lo que nos favorezca personalmente; en el choque con la libertad del otro, primero esta nuestra propia libertad y ya lo de respetar la libertad del otro lo relativizamos a nuestra conveniencia. ¿Será libertad o será libertinaje? Tendríamos que analizar mucho la manera de entenderlo, la manera de respetar a los demás, porque en nombre de nuestra libertad, de nuestra opinión o de nuestras ideas no tenemos por que molestar ni ofender a nadie. Es que es la verdad, decimos, y que le duela al que le duela, y no nos importa herir, incluso dañar.
Jesús nos invita a que le escuchemos, a que atendamos a sus palabras y seremos sus discípulos y nos dice que conoceremos la verdad y la verdad nos hará libres. Es que escuchando a Jesús conoceremos la verdad plena, nos da su Espíritu para llenarnos de esa sabiduría divina que nos haga conocer la verdad. ¿Quién nos puede revelar mejor la verdad del hombre que Aquel que nos ha creado? Así como el artista es el que mejor nos puede explicar el sentido de su obra, como el artesano aquella obra que ha realizado, así nuestro Creador. Y Jesús es la revelación de Dios, la Palabra que nos descubre la verdad de Dios y la verdad del hombre que Dios ha creado. Es en Jesús donde vamos a encontrar el sentido verdadero de nuestra existencia.
Y conociendo esa verdad de Dios que nos revela la verdad del hombre alcanzaremos, si, la libertad. Conocemos así el camino que nos lleva a la plenitud de nuestro ser; sabemos entonces cuales son aquellas cosas que pueden mermar esa plenitud de vida, que nos pueden entonces esclavizar. Con Jesús, escuchando sus palabras, siguiendo su camino, alcanzaremos esa libertad verdadera. ¿No nos había dicho allá en la sinagoga de Nazaret que venia con el Espíritu del Señor para dar a los oprimidos la libertad?
Escuchemos, si, y desde lo mas hondo del corazón estas palabras que hoy nos dice Jesús: Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’. El nos da la sabiduría más divina y la libertad más grandiosa.

martes, 4 de abril de 2017

También nosotros nos hacemos preguntas sobre Jesús pero pongamos a Cristo en los pasos de nuestra vida porque en El encontremos el verdadero sentido de nuestra vida

También nosotros nos hacemos preguntas sobre Jesús pero pongamos a Cristo en los pasos de nuestra vida porque en El encontremos el verdadero sentido de nuestra vida

Números 21,4-9; Sal 101; Juan 8,21-30
‘¿Quién eres tu?’ le preguntan los judíos a Jesús. No entendían de lo que Jesús les hablaba. No terminaban de vislumbrar el misterio de Jesús. Jesús les hablaba de vida y de muerte, de salvación y de condenación, pero Jesús les hablaba sobre todo de creer en El. Era lo que les costaba, poner su fe en Jesús.
¿Qué veían en Jesús? Si se quedaban solo en lo exterior, un hombre como los demás. Ya lo decían, de Nazaret, allí estaban sus parientes, allí se había criado junto a José, el artesano. Algunas veces descubrían en Jesús algo especial, en la forma de hablar, en lo que les planteaba, en las cosas que les enseñaba, en los signos que realizaba que no terminaban de entenderlo porque se quedaban en el taumaturgo que curaba y que hacia milagros pero no llegaban a leer las señales que eso significaba.
Las exigencias que planteaba Jesús de seguirle con radicalidad, la nueva manera de ver y entender las cosas que les hacia cambiar muchos esquemas y planteamientos, la cierta ruptura que se vislumbraba en relación a lo que enseñaban los maestros de su tiempo, la autoridad con que se manifestaba hacia que sintieran admiración, pero no eran capaces de dar un paso mas; seguirle les comprometía, la muestra estaba  en aquellos pescadores que lo habían dejado todo olvidándose de su pesca o de sus ocupaciones habituales los que no eran pescadores. Eso en cierto modo  les asustaba, les hacia quedarse atrás, un poco a la expectativa sin decidirse del todo a seguirle. ‘¿Quién eres tu?’ Preguntaban, y se preguntaban a si mismos.
¿No nos sucederá a nosotros de manera parecida en muchas ocasiones? Nos asusta darle un si total y radical a Jesús. ¿Y si nos equivocamos? Y nos entran dudas, y pensamos que lo que quizás tengamos que dejar atrás, los cambios que tenemos que realizar en nuestra vida. Y ponemos nuestras pegas, nuestras condiciones, y nos hacemos preguntan, y no terminamos de caminar libremente en pos de Jesús.
Muchos otros también se hacen la misma pregunta porque la presencia y la figura de Jesús no deja insensible a nadie, aunque sea como sucede en tantas ocasiones para combatirle. Si con sinceridad miramos nuestro interior nos damos cuenta que nos inquieta, aunque busquemos subterfugios para la huida, para tratar de desentendernos, para no querer escuchar, para que no nos comprometa.
Creo que como creyentes que ahora estamos haciendo este camino cuaresmal que nos prepara para la pascua tenemos que hacernos la pregunta y sin miedos. Busquemos a Jesús, tratemos de conocerle de verdad para ahondar en el misterio de su vida, porque nos va a revelar el misterio de nuestra propia vida. Cristo le revela al hombre la verdad del hombre; Cristo viene a nosotros para que nos conozcamos a nosotros mismos de verdad y encontremos el verdadero sentido de nuestra vida. No temamos poner nuestra fe en El, toda nuestra confianza, toda la apertura de nuestro corazón. Dejémonos transformar por Cristo en esta Pascua que vamos a vivir para que haya de verdad pascua en nosotros.
No se trata solamente de hacer cosas sino que es nuestra vida la que tiene que implicarse. No se trata de hacer actos bonitos vistosos porque ahora es semana santa y vamos a hacer bonitas procesiones. Tenemos que caminar, desde lo más hondo de nosotros mismos, el mismo camino de Jesús. Y hacer el camino de Jesús no es solamente poner flores o mantos preciosos que adornen nuestros pasos procesionales, sino poner a Cristo en los pasos de nuestra vida. 

lunes, 3 de abril de 2017

Miremos nuestros propios tropiezos para que seamos capaces de comprender y no juzgar, perdonar y no condenar a imagen del Señor que es compasivo y misericordioso

Miremos nuestros propios tropiezos para que seamos capaces de comprender y no juzgar, perdonar y no condenar a imagen del Señor que es compasivo y misericordioso

Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22; Juan 8,1-11
Levantamos demasiadas veces en la vida el dedo acusador. Claro que no nos gusta que ese dedo se vuelva contra nosotros, porque aunque hagamos algo mal o cometamos errores siempre estaremos buscándonos justificaciones. Pero a los otros no le pasamos nada. Ahí están nuestros juicios, nuestra critica, nuestra condena. Habrán hecho o no el mal, pero sin pensárnoslo mucho levantamos el dedo acusador y condenamos.
Pero por nuestro orgullo exigente tampoco damos oportunidad al otro a que se regenere, a que corrija, a que pueda de nuevo comenzar una nueva vida; ya lo tendremos marcado para siempre; será o no será culpable, pero el sambenito no hay quien se lo quite y ya para siempre será para nosotros el que hizo aquello, el que cometió tal injusticia, el que tropezó en la vida sin darnos cuenta que nosotros tropezamos tantas veces e intentamos una y otra vez volver a levantarnos.
Pero quizás en nuestro juicio esta el hecho de que no aceptamos al otro, su actuar, su manera de ser o como enfrenta los problemas. Muchas veces nos molesta quizás su rectitud y buscamos la manera como cogerle en algo, como encontrar algo en lo que pueda fallar y todo lo que hace o lo que dice lo pasamos por nuestro tamiz, por nuestro filtro, por nuestros juicios y ya previamente lo condenamos.
Es de lo que nos habla hoy el evangelio. Estaban buscando como coger a Jesús en sus palabras o en sus actuaciones. Aquel sentido nuevo de las cosas, de la vida, de la relación con Dios no les gustaba, les parecía incluso herético porque consideraban que Jesús se hacia con atribuciones que no le correspondían. No sabían como podrían condenarle, quitarle de en medio por eso tendrían que cazarle en alguna palabra, en alguna actitud, en algo que hiciera.
Jesús que hablaba tanto de amor y de perdón, vamos a ver hasta donde ella. Por eso le presentan a una mujer pecadora, a una mujer que ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés mandaba apedrear a las adulteras, vamos a ver cual es la respuesta de Jesús. Por eso le llevan a esa mujer, que para ellos ya estaba condenada, ¿Qué hará Jesús? Ante El arrastran a aquella mujer. Todo eran dedos acusadores. Todos estaban esperando la respuesta de Jesús porque el dedo se podría volver también contra El.
Jesús calla, parece entretenido haciendo dibujos en la tierra; ellos insisten y ahí tenemos la respuesta de Jesús. ‘El que este sin pecado, que tire la primera piedra’. Ahora el silencio se hizo en ellos, el silencio quedo ahora en torno a aquella mujer que se ha quedado sola, sin sus acusadores, delante de Jesús. Se habían ido escabullendo.
‘Mujer, ¿nadie te ha condenado?... pues yo tampoco te condeno, vete y no peques mas’. Son las palabras decisorias de Jesús.  Jesús que abre puertas, Jesús que pone en camino, Jesús que quiere que emprendamos una nueva vida. como al paralítico que le dijo que cargara con su camilla y fuera a su casa; como al leproso que quedo limpio y lo mando a casa con los suyos; como a tantos pecadores que los hacia bajar de su higuera, los había levantado de su garita, los ponía en camino de una vida nueva.
‘Vete en paz, no peques mas’. Jesús cree en las personas, en su regeneración, en que pueden comenzar una vida nueva y distinta, que pueden encontrar la paz en su corazón, que pueden de nuevo encontrarse con los demás. ¿Por qué vamos a juzgar y a condenar? ¿Acaso nosotros no hemos tropezado muchas veces en la misma piedra y aun seguimos intentándolo una y otra vez?  ¿Es que se puede seguir cargando para siempre con el peso de su delito si se ha arrepentido y esta intentando una nueva vida?
Cuidado porque en eso seguimos tropezando, porque seguimos juzgando y condenando, porque no damos oportunidades, porque no creemos en las personas. Y nos puede suceder hasta en los que nos consideramos más cristianos y religiosos, nos puede suceder incluso en el seno de la misma Iglesia.
No olvidemos que con la gracia del Señor todo es posible, con la gracia del Señor podemos emprender una vida nueva. El Señor no tiene en cuenta para siempre nuestros delitos porque su misericordia es eterna y es compasivo y misericordioso. Jesús nos dice que seamos compasivos como nuestro Padre es compasivo. 

domingo, 2 de abril de 2017

Un mensaje de vida y que nos llena de vida, que nos arranca de la oscuridad y de la muerte y hace crecer nuestra fe y nuestra esperanza

Un mensaje de vida y que nos llena de vida, que nos arranca de la oscuridad y de la muerte y hace crecer nuestra fe y nuestra esperanza

Ezequiel 37,12-14; Sal 129; Romanos 8,8-11; Juan 11,3-7.17.20-27.33b-45
De todo lo que nos sucede siempre podemos aprender algo; es la sabiduría de la vida, lo que vamos aprendiendo en la vida; por eso hemos de estar atentos a lo que nos sucede, a lo que vivimos, a lo que podemos contemplar alrededor, lo que podemos escuchar, siempre hay una lección que aprender. Es una sabiduría el saber tener los ojos bien abiertos, más aun nuestra mente, para ver y aprender de cuanto nos sucede.
En nuestra actitud de creyentes, siempre abiertos a Dios, ya bien comprendemos como Dios nos habla a través de los acontecimientos de la vida; un creyente saber tener una mirada de fe en lo que le sucede y en consecuencia sabe hacer una lectura creyente de los hechos de la vida.
En este quinto domingo de cuaresma es tradicional, y sobre todo en el ciclo C, el escuchar el evangelio de la resurrección de Lázaro; domingo de pasión en la liturgia preconciliar, pero que en ciertos ambientes incluso es conocido como domingo de Lázaro, por el hecho que nos narra el evangelio.
Es bueno detenerse a leer con calma todo el texto del evangelio desde el momento en que las hermanas le anuncian a Jesús la enfermedad de Lázaro. Quiero destacar algunos aspectos porque en la brevedad de esta reflexión no podemos entrar en todos los detalles del mensaje. En referencia a lo que nos ha servido de punto de partida destacar como el evangelista en las palabras de Jesús nos va dando la motivación, por así decirlo, de este pasaje haciéndonos comprender lo que la catequesis de este evangelio puede y ha de significar para nuestra vida.
Cuando le anuncian a Jesús la enfermedad de Lázaro y con las palabras que en principio los discípulos no entienden nos viene finalmente a decir que aquello que sucede 'servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo del Hombre sea glorificado por ello'. Luego cuando ya se decida ir a Betania diciendo claramente que Lázaro ha muerto vuelve a decirnos Jesús: 'Lázaro ha muerto y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis'.
Será también la respuesta que dará a Marta cuando de alguna manera se resista a abrir la tumba, pues lleva cuatro días enterrado y ya huele mal, '¿no te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?' Finalmente en la oración de acción de gracias que eleva al Padre antes de hacer que Lázaro salga vivo de la tumba será lo que exprese también: 'Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado'.
Como conclusión final el evangelista comentará que 'muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en El'. Todo ha de servirnos para nuestra fe; es nuestro alimento, lo que da sentido y orienta nuestra vida; lo que nos abre al misterio de Dios y de la vida; lo que nos hace trascender nuestra existencia para darle un valor profundo a cuanto vivimos; lo que nos hace buscar la verdadera vida, la que nos llena de plenitud porque da un valor eterno y sobrenatural a cuanto hacemos; la que nos llena de luz a pesar de cuantas oscuridades encontremos en la vida; la que nos hace comprender y superar nuestra propia muerte terrena, la muerte de nuestro cuerpo porque nos hace pensar en lo que nos llena de vida sin fin.
Es un mensaje de vida el que hoy escuchamos. Hay sufrimiento, dolor, muerte pero Jesús nos habla de vida y de vida para siempre si creemos en El. Ahí está la fe de los discípulos que va creciendo más y más; ahí está la fe de aquellas mujeres con su dolor y con su angustia, pero seguían confiando en Jesús.
Es la queja del amor y de la fe. 'Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano', es como el saludo de ambas mujeres cuando se acercan a Jesús, o mejor, cuando Jesús llega hasta ellas. Pero aunque ahora todo eran lágrimas y oscuridades en su corazón atormentado allí estaba la fe que tenían en Jesús. Primero Marta, la que primero se encuentra con Jesús. Aunque su corazón está apenado y dolorido, sufre el duelo por la muerte de su hermano, sigue esperando, sigue confiando, sigue queriendo darle trascendencia a su vida. 'Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día'. Pero Jesús no solo habla de futuro, sino habla de presente. Ahora hay vida si hay fe. 'El que cree en mi no morirá... yo lo resucitaré'.
Luego será la otra hermana, la que un día derramara perfume de nardo puro sobre los pies de Jesús, la que corre al encuentro con Jesús cuando le anuncian que 'el Maestro está ahí y te llama'. Los que no tienen la fe y el amor de María seguirán pensando en la muerte y piensan en el sepulcro. Pero Maria sabía sentarse a los pies de Jesús para escucharle aunque no hiciera otra cosa y recibiera las quejas de su hermana. Ahora quiere estar con Jesús, con sus reproches llenos de amor y de esperanza, con el deseo de que en Jesús encontrará la paz que ahora necesita su corazón.
En la vida caminamos muchas veces rodeados de muerte, en los dolores, en los sufrimientos, en las enfermedades, en la pobreza, en las injusticias que sufren nuestros hermanos o nosotros mismos acaso suframos también, pero tenemos que ir a Jesús. Aunque algunas veces lo hayamos sentido lejos porque no le hemos visto, pero sabemos que Jesús siempre está ahí, siempre se hace presente en nuestra vida, nos dará su paz, nos llenará de su vida.
Corramos, sí, al encuentro con Jesús con nuestras penas o con nuestras oscuridades, en El encontraremos la paz, la luz, la vida. Pongamos esperanza en nuestra vida incluso cuando nos pueda parecer por las negruras que suframos que ya no puede haber esperanza. La Palabra de Jesús es fiel. Y nos ha dicho que si ponemos nuestra fe en El tendremos vida para siempre. Que así crezca nuestra fe. Que así sintamos que nuestra vida se ilumina.