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jueves, 1 de abril de 2021

Tres detalles como grandes signos de lo que es la entrega y el amor de Jesús por nosotros, se quita el manto… se ciñe una toalla… y seca los pies con la toalla que se había ceñido

 


Tres detalles como grandes signos de lo que es la entrega y el amor de Jesús por nosotros, se quita el manto… se ciñe una toalla… y seca los pies con la toalla que se había ceñido

Éxodo 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Corintios 11, 23-26; Juan 13, 1-15

‘Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo’.

Así comienza el evangelista Juan el relato de cuanto sucedió aquella tarde y aquella noche durante la cena de Pascua. Ha llegado la hora del amor más supremo; no es la hora de la muerte sino de la vida, es la hora del amor. ‘Los amó hasta el extremo’.

Los discípulos habían preparado con todo esmero y amor todo lo necesario para la cena pascual según las indicaciones que Jesús les había dado. Y el evangelista ahora se pone trascendente, podíamos decir, nos deja relucir toda su altura teológica en lo que nos va a relatar. Pero Juan no nos relata lo que los otros evangelistas nos han relatado de la Institución de la Eucaristía, como tampoco los otros evangelistas nos relatan este episodio que nos trae Juan, el lavatorio de los pies.

Es todo un signo y un gesto profético el que Jesús realiza, que va más allá de lo que ritualmente tenía que estar previsto que era ofrecer agua para las abluciones y purificaciones previas, el gesto del dueño de la casa que ofrece agua a sus huéspedes como ya vemos en otras ocasiones del evangelio en donde se hace mención a ello. Este gesto de Jesús tiene un valor simbólico muy grande, a la manera de aquellos signos proféticos que vemos en el Antiguo Testamento que realizaban los profetas y que el mismo gesto se convertía en un mensaje.

En pocas palabras nos lo trasmite el evangelista. ‘Estaban cenando… y Jesús se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido’. Tres detalles que nos pueden pasar desapercibidos porque pareciera que todo se centra en el hecho de que Jesús realizara la labor de un sirviente, de un esclavo lavando los pies de los discípulos; pero en torno a ello están esos tres detalles como grandes signos de lo que es su entrega y su amor, se quita el manto… se ciñe una toalla… y seca los pies con la toalla que se había ceñido.

Un desprenderse primero de lo que ahora no necesita, va a emprender una tarea y nada puede constreñirlo para que no pueda realizarla debidamente; pero como va a emprender una tarea se ciñe, como el trabajador que va a realizar un trabajo, como el soldado que va a emprender una batalla. Me vais a permitir un recuerdo familiar, mi abuelo usaba un ceñidor muy lago que todas las mañanas antes de salir al campo a sus tareas se ceñía y lo hacía con todo cuidado y esmero; yo como niño no entendía lo de aquel ceñidor y el esmero con que mi abuelo se lo ceñía. Con el paso de los años lo he llegado a entender.

Es un gesto muy importante el que Jesús está realizando; comienza el momento de su entrega, llegó la hora del amor, decíamos antes; va a emprender una tarea y una batalla porque es la lucha de la vida sobre la muerte, del amor para vencer al odio y al pecado. Una imagen de su entrega, de su sangre derramada, de su cuerpo entregado que veremos por otra parte cuando los otros evangelistas nos hablan de la institución de la Eucaristía que hoy también estamos celebrando. Y con aquella toalla ceñida completa toda la obra de su servicio; ha lavado los pies de los discípulos y se los seca con la toalla que se había ceñido.

Luego nos dirá que si El, ‘el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros’. Pero tenemos que copiar todo su gesto primero porque no podemos ir darnos por los demás si no somos desprendidos; como Jesús que se quitó el manto, de cuantas cosas tenemos que despojarnos. Pero como Jesús hemos de ceñirnos para la tarea y para la batalla. Es la lucha contra el mal, contra el odio, contra el desamor y la insolidaridad, contra todas esas actitudes que se meten en el corazón del hombre y que nos llenan de maldad, que nos vuelven discriminatorios y racistas, que envuelven nuestro mundo de sombras.

Pero en esa batalla la victoria está de nuestra parte, no podemos ir de antemano ya como derrotados sino que creemos en la fuerza del amor y sabemos que podremos lograr un mundo mejor, un mundo en paz, un mundo en que sepamos aceptarnos y respetarnos, un mundo en que nos amemos todos y porque nos amamos de verdad no hacemos distinciones de a quien le ofrecemos nuestro amor.

Nos ceñimos para la lucha y para la victoria e iremos lavando los pies y secándolos con la toalla que nos hemos ceñido, como Jesús, porque será nuestro corazón lleno de amor el que va a hacer aflorar una vida nueva en aquellos que se sienten amados. Fíjate en la sonrisa que aflora en el rostro de quien descubre en un momento determinando que es amado por alguien y tenido en cuenta. Es lo que tenemos que hacer surgir con nuestra toalla ceñida.

Porque creemos en Jesús y nos sentimos amados de Jesús nuestra tarea ha de ser siempre ir sembrando esperanzas, encendiendo luces, suscitando actitudes nuevas en el corazón de los demás. Aunque los que nos rodean no se lo crean, porque hay gente que cuando ve la situación de pobreza, de dolor, de desesperanza, de angustias y de odios que hay en nuestro mundo parece como que ya se sienten derrotados e incapaces de intentar algo nuevo y mejor en bien de los demás.

Se ha envenenado su corazón de tal manera que ya no creen posible construir un mundo nuevo y así se llenan de amarguras y de violencias interiores. Hoy una persona me rechazó ese mensaje de optimismo y esperanza que como semilla envío cada día a mis amigos en las redes sociales. Pero no importa, sigo creyendo que con Jesús tenemos asegurada la victoria de que podemos hacer cada día el mundo un poquito mejor.

En la Eucaristía tenemos nuestra fuerza. Para eso en un día como este quiso Jesús instituir el Sacramento de la Eucaristía. Hoy la celebramos con fuerza, con ganas, con mucha fe, esta Eucaristía que se va a prolongar a través de todo el triduo pascual, porque la celebración de mañana viernes en la pasión y la muerte de Jesús es como una prolongación de este día y que tendrá su culminación el día de la Pascua al celebrar la Resurrección del Señor.

Hoy nos queremos quedar – lo haremos al menos virtualmente ya que en las circunstancias en que estamos no todo lo podremos hacer presencialmente – junto a Jesús en la Eucaristía para caldear nuestro corazón en su amor, y así aprendamos a despojarnos, pero también sobre todo a ceñirnos en esa tarea tan hermosa que tenemos entre manos, llevar su amor a nuestro mundo para hacerlo mejor. ‘Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis’, termina diciéndonos Jesús.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Preparemos el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor y piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor

 


Preparemos el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor y piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor

 Isaías 50, 4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25

‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?’ La cena pascual tenía sus rituales. Los preparativos habían de hacerse con todo detalle. Dificultaba estar en Jerusalén y no cada uno en su lugar de origen, aunque la cercanía del templo facilitaba las cosas y creaba también un ambiente especial.

Ahora los discípulos preguntan por el lugar, luego vendrán los restantes preparativos. Por lo que nos dice este evangelista la casa era bien conocida del Maestro y de los discípulos; en el relato de este mismo hecho por otro evangelista nos dará los detalles de las señales por las que habían de encontrar la casa. Un hombre con un cántaro de agua al que siguen por la ciudad y con el que entrarán en la casa preguntando por el dueño y dando el recado de parte del Maestro. Encontrarán una sala grande en el piso de arriba donde han de hacer todos los preparativos.

El Cordero pascual, los panes ácimos y las lechugas amargas, los divanes para recostarse a la mesa y el agua suficiente para las purificaciones, las jarras con vino suficiente para la fiesta que se ha de celebrar. Porque todo ha de tener un sentido de fiesta; la cena del cordero pascual era el recuerdo del paso de Dios en Egipto cuando fueron liberados y que ritualmente todos los años habían de celebrar en la luna llena de primavera. Era en lo que ahora se habían de afanar los discípulos, los preparativos para la cena de pascua.

Aunque aquel día la cena habría de tener un significado especial. Lo iremos viendo en el relato de hoy y en el que escucharemos la noche del jueves santo. Ahora sí iba a ser el verdadero paso del Señor, la verdadera pascua. Como dice Jesús ‘mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’. Es lo que le han trasmitido al dueño de la casa y allí harán todos los preparativos.

Luego irán surgiendo elementos nuevos, sorprendentes en el deseo de Jesús celebrar aquella pascua con los discípulos pues yo no volvería a beber el vino de la pascua hasta la llegada del Reino de los cielos. Por eso incluso Jesús sentirá angustia en su alma ante todo lo que ha de suceder. Los discípulos parecen corderos inocentes que son llevados de la mano por el maestro y su sorpresa irá en aumento con los gestos y los signos que aquella noche se van a realizar. Mañana entraremos en mayor detalle. Pero ahora están los anuncios que Jesús hace. ‘Uno entre vosotros me va a entregar’.

No sabían ellos que ya Judas, el de Iscariote, había ido a preguntar a los sumos sacerdotes cuánto le iban a dar si se los entregaba. Judas conocía bien los pasos de Jesús y sabía cómo Getsemaní, aquel viejo molino de aceite, era uno de los lugares preferidos de Jesús para pasar la noche cuando andan por Jerusalén. Por eso se adelanta a todo buscando sus intereses, haciendo aflorar quizás sus desencantos.

Se habría hecho una imagen de Jesús como Mesías, pero no respondía Jesús a sus expectativas. ¿De ahí sus desencantos? La ambición, la avaricia, su materialismo en que todo quizás lo cifraba en poder, poder económico o poder político van torciendo el corazón, como tantas veces sucede. Unas monedas, en treinta monedas de plata habían quedado, hacen quebrar su corazón y su voluntad para caer en lo horrible de la traición. Se olvidaba la lealtad del discípulo que se deja enseñar para hacer sobresalir esas ansias de poder que luego en nada quedarán. Pero el corazón ya está herido. Aún así él está participando de aquella cena pascual. ¿Dónde tendría puesto su corazón y su mente mientras Jesús iba realizando todos aquellos gestos y signos que se destacan en aquella cena pascual que va siendo bien distinta?

‘Mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor?’ todos se veían sorprendidos, pero acaso Judas se vería aun más sorprendido al darse cuenta de que Jesús estaba al tanto de todo. ¿Aún tenía la sangre fría de estar allí? Mucho odio quizá se había encendido en su corazón. La lealtad se había transformado en traición. Y todo seguía su camino. ‘El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ Y aún Judas todavía se atreve a preguntar ‘¿soy yo acaso, Maestro?’ Como nos dice otro evangelista Jesús le dice: ‘Lo que has de hacer, hazlo pronto’.

Dejamos la cena en este momento para hacernos nuestra reflexión, para preguntarnos también como vamos a preparar y a celebrar la cena de pascua. Estamos repitiendo hasta la saciedad que este año para nosotros va a ser distinta, y tenemos el peligro de que al final sea como siempre. No han aparecido esas señales externas con las que otros años celebramos estos días santos, pero quizá nosotros no hemos profundizado aun lo suficiente para hacer que sea lo que tiene que ser.

Eso, lo que tiene que ser. Y cuando hacemos las cosas con intensidad y profundidad haremos que en verdad cada año sea distinta, como momento sea distinto, cada instante vivamos con intensidad ese encuentro con el Señor que se entrega por nosotros. Porque si no hay ese encuentro de nada nos han servido todos los preparativos. Es lo que tenemos que buscar, es cómo tenemos que abrir el corazón, es cómo hemos de ponernos en la sintonía de Dios.

¿Hemos preparado el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor? Piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor, qué paso adelante vas a dar en el camino de la entrega y del amor, cómo va a disponerse tu espíritu también para saber acoger a los que están a tu lado que tanto te cuesta entender.

martes, 30 de marzo de 2021

Nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu para llegar a vivir la Pascua

 


Nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu para llegar a vivir la Pascua

 Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué bravucones nos ponemos en algunas ocasiones, bravucones de salón. Sí, según donde estemos, las circunstancias que nos rodean, las personas que tenemos delante a los que queremos deslumbrar, la reacción que pueden haber tomado otros ante determinadas situaciones y donde no me voy a quedar detrás, y ¿por qué no decirlo también?, las cositas que hemos tomado que nos dan una especial alegría. Son los momentos de las promesas, los momentos en que somos capaces de hacer milagros, los momentos de derrochar fantasía, los momentos también de vanidad y de orgullo. Luego ¿en qué se queda todo? Si te vi, no me acuerdo.

¿Le pasaría a Pedro algo así en la cena pascual con el maestro? Ahora anda porfiando con Jesús que por qué  no puede seguirle a donde vaya si él está dispuesto a dar la vida por El. Ya sabemos lo que le responde Jesús, pero vayamos antes a todo lo que ha rodeado aquella cena.

Aunque los anuncios de Jesús en su subida a Jerusalén no les habían gustado ni los habían querido entender, las cosas hasta ahora parecía que no marchaban tan mal. Había sido éxito aquella entrada de Jesús en la ciudad santa en medio de las aclamaciones del pueblo; al menos eso les parecía a ellos. Ahora no les había sido tan difícil conseguir aquella sala para la cena pascual, porque a una simple indicación del Maestro se les había facilitado aquella sala y la comida hasta estos momentos había transcurrido dentro de la normalidad, si ponemos a un lado el detalle de Jesús de lavarles los pies, a lo que Pedro, como siempre que había algo nuevo se había resistido. Hoy diríamos quizá que parecía muy conservador y de fidelidades hasta más allá de la muerte. Cuántas cosas nos recuerdan.

Pero ahora Jesús había salido con aquello de que uno de ellos lo iba a traicionar. Le insiste Pedro – siempre tomando la iniciativa – a Juan que está recostado junto a la mesa muy cerca del pecho de Jesús que le pregunte por lo bajo a quien se refiere. Todos están extrañados ante este anuncio del Maestro y se preguntan quien puede ser. El gesto de Jesús y unas cortas palabras a Juan bastan para señalar a Judas que también irónicamente se pregunta si acaso será él.


‘Lo que has de hacer hazlo pronto’
, le dice a Jesús; los demás no entienden, quizá algún preparativo más para la fiesta de la pascua, alguna limosna a los pobres, el hecho está en que Judas sale a su destino sin que los demás entiendan. Pero el evangelista nos dice algo que pasa desapercibido pero que puede significar mucho. Cuando Judas salió fuera era de noche. ¿Querrá decirnos algo más de que ha transcurrido el tiempo casi sin darnos cuenta como tantas veces sucede? ¿Querrá expresar la negrura de la noche, de las tinieblas que están abarcando y llenando toda la tierra? ¿Querrá expresar las negruras del corazón de Judas envuelto en mantillas de traiciones o que simplemente está cumpliendo lo que el destino le ha señalado? ¿Qué lugar ocupa en todo esto la libertad de Judas?

Será ahora cuando Jesús hable de la hora que ha llegado, la hora de la glorificación porque es la hora de la entrega y del amor hasta ser capaz de dar la vida. Ya nos dirá que no hay amor más grande. Y son los pasos que Jesús se dispone a dar a partir de aquella cena. Son unos pasos que ha de dar El, aunque sienta la soledad del cielo y de la tierra, pero así es el camino del amor que algunas veces hace derramar la sangre. Es el camino que subirá al calvario y que lo hará solo, porque incluso no solo será la traición de quien lo entrega sino la huida y el abandono de todos los demás que se encerrarán en ese mismo cenáculo. Si alguno quiere hacerse el valiente y acercarse al fuego se quemará.

Es donde surgen las porfías de Pedro y sus valentías, sus bravuconadas, como decíamos al principio. Estoy dispuesto a todo por seguirte y por estar contigo, le dice Pedro sin saber lo que eso le puede comprometer o a donde lo va a llevar. Por eso Jesús le anuncia que no cantará el gallo esa noche sin que él le haya negado tres veces. Por el relato completo de la pasión ya sabemos como sucedería todo.

Es cierto que quería estar cerca de Jesús, que no entraba en sus cálculos el negarle ni el echarse atrás por eso se había atrevido a llegar al patio donde se calentaban al lado de una hoguera los que habían salido a prender a Jesús a Getsemaní. Y allí lo reconocieron, allí se dieron cuenta de que era uno de los que estaban con Jesús, y allí se vio solo y tuvo miedo, ya no tenía a donde recular porque se estaba quemando y fue cuando lo negó hasta en tres ocasiones entre las conversaciones de aquellos criados y criadas que jocosamente querían entrar en calor alrededor de la hoguera.


Pedro, tan valiente, se había quemado, había negado a Jesús. Ya nos hablará luego el evangelista de los gruesos goterones de lágrimas que salieron de sus ojos. No había medido sus fuerzas y se había querido sentir el valiente. El espíritu está pronto, pero la carne es débil, le había dicho esa misma noche Jesús en Getsemaní cuando los había invitado a orar, pero ellos se caían de sueño.

Y a todo esto ¿a nosotros, qué? ¿Hasta dónde llegan nuestras valentonadas? ¿Cómo estamos fortaleciendo nuestro espíritu para esta Pascua que hemos de vivir? ¿Cómo nos sentimos en medio de tantos embates que nos encontramos en la vida y de manera especial en estas circunstancias en que nos encontramos un año más? ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar? ¿Qué testimonio se nos estará pidiendo en las circunstancias concretas que vivimos? ¿Nos estaremos cayendo también de sueño,  cansados de nuestras luchas, o acobardados ante el mundo que tenemos enfrente?  Cosas muy concretas tenemos que afrontar y nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu.

lunes, 29 de marzo de 2021

En las previsiones de preparación para la Pascua que no nos falte la fragancia que cada uno desde su vida aporta para que se llene nuestro mundo del buen olor de Cristo

 


En las previsiones de preparación para la Pascua que no nos falte la fragancia  que cada uno desde su vida aporta para que se llene nuestro mundo del buen olor de Cristo

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12, 1-11

‘Y la casa se llenó de la fragancia del perfume’. ¿Cuál es el olor de nuestra casa? ¿A qué olemos nosotros? ¿Cuál es nuestra fragancia? Y hemos reconocer que la fragancia no depende del perfume que utilicemos; cada uno tiene su fragancia, su olor, que depende de muchas cosas más allá de la higiene o de los aditivos de perfumes que utilicemos para hacer que tengamos un determinado olor. Y lo mismo la vivienda, el hogar, el lugar donde habitamos. Quizá aun reconocemos aquel olor de la casa de nuestros abuelos que tanto nos atraía; se mezclan los aromas de nuestro cuerpo con los aromas que nosotros sepamos darle con nuestra manera de ser o con nuestra manera de actuar.

Aquella fragancia, por ejemplo, que recordamos de la casa de nuestros mayores no es que huela a determinadas cosas sino que es lo que allí encontramos, lo bien que en aquel lugar nos sentimos, ese sabor tan especial que tenían los besos de la abuela, por decir algo, o el cariño y el respeto que se desprendían del abuelo. Y aquí podríamos seguir diciendo muchas cosas.

Bueno ya sabemos por qué aquella casa de Betania comenzó a exhalar aquella especial fragancia que daría pie a tantos comentarios. Fue, es cierto, aquella libra de nardo puro que María de Betania había conseguido para ungir los pies de Jesús. Pero quizá aquel olor ya estaba de antemano impregnando aquel hogar. Cuántas visitas de Jesús a su paso por Betania cuando hacía el camino de Galilea a Jerusalén, pero era también la acogida que allí Jesús recibiría que mientras Marta se afanaba en los preparativos propios de la hospitalidad tan proverbial entre ellos, María se sentaba a los pies de Jesús para no perderse ni una de sus palabras o de sus gestos de amistad. Claro que en aquellos gestos de hospitalidad estaba siempre el ofrecer el agua para lavarse y los perfumes con que eran ungidos todos los que eran bienvenidos a cualquier hogar.

María de Betania se sentía en deuda con Jesús que había acudido tras la muerte de su hermano Lázaro y lo había resucitado. ¿Sería un banquete de agradecimiento el que ahora se estaba ofreciendo al Maestro y los discípulos que lo acompañaban? Parece estar en las intenciones de María de Betania. Y Jesús se deja hacer, aquello va a tener también un significado en su pronta sepultura. Faltaban solo unos días para la celebración de la Pascua y que en esta ocasión iba a tener un sentido especial; Jesús habría de ser ungido pero para su sepultura. María de alguna manera se está adelantando al rito funerario que en las premuras de la tarde del viernes no podrán realizar debidamente y que pasado el sábado intentarán suplir. Pero ahora todo tiene un significado especial y así lo es también el perfume derrochado sobre los pies de Jesús.

Nosotros que sabemos todo cuanto va a suceder y que estamos iniciando esta semana de pasión para celebrar el triduo pascual hemos de realizar los debidos preparativos. ¿En las previsiones está el perfume también? Creo que no nos debe faltar. Un perfume y una fragancia que lo inunde todo con un olor especial y que es el que cada uno de nosotros ha de aportar desde su propia vida. Tendría que notarse que nosotros estamos implicados en la celebración de esta pascua, y nuestro olor tendría que ser uno de los que destacasen.

¿Qué estamos dispuestos a aportar? Ese nardo que tan bien huele tiene que surgir desde el centro de nuestro corazón.  Es la intensidad de vida que nosotros vamos a poner. No podemos acercarnos a la mesa de este banquete de cualquier manera sino que para la ocasión tenemos que prepararnos. No estamos buscando ricos ropajes para nuestras imágenes sagradas, ni nos contentamos con el aroma de las nubes de incienso que vamos a hacer brotar; esas ropas un día se mancharán o se pondrán viejas e inservibles y esas nubes de incienso se difuminarán y pronto dejaremos de sentir la intensidad del perfume de su fragancia.

¿Qué es entonces lo que podemos ofrecer? Cada uno mire lo mejor que hay en sí mismo y vea como está dispuesto a compartirlo, miremos con sinceridad que es lo mejor que podemos aportar para que el mundo se vea envuelto en una nueva fragancia. Tendríamos quizá que comenzar por ver qué es lo que le está faltando al mundo y como con Jesús nosotros podemos ofrecerlo.

domingo, 28 de marzo de 2021

No tengamos miedo de subir con Jesús a Jerusalén para su pascua, dejémonos convencer por su amor

 


No tengamos miedo de subir con Jesús a Jerusalén para su pascua, dejémonos convencer por su amor

Isaías 50, 4-7; Sal. 21; Filipenses 2, 6-11; Marcos 14, 1–15, 47

‘Mirad que estamos subiendo a Jerusalén…’ les había anunciado repetidas veces Jesús a los discípulos. No lo entendían. ¿Era simplemente la subida a Jerusalén para la Pascua como se solía hacer todos los años? Pero Jesús dejaba a entrever algo más, mejor, hablaba claramente de lo que había de suceder en aquella pascua. Hablaba de entrega y de muerte, como hablaba de traición y entrega en manos de los gentiles, hablaba de pasión y sufrimiento y hablaba de cruz. Pero eso no le podía suceder. Eran tantos los que le querían, le seguían, le aclamaban, por eso Pedro se pone terco para quitarle la idea de la cabeza a Jesús.

Se acercaba la Hora. En otros momentos decía que no había llegado su hora, pero parecía que ahora estaba aquí. En medio de las multitudes que bajaban o subían según se mira desde Galilea por el valle del Jordán y se acercaban a la ciudad santa desde el camino de Betania y Jericó Jesús va a entrar en Jerusalén. Las noticias de las últimas cosas que habían sucedido como la resurrección de Lázaro – casi por las puertas de la casa de Lázaro había de pasar el camino que llevara a Jerusalén – ahora la gente entusiasmada comienzan a aclamarle.


La alegría de los peregrinos cuando desde el monte de los Olivos podían vislumbrar ya la ciudad santa que se ofrecía imponente tras el valle del Cedrón con el templo en primer lugar, ahora se transforma en cánticos de alabanza en honor de Jesús. ‘Bendito el que viene en el nombre del Señor. ¡Hosanna en el cielo!’ Comienzan las aclamaciones y no hay quien los haga callar. Jesús se deja hacer; incluso pide a los discípulos que tomen prestado un borrico en el que nadie ha montado todavía para cruzar en monte de los Olivos hasta la entrada en la ciudad montado en él; la gente extiende sus mantos a su paso a la manera de alfombras y con ramos de olivo le aclaman. ‘Si callan estos gritarán las piedras’ responde a los que le piden que haga callar la multitud.

Los discípulos más cercanos de Jesús andaban por allí regocijados viendo lo que parecía ya el triunfo definitivo de Jesús. No quieren recordar lo anunciado por Jesús tantas veces en su subida a Jerusalén ‘el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los gentiles que lo crucificarán’. No quieren recordar ni hacen nada por entender las palabras de Jesús. No saben lo que por detrás se está tramando porque ya los dirigentes judíos han decidido que antes de la fiesta de la Pascua hay que quitar de en medio a Jesús. ‘Conviene que uno solo muera por todo el pueblo’, había dicho el Sumo Sacerdote en el Sanedrín. No lo sabían o no lo habían querido entender porque entre ellos uno ya se había puesto de intermediario por unas monedas para entregar en su momento a Jesús.

Estamos recordando – porque forma parte de la celebración de este domingo – lo acaecido a la luz de aquel día luminoso en la entrada de Jesús en Jerusalén, pero nosotros bien sabemos el sentido y significado de aquella entrada. Estamos al tanto también de quien lo va a entregar. Nosotros sí conocemos todo lo que va a suceder en los próximos días porque tenemos el relato de los evangelios. Y conocemos también de las dudas y de las huidas de aquellos discípulos que ahora parecen tan complacidos con la entrada de Jesús de esa manera triunfal en Jerusalén. Por eso cuando nosotros estamos celebración del domingo de ramos, decimos también, en la pasión del Señor. Y es el relato que en el evangelio escuchamos, este año la pasión según san Marcos.

Es lo que tenemos muy presente en este domingo de pasión que hoy estamos celebrando y que nos sirve de pórtico a esta semana que llamamos santa y que culminará con el triduo pascual de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Es la semana que nos lleva a la pascua. Es para lo que subimos con Jesús a Jerusalén. Es lo que vamos a contemplar y a vivir en estos próximos días.

Ante nuestros ojos está la pasión. Unos ojos y un corazón que no pueden ser insensibles, que no se pueden cegar. Vamos a mirar cara a cara a la pasión, sin velos que desfiguren las imágenes y sin huidas para no querernos enterar. No nos quedamos tampoco en las imágenes que los artistas han querido presentarnos, aunque sí en muchos casos con mucha dureza pero que nosotros muchas veces hemos revestido de ricos ropajes que hacen demasiado contraste con lo que en realidad fue la pasión de Jesús, su camino hasta el calvario o su estar colgado del árbol de la cruz. ¿Os dais cuenta de que con la disculpa de un crudo realismo sin embargo endulzamos demasiado las imágenes de la pasión y al final no nos terminan de llegar al alma?

Comencemos por mirar el crudo sufrimiento de muchos en nuestro entorno; de los subsaharianos que nos llegan en cayucos, de los que atraviesan continentes esperando cruzar una frontera que se cierra para ellos, de los enfermos que sufren en soledad los dolores de sus enfermedades sin una mano a la que agarrarse cuando es la vida la que se les escapa; de los que a la vera del camino de la vida están esperando un trozo de pan que llevar a sus estómagos vacíos; de los que rebuscan en medio de las basuras lo que otros han desechado para tener algo de sustento… y así podríamos seguir contemplando la pasión de tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo que están haciendo patente la pasión de Jesús, que por ellos también se entregó.

Necesitamos, sin embargo, ver también a los que como aquel hombre de Cirene quieren también hoy ayudar a llevar la cruz. Aquel hombre de Cirene ¿lo hizo voluntario o porque fue obligado por los soldados que lo cogieron al paso de la comitiva? No sé cual sería la resistencia de aquel hombre del que nos habla el evangelio, pero me pongo en su carne y me pregunto si yo lo hubiera hecho tan voluntariamente.

Pero en este cuadro de dolor quiero pensar también en positivo y quiero ver a tantos cireneos voluntarios que en tan diversos campos ayudan a los que sufren, acogen a los que llegan en cayucos o les ofrecen su mano en la agonía de la enfermedad como tantos sanitarios lo han hecho con las víctimas de la pandemia que sufrimos. Y así podíamos pensar en tantos y tantos más.

Y es que cuando contemplamos la pasión de Jesús y queremos celebrar su Pascua tenemos que darnos cuenta de los caminos que se abren ante nosotros, de los nuevos horizontes que tenemos que poner en nuestra vida teniendo una nueva mirada que sea a la manera de la mirada de Jesús para que entonces su pascua sea también nuestra pascua. Porque no contemplamos la pasión simplemente para ver desfilar como espectadores a unos personajes que intervinieron en la pasión de Jesús, sino para buscar nuestro lugar.

Ahí, en la pasión de Jesús, tenemos que estar también nosotros, también tengo que estar yo y tengo que descubrir mi lugar; quizá en lo negativo de mi vida con lo que he contribuido al sufrimiento, pero también en lo nuevo y positivo que tengo que sentirme movido a realizar.

No tengamos miedo de subir con Jesús a Jerusalén para su pascua. Abramos los ojos y oídos de nuestro corazón para escuchar a Jesús, para sentir su invitación a que subamos con El, dejémonos convencer por su amor.

sábado, 27 de marzo de 2021

¿Qué hacemos? ¿Nos dispondremos a vivir con toda intensidad esta fiesta de la Pascua? Que no se nos vaya de las manos

 


¿Qué hacemos? ¿Nos dispondremos a vivir con toda intensidad esta fiesta de la Pascua? Que no se nos vaya de las manos

Ezequiel 37, 21-28; Sal.: Jer 31, 10. 11-12ab. 13; Juan 11, 45-57

¿Qué hacemos? el asunto se nos está yendo de las manos… no hay mucha diferencia en la conversación que aquel día se tuvo entre los dirigentes judíos de Jerusalén, fariseos, sacerdotes, ancianos del sanedrín…sobre lo que les estaba sucediendo que cualquiera conversación entre nosotros cuando estamos en una situación delicada, no sabemos bien como afrontar los problemas y parece también que el asunto se nos va de las manos.

La conversación de entonces sirvió de base para una reunión urgente del Sanedrín, porque el asunto tenía que quedar resuelto pronto. Veían cómo la gente entusiasmada seguía a Jesús, el milagro de Betania había despertado aun más los fervores y podría fácilmente formar algún tumulto; ellos no veían con buenos ojos el actuar de Jesús y no terminaban de reconocer que Jesús fuera el Mesías porque no entraba en los esquemas que ellos se habían elaborado de lo que tenía que ser el Mesías o ser un profeta; pero los profetas siempre habían sido denostados y rechazados, podríamos recordar a Jeremías, y si los romanos entraban en el asunto estando como estaban por otra parte los grupos de los zelotas podría haber un aplastamiento militar que podría poner en peligro muchas vidas.

En todas estas consideraciones andaban cuando interviene el Sumo Sacerdote que era además el que presidía el Sanedrín. Sus palabras son tajantes y aquello había que cortarlo de raíz y el que tenía que desaparecer de la forma que fuese era Jesús que los provocaba. Ya el evangelista nos detalla sus razonamientos y decisiones. ‘Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera’.

La decisión estaba tomada porque todos asintieron a la propuesta del Pontífice. Y el evangelista que ya nos va haciendo una lectura creyente de los acontecimientos y de estas palabras nos dirá que ‘esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y aquel día decidieron darle muerte’.

Que uno muera por el pueblo, no solo por la nación sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos. Aquella muerte de Jesús nos iba a dar todo el sentido del amor. No son solo palabras o gestos ocasionales, es un acto supremo de amor que se hace entrega y entrega hasta el final. No hay amor más grande, es el amor del que se entrega y se entrega a la muerte para que tengamos vida.

Muchas veces en nuestras reflexiones nos detenemos demasiado en hacernos consideraciones de por qué los judíos actuaban de esta manera. Pero es que en lo que tenemos que detenernos en el significado de la muerte de Jesús, de entrega por nuestra salvación. Y es lo que nosotros nos disponemos a celebrar. Entramos mañana en la semana grande, en la semana que decimos que es la más santa porque vamos a celebrar la Pascua de Jesús y nuestra Pascua. Y será la semana más santo dependiendo también de cómo nosotros la vivamos, de cómo nosotros sigamos en camino de pascua. Ese camino que iniciamos hace cuarenta días y que entonces ya decíamos que era el regalo de Dios. No olvidemos que así tenemos que recibirlo.

Como Jesús tras estas decisiones del Sanedrín se había marchado más allá del Jordán donde Juan había estado bautizando en espera de que llegara la hora, al no verle algunos se preguntaban si Jesús subiría a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Echan de menos la presencia de Jesús, lo esperan.

Nos viene bien este pensamiento para la celebración de la Pascua de este año. ¿Vendrá Jesús a la fiesta de la Pascua? Algunos andan muy preocupados porque a la semana santa se le ha quitado todo su esplendor exterior por las razones que todos conocemos. ¿Porque no haya esos esplendores exteriores de nuestras procesiones y suntuosas celebraciones va a estar ausente Jesús de nuestra pascua de este año? Jesús no será el gran ausente, cuidado no seamos nosotros los ausentes porque nos falta intensidad en su vivencia.

 

viernes, 26 de marzo de 2021

Si llegamos a ser capaces de llevar sobre nuestros hombros el sufrimiento del hermano que camina a nuestro lado viviremos intensamente el misterio pascual de Cristo

 


Si llegamos a ser capaces de llevar sobre nuestros hombros el sufrimiento del hermano que camina a nuestro lado viviremos intensamente el misterio pascual de Cristo

Jeremías 20, 10-13; Sal 17; Juan 10, 31-42

Cuando éramos chiquillos en nuestros juegos nos tirábamos piedras; en la violencia de nuestros enfados, como arma fácil al alcance de la mano para defendernos era un medio que terminábamos haciendo; en nuestra edad no era habitual que los mayores se tiraran piedras unos a otros salvo cuando la maldad se metía demasiado en el corazón en nuestras rencillas vecinales, no tanto quizá por herir y hacer daño sino más bien como un acoso o una amenaza.

Pero por lo que vemos en el evangelio era más normal en aquellos tiempos antiguos el utilizar las piedras como arma para hacer daño a los otros; además en las normas de convivencia del pueblo judío se utilizaba el apedreamiento como forma de castigo ante cosas que se consideraban especialmente graves como era la blasfemia o el adulterio. En el evangelio recordamos que trajeron a una mujer sorprendida en adulterio ante Jesús, en este caso para poner a prueba a Jesús, diciendo que la ley de Moisés mandaba apedrear a las adúlteras. No era el camino de la violencia hasta la muerte el que pudiera llevar al pecador a la reconciliación con Dios por su pecado. Otro caso era la blasfemia como es la referencia que hoy se hace, pero que en el Hechos de los Apóstoles aplican a Esteban porque lo consideran un blasfemo.

Como deducimos del evangelio de hoy en versículos anteriores pretendieron apedrear a Jesús y es la pregunta que Jesús les hace ¿por cuál obra buena le van a apedrear? Y aquí está la presentación que Jesús está haciendo de sí mismo. Lo ha repetido muchas veces que El no hace otra cosa que las obras del Padre del que es el enviado. Esas obras que tendrían que corroborar que Jesús es el enviado de Dios, pero no soportan que El le llame Padre, que se presente como el Hijo del Padre, como el Hijo de Dios.

En su obcecación no fueron capaces de descubrir las obras de Dios en Jesús. Ya vemos que en otra ocasión llegan a atribuirle el poder de expulsar demonios al actuar en el nombre y con el poder del príncipe de los demonios, lo cual en sí mismo es más sacrílego aún. Ya les dice Jesús que si piensan así que se den cuenta que todo reino dividido por sí mismo se viene abajo y como va Satanás a luchar contra sus intereses siendo el factor de la expulsión de los demonios.

Creo que este pasaje del evangelio, que escuchamos precisamente en esta última semana de cuaresma cuando nos predisponemos ya a celebrar la Semana Santa y el Triduo Pascual de la pasión, muerte y de la resurrección de Jesús, nos tiene que llevar a que crezcamos en el conocimiento de Jesús, que alejemos de nuestra mente y de nuestro corazón todo atisbo de duda y mal entendimiento, que nos predispongamos de verdad a las celebraciones de la pasión y muerte del Señor que vamos a vivir en estos días. Que nos centremos de verdad en la Palabra del Señor que cada día vamos escuchando y así vaya creciendo nuestra fe y nuestro amor.

Así tenemos que caldear nuestro corazón, predisponer nuestro espíritu para que aún con la especial austeridad con que una vez más este año lo vamos a celebrar dadas las circunstancias que estamos viviendo, sin embargo le demos intensidad de vida a lo que celebramos. No es una imagen más o menos bellamente adornada lo que tiene que movernos a vivir el misterio pascual de Cristo; es algo mucho más hondo lo que tenemos que vivir.

Contemplemos leyendo con la sencillez y a la vez el dramatismo que se nos ofrece en el texto sagrado todo el misterio pascual de Cristo y siendo capaz de ir poniendo como en transparencia todo lo que es ese dolor, ese sufrimiento, esas angustias que viven los hombres de nuestro tiempo. En esa transparencia de Cristo serán muchos los cristos que podemos contemplar en los hermanos que sufren y pensemos cómo podemos y tenemos que ser cireneos para esos hermanos para ayudarles a la llevar la cruz igual que lo hubiéramos hecho quizás si hubiésemos estado en la calle de la amargura en la mañana de aquel primer viernes santo de la historia.

Siendo capaces de llevar también sobre nuestros hombros la cruz del sufrimiento del hermano que camina a nuestro lado será como podremos vivir con toda intensidad el misterio pascual de Cristo que nos disponemos a celebrar.

jueves, 25 de marzo de 2021

Contemplamos y nos postramos ante el misterio de Dios, nos abrimos al misterio de Dios y decimos Sí, el sí de nuestra fe, el sí de la ofrenda de nuestra vida y de nuestro corazón

 


Contemplamos y nos postramos ante el misterio de Dios, nos abrimos al misterio de Dios y decimos Sí, el sí de nuestra fe, el sí de la ofrenda de nuestra vida y de nuestro corazón

Isaías 7, 10-14; 8, 10b; Sal 39; Hebreos 10, 4-10; Lucas 1, 26-38

Hoy es un día que pasa desapercibido para la mayoría de los cristianos y sin embargo es de gran importancia y podríamos decir que fundamental en nuestra fe cristiana. Hoy es el día de la Encarnación de Dios en las entrañas virginales de María para hacerse hombre y ser así nuestro Salvador. El momento en que el Hijo de Dios se hace hijo del hombre, en que sin dejar de ser Dios, el Hijo de Dios desde toda la eternidad, se hace verdaderamente hombre tomando nuestra naturaleza carnal.

‘Y el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros’, nos dice el evangelio de san Juan, como tantas veces hemos confesado en el credo de nuestra fe. Y por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen y se hizo hombre, como confesamos en el credo. Un momento inolvidable, un momento grandioso, un momento en que se manifiesta todo el misterio de Dios para nuestra salvación.

He contado muchas veces la experiencia y no me importa repetirla, que fue lo que viví en el lugar donde se realizó este misterio de Dios en el seno de María. Me refiero a Nazaret, como nos ha contado hoy el evangelio de Lucas y en el lugar concreto de la Basílica de la Anunciación estando enfrente del lugar que llaman la casita de la Virgen en unas ruinas que sobresalen de la roca en el ábside de la Basílica magníficamente conservadas. Fue en mi segunda visita a Israel; estaba con el grupo en silencio rumiando el pasaje del evangelio y era algo que me repetía y repetía una y otra vez por lo bajo pero para que le sirviera de meditación a los que allí estábamos. Aquí, aquí se realizó el misterio de la Encarnación, aquí Dios se hizo hombre encarnándose en las entrañas de María y no podía dejar de repetir esa palabra, aquí, fue aquí.

Lo recuerdo y aunque han pasado ya muchos años es algo que sigo sintiendo muy hondo dentro de mí y con gran emoción. El silencio en el que solo se escuchaban las pisadas de otros peregrinos en otro lugar de la basílica era penetrante y a todos creo que nos llenaba de la presencia de Dios.

Creo que hoy es un día para hacer silencio y escuchar ese susurro de Dios contemplando su misterio de amor. Es un día para tomar de nuevo ese evangelio en nuestras manos y más allá de las palabras de la Virgen podamos quizá sentir algo de la emoción de llenarse de Dios que María pudo haber sentido en aquel instante. ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y te cubrirá con su sombra… Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús… por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios… Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin…’

Contemplemos y escuchemos en silencio. Contemplamos y nos postramos ante el misterio de Dios. Contemplamos y nos lo repetimos en el corazón una y otra vez. Contemplamos y decimos Sí, el sí de nuestra fe, el sí de la ofrenda de nuestra vida y de nuestro corazón; un sí como el de María para dejar que a nosotros nos alcance también ese misterio de Dios; un sí como el de María para llenarnos de la presencia de Dios que cuando quiere hacerse como nosotros quiere estar con nosotros, quiere asentarse en nuestro corazón. Contemplamos y nos abrimos al misterio de Dios.

miércoles, 24 de marzo de 2021

Busquemos la libertad que me hace encontrarme conmigo mismo para desatar ataduras, para liberarnos de caprichos, para encontrar la verdadera sabiduría de mi vida

 


Busquemos la libertad que me hace encontrarme conmigo mismo para desatar ataduras, para liberarnos de caprichos, para encontrar la verdadera sabiduría de mi vida

Daniel 3, 14-20. 91-92. 95; Sal.: Dn 3, 52ª-56ª; Juan 8, 31-42

¡Qué difícil hablar de libertad! Es el ansia, es cierto, de todos los hombres y de todos los pueblos, hoy y en todos los tiempos. Queremos libertad es el grito que más se escucha; se sigue repitiendo en manifestaciones de todo tipo, y incluso en aquellas en las que parece que lo que se pide nada tenga que ver con la libertad, sin embargo es el eslogan preferido, el eslogan más repetido y algunas veces uno se pregunta si los que están pidiendo libertad saben lo que piden. ¿Cómo se reflejará todo eso en sus vidas?

Libertad porque yo tengo derecho a opinar lo que a mí me parezca; libertad porque yo quiero hacer lo que yo quiero por mí mismo sin que nadie me coarte, nadie me tenga que señalar lo que tengo que hacer; libertad, libertad, oímos repetir una y otra vez quizá cuando esos gritos van teledirigidos por intereses de quienes saben manipular los gritos de los que piden libertad pero son los más esclavos porque no hacen sino repetir lo que les dicen sin convicciones profundas, sin un sentido de vida, sin una metas que den más plenitud a la persona, sin valoración ni respeto a los que puedan opinar en contra, porque si opinas de forma distinta ya te dicen que estás atentando contra la libertad. Se siente uno desencantado viendo peticiones y razonamientos, descubriendo intereses oscuros y ocultos de los que manejan los hilos con lo que acabamos todos siendo unas marionetas.

Libertad es cierto es la aspiración más noble de la persona, pero una libertad que me haga grande porque encuentre un verdadero sentido a mi vida; una libertad que valora la persona por encima de todo pero que nos lleva también a respetarla en sus planteamientos aunque nos puedan parecer equivocados; una libertad que con profundos fundamentos construye la vida de las personas desarrollando lo más noble que hay en ellas y así hace una sociedad también más justa; libertad que me levanta del ras del suelo para no ser pisoteado pero me hace ver valores altos, nobles, espirituales que me dan la verdadera grandeza; libertad que me hace encontrarme conmigo mismo para desatar ataduras, para liberarnos de caprichos, para encontrar la verdadera sabiduría de mi vida; libertad que me ayuda también a descubrir la presencia de Dios en mi vida y en mi mundo, pero que no viene para coartar sino para engrandecer al ser humano.

Hoy nos dice Jesús que El viene a nosotros para que sepamos encontrar esa verdadera sabiduría de la vida que nos va a conducir por los verdaderos caminos de la libertad. Y hoy nos dice: ‘Si permanecéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’. Conocer la verdad que nos hace libres. Es esto muy importante.

Ya podríamos afirmar de entrada que la mentira nos esclaviza porque es la verdad la que nos libera. De cuántas falsedades nos rodeamos, de cuántas vanidades y apariencias, de cuántos orgullos con los que queremos figurar de otra manera a lo que realmente somos y que nos llenan de apegos, de esclavitudes de tantas cosas, empezando por hacernos esclavos de nuestro amor propio.

Y Jesús viene a liberarnos. Cuando hablamos de liberación, de salvación pensamos en el pecado que nos ata y nos esclaviza, pero puede que se quede en un concepto al que al final no le demos el verdadero valor.


Tenemos que emplear esa palabra liberación con toda la carga de profundidad que tiene, porque nos arranca de esos apegos del alma, de esas esclavitudes que engañosamente muchas veces presentamos como camino de libertad; nos engañamos cuando nos hacemos esclavos del orgullo y del amor propio, de la vanidad de la vida con que nos presentamos y de todas esas apariencias que camuflan y ocultan el vacío que llevamos en nuestro interior. Un vacío que nos llena de falsedad y de mentira, un vacío que finalmente nos esclaviza.

¿Piensas que solo cuando haces lo que te apetece, lo que te dictan tus pasiones, lo que te da la gana como se suele decir tan fácilmente, es cuando somos realmente libres de verdad? Piénsatelo dos veces.

Leamos con detenimiento este pasaje del evangelio que hoy se nos propone para que encontremos esa verdad que es Jesús que nos da la más hermosa libertad.

martes, 23 de marzo de 2021

Vamos a mirar muy bien cuando sea levantado en lo alto para descubrir todo el misterio de Jesús, encontrar respuesta a la pregunta que hacemos y conocer a Jesús por su amor y por su entrega


 

Vamos a mirar muy bien cuando sea levantado en lo alto para descubrir todo el misterio de Jesús, encontrar respuesta a la pregunta que hacemos y conocer a Jesús por su amor y por su entrega

Números 21, 4-9; Sal 101; Juan 8, 21-30

Si queremos conocer en verdad a una persona no nos fijamos solo en las apariencias ni incluso en las cosas que pueda decirnos de sí misma; claro que conocer a una persona es creer en ella y hemos de saber dar un margen de confianza viendo y escuchando lo que dice pero es algo más hondo que unas palabras lo que nos puede llevar a ese conocimiento de la persona. Por eso lo normal es fijarnos en su vida, cómo vive, cómo actúa en las diferentes circunstancias y como siempre estamos queriendo poner a prueba o lo que es lo mismo pedir pruebas nos fijamos en los momentos duros que viva esa persona porque será cuando mejor la conozcamos.

Damos por supuesto que nos acercamos a la persona con todo respeto porque es meterse en el ser de alguien que cada uno manifiesta a quien quiere o con quien más confianza tiene, pero tenemos que apuntar también la sinceridad con que nosotros nos acercamos, sinceridad que es poner a juego la autenticidad nuestra como personas.

Hoy en el evangelio vemos que directamente le preguntan a Jesús ‘y ¿quién eres tú?’ una pregunta que de una forma o de otra está en el fondo del mensaje de todo el evangelio. En ocasiones formulada así de forma directa pero que en el fondo está siempre presente en la mente de los judíos de su época, como puede sigue estando presente en los hombres de todos los tiempos. Aquellas reacciones, por ejemplo, de las gentes de su pueblo Nazaret cada vez que Jesús se acerca por allá, en que mencionaban a sus padres, a José el carpintero, o a sus parientes más cercanos que probablemente sigan viviendo por allá es un poco querer recordar o resaltar lo que es la identidad de Jesús.

Ahora preguntan porque en cierto modo se sienten desconcertados. Desconcertados entre lo que la mayoría piensa de Jesús que no ha habido nadie que haya hablado igual ni tenido el poder espiritual con que Jesús se manifiesta, mientras los principales del pueblo, los dirigentes judíos y entre ellos los fariseos, y los escribas, y los sacerdotes y los distintos grupos están en oposición manifiesta en contra de Jesús que incluso se rumorea que están intentando apresarle para quitarlo de en medio.

Pero están las palabras de Jesús que no terminan de entender porque están queriendo comprender que Jesús se manifiesta en verdad como hijo de Dios, enviado por el Padre con una misión muy concreta. Si fuera el Mesías prometido como algunos ya incluso se atreven a insinuar, nunca habían escuchado que el Mesías se presentara como el Hijo del Padre; pero por otra parte están los signos que realiza, porque nunca nadie ha visto cosa igual y son signos que manifiesta el poder de Dios que se hace presente en las obras que Jesús hace. ‘¿Quién eres tú?’ le preguntan, ¿Quién es este hombre? a su vez se preguntan a sí mismos, porque barruntan que tiene que ser un profeta bien poderoso.

¿Será acaso la pregunta que también nosotros llevamos en el corazón y que de alguna manera no nos atrevemos a decir en voz alta? Porque aunque nos decimos cristianos – discípulos y seguidores de Jesús – no siempre vemos las cosas claras y en nuestro interior también pueden aparecer dudas y preguntas que algunas veces no sabemos ni como expresar. ¿Será la pregunta que nosotros le hagamos también directamente a Jesús? Ese puede ser un camino verdadero de oración, para dejarnos enseñar, para dejarnos conducir, para ir con total sinceridad, con apertura del corazón, con humildad.

Y Jesús nos dice hoy que cuando sea levantado en lo alto entonces sabrán bien quién es El. Ya sabemos que el centurión romano que dirigía el operativo de la crucifixión de Jesús al final terminará reconociendo ‘este hombre era inocente’.

Pero ya reflexionábamos antes diciéndonos que en los momentos duros es cuando mejor conocemos a las personas porque sabremos de las verdaderas motivaciones de su vida, veremos el por qué de su vida que le puede llevar a momentos tan trascendentales, la manera madura de actuar y de reaccionar ante esos momentos difíciles. Por eso vamos a mirar muy bien cuando sea levantado en lo alto para descubrir todo el misterio de Jesús, para encontrar la respuesta a esa pregunta que hacemos, para conocer a Jesús por su amor y por su entrega, para conocer bien el motivo de su cruz y de entregar su vida.

Miremos a lo alto como miraban los judíos en el desierto a lo alto de aquel estandarte de la serpiente de bronce para descubrir lo que era el amor y la misericordia del Señor que les perdonaba una y otra vez a pesar de sus infidelidades, y ahora nosotros mirando a lo alto de la cruz descubriremos toda la hondura de lo que es la misericordia del Señor. Y es que ahí en lo alto de la cruz estaremos descubriendo el verdadero rostro de Dios, que siempre es de amor y de misericordia. ¿Moverá eso algo nuestra vida?

lunes, 22 de marzo de 2021

De ahí, de esa misericordia que rebosa del corazón de Cristo, surgirá su palabra y su gesto… yo tampoco te condeno, vete y no peques más

 


De ahí, de esa misericordia que rebosa del corazón de Cristo, surgirá su palabra y su gesto… yo tampoco te condeno, vete y no peques más

Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62; Sal 22; Juan 8, 1-11

Qué reconfortante es la Palabra de Dios, cómo nos llenan por dentro haciéndonos sentir las mejores alegrías, cómo nuestro corazón se llena de esperanza, de una esperanza nueva que nos hace ya pregustar como una vida nueva en nosotros. Si con sinceridad vamos caminando nuestra vida siendo conscientes de cómo estamos llenos de debilidades, se suman una y otra vez nuestros errores y tropiezos, contemplar esta escena del evangelio nos hace sentirnos impulsados a algo nuevo, a gozar en nuestro interior por la alegría que vivió aquella mujer pecadora pero nos hace sentirnos a nosotros también como revitalizados con lo nuevo que nos ofrece Jesús con su generoso perdón.

Es cierto que ambos pasajes que nos ofrece hoy la Palabra de Dios nos sugieren multitud de cosas que con el evangelio tendrían una iluminación nueva. Nos habla de dos mujeres, una realmente pecadora porque es cierto que ha sido sorprendida en flagrante adulterio, la otra es una mujer que se siente acosada por el machismo y la maldad de aquellos hombres que incluso por lo que representaban tendrían que haberse comportado con mayor dignidad.

Por eso, de alguna manera se sugieren multitud de temas que hoy están muy candentes en nuestra sociedad como lo es la discriminación de la mujer, el maltrato y el acoso sexual de la mujer, la violencia a que son sometidas y que son noticias casi de cada día también en el hoy de nuestra sociedad. Ambos textos reflejan y denuncian multitud de situaciones que aun hoy siguen sucediendo en nuestra sociedad actual.

Vaya al menos esta constancia que dejamos con nuestro comentario y que sea también de denuncia de lo que hoy sigue sucediendo. Muchas discriminaciones, malos tratos y violencias seguimos constatando en nuestra sociedad en este sentido. Y es precisamente el evangelio el que nos está pidiendo actitudes nuevas, un cambio radical de nuestras tradiciones y costumbres que tanto se necesita en nuestra sociedad de hoy para que toda persona sea siempre valorada y respetada en toda su dignidad.

Sin dejar de tener muy presente todo esto que venimos comentando hoy queremos subrayar en este texto del evangelio lo que es la misericordia compasiva del Señor para todos los pecadores. Como decíamos nos reconforta, hace renacer la esperanza en nuestros corazones. Sabemos que no tenemos que cargar para siempre con nuestro pecado porque el Señor se adelante misericordia para venir a nuestro lado tendiéndonos la mano que nos levanta, que nos hace llegar su misericordia y su perdón, siempre pone su esperanza en nosotros – porque Dios sigue creyendo en el hombre, mucho más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos – y es posible comenzar una vida nueva sin la carga eterna de nuestro pecado.

Nos enseña, sí, actitudes nuevas que hemos de tener con los pecadores. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar y para condenar si nosotros somos también pecadores? Ojalá aprendiéramos la lección que muchas veces nos cuesta tanto aprender. Qué prontos somos para el juicio y la condena. Cuánto nos falta de generosidad en nuestro corazón y nos volvemos mezquinos con nuestras discriminaciones y condenas.

‘El que no tenga pecado, que tire la primera piedra’, es la sentencia de Jesús. Era cierto, aquella mujer había sido sorprendida en adulterio y podría merecer la condena y el castigo, aunque tendríamos que preguntarnos donde está el adultero que pecó con ella. Pero la misericordia tiene que aflorar primero que cualquier otro sentimiento. Una misericordia que va a hacer de la conciencia de que somos pecadores y de cuantas veces hemos necesitado nosotros del encuentro con ese corazón misericordioso que nos ofreciera su amor y su perdón.

Quienes has experimentado el amor en sus vidas, porque se sienten amados a pesar de sus debilidades, con esa misma misericordia tienen que saber tratar al hermano.  En aquella ocasión todos se fueron escabullendo, pero tantas veces nosotros no nos escabullimos sino que seguimos allí apuntando con nuestro dedo.

De ahí de esa misericordia que rebosa del corazón de Cristo surgirá su palabra: ‘¿Nadie te ha condenado? Pues yo tampoco te condeno, vete y no peques más’.

domingo, 21 de marzo de 2021

Tenemos el peligro de que vivamos tan obnubilados por el estado en que nos encontramos que no lleguemos a realizar ese paso de Dios, esa pascua, en nuestra vida

 


Tenemos el peligro de que vivamos tan obnubilados por el estado en que nos encontramos que no lleguemos a realizar ese paso de Dios, esa pascua, en nuestra vida

Jeremías 31, 31-34; Sal 50; Hebreos 5, 7-9; Juan 12, 20-33

Comienza hoy el evangelio con algo que pudiera parecer anecdótico, pero que no lo es tanto y puede tener un hermoso significado para nosotros. Dos gentiles quieren conocer a Jesús. ¿Algún gentil venido de alguna parte a Jerusalén en los días de la fiesta de la pascua porque quizá sentía alguna simpatía por los judíos o por la religión judía? Es una posibilidad, como podemos pensar hoy en alguien que estaba de turismo. Podemos pensarlo y no nos equivocamos tanto porque también en la antigüedad a la gente le gustaba viajar. No sería a la manera que hoy lo hacemos pero está también la posibilidad de alguien que quería conocer la cultura y la idiosincrasia de los judíos y venía también de viaje.

Pero sea una forma u otra, ahí se queda la anécdota aquellas dos personas querían conocer a Jesús. Y se valen de alguien a quien ellos ven cercano a Jesús, por eso acuden a Felipe, que se vale también de Andrés para presentarle a estos gentiles a Jesús. Pero no olvidemos que hay una curiosidad, una búsqueda de alguien que quiere conocer más, quiere conocer directamente a Jesús.

¿Y hoy podemos encontrarnos personas así? No lo dudemos, en lo que tenemos que pensar es la respuesta que nosotros damos a los que sienten también esa curiosidad por conocer a Jesús, por conocer el evangelio, se interesan por la vida cristiana y no siempre se sienten acogidos por nosotros para dar ese paso sincero y concreto de búsqueda de Jesús. Mucho tendría que hacernos pensar, cómo hemos de ser mediaciones para el encuentro con Jesús, pero nuestra mediación es pobre, indecisa, o nosotros mismos aunque sintamos ese deseo realmente no buscamos, ni ofertamos la ayuda de una búsqueda a los demás.

Estamos viendo, pues, que la anécdota era mucho más que una anécdota. Y ese algo tiene que estar muy vivo en nosotros. Ha llegado la hora, nos dice Jesús, en que el Hijo del Hombre va a ser glorificado. Escucharemos al final incluso, a la manera de una teofanía, la voz del cielo que lo señala aunque no todos entienden el signo de lo que ha sucedido.

En algún momento Jesús había dicho que aún no había llegado la hora. Ahora se muestra palpable esa hora, incluso con las palabras que se escuchan desde el cielo. ‘Lo he glorificado y volveré a glorificarlo’. Pero al mismo tiempo Jesús habla de un grano de trigo que ha de ser enterrado en tierra para que germine. ¿Cómo será ese ser enterrado en tierra? ¿Cómo ha de germinar el Hijo del Hombre? ¿Cómo va a ser glorificado? Ya nos hablará Jesús a continuación de que el Hijo del Hombre va a ser levantado en alto y entonces atraerá a todos hasta El. Y nos dice el evangelista que con estas expresiones está refiriéndose a su muerte y a su resurrección.

También cuando el diálogo con Nicodemo señala el evangelista que el mundo se mueve bajo sus pies – la gente decía que había sentido como un trueno - y se va a hablar entonces de esa glorificación. El Hijo del Hombre va a ser levantado en alto para atraer a todos hasta El. Porque el que crea en aquel que va a ser levantado en alto va a alcanzar los dones de la salvación, los dones de la pascua, el poder contemplar el rostro de Dios pero también como ese grano de trigo que es enterrado en tierra para que de fruto, para que nosotros obtengamos el fruto de nuestra resurrección, podrá obtener la vida eterna.

No vamos a ser un grano de trigo cualquiera, como no lo fue Jesús. Es el grano de trigo que se siembra en tierra para que germine y para que dé fruto. Pero para germinar tienen que morir. Es lo que pasó con Jesús; es lo que tiene que pasar en nosotros cuando nos unimos a Jesús y vivimos su pascua. Y vivir la pascua es pasar por la muerte para llegar a la vida.

¿Hemos pensado seriamente, con serenidad pero también con cierta profundidad que eso es lo que ahora nosotros vamos a vivir en la celebración de esta Pascua? ¿Cuál será la muerte por la que hemos de pasar para poder renacer, resucitar a nueva vida?

Tenemos el peligro de que vivamos tan obnubilados por el estado en que nos encontramos en medio de la pandemia que no se acaba, que simplemente digamos este año no hay semana santa y no llegues a realizar ese paso de Dios, es pascua, en nuestra vida. Alelados por no poder tener todas esas celebraciones exteriores que solemos tener, aunque el año pasado ya lo pasamos en circunstancias semejantes, dejemos pasar la oportunidad de celebrar de verdad, desde lo más hondo la pascua.

Hay vivencias pascuales que no tenemos por qué dejar de vivir cuando quizá además por otra parte más lo necesitemos. Puede ser el momento en que le demos aún mayor profundidad a lo que hacemos y celebramos integrando todas las circunstancias que vivimos en nuestra celebración pascual.

El Hijo del Hombre va a ser levantado en lo alto para atraernos a todos hacia sí, pero pensemos que al Hijo del Hombre lo podemos ver, lo tenemos que ver en tantos levantados en lo alto del sufrimiento, de su cruz, de su dolor, de sus soledades y traspasado por tantas cosas que lo dejan también desfigurado como los profetas describían al siervo de Yahvé. Y Jesús nos está diciendo que cuando lo veamos así va a ser glorificado, podremos contemplar la Hora del Hijo del Hombre, la Hora de nuestra Salvación.