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sábado, 18 de agosto de 2012
Unos ojos limpios y luminosos como los de un niño para gustar el Reino de los Cielos
viernes, 17 de agosto de 2012
jueves, 16 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
la asuncion de la virgen...

La Asunción de la Virgen un canto de alabanza a Dios
que hemos de hacer a imitación de María
martes, 14 de agosto de 2012
lunes, 13 de agosto de 2012
La riqueza de la Palabra de Dios nos inunda de sabiduría divina
La riqueza de la Palabra de Dios nos inunda de sabiduría divina
Ez. 1, 2-5.24- 2, 1; Sal. 148; Mt. 17, 21-26
Como en un abanico desplegado nos aparecen diversos temas o pensamientos en la Palabra de Dios que hoy se nos proclama. Es la riqueza de la Palabra del Señor que nos inunda siempre de sabiduría divina para hacernos penetrar más y más en el misterio de Dios y para iluminarnos en ese camino que llenos de fe y de amor hemos de hacer cada día.
Por eso con cuánta atención hemos de escuchar, acoger en nuestro corazón la Palabra que el Señor quiere dirigirnos cada día cuando venimos a El en nuestra celebración. Si le prestáramos atención y fuéramos en verdad sembrando esa semilla divina en nuestro corazón veríamos cómo iríamos avanzando en nuestra vida espiritual que va a repercutir en gran manera en nuestra forma de vivir, pero también en nuestra relación con los demás para ir haciendo cada día nuestro mundo mejor.
Nada tiene desperdicio en la Palabra del Señor que cada día se nos proclama. Tenemos la tentación algunas veces de pensar en una primera lectura o escucha que hagamos de la Palabra, bueno, hoy es de poca importancia, o pocas son las cosas que puede enseñarnos; cuán equivocados estamos porque Dios en la riqueza de su sabiduría divina siempre tiene mucho que regalarnos. Así es su amor.
En la primera lectura comenzamos a leer al profeta Ezequiel. Era un sacerdote pero que no pudo ejercer en el templo de Jerusalén pues fue llevado al destierro y la cautividad y allí fue profeta para el pueblo que lejos de su tierra necesitaba escuchar fuertemente esa Palabra de Dios que le mantuviese fiel a la Alianza. Lo iremos escuchando en los próximos días, salvo en los que haya alguna celebración especial.
Hoy comienza haciéndonos una descripción maravillosa de la gloria del cielo. Aparte de ser pueblo que en sus expresiones utiliza la belleza de ricas imágenes y descripciones también la situación de cautividad en que vivían necesitaba de manifestaciones gloriosas tal como nos describe el profeta que les alentasen para sentir la presencia del Señor con ellos aunque les pareciera que andaban como abandonados de Dios en su cautividad. Iremos escuchando en los próximos días la presentación de ricas imágenes que ofrece el profeta que ayudaron a aquel pueblo en los momentos concretos y difíciles que Vivian y nos sirven también de ayuda para sentir esa presencia del Señor junto a nosotros. Se manifiesta la gloria del Señor que todo lo envuelve con su presencia de amor.
En el evangelio nos aparecen dos cosas: por una parte el anuncio que una vez más Jesús hace de su pasión y de su pascua. ‘Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día’. El evangelista dice que ellos no entendían. Cuánto cuesta oír hablar de pasión y de muerte, de entrega y de sacrificio. Nos viene bien recordarlo continuamente nosotros también. Que no olvidemos que cada vez que celebramos la Eucaristía estamos anunciando y proclamando la pascua del Señor.
Finalmente un hecho que nos puede parecer anecdótico, pero que no lo es tanto. Le preguntan a Pedro si Jesús no paga las dos dracmas que había que pagar al templo. Vemos la respuesta y el actuar de Jesús, en ese detalle de la pesca de aquel pez que tenía la moneda de plata y que sirvió para pagar el impuesto tanto de Jesús como de Pedro.
Pero, ¿nos quedamos ahí? Creo que hay un mensaje. Jesús como hombre perteneciente a aquel pueblo concreto en el que vivía, aunque como Hijo de Dios podíamos decir que estaba por encima de todo, sin embargo quiere contribuir como un ciudadano más en aquellos medios materiales o económicos para el sostenimiento ya fuera del templo como de todo lo que era actividad de aquella sociedad.
Un detalle que nos recuerda y enseña muchas cosas. Nuestra responsabilidad con la sociedad en la que vivimos y la contribución que cada uno ha de hacer para la solución de sus problemas. No vale cruzarse de brazos para que otros hagan o mirar para otro lado como si esa responsabilidad no fuera con nosotros. Hay unas obligaciones de índole social que no podemos eludir porque estaríamos dejando de lado nuestra responsabilidad. Creo que en momentos como los que vivimos todo esto tendría que hacernos pensar, aunque necesitaríamos reflexionas más amplias. No somos ajenos a la sociedad en la que vivimos.
domingo, 12 de agosto de 2012
sábado, 11 de agosto de 2012
Un corazón compasivo y misericordioso que acoge, consuela, sana y llena de vida
viernes, 10 de agosto de 2012
Un amor como el grano de trigo enterrado para darnos una espiga de numerosos granos

jueves, 9 de agosto de 2012
Necesitamos el aceite que nos mantenga siempre encendidas nuestras lámparas

Necesitamos el aceite que nos mantenga siempre encendidas nuestras lámparas
Os. 2, 16-17.21-22; Sal. 44; Mt. 25, 1-13
‘¡Que llega el esposo; salid a recibirlo…!’ Las doncellas estaban esperando la llegada del esposo para la boda; habían de tener las lámparas encendidas para iluminar el camino y para poder adornar debidamente la sala del banquete. Pero no todas tenían aceite suficiente. ‘Dadnos un poco de aceite que se nos apagan las lámparas’. Mientras fueron a buscarlo se cerró la puerta del banquete de bodas.
Muchas veces hemos escuchado, comentado y reflexionado sobre esta parábola que nos propone Jesús. Al final nos dirá: ‘Por tanto vigilad, porque no sabéis el día ni la hora’. Lo importante es tener la lámpara encendida; lo necesario tener el aceite que alimente esa lámpara para que se mantenga encendida.
¿Cuál es esa lámpara? ¿Cuál es ese aceite? Nos preguntamos como siempre lo hacemos cuando escuchamos esta parábola y queremos encontrar el mensaje. No creo que sea necesario esforzarse mucho para darnos cuenta cuál es esa luz y cómo hemos de mantenerla encendida. Hablamos de la fe; hablamos de la vida de gracia; hablamos de nuestra vivencia de Dios; hablamos de la necesidad de estar unidos a El.
Todos nos damos cuenta que necesitamos esa luz que Jesús nos viene a traer; somos conscientes de que a nosotros, al mundo le falta una luz que ilumine de verdad la vida, que nos dé sentido a lo que hacemos, que sea transformadora de ese mundo al que nosotros queremos hacer con Jesús el Reino de Dios, el Reino de los cielos. Y nosotros estamos llamados a llevar esa luz al mundo. Es misión que Cristo nos ha confiado. Es necesario, para nosotros y para el mundo, encontrar ese aceite que haga encenderse esa lámpara.
Son muchos los problemas que nos vamos encontrando en la vida y en el mundo en el que vivimos. Muchas veces andamos como desorientados sin saber por donde caminar o la meta a la queremos tender. Nos vemos envueltos en tantas ideas, en tantas cosas, en tantas y tan diferentes maneras de pensar que podemos vernos confundidos.
Si a una lámpara que tiene que encenderse e iluminar le mezclamos diferentes y hasta contradictorios combustibles, es difícil que pueda encenderse. Y eso nos puede pasar en esa confusión de ideas y de pensamientos que nos encontramos a nuestro alrededor. Y cuando queremos entrar en diálogo con ese para tratar de anunciarle lo que es nuestra luz, algunas veces parece que no sabemos cómo hacerlo o nos sucede que nos podemos encontrar turbados y confundidos.
Por eso tenemos que asegurar esa luz que da sentido a nuestra vida y que nosotros sabemos que encontramos en Jesús. Y ya sabemos donde podemos encontrar ese aceite que mantenga bien encendida esa lámpara de nuestra fe y de nuestra vida cristiana. Por eso el cristiano tiene que preocuparse de formarse debidamente en su fe para que vaya creciendo y madure de verdad para que pueda dar frutos para nuestra vida y ser verdadera luz para nuestro mundo.
Qué importante ese crecimiento de nuestra fe y de nuestra espiritualidad. Si así lo hacemos no nos encontraremos confundidos y tendremos la respuesta clara que dar a nuestro mundo desde el anuncio que hacemos de Jesús y de su evangelio.
Hoy la liturgia de la Iglesia está celebrando a una mujer que en su búsqueda de la luz - era filósofa - un día se encontró con Jesús y ya para siempre esa fue la luz que iluminó su vida y con la que quiso iluminar también el mundo en que vivía. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) no era cristiana y un día descubrió a Jesús. Se bautizó y se enamoró de tal manera de Jesús que se hizo religiosa, Carmelita Descalza, para así vivir profundamente su unión con Jesús. No quería que nunca le faltara el aceite que le mantendría con la lámpara de su fe y de su unión con Jesús, siempre encendida. Terminaría mártir del odio y de la intransigencia en momentos oscuros del siglo XX, perseguida por el nazismo por su raza judía y sería ejecutada en aquellos terribles campos de exterminio.
De ella además del testimonio de su fe hasta el martirio hemos de aprender también la búsqueda de ese aceite, en la sabiduría de Dios, para que su vida estuviera siempre iluminada por Cristo y así poder iluminar a los demás. Que así sea nuestra búsqueda de ese aceite de Cristo para que podamos dar el testimonio de su luz.
miércoles, 8 de agosto de 2012
martes, 7 de agosto de 2012
La presencia de Jesús nos sorprende y nos llena de vida y de luz
lunes, 6 de agosto de 2012




