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sábado, 16 de septiembre de 2023

Árbol bueno, abonado en la gracia del Espíritu, que produce buenos frutos, edificio cimentado en la roca firme de la fe fortaleza frente a los temporales de la tentación



 Árbol bueno, abonado en la gracia del Espíritu, que produce buenos frutos, edificio cimentado en la roca firme de la fe fortaleza frente a los temporales de la tentación

1 Timoteo 1,15-17; Sal 112; Lucas 6, 43-49

Queremos tener buenas frutas que poner en la mesa, queremos tener hermosas y olorosas manzanas que poder ofrecer a quienes llegan a nosotros, plantemos un árbol frutal, plantemos un manzano y cuidémoslo debidamente; nos podrá dar al final buenos frutos y hemos cuidado con esmero nuestro manzano. Lo habremos de plantar en buena tierra, atender a su cuidado y su poda todos los años, hemos de abonar a su tiempo para que sus raíces puedan extraer sus nutrientes de aquella tierra bien cuidada y abonada, para al final recoger una abundante cosecha. Esas raíces están hundidas en una tierra abonada quizás con el estiércol que hayamos conseguido por otra parte en el cuidado de los animales, y aunque el estiércol pudiera parecernos apestoso y desagradable, sin embargo de la tierra abonada con ese estiércol el manzano extraerá sus nutrientes que nos darán hermoso y oloroso fruto.

¿Sabremos dar fruto con nuestra vida? ¿Seremos ese árbol bueno que produce buenos frutos como nos está pidiendo hoy Jesús en el evangelio? Creo que nos estaremos dando cuenta de cómo hemos de cultivar el árbol de nuestra vida, enraizarlo debidamente en buena tierra, pero también darle los abonos necesarios y convenientes para que tenga esos nutrientes que nos lleven a dar esos frutos que tenemos que ofrecer. Seremos malos o buenos, quizás también reconocemos que hay cosas desagradables en nuestra vida por nuestra condición de pecadores, pero ahi está la tarea se superacion, de crecimiento espiritual, de maduración que hemos de realizar en nosotros, purificando, es cierto, esas cosas que muchas veces nos pueden desviar de nuestras metas con una poda tan necesaria que hemos de realizar continuamente en nosotros.

En esa tierra que somos nosotros, también con nuestros defectos y debilidades, con nuestros errores y tropiezos, porque esa es nuestra condición humana iremos avanzando en la vida porque sabemos buscar la fuente que alimenta nuestro espíritu, toda nuestra vida. No podemos descuidar esa tarea de ascesis que continuamente hemos de ir realizando en nuestra vida; es la forma de nuestro verdadero enraizamiento en la fuerza del Espíritu y de nuestro crecimiento espiritual para que un día esos frutos puedan madurar.

Hoy nos habla también el evangelio con otra imagen de cómo hemos de saber cimentar bien nuestra casa para que no se derrumbe ante el primer temporal que aparezca; y bien sabemos que serán muchos los temporales a los que tendremos que enfrentarnos a lo largo de la vida. Contratiempos y desviaciones del camino, cantos de sirena que nos atraen con muchas cosas pero que lo que pretenden es alejarnos de nuestra meta, malas tendencias e inclinaciones esclavizantes que pueden surgir de unas pasiones descontroladas, influencias que podemos recibir que nos invitan a una vida cómoda y a un dejarnos llevar y arrastrar por lo primero que nos salga al paso, orgullo y amor propio que nos tientan desde nuestro mismo interior, el materialismo de la vida y la vanidad que tan fácilmente nos ciega y nos esclaviza... muchos temporales a los que estamos sometidos continuamente.

Por eso nos está hablando Jesús de esa buena cimentación, no sobre una arena movediza de nuestros caprichos y vanidades, sino en la roca firme que fortalece nuestra fe y nos anima a caminar con paso firme. Desde esa casa bien cimentada y llena de fortaleza interior podremos incluso ser corazón de acogida para cuantos están a nuestro lado y ven como tantas veces se les derrumba su vida por no haberla bien fundamentado.

'El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien... porque de lo que rebosa del corazón lo habla la boca', nos dice hoy Jesus. ¿Cuál es ese buen tesoro que llevamos en el corazón?


viernes, 15 de septiembre de 2023

María es el regalo que Jesús nos ha dado desde la cruz y es la señal de una senda nueva que hemos de asumir con responsabilidad



María es el regalo que Jesús nos ha dado desde la cruz y es la señal de una senda nueva que hemos de asumir con responsabilidad

1Timoteo 1, 1-2. 12-14; Sal. 15; Juan 19,25-27

Una responsabilidad que es un regalo. No sé cómo expresarlo mejor, un regalo que se convierte en toda una responsabilidad. Cuando recibimos un regalo nos sentimos obligados hacia quien nos hizo el regalo; es lo que queremos expresar cuando decimos gracias, cuando mostramos nuestra gratitud. Es curioso como en el lenguaje portugués para manifestar su gratitud hacia aquel de quien se ha recibido algo, se emplea la expresión, obrigado, se sienten obligados.

Si ese regalo es un don (ya lo expresa la palabra regalo) que se nos confía, al recibirlo estamos aceptando una responsabilidad, de la que de alguna manera estamos llamados a dar cuenta. No podemos aceptar ese don que en cierto modo es una misión que se nos confía de manera irresponsable, lo asumimos, por así decirlo, todas sus consecuencias.

Hoy queremos hablar de un regalo, y muy preciado. Es el que Jesús le hizo a la Iglesia que estaba naciendo de su costado con su muerte en la cruz. De su costado, con la lanza del soldado que lo atravesó para confirmar la muerte del reo, brotó sangre y agua. Entendemos que fueron los últimos borbotones de sangre de un corazón que acababa de apagarse y pensamos también en esos últimos humores que brotaron de sus pulmones, al verse rasgados por la lanza del soldado. Pero son todo un signo de la entrega hasta el final de Jesus dando hasta lo último de su ser; era la vida nueva que brotaba de aquella muerte, era el renacer de nuevo en la resurrección y que se hace realidad en nosotros por el agua y el Espíritu como un día anunciara a Nicodemo, era la expresión suprema del amor más grande de quien nos amaba como nadie hasta entonces nos había amado, pero parece que aún le quedaba algo a Jesús que quería también regalarnos, su madre.

Al pie de la cruz estaba el discípulo amado, junto con su madre y la hermana de su madre y María Magdalena. Allí está la madre sola que perdía a su Hijo en momento supremo de amor, pero allí estaba quien de alguna manera nos representaba, beneficiario el primero de los efectos salvadores de aquella muerte, por algo lo llamamos el discípulo amado y como signo de todos los que también habían de beneficiarse de aquella muerte redentora. Y es a él a quien confía el cuidado de la madre que ya desde ahora va a ser también su madre. 'Ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre', les dice a ambos. 'Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa', la tuvo siempre consigo. La tradición incluso nos hablará de una casa de María allá junto a Efeso porque allí se sitúan también los últimos días de la vida de Juan, el evangelista, expresándose así la responsabilidad de quien desde aquel momento supremo de la cruz la tuvo siempre consigo en su casa.

Cuando este día conmemoramos y celebramos los Dolores de María al pie de la cruz de Jesús y hemos contemplado este regalo que Jesús nos hace, sentimos la alegría en el corazón y la responsabilidad de tenerla como madre. Nos sentimos obligados a recibirla en nuestra casa, en nuestro corazón. Es cierto que la presencia de María como madre siempre se ha hecho sentir en el seno de la Iglesia y de ahí tantos nombres como piropos con que queremos invocarla en cualquiera de los rincones de todo el orbe católico.

Será la madre cuya presencia podemos sentir en cada momento o circunstancia de la vida, en nuestros dolores y en nuestras alegrías, cuando caminamos agobiados por nuestras preocupaciones y problemas a ella siempre acudimos porque sabemos como madre estará a nuestro lado haciendo lo que hacen todas las madres, hacernos sentir la paz y la seguridad en el corazón, animando y fortaleciendo nuestro espíritu porque solo es suficiente la mano de una madre que se posa sobre nuestros hombros para sentir todo ese vigor interior que estamos necesitando para enfrentarnos a esos problemas de la vida.

A ella la invocamos, con ella caminamos, a ella queremos sentirla siempre en lo más hondo del corazón como los hijos saben llevar siempre a la madre; ella será faro de luz en nuestras oscuridades, rayo de esperanza en nuestras flaquezas, ojos que nos alientan posando su mirada en lo hondo de nuestros corazones, mano que nos lleva de camino para que siempre vayamos al encuentro de los hermanos, voz que nos susurra continuamente cómo tenemos que escuchar a su Hijo y hacer lo que Él nos diga.

No nos desprendamos de María, convirtamosla en reina de nuestros corazones, disfrutemos del gozo de su presencia, y preparemos para ella el mejor altar y el mejor nido de amor para que ella siempre derrame sobre nosotros las gracias del Señor. Es el regalo que Jesús nos ha dado desde la Cruz, es la señal de una senda nueva que tenemos que asumir con responsabilidad.


jueves, 14 de septiembre de 2023

Envueltos en el sudario de la ternura del amor con la cruz de Cristo como estandarte hemos de ser signos de vida y esperanza para un mundo que se arrastra entre sombras de muerte

 


Envueltos en el sudario de la ternura del amor con la cruz de Cristo como estandarte hemos de ser signos de vida y esperanza para un mundo que se arrastra entre sombras de muerte

Números 21, 4b-9; Sal 77; Juan 3, 13-17

Hay ocasiones en que el camino se nos hace cansino, ya sea lo largo del camino que provoca nuestros cansancios, ya sean las dificultades que nos ofrece el mismo camino que nos hace vivir una tensión continua para superar los obstáculos que nos encontramos, que nos exige un esfuerzo continuado con perseverancia para mantener los ritmos, no perder el rumbo y poder llegar un día a la meta añorada. Vienen frustraciones porque no conseguimos lo que anhelamos tan pronto como hubiéramos deseado, nos aparecen las trampas que quieren desviarnos del camino que nos obliga a estar con mucha atención en los pasos que vamos dando. Cuando parece que todo se nos vuelve en contra nos parece que somos incapaces de seguir adelante, tenemos la sensación de sentirnos derrotados y casi sentimos la tentación de abandonar. Necesitamos un estímulo, tener unas metas, saber a dónde queremos llegar, estudiar bien todas sus circunstancias.

Son cosas que nos pasan en esos caminos físicos o geográficos que tenemos que recorrer, pero somos conscientes también que esta imagen del camino y de nuestros cansancios y derrotismos nos están hablando de algo más que un camino que tenemos que recorrer y que nos pueda llevar a algún lugar; es el camino de la vida con sus luchas, son las metas que nos trazamos en la vida y que ansiamos alcanzar; nos hablan de nuestro yo interior, de los valores por los que luchamos, de los planteamientos que nos hacemos sobre lo que da sentido a nuestra vida; nos pueden hablar de nuestra fe, de nuestra religiosidad, de todo lo que es el camino del seguimiento de Jesús. 

No siempre es fácil, reconocemos, en cualquiera de los aspectos a los que nos queramos referir recorrer esos caminos que nos hemos trazado o que se han abierto delante de nosotros. Necesitamos un estímulo, una fuerza interior que arranque de los más hondo de nosotros mismos, o una fuerza sobrenatural que nos eleve y sea un auténtico viático para nuestro camino; nos anima también quienes hacen el camino junto a nosotros o quienes sabemos que lo han hecho antes que nosotros.

Hoy Jesús en el evangelio nos hace recordar aquel camino que el pueblo antiguo iba realizando por el desierto rumbo a la tierra prometida, en el que también se sentían exhaustos y además amenazados por muchos peligros, y Moisés levantó una señal en medio del campamento que les recordaba que Dios estaba con ellos y les liberaba de todos aquellos peligros que sufrían mientras hacían el camino. Va a ser una imagen que se presenta como un signo de lo que iba a suceder a quienes quisieran seguir también su camino, pero que también iban a sentir la debilidad de sus corazones para mantener su fidelidad hasta el final.

Lo mismo que elevó Moisés la serpiente en el desierto, así va a ser levantado en alto el Hijo del Hombre para que todo el que cree en Él no perezca. Es un anuncio que nos hace Jesús de lo que en verdad iba a ser la salvación que Él venía a traernos. En ese signo de la cruz levantada en alto no era una muerte más lo que íbamos a contemplar. Era la señal del amor y de la vida, porque nadie iba a tener más amor que aquel que dió su vida por aquellos a los que amaba. La cruz no será una señal cruenta de muerte, sino será un estandarte de victoria y de vida. Ese es el verdadero significado de la cruz. Es la señal del amor. Es la victoria del amor. Es el triunfador de la vida.

Nosotros miramos al que está en lo alto del madero de la cruz, no para regocijarnos de forma masoquista en una señal de sufrimiento y de muerte, sino porque a quien está en ese madero nosotros lo contemplamos vivo, vencedor sobre  el sufrimiento y de la muerte, porque lo contemplamos vivo y glorioso, triunfante en su resurrección.


miércoles, 13 de septiembre de 2023

Dejémonos envolver por la generosidad del espíritu, por la apertura del corazón en que tengan cabida los que pasan por nuestro lado con esas mismas situaciones difíciles de la vida

 


Dejémonos envolver por la generosidad del espíritu, por la apertura del corazón en que tengan cabida los que pasan por nuestro lado con esas mismas situaciones difíciles de la vida

Colosenses 3, 1-11; Sal 144; Lucas 6, 20-26

Todos queremos ser dichosos. ¿Quién no quiere ser feliz? Y soñamos, y nos llenamos de ambiciones y deseos, y buscamos cosas o buscamos caminos cuanto más fáciles sean mejor, pero parece que no llegamos a realizar nuestros sueños, a alcanzar esas ambiciones y deseos, y no sé si al final nos sentiremos mejor o nos sentiremos peor.

Pero quizá tendríamos que pensar en cómo queremos ser dichosos, cuales son nuestros sueños y nuestras aspiraciones; porque ya estamos diciendo que buscamos cosas o buscamos caminos fáciles.  Tendríamos, pues, que pensar en qué ponemos esos deseos de ser dichosos. Porque nos miramos y nos vemos con tantas carencias y limitaciones y podríamos pensar si acaso así podríamos alcanzar esa dicha que deseamos. Porque, claro, cuando pensamos en cosas, estamos pensando en posesiones y desde nuestra pobreza quizás pensamos que nada podremos alcanzar y que entonces no podremos ser felices. Vemos nuestras limitaciones y nos sentimos incapaces de alcanzar algo bueno. Idealizamos mucho nuestros sueños y pronto esos sueños volarán o se difuminarán, quedando el humo del recuerdo de los sueños pero también la insatisfacción dentro del corazón.  ¿Qué hacemos entonces? 

¿Qué pensaría aquella gente aquella mañana en las llanuras de Galilea cuando Jesús al bajar del monte se pone a hablarles como siempre y lo primero que dice que los pobres serían dichosos porque de ellos era el Reino de los cielos? ¿Pasarían por su cabeza todos aquellos sueños que llevaban dentro de sí, pero también la frustración de no ver realizados sus sueños? ¿Cómo podía decirles ahora Jesús que los pobres serán dichosos si siguen permaneciendo en su pobreza porque a la vista no tienen caminos que les puedan sacar de aquella pobreza?

Pero jesús les está diciendo que serían dichosos porque para ellos es el Reino de los cielos; y lo mismo les dice a los que sufren y a los que lloran, a los que son perseguidos porque buscan el bien y la justicia y desean lo mejor para el mundo en el que viven, y para todos aquellos que se ven envueltos en tantos sufrimientos y limitaciones. ¿Cómo entender las palabras de Jesús?

Podrían sentir desconcierto porque les era difícil entender lo que jesús les quería decir; pero podrían también comenzar a renacer las esperanzas en sus corazones porque parece que lo que jesús quería decirles es que tuvieran esperanza y confiaran en su palabra, aunque ahora de entrada les cueste entenderlo. Porque Jesús mantiene su palabra, y les dirá que los ricos y los que se sienten satisfechos y parece que la vida siempre les es fácil no serán dichosos.

Sí, es un grito, un anuncio, una invitación a la esperanza. Desde que había comenzado a predicar venía anunciando que llegaba el Reino de Dios y que había que darle una vuelta al corazón para creer esa buena noticia que se les estaba anunciando y para que en verdad el Reino de Dios se hiciera presente entre ellos. Y ahora les anuncia ese Reino de Dios a los pobres,  a los que lloran y a los que sufren, y a los que son perseguidos y a todos los que sienten inquietud en el corazón. 

No lo van a entender y por supuesto no lo podrán vivir aquellos que se sienten satisfechos en sus riquezas y los que en la vida parece que todo les va bien siempre. Aunque parecen satisfechos los que mucho tienen cada día querrán tener más y todo se convertirá en una carrera que nunca tiene bien porque siempre queremos más. Lo pueden entender los que viviendo en sus carencias y en su pobreza sin embargo van a saber ser felices en lo pequeño, ser felices en lo que son en su misma vida, ser felices porque desde la propia realidad de sus carencias y sentirse necesitados quizás de los demás, sin embargo sabrán tener un corazón comprensivo y misericordioso con los demás, con los que los rodean.

Jesus les está diciendo que algo nuevo comienza para ellos, pero que sin embargo todo va a depender en cierto modo de las actitudes que tengan en su corazón. No es porque sean pobres o porque sufran, es por la buena actitud que tienen en el corazón porque lo que se van a sentir verdaderamente dichosos y felices. es la apertura a la vida que siempre ha de reinar en nuestros corazones, que significa también actitudes nuevas hacia los demás. 

¿Llegaremos a entender lo que Jesús nos está anunciando y proponiendo? ¿Tendremos deseos de verdad de vivir esos valores nuevos que se nos ofrecen con el Reino de Dios?  ¿Iremos por la búsqueda de cosas o estaremos dispuestos a dejarnos envolver por esa generosidad del espíritu, por ese corazón abierto en el que tengan cabida cuantos vamos encontrando por el camino, por esa misericordia y comprensión para, incluso con nuestra pobreza o con nuestros sufrimientos, saber estar al lado de los que pasan también por esas situaciones difíciles de la vida?


martes, 12 de septiembre de 2023

Sepamos subir al monte para aprender a bajar a la llanura, sepamos ir a los momentos de silencio y hasta de soledad para poder crecer en esa fuerza interior que necesitamos

 


Sepamos subir al monte para aprender a bajar a la llanura, sepamos ir a los momentos de silencio y hasta de soledad para poder crecer en esa fuerza interior que necesitamos

 Colosenses 2, 6-15; Sal 144; Lucas 6, 12-19

Hay ocasiones en que nos creemos demasiado autosuficientes y autodidactas que nos queremos valer por nosotros mismos como si solo con nuestra fuerza o con lo que hemos aprendido por nosotros mismos podemos hacer de todo y podemos lograrlo todo. No es malo que nos queramos valer por nosotros mismos, no es malo que busquemos cómo salir adelante con nuestro esfuerzo y con nuestro deseos de crecer, de saber más, de hacerlo por nosotros mismos. pero cuidado caigamos en la autosuficiencia de no querer aceptar lo que podamos recibir de los demás, aprender de los que están a nuestro lado o saben más que nosotros, de acoger esa fuerza que podamos recibir para mantener ese deseo y esa tensión. reconozcamos también nuestras limitaciones, reconozcamos lo que podemos recibir.

Recogiendo de alguna manera el mensaje que hoy nos ofrece el evangelio, sepamos subir al monte para aprender a bajar a la llanura; sepamos ir a los momentos de silencio y hasta de soledad, para descubrir de donde podemos recibir esa fuerza interior que luego vamos a necesitar para ir al encuentro con la vida; no temamos irnos en la noche a la montaña, porque es donde vamos a aprender como luego bajar al valle en el que tan variados caminos y circunstancias nos vamos a encontrar.

Es lo que le vemos hacer hoy a Jesús en el evangelio. Ya nos dice el evangelista que subió a la montaña y pasó la noche en oración; es algo que muchas veces le veremos hacer. A la mañana vendrá al encuentro de los discípulos de entre los cuales escogerá a doce a los que llamará sus enviados, los apóstoles.

Después, como también le veremos en otro momento que les dice que tiene que ir a otros lugares y al encuentro de otros porque ha sido enviado para todos, bajará a la llanura donde se encontrará no solo con los discípulos que habían ido surgiendo a su paso por Galilea, sino también por muchos venidos de Jerusalén, pero también de las ciudades paganas de Tiro y Sidón. A otros también tenía que ir a anunciar la Buena Nueva. Allí estará con todos, le llevarán sus enfermos y los atormentados por los espíritus, todos querrán al menos tocarlo o tocar la orla de su manto, y a todos irá curando.

Ese camino o ese proceso, por llamarlo de alguna manera, que vemos en Jesús es el que hoy quiero fijarme. Pasó la noche en el silencio, en la oración. Solo después de ese momento vendrá al encuentro con los discípulos para escoger a los doce apóstoles; solo después bajará de la montaña para ir al encuentro con todos a los que ha de anunciar con sus palabras y con los signos que realizaba el Reino de Dios. ¿Será así nuestro camino?

Reconozcamos que muchas veces queremos hacerlo a la inversa. Decimos que tenemos tanto que hacer, que es mucha la mies o que es grande la labor y ya enseguida queremos ponernos manos a la obra sin haber tenido antes la necesaria noche del silencio. Fácilmente lo olvidamos los cristianos; tenemos incluso la tentación de considerar esas noches de silencio como si fueran inútiles e innecesarias. Nosotros sabemos lo que tenemos que hacer y cómo tenemos que hacerlo nos decimos; demasiado autosuficientes nos ponemos.

¿Permitiremos que un arquitecto nos diseñe el edificio o casa de nuestra vida si antes no ha estudiado la carrera de arquitectura para poder realizar y trazarnos con seguridad esos planos? Cuando nos presente su proyecto antes habrá pasado mucho tiempo, no solo en sus estudios previos mientras realizó su carrera, sino ahora en el estudio de lo que va a realizar para poderlo hacer debidamente.

En esa tarea tan hermosa que todo cristiano comprometido tiene que realizar en medio del mundo que le rodea con ese testimonio de nuestra fe, con esos signos de nuestro compromiso de amor que tenemos que manifestar, no podemos ir de cualquiera manera por nuestra cuenta. Necesitamos de ese fortalecimiento de nuestra fe, de ese apuntalar bien lo que son nuestros principios y nuestros valores cristianos, necesitamos crecer interiormente para poder tener toda esa fuerza del Espíritu que nos ayude y que nos impulse, necesitamos pasar por ese silencio de la montaña, por ese silencio de la noche, por ese tamiz de la oración, porque no vamos por nosotros mismos ni solo con nuestra fuerza. Es algo que no podemos descuidar, algo en lo que no necesitamos hacer carreras para llegar pronto, algo que necesita una honda preparación del espíritu. Cuidado no nos llenemos de autosuficiencias que harán nulo nuestro trabajo. 

¿Nos estará faltando algo de todo esto a los cristianos hoy para dar ese necesario testimonio ante el mundo?


lunes, 11 de septiembre de 2023

Tengamos siempre en cuenta por encima de todo la dignidad de toda persona, sea quien sea, haya hecho lo que haya hecho y venga de donde venga

 


Tengamos siempre en cuenta por encima de todo la dignidad de toda persona, sea quien sea, haya hecho lo que haya hecho y venga de donde venga

Colosenses, 1, 24-2, 3; Sal 61; Lucas 6,6-1

Si ante un grupo de personas hiciéramos la pregunta ¿qué es lo más importante para ti? seguramente recibiremos un variado repertorio de respuestas, seguramente muchas de ellas muy originales; nos hablarán de la felicidad y de la vida, nos hablarán de las cosas que desean poseer o de algo muy importante que guarden en su corazón, no hablarán de la familia y de la amistad, nos hablarán de riquezas o nos hablarán del amor... Muchas pueden ser las respuestas; seguramente todos con el deseo de ser lo más felices posible. Pero quiero que de alguna manera quede ahí en nuestra mente esa pregunta, para que nos definamos de verdad en lo que ponemos nuestra esperanza, por aquello que queremos luchar, lo que en verdad consideramos primordial, aquello en lo que ponemos la vida.

Vivimos muchas veces como encorsetados, normas que nos imponemos o que nos impone la sociedad, influencias que recibimos de las que no siempre sabemos liberarnos, agobios que podemos sentir en nuestro interior ante los problemas a los que nos enfrentamos cada día, presiones de un lado y de otro, ofertas de felicidad que recibimos desde todos los lados y desde los más variados sentidos de la vida, ¿seremos en verdad libres? ¿tendremos unos principios y unos valores por los que luchamos? ¿llegaremos a alcanzar esa felicidad que tanto deseamos? ¿a qué le damos importancia, a las cosas o a las personas? Aunque tanto hablamos de la dignidad de la persona, de los derechos humanos haciendo grandes proclamaciones, en verdad ¿respetamos la dignidad de toda persona o andaremos con discriminaciones?

Quizás son muchas las preguntas que me voy haciendo, pero creo que es necesario que afrontemos la realidad que muchas veces es muy cruda. Nos cuesta. Muchas veces preferimos soñar antes que actuar. Podemos también caer en palabras huecas y vacías que no nos lleven a encontrar una verdadera respuesta. pueden ser también muchas las cosas que nos inquietan en nuestro interior, pero si no nos ponemos a pensar, a planteárselo y a buscar respuestas, siempre andaremos en lo mismo. No podemos andar como adormilados por la vida. No nos podemos cegar.

Quiero seguir planteándome qué lugar e importancia le damos a la persona. Podemos pensar en nuestra propia dignidad, cómo la vivimos o lo que nos cuesta para vivir en toda dignidad como personas, y no estoy refiriéndome solo a las carencias o no carencias de orden material que podamos tener, sino a algo más hondo que es lo que nos hace mantener nuestra dignidad con el cuidado de nuestra personalidad, con el crecimiento de verdaderos valores que contribuyan a mantener esa dignidad.

Pero estoy pensando en cómo salvaguardamos la dignidad de toda persona. Porque cuando toca respetar la dignidad de las demás personas, podríamos estar recibiendo muchas influencias negativas, naciendo de prejuicios, de costumbres, de normas de comportamiento, de racimos incluso que pudieran andar encubiertos en muchas actitudes y posturas de lo que vemos alrededor. Porque ese es una mala persona, dicen algunos, y no merece nada; porque si miramos su pasado aunque ahora se presente con buena cara, ya no pensaríamos lo mismo; porque es de aquí o de allí y aquí pueden añadir toda clase de discriminaciones, y así podríamos seguir. pero, ¿no es una persona? ¿No merece, por tanto, siempre el respeto a su dignidad sea lo que sea, haya hecho lo que haya hecho, tenga o no tenga no sé qué limitaciones o dependencias?

Podéis estar pensando quien está siguiendo esta reflexión, a qué viene todo esto. Primero que miro la realidad que nos rodea y no siempre es tan bonita como queremos aparentar a pesar de tan hermosas declaraciones que podamos hacer, pero me lo estoy haciendo también fijándome en un solo gesto que se nos ofrece hoy en el evangelio.

Era sábado, estaban en la sinagoga, esperaban a Jesus y estaban al acecho de lo que pudiera hacer o decir, como pasaba tantas veces, hay allí un hombre con una limitación en sus manos, todos están pendientes de lo que pudiera pasar, cada uno con sus prejuicios, cada uno con sus influencias, cada uno cargando con las normas que le imponía aquella sociedad en la que viven. Sabiendo Jesus quienes le están rodeando con sus pensamientos y con sus intenciones comienza con un solo gesto. Puso de pie allí en medio aquel hombre con su mano impedida. Era necesario que todos lo miraran.

¿Qué podía estar pasando por la mente de todas aquellas personas? Pero Jesus quiere que miren cara a cara a aquel hombre. Y solo se pregunta Jesús qué es lo que se puede hacer un sábado. ¿Se puede hacer el bien de liberar a aquel hombre de su limitación y dependencia o era mejor dejarlo como estaba porque predominaban las normas por encima del valor de la persona? Ya sabemos y entendemos la actitud y la postura de Jesus. Ya nos está diciendo por dónde deben ir nuestros valores. Creo que no es necesario decir mucho más sino que cada uno saque sus consecuencias en su interior.


domingo, 10 de septiembre de 2023

No podemos cerrar los ojos, no podemos permitir que nuestra sociedad se hunda porque con ella nos hundiremos si no ponemos de nuestra mano nuestro grano de arena para hacerla mejor


 

No podemos cerrar los ojos, no podemos permitir que nuestra sociedad se hunda porque con ella nos hundiremos si no ponemos de nuestra mano nuestro grano de arena para hacerla mejor

Ezequiel 33, 7-9; Sal 94; Romanos 13, 8-10; Mateo 18, 15-20

En ocasiones sentimos la tentación de decir que nadie se meta conmigo que yo tampoco me meto con nadie. Y parece como si quisiéramos ir por la vida aislados de los demás y sintiéndonos despreocupados de lo que nos sucede a nuestro alrededor. confesamos que a la larga no nos sentimos satisfecho con posturas así, pero quizás cansados de que los cotillas de turno siempre se estén metiendo con uno y parece como si siempre quisieran estar diciéndonos lo que tenemos que hacer, quizás agobiados por los problemas de la vida, por los problemas de la sociedad en la que vivimos a los que no siempre sabemos qué solución dar, parece como si quisiéramos poner una campana alrededor que nos aisle de todo. 

Pero vivimos en una sociedad, estamos creados para la socialización, para la relación, nos damos cuenta de que no podemos desentendernos así de todas las cosas, que lo que sucede en nuestro entorno nos afecta, que lo que es la vida de los que nos rodean también de alguna manera nos afecta, podríamos decir que tenemos que despertar de esas posturas aislacionistas y necesariamente tenemos que sentir preocupación por cuanto nos rodea y nosotros mismos en el camino que vamos haciendo por muy aislados que queramos vivir nos damos cuenta que nos necesitamos los unos a los otros. Mejor es tendernos la mano, mejor es tratar de poner algún granito de arena que contribuya a una mejor construcción de nuestra sociedad. Si dejamos que la sociedad se hunda sin que pongamos algo de remedio según seamos capaces, seguro que nos vamos a hundir en ese mismo hundimiento de la sociedad.

Hoy nos habla Jesús en el evangelio de la corrección fraterna. Y ya nos decía el profeta que nuestro hermano se hunde por el mal que ha dejado meter en su corazón sin corregirse, pero nosotros no hemos hecho nada por ayudarlo, él tendrá su culpa, pero Dios nos pedirá cuentas porque nosotros nos cruzamos de brazos y nada hicimos. Jesus nos está dando la pauta de cómo hemos de actuar, de la delicadeza que hemos de poner, porque en fin de cuentas es entrar en el sagrario del yo y del ser de la otra persona y eso no lo podemos hacer de cualquier manera, de cómo hemos de contar con otros para poder realizar esa labor, que no es ir con el chisme para decirle a los demás lo mala que es aquella persona, sino saber encontrar la forma de acercarnos al otro buscando la mejor manera de ayudarle. 

No podemos cerrar los ojos; no podemos permitir, aun respetando la libertad de cada persona y su personal responsabilidad en sus decisiones, que alguien se hunda porque no le advertimos del peligro, porque no seamos capaces de tener una mano para que pueda sortear ese momento difícil. Tenemos que sentir hondamente esa responsabilidad por el hermano y con él saber buscar caminos de vida.

Pero como hemos venido diciendo no nos quedamos reducidos a ese ámbito particular de cada persona, sino que eso ha de llevarnos a mucho más; es la responsabilidad que tenemos con la sociedad en la que vivimos. 

Es fácil que todos nos pongamos a hablar de lo mal que andan las cosas; hay momentos difíciles por los que pasamos con mucha frecuencia en nuestra sociedad que parece que nos encontramos como en un callejón sin salida porque los problemas se acumulan, porque no siempre somos capaces de entendernos o ponernos de acuerdo en las soluciones que le tenemos que ir dando a los caminos o a los momentos que vivimos, pero todo se nos va y se nos queda en nuestras críticas y en nuestros juicios, en culpar a los demás, sean personas, sean partidos, sean instituciones, de que las cosas vayan como están marchando, pero poco aportamos, pocos lazos de entendimiento buscamos, demasiados abismos creamos entre unos y otros, de excesiva tensión cargamos el más mínimo intento de diálogo que queramos entablar. 

¿No tendríamos que buscar otros caminos? ¿No tendríamos que bajarnos de nuestros pedestales de orgullo con los que queremos siempre imponernos a los demás? Algo nuevo y distinto tendríamos que hacer para mejorar el estado Si nos callamos, como nos decía el profeta, también a nosotros se nos pedirá cuenta de lo que no hicimos.


sábado, 9 de septiembre de 2023

Muchas cosas tenemos que desbrozar en nuestra vida y en nuestra forma de expresar nuestra religiosidad porque tenemos el peligro de ocultar el verdadero sentido del evangelio



 Muchas cosas tenemos que desbrozar en nuestra vida y en nuestra forma de expresar nuestra religiosidad porque tenemos el peligro de ocultar el verdadero sentido del evangelio

Colosenses 1, 21-23; Sal 53; Lucas 6, 1-5

He venido observando en las últimas semanas el interesante trabajo que han venido realizando poco a poco en lo que hace unos años era un hermoso huerto con sus viñas y con sus árboles frutales que lo convertían casi como un jardín junto a la casa en que se situaba; pero con el paso de los años, porque los sucesivos propietarios de tal casa y terreno fueron plantando diversos árboles y enredaderas a su capricho creyendo que lo embellecían, poco a poco se fue convirtiendo en una maraña de enredaderas y árboles sin orden ni concierto que lo volvieron impenetrable e intransitable; ahora con la tarea de desbroce que están realizando está recobrando su primigenia belleza haciéndolo un lugar verdaderamente confortable.

Me ha hecho pensar. ¿Necesitaremos de vez en cuando realizar en la vida esa tarea de desbroce para ir eliminando tantas cosas que se vuelven inservibles, más aún, nos hacen poco confortable la vida? Cuántas cosas vamos acumulando. Y ya no quiero referirme solamente a tal cantidad de cachivaches con que vamos llenando nuestros hogares o los lugares donde hacemos nuestra vida ordinaria - analiza todas esas cosas que vas guardando en tu habitación o en tu casa, la mayor parte inservibles o de poca utilidad pero que van ocupando nuestros espacios y restándonos incluso comodidad a nuestras vidas -, pero quiero pensar en tantas cosas que guardamos dentro de nosotros, recuerdos muchas veces que nos amargan, que merman nuestra felicidad cuando mantenemos rencores en el alma, apegos de los que parece que no podemos desprendernos con tantas dependencias que nos vamos creando en la vida.

Pero haciéndome esta reflexión tras la lectura del evangelio de hoy, en que aquellos fariseos vinieron a reprocharle a Jesus porque sus discípulos habían estrujado unos espigas a su paso por el campo para echarse unos granos a la boca, cuando era un sábado y no se podía realizar ningún trabajo, me lleva a hacerme también muchas preguntas. Jesus viene a hacerles caer en la cuenta que ese campo de su religiosidad, de sus costumbres y leyes judías que se habían llenado de normas y preceptos mucho más allá de lo que estaba señalado en la Escritura santo como mandamientos de Dios, necesitaban un desbroce, porque muchas cosas se habían acumulado que le quitaba brillo a lo que era la verdadera ley del Señor.

Y las preguntas se dirigen a nuestra manera de vivir nuestra piedad religiosa, en las cosas de las que nos hemos rodeado los cristianos para manifestar y expresar nuestra fe, incluso, ¿porqué no? en nuestros ritos y celebraciones de todo tipo en el orden popular o incluso en muchas celebraciones que tenemos en nuestros templos, que de alguna manera pudieran oscurecer lo que tendría que ser nuestra auténtica relación con Dios, nuestro verdadero sentido religioso. ¿No quedará muchas veces oscurecida nuestra liturgia, nuestra celebración de la Eucaristía y de cada uno de los sacramentos, con tantas cosas que las que queremos adornar nuestras celebraciones porque decimos que así parecen más bonitas? Y no digamos nada de tantos actos piadosos y devocionales con los que llenamos nuestros tiempos en el templo, que pudieran hacer que no llegaramos a valorar la auténtica presencia de Dios en nuestra vida.

En tantas partes veo el resurgir de tantas novenas, de tantas y tantas fiestas de santos que muchas veces están alejadas incluso de lo que fue el sentido de la vida de esos santos, de tantas y tantas advocaciones piadosas que pudieran empañar lo que es verdaderamente la salvación que Dios en Jesucristo ha querido ofrecernos.

¿Dónde está el evangelio? ¿Dónde está el verdadero espiritu del evangelio en muchas de todas devociones de las que nos están rodeando? Si todo eso que hacemos no nos lleva al evangelio de Jesus, yo diría que estamos dando palos de ciego; si le damos más importancias a las velas que encendemos o a las flores con que adornemos nuestros altares para que queden muy bonitos, que al espiritu del evangelio que nos hace humildes, que nos hace servidores de los demás, que nos lleva al perdón en todo momento y ser capaces siempre de mostrar misericordia con los demás, lejos estamos del evangelio, lejos estamos de Jesus, tenemos que reconocer.

¿No habrá muchas cosas que desbrozar? Juzgamos y condenamos a los fariseos por todas las normas que se habían impuesto y porque le vinieron a decir a Jesus que los discípulos habían estrujado unas espigas porque iban hambrientos por el camino, pero ¿y qué estamos haciendo nosotros?


viernes, 8 de septiembre de 2023

Nos alegramos, pues, en esta fiesta del cumpleaños de María, con ella nos gozamos en el Señor haciendo que nuestro corazón, como fue el de María, desborde de gozo en el Señor

 


Nos alegramos, pues, en esta fiesta del cumpleaños de María, con ella nos gozamos en el Señor haciendo que nuestro corazón, como fue el de María, desborde de gozo en el Señor

Miqueas 5, 1-4a; Sal 12; Romanos 8, 28-30; Mateo 1, 1-16.18-23

Hay fechas en la vida de toda persona que siempre se recuerdan, le podremos dar mayor o menor relevancia quizás según las costumbres o las posibilidades, pero que son un acontecimiento en la vida de cada persona; no se trata ya de cosas que nos van sucediendo a lo largo de la vida, que vayan siendo hitos de nuestra vida, que nos van marcando con determinadas circunstancias de lo que nos va acaeciendo en cada momento y que por eso las recordamos, sino de un momento que vivimos sin tener conciencia en ese momento de lo que nos sucedía, pero que fue tan importante como lo es el principio de la vida, nuestro nacimiento. Podremos celebrarlo o no, pero siempre lo recordamos, como siempre tendremos muy presente esa fecha del nacimiento de aquellas personas a las que amamos, como pueda ser nuestra madre. Es un día en que todo buen hijo quiere celebrar y felicitar a su madre, y siempre buscará la forma de poder entregarle la mejor rosa de su amor.

Hoy celebramos una fiesta así, la fiesta de la madre. Es la fiesta del nacimiento de aquella a la que todos amamos como madre, pero que sabemos también que es la Madre de Dios. Hoy celebramos el nacimiento, la natividad de la Virgen María, la madre del Señor y nuestra madre porque Él quiso así regalárnosla desde el momento supremo de la cruz. Hoy es un día muy tierno en la devoción y el amor que le tenemos a María, aunque en este día en los diferentes pueblos la invoquemos con una advocación especial.

En nuestra tierra en este día la invocamos como la Virgen de los Remedios o la Virgen de la Luz, la Virgen del Pino o la Virgen del Socorro, por solo mencionar algunas de las más populares en los pueblos cercanos a nosotros. Muchos y diferentes son los nombres que le damos a María, pero siempre es la madre, por lo que desde nuestro amor el nombre con que la invocamos es como un piropo con el que la regalamos. Pero es la fiesta del Nacimiento de María, es el cumpleaños de María aunque no podamos especificar de manera muy concreta el número de sus años, pero para los hijos las madres no tienen años, las madres son siempre jóvenes, porque siempre joven y renovado es su amor maternal.

Queremos considerar aquí cómo silenciosamente y sin hacer aspavientos María entró en la historia de la salvación. Pero es de la misma manera cómo Dios introduciéndose en el corazón de María comenzó a hacerse presente de manera especial en la historia y en la vida de los hombres. Quiso Dios que María ocupara también un lugar importante en la historia de la salvación y en nuestra historia, de manera que aquella a la que había escogido para ser la madre que le prestara sus entrañas para encarnarse y al hacer hombre ser el Dios entre nosotros, se convirtiera también en la madre de la Iglesia, en la madre de todos los que aman y siguen a Jesús, en nuestra madre.

La liturgia en este día nos habla del despuntar de la aurora de la salvación con el nacimiento de María, porque luego ella con su sí ante la embajada del ángel hiciera posible que ya para siempre nos iluminara el sol que viene de lo alto. Su nacimiento, pues, es el comienzo de ese nuevo brillo y resplandor, como una aurora, que nos anuncia la luz del día. Por eso la podemos invocar como madre y reina de la luz porque nos da a su Hijo, nos señala siempre a Jesús a quien tenemos que acudir para hacer lo que Él nos diga, porque sólo en Él está la Palabra de vida y solo Él es nuestra salvación. en los brazos de María siempre contemplaremos a Jesús. Y en ese amor que sentimos por María, que es nuestra madre, Dios se va introduciendo en nuestro corazón y nos va llenando de esa nueva luz y de esa nueva vida.

Nos alegramos, pues, en esta fiesta de María, en esta fiesta del cumpleaños de la Madre; a ella le ofrecemos lo mejor de nosotros, con ella sentimos la alegría de la vida, con ella nos gozamos en el Señor haciendo que nuestro corazón, como fue el de María, desborde de gozo en el Señor con cuanto el Señor nos ha regalado. 'Desbordo de gozo con el Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador... porque ha mirado nuestra pequeñez, porque en nosotros como en María, ha hecho cosas grandes'.

jueves, 7 de septiembre de 2023

Son necesarios hoy cristianos valientes y arriesgados que se lancen por el mundo para ser nuevos pescadores de hombres

 


Son necesarios hoy cristianos valientes y arriesgados que se lancen por el mundo para ser nuevos pescadores de hombres

Colosenses 1, 9-14; Sal 97; Lucas 5, 1-11

Nos habrá sucedido. Una persona por la que sentíamos gran aprecio, o tal vez un amigo de mucha confianza, nos pidió en determinado momento que hiciéramos algo - por supuesto que no era ninguna cosa dañina - pero que a nosotros quizás nos parecía algo descabellado, algo que no se podría realizar por lo difícil, o incluso imposible, pero ante la insistencia de esa persona o amigo al final nos decidimos a realizarlo y nos salió muchísimo mejor que lo que esperábamos. Fue la confianza en el amigo lo que al final nos motivó, sobre todo por no desairar, por contentarlo, aunque nosotros pensábamos que no se tendría resultado. 

La confianza hizo posible aquello que nos parecía imposible; y esto nos puede suceder en muchos aspectos de la vida que pueden referirse también a nuestra superación personal en algo en lo que de alguna manera teníamos que crecer, o de lo que tendríamos quizás que arrancarnos para buscar algo mejor. Nos comemos, por así decirlo, nuestro orgullo, pero al final salimos enriquecidos. Ojalá, nos decimos, tuviéramos más confianza en aquellos que están a nuestro lado y quieren ayudarnos, o quieren que abramos nuevos caminos en la vida.

Algo así estamos contemplando en el evangelio. Estamos en unos primeros momentos de la predicación de Jesus, pero ya la gente se interesaba por su palabra y querían escucharle, y también ya algunos comenzaban a mostrar su confianza en Jesus que tantas esperanzas despertaba en sus corazones. 

Una multitud grande se había congregado allí en la orilla del lago, y ya se hace difícil que todos puedan verle y escucharle. Por eso Jesús se atreve a subirse en una de aquellas barcas que han regresado de su faena, mientras los pescadores andan lavando y ordenando las redes para futuras faenas. Desde allí, con la gente reunida en la playa, puede hablarles mejor para que todos le puedan escuchar.

Terminado el rato de su enseñanza a la gente Jesús les pide a los pescadores, era la barca de Simón Pedro, que remen mar adentro en el lago para echar las redes. Pienso en la cara de asombro de los pescadores cuando ellos están cansados de haber pasado una noche bregando sin coger nada. Pero es ahí donde aflora la confianza de aquellos pescadores que ya se han ido entusiasmando por la predicación de Jesús y comienzan a mostrar interés por hacerse sus discípulos. Es Pedro el que se adelanta. 'Hemos estado toda la noche bregando sin coger nada - bien conocemos nosotros el lago y sabemos que hay momentos en que no hay remedio porque no hay nada que pescar - pero porque tú lo dices, por tu palabra, echaré las redes' de nuevo.

Ya conocemos el resultado por lo que nos narra el evangelio. Era tan grande la redada de peces que tuvieron que llamar a los compañeros de la otra barca para que les ayudaran. No salían de su asombro. Simón Pedro se siente sobrecogido. Está sintiendo que algo grande está sucediendo, que allí está la mano de Dios  que toca sus vidas por la presencia de Jesus. 'Apártate de mí, que soy un pecador', terminará diciendo Simon Pedro y postrándose a los pies de Jesus. Pero Jesus quiere contar con ellos para algo más que tener una pesca milagrosa como la que ahora ha sucedido. Jesus quiere confiarles un día una misión. 'Venid conmigo y os haré pescadores de hombres'.

Habían sido capaces de despojarse de su yo, de lo que habían sido sus experiencias de vida hasta entonces, lo que hasta entonces sabían hacer, habían sido capaces de confiar en algo nuevo y distinto aunque eso cambiará todos sus esquemas mentales. Y eso no es fácil. Pesan mucho nuestras costumbres, nuestras rutinas, lo que hemos hecho siempre, lo que creíamos que sabíamos muy bien hacer desde siempre para comenzar a hacer algo nuevo y distinto. 

Cómo nos cuesta arrancarnos de una costumbre que está muy arraigada en nuestra vida, cómo nos cuesta arriesgarnos a algo nuevo que no nos ofrece tantas seguridades como aquello que estamos acostumbrados a hacer, cómo nos entran suspicacias y desconfianzas cuando nos ofrecen algo nuevo que no conocemos y que nos aseguran que podemos realizar. Nos pueden muchas veces nuestros miedos y no queremos arriesgarnos.

Como nos recordaba el Papa Francisco en las Jornada Mundial de la Juventud: 'Para echar nuevamente las redes al mar, es necesario dejar la orilla de las desilusiones y del inmovilismo, tomar distancia de esa tristeza dulzona y de ese cinismo irónico que nos asaltan frente a las dificultades. Es necesario hacerlo para pasar del derrotismo a la fe, como Simón que, aun habiendo trabajado en vano toda la noche, afirmó: Si tú lo dices, echaré las redes'.

¿Qué estaríamos dispuestos nosotros a hacer en este sentido? ¿A qué estaríamos dispuestos a arriesgarnos? ¿No necesitará la Iglesia de hoy tener esa valentía y arrojo del Espíritu para poder responder a las angustias y a las esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo? Se necesitan cristianos valientes y arriesgados para lanzarnos por el mundo para ser en verdad nuevos pescadores de hombre, como nos está invitando Jesús.


miércoles, 6 de septiembre de 2023

Cuántas oportunidades tenemos de ser esa mano de Jesús que llega a la raíz del dolor de muchos a nuestro lado sabiendo poner nuestra mano sobre su hombro en el momento oportuno



 Cuántas oportunidades tenemos de ser esa mano de Jesús que llega a la raíz del dolor de muchos a nuestro lado sabiendo poner nuestra mano sobre su hombro en el momento oportuno

Colosenses 1,1-8; Sal 51; Lucas 4, 38-44

    ¡Cuánto conforta una mano amiga sobre el hombro! Es la mano que acompaña nuestra soledad y aunque sea en silencio nos dice muchas cosas; es la mano que reconforta y nos levanta el ánimo; es la mano que hace fluir sobre nuestro espíritu una alegría, aunque no haya estruendosas carcajadas, que nos hace sentir y ver las cosas distintas; es la mano que nos sana por dentro destruyendo angustias y desesperanzas; es la mano que nos dice que alguien está ahí a nuestro lado y nos impulsa a seguir caminando y luchando por la vida.

    Seguro que todos lo habremos experimentado en más de una ocasión; todos alguna vez hemos pasado por momentos oscuros, por soledades, por sufrimientos y angustias del alma, porque son cosas que se van sucediendo en la vida. Habremos tendido la mano quizás más de una vez y hemos visto aflorar una sonrisa entre las lágrimas para darle un nuevo brillo a los ojos; habremos experimentado ese retorno del calor del amor y del agradecimiento a través de esa mano que hemos tendido en quien se ha sentido confortado; habremos experimentado esa satisfacción del corazon cuando hemos visto que alguien acoge esa mano nuestra que quiere levantarlo y es capaz de comenzar a caminar de nuevo. Experiencias que se llenan de reciprocidad haciendo que se entable una nueva comunión, una nueva comunicación de los corazones.

    También habremos estado esperando esa mano amiga que no termina de llegar, o en nuestra ceguera no hemos sabido descubrir; también nuestro corazón ha gritado silenciosamente con angustia pero con deseos de tener esperanza de que esa mano termine de llegar. Quizás en ese hondo silencio que se ha producido en nuestro interior habremos sabido levantar nuestra mirada más allá, más arriba y hemos querido estar como aquellos enfermos de los que nos habla el evangelio de hoy cercanos a Jesus, o habremos encontrado también quien nos ha llevado hasta Jesus para tambien imponga su mano sobre nosotros. 

    Es el mensaje tan hermoso que hoy nos ofrece el evangelio. 'Al ponerse el sol, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando'. Jesús había comenzado su actividad por Galilea, le hemos contemplado los sábados en la sinagoga haciendo el anuncio del Reino de Dios a la gente que le escuchaba admirada por lo que decía pero también por los signos que realizaba. Una manifestación de esa llegada del Reino de Dios que nos ponían en camino de liberación, como había anunciado en la sinagoga de Nazaret. A los pobres, a los sencillos, a los que sufrían se les anunciaba una buena noticia de que comenzaba algo nuevo. comenzaban a sentir la cercanía de Dios. Por eso quieren estar con Jesús.

    Con sus penas, con sus sufrimientos, con su pobreza, con tantas limitaciones que la vida les imponía, con sus corazones atormentado y oprimidos, querían llegar hasta Jesús. Simplemente querían que Jesus les tocara, que Jesús les impusiera sus manos. Era una bendición. Como el padre anciano que imponía sus manos sobre las cabezas de sus hijos para hacerles llegar su bendición, haciendo que sus corazones se llenaran de alegría y de paz, siguieran sintiendo esa presencia y ese amor paternal a lo largo de sus vidas, aunque ya el padre no estuviera entre ellos, ahora querían recibir esa imposición de manos de Jesús. 

    Y se sentían curados, porque sentían nueva vida en sus corazones; se sentían curados porque a pesar de sus pobrezas y de tantas limitaciones que sufrían en la vida ahora se sentían con esperanza; y se sentían curados porque una nueva fuerza comenzaba a brotar en su interior para emprender nuevos caminos, para levantarse de sus caídas y frustraciones, para sentirse como hombres nuevos; y se sentían curados porque también sus dolores sanaban, recuperaban el movimiento de sus piernas o la luz de sus ojos; se sentían sanados y comenzaban a bendecir a Dios que así se hacía presente, así caminaba entre ellos dándoles nueva luz. Una luz nueva, como una estrella brillante en el cielo, comenzaba a brillar en los campos de Galilea, comenzaba a resplandecer en el corazón de todos aquellos que se acercaban a Jesús.

    Es lo que podemos sentir nosotros también cuando con fe nos acercamos a Jesús; cuando desde la fe y el amor comenzamos a ver esa presencia de Jesús a través de tantas personas que nos están tendiendo la mano en la vida; es lo que podemos vivir nosotros también desde ese amor nuevo que nace en nuestros corazones cuando somos capaces de ir con la mano tendida a los hermanos que sufren a nuestro lado, cuando sabemos poner nuestra mano sobre su hombro para hacerles sentir con nuestro amor algo nuevo en sus vidas. Cuántas oportunidades tenemos de ser esa mano de Jesús que llega a la raíz del dolor de muchos a nuestro lado.