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sábado, 15 de agosto de 2026

Contemplando a María en su Asunción nos sentimos impulsados a ponernos en camino como mensajeros y testigos de la misericordia del Señor para nuestro mundo

 


Contemplando a María en su Asunción nos sentimos impulsados a ponernos en camino como mensajeros y testigos de la misericordia del Señor para nuestro mundo

 Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10Ab; Salmo 44; 1Corintios 15, 20-27a; Lucas 1, 39-56

No era para menos. Hay experiencias vividas que no se pueden callar. El bien como el amor es expansivo. Una buena noticia que nos impacta por lo que significa en sí misma pero también por lo que va a repercutir en la vida, en la propia y en la de los demás, no la podemos callar; nos vemos necesitados de comunicarla, de compartirla.

Es lo que estamos viendo hoy en el evangelio que le sucede a María. No ha sido la noticia de que su prima Isabel está esperando un hijo y es mayor y pueda necesitar ayuda. Es importante, es cierto, y es como para ponerse en camino quien tiene la sensibilidad del amor en su corazón para ir a echar una mano. Es el misterio del amor de Dios que está poseyendo a María, como le ha comunicado el ángel, y ésta sí es la gran noticia, que se le desborda a María en su corazón hasta reventar. ¿Quién puede entenderlo mejor que quien también se ha visto desbordada por el amor de Dios concediéndole el don de la maternidad a pesar de sus años? Corre María a casa de su prima que la recibe sintiendo que la noticia también ha llegado a su corazón. ‘¿De dónde a mí que venga a visitarme la madre de mi Señor?’

Prorrumpen las dos mujeres en bendiciones y cánticos de alabanza. Dichosa y bendita tú que has creído, le dice Isabel a María, porque todo lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Las promesas de Dios se están cumpliendo en Isabel con aquel hijo que va a nacer y que tendrá una misión y un lugar importante en la historia de la salvación. La misericordia y el amor del Señor se está desbordando sobre todos, aunque no todos sean conscientes de ello, y con ello se cumplen las promesas del Señor.

Es el cántico de María que reconoce las maravillas que el Señor en ella está realizando y que serán cumplimiento de las promesas de Dios para toda la humanidad. María, aunque pequeña porque se sigue llamando a sí misma la esclava del Señor, siente que en Dios se está sintiendo exaltada y glorificada porque todas las generaciones la llamarán bienaventurada, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en ella. Es un adelanto aquí en este pasaje del Evangelio de lo que hoy en la liturgia estamos celebrando.

María va delante como primicia de esas bendiciones de Dios para toda la humanidad; la contemplamos hoy glorificada en el cielo, participando ya plenamente de la resurrección de Cristo que con El quiso llevarla al cielo trascurrido el curso de su vida terrenal. Pero María quiere seguir saliendo nos al encuentro en cada rincón y en cada momento para hablarnos de las glorias del Señor. Por eso María, madre de la Iglesia, ha querido y quiere estar al lado de esta Iglesia peregrina aquí en la tierra para recordarnos que hemos de recorrer los caminos de Jesús.

Las imágenes de María repartidas en cada rincón de la Iglesia, igual la tenemos en nuestros templos como la tenemos entronizada en nuestros hogares, la llevamos con nosotros ya sea en esa medalla que llevamos al cuello o en la estampa que portamos en nuestra cartera, no están queriendo sustituir a Dios en nuestras vidas sino que son ese recuerdo y esa palabra de Madre que nos recuerda siempre como tenemos que escuchar a Jesús. Habitualmente en sus imágenes nos trae a Jesús o nos señala con algún signo que tenemos que dejarnos iluminar por Jesús.

María a quien vemos hoy en el evangelio ponerse en camino está siendo para nosotros que muchas veces tanto nos cuesta arrancar para comenzar a hacer algo bueno un estímulo y un acicate que nos impulsa también a ponernos en camino porque una Buena Noticia seguimos teniendo que transmitir y que no podemos callar; es el anuncio de la misericordia del Señor que se sigue derramando sobre nosotros y de lo que todos tenemos que hacernos eco. María fue la primera portadora de evangelio cuando corre con la buena noticia a casa de Isabel; María fue la primera portadora de evangelio en nuestra tierra canaria cuando su imagen bendita reposó sobre nuestras costas canarias, como hoy estamos recordando y celebrando en esta fiesta de la Virgen de Candelaria. Fue la luz primera que hizo mirar al Sol a nuestros antepasados porque es lo que reflejaba María en su imagen con la imagen de la luz y portando en sus brazos a Jesús.

Esta fiesta de la Virgen de Candelaria que en nuestra tierra celebramos haciéndola coincidir con la fiesta de su Asunción al cielo es para nosotros una llamada a vivir con toda intensidad el compromiso de nuestra fe. Nuestra tierra sigue necesitando el anuncio del Evangelio con palabras claras y valientes pero también con el testimonio del compromiso de nuestra vida en medio de los problemas con que nos encontramos cada día. Como María en su camino a casa de Isabel nosotros también tenemos que ponernos en camino para ese anuncio de la misericordia del Señor. Como María tenemos que ponernos en camino allí donde haya una necesidad, un dolor o un sufrimiento, una soledad o un cierto distanciamiento.

María saltó todos los obstáculos de las distancias o los peligros de los caminos que había que atravesar; podríamos decir que como luego anunciara el Bautista fue enderezando caminos, allanando valles, recortando distanciamientos que nosotros tenemos también que saber hacer para que no haya soledades, para que los que están tristes encuentren el bálsamo de nuestro consuelo, para que nadie se sienta nunca discriminado por ninguna razón, para que todos se sientan acogidos y valorados sea cual sea su condición, para que a nadie le falte un trozo de pan, para que todos puedan escuchar una palabra de ánimo que les haga levantarse una y otra vez tras sus reiteradas caídas, para que todos encuentren comprensión.

‘Venid vosotros, benditos de mi Padre… porque conmigo lo hicisteis’ ojalá escuchemos un día para participar de la gloria del cielo, como ya hoy estamos contemplando a María tras su gloriosa Asunción al cielo.


viernes, 15 de agosto de 2025

En su Asunción al cielo María pone en nuestras manos el testigo de la luz de Cristo para que nos levantemos y pongamos en camino para iluminar nuestro mundo

 


En su Asunción al cielo María pone en nuestras manos el testigo de la luz de Cristo para que nos levantemos y pongamos en camino para iluminar nuestro mundo

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Salmo 44; 1Corintios 15, 20-27ª; 1, 39-56

 Levantarnos y ponernos en camino. Creo que puede ser el mensaje que resuma  lo que hoy esta fiesta de la Asunción de la Virgen nos puede dejar para nuestra vida.

Levantarnos exige de nosotros una toma de decisión, ni nos quedamos postrados porque nos sintamos unidos ni nos quedamos en la pasividad de dejar la vida pasar sin poner nada de nuestra parte.  Es decidir que tenemos que hacer algo, en este caso, ponernos en camino; ponernos en camino es como lanzarnos a una aventura nueva, es mirar más allá y más lejos porque queremos alcanzar una meta, queremos algo, queremos buscar; atrevernos a descubrir algo nuevo, atrevernos a afrontar lo que vayamos encontrando en el camino, aunque a veces sea duro, lanzarnos a descubrir algo nuevo, a contemplar también la belleza de lo que nos rodea pero buscando otra belleza mayor y mejor, es ser conscientes de la travesía que estamos haciendo pero también de cuanto y cuantos vamos encontrando en esa travesía para ir también interactuando con ese mundo que nos rodea, es poner alegría, ilusión y esperanza en el camino que vamos haciendo que ya no lo podemos hacer entonces de cualquier manera.

No es solo el hecho de que despertemos por la mañana y nos levantemos de la cama para ir haciendo rutinariamente las cosas de cada día. Es empeño, es entusiasmo, es creer en lo que vamos a hacer, es implicar a los que nos rodean con nuestra alegría y nuestra ilusión. Es trasmitir y comunicar lo que llevamos dentro, es convertirnos en mensajeros de que algo nuevo y bueno puede surgir o tenemos que construir.

Comienza diciéndonos el evangelio de hoy que María, después de haber recibido aquella embajada angélica y enterada de lo que estaba sucediendo allá en las montañas de Judea, en casa de su prima Isabel, ‘se levantó y se puso en camino deprisa a la montaña’. María tenía que desahogar lo que tenia en su alma, porque Dios se había fijado en el ella y en su pequeñez estaba realizando cosas grandes; María tenía que ir a comunicar lo que estaba viviendo y es que la misericordia del Señor estaba visitando a su pueblo y todas las promesas mesiánicas se estaban dando cumplimiento; María llevaba alas en su corazón – deprisa hizo el camino nos dice el evangelista – porque Dios visitaba a su pueblo y ella tenía que ser signo de esa visita de Dios que derramaba bendiciones a su paso. La criatura saltó en el seno de Isabel al escuchar las palabras del saludo de María.

El camino de María era un camino nuevo que estaba emprendiendo la humanidad; será un camino sencillo y humilde, al que se hacen sordos los poderosos y los que se creen grandes, pero que van a reconocer los pequeños, los pobres, los sencillos porque serán a los que se revele Dios mientras los poderosos son derribados de sus tronos; un camino de gestos sencillos como ponerse a servir a los que también se sienten pequeños y débiles en sus necesidades pero en quienes se va a derramar de forma abundante la misericordia del Señor.  

Es camino nuevo, porque es camino que nos trae la buena noticia, es camino de evangelio, es camino que nos señala el paso de Dios por nuestra vida y por nuestra historia, pero que nos convierte a nosotros en caminantes y testigos en medio de nuestro mundo.

Siguiendo el ejemplo y testimonio de María nosotros hoy también queremos levantarnos y ponernos en camino. Ni nos podemos quedar en la tranquilidad de Nazaret ni nos podemos quedar en lo alto de la montaña por muy bien que se esté allí como le sucedía a Pedro. Los que de Nazaret no se pusieron en camino les costaría incluso después reconocer en Jesús el paso salvador de Dios por sus vida. Si nos quedamos ensimismados en lo alto de la montaña no seremos capaces de palpar la realidad cruda de nuestro mundo, como cuando Jesús bajó del Tabor y se encontró con aquel padre que no sabía qué hacer con su hijo porque tampoco los discípulos eran capaces de curarlo.

Ponernos en camino significará para nosotros contemplar la cruda realidad de nuestra vida y de nuestro mundo, muchas veces desorientado y confundido, que nos puede ofrecer mil caminos pero en los que nunca encontraremos satisfacción porque solo quieren encantarnos con cantos de sirena, con alegrías superficiales  o con felicidades efímeras que al final nos dejan mal sabor en la boca y amargura en el corazón. Es el camino ilusionante que nosotros hemos de emprender desde nuestro encuentro con Jesús en la fe para llevar una rayo de luz, un rayo de esperanza de que algo nuevo y mejor podemos hacer para darle plenitud a nuestro mundo.


Es el faro de luz que de manos de María hoy recibimos cuando la vemos glorificada junto a Dios, en esta fiesta de su Asunción al cielo, cuando contemplamos su camino de Nazaret a las Montañas de Judea, o cuando la estamos contemplando en su bendita Imagen de la Candelaria, como hoy la celebramos en nuestra tierra canaria.

Esa vela luminosa y encendida que lleva en sus manos en nuestras manos la está depositando para que nosotros poniéndonos en camino seamos signos de esa luz en el mundo que nos rodea. Es como un testigo que pone en nuestra manos, pero que ya recibimos desde el día de nuestro bautismo, porque además es la luz que si la mantenemos encendida con ella podremos entrar en las bodas eternas del cielo, en la gloria del Señor, como a Ella hoy la contemplamos.

jueves, 15 de agosto de 2024

María en su Asunción sigue siendo hoy un faro de luz que pone esperanza en nuestros corazones despertando en nosotros los deseos de un mundo nuevo y mejor

 


María en su Asunción sigue siendo hoy un faro de luz que pone esperanza en nuestros corazones despertando en nosotros los deseos de un mundo nuevo y mejor

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Salmo 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Tener una señal que nos garantice que aquello por lo que luchamos lo podemos conseguir será siempre algo que nos da esperanza en nuestro esfuerzo por lo que merece la pena, aunque sea duro el camino, seguir en nuestros deseos de superación y de alcanzar esa meta. ¿Estamos seguros que este camino nos llegará al final que pretendemos? ¿Merecen en verdad esos esfuerzos que algunas veces parece que se nos hace oscuro el camino por todas las cosas que nos vamos encontrando y que parecen que quieren distraernos de nuestra meta? Y confiamos, y esperamos, y mantenemos la tensión del esfuerzo, y somos capaces de pasar todos los sacrificios que sean necesarios porque nos sentimos seguros del final que buscamos.

No se trata ya de los caminos geográficos que tenemos que recorrer si queremos llegar a un lugar hermoso donde nos anuncian que vamos a disfrutar mucho. Podríamos estar haciendo referencia también a la situación que vivimos en nuestro mundo que en medio de tantas violencias y tanto egoísmo insolidario pudiera parecer que nos hace perder la esperanza. Sin dejarnos envolver por el pesimismo bien sabemos que la realidad es cruda, guerras que no se terminan sino que más bien parece que surgen con más fuerza cada día con el peligro incluso de que se abran nuevos frentes, y aun seguimos soñando con la paz aunque nos flaqueen las esperanzas.

Un mundo duro y cruel de tantos que tienen que dejar su tierra y lugar de origen arriesgando sus vidas es búsqueda de algo mejor, pero como contrapartida esos resabios de racismo que aparecen en algunos lugares, esos brotes insolidarios que nos hacen pensar primero en nosotros sin querer mirar las tragedias pero también los sueños que hay detrás de cada uno de esos emigrantes; y nos vemos envueltos en ese torbellino y sentimos la tentación de dejarnos arrastrar por esas negruras que pueden aparecer en nuestro corazón. ¿Necesitará nuestro mundo, necesitaremos nosotros un faro de esperanza que nos anime a seguir en pie?

Es mucho lo que está en juego y esta fiesta de la Asunción de la Virgen es para nosotros un rayo de esperanza que nos llena de esas certezas y seguridades el corazón. Era turbulento también aquel momento de la historia del mundo en que apareció la Buena Noticia del Evangelio. Desde la Palabra de Jesús comenzó a brillar una nueva luz que llenaba de esperanza aquel mundo. Recordamos que los evangelios nos hablarán de que en aquel mundo que andaba en tinieblas, recordando a los profetas, allá por Galilea comenzó a brillar una nueva luz con el anuncio del evangelio de Jesús. Será la lectura que irán aprendiendo a hacer de la vida y de la historia aquellos que creían en Jesús, aquellos que seguían a Jesús. Cada hecho, cada momento comenzaba a tener una nueva lectura que seguía despertando esperanzas en los corazones.

Es lo que hoy también nosotros queremos sentir cuando celebramos esta fiesta de la Asunción de la Virgen que la queremos celebrar también en el contexto de nuestro mundo, con nuestras problemáticas sociales y también con nuestras problemáticas personales, porque a todos en algún momento no nos faltan esas oscuridades que pidieran entenebrecer también nuestras vidas. Pero no nos puede faltar la esperanza.

Es posible un mundo nuevo por el que luchamos y nos esforzamos, es posible que los corazones vayan cambiando y tengamos una nueva mirada  que nos llene de esperanza, es posible hacer un mundo mejor porque hay muchos corazones generosos que ya lo están trabajando.

Tenemos que estar atentos a esas buenas señales que nos pueden ir apareciendo y no podemos dejar que pasen desapercibidas. No todo son deseos de guerra y de violencia y hay un fuerte clamor por la paz en nuestro mundo; no todo es encerrarnos en nuestros egoísmos, racismos y discriminaciones, porque también nos encontramos con muchas personas de buena voluntad que trabajan por mejorar la situación de quienes llegan ansiosos de algo nuevo a nuestras costas; no siempre avanzamos todo lo que queremos, pero hay señales en el camino que tenemos que saber descubrir para no dejarnos embotar por cosas negras que se magnifican en exceso.

Hoy escuchamos el canto de María que se siente engrandecida en el Señor, porque siente que en ella Dios está realizando maravillas, pero porque siente también que por ella Dios está haciendo maravillas para nuestro mundo. ‘Los poderosos van a ser derribados de sus tronos y los humildes van a ser enaltecidos, los hambrientos van a ser saciados, pero aquellos que se creen satisfechos de todo van a sentir el peor de los vacíos en su corazones’. Es la imagen que en María contemplamos de esa transformación de nuestro mundo.

Algo nuevo tiene que surgir, algo nuevo ya está surgiendo, en eso nuevo tenemos que sentirnos implicados, a ese carro de transformación nosotros tenemos que apuntarnos. Dejémonos de catastrofismos que llenan de oscuridad los corazones – cuidado con las noticias que algunas veces difundamos que parece que lo que queremos es escachar la cabeza de los que no piensan como nosotros – y resaltemos los puntos de luz que vayamos encontrando que si abrimos los ojos los descubriremos.

Nosotros, los canarios, hoy invocamos a María con la hermosa advocación de Candelaria. Es la portadora de la luz, así un día la puso con su imagen en las playas de nuestra isla, pero quiere seguir siendo esa portadora de luz para nuestra tierra hoy pero nos está pidiendo que es lo que nosotros tenemos que ser en medio de este mundo que  nos ha tocado vivir. Dejémonos iluminar e iluminemos con esa luz del evangelio de Jesús que ella también nos ha venido a traer.

martes, 15 de agosto de 2023

Seamos capaces de cantar el cántico de María reconociendo también cuantas maravillas Dios realiza en nosotros queriendo hacer también su mismo camino de Asunción

 


Seamos capaces de cantar el cántico de María reconociendo también cuantas maravillas Dios realiza en nosotros queriendo hacer también su mismo camino de Asunción

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Lo que llevamos en el corazón no lo podemos disimular, no lo podemos callar. Cuando nos encontramos con aquellos, en especial, que tienen cierta sintonía con nosotros, canta de inmediato el corazón y dejar fluir los más hermosos sentimientos, y de inmediato nuestra lengua se desata y seremos capaces de decir las más bellas palabras. 

Pueden ser hermosas experiencias que hayamos vivido, encuentros que han llegado de gozo el alma porque experimentamos lo que es la belleza de la vida, nos regocijamos en el amor y la amistad que se nos ofrece y se nos regala, nos sentimos elevados en nuestro espíritu porque descubrimos lo bello y lo grande que nos engrandece; experiencias cargadas de humanidad, experiencias que nos elevan a lo divino y sobrenatural, experiencias con las que nos sentimos transformados.

¿No sería algo así lo que Maria llevaba en su corazón y le hizo correr por los caminos de Palestina desde Nazaret hasta las montañas de Judea? Grande había sido la experiencia de Dios que había vivido en aquel momento que Dios se hizo presente en su vida con la visita del Ángel. Llena de Dios se había sentido María, poseída por el Espíritu llevaba en sus entrañas al Hijo del Altísimo que iba a ser nuestra vida y nuestra salvación.

El camino de Nazaret a las montañas de Judea se había llenado de los sones del cántico de María que ella iba entonando en su corazón. Cuando se encuentra con Isabel por la sintonía que de manera tan especial con ella sostenía las palabras comienzan a salir a borbotones del corazón por la boca de ambas mujeres, porque las dos tenían mucho que contar y cantar de las maravillas que Dios había realizado en ellas. Isabel también tenía mucho que agradecer a Dios que tales maravillas había realizado en ella cuando a sus años le había concedido el don de la maternidad; María sentía que el Señor había sido grande con ella  y en ella estaba realizando también obras maravillosas.

Comenzaba así un cántico que había de terminarse nunca, porque todos aquellos que reconocen las maravillas de Dios en su vida no pueden menos que tomar prestadas las palabras de Isabel y de María para cantar también de corazón al Señor. Pero es que ese cántico se ha convertido también en el cántico de la liberación, con el que todos los que sienten que el Señor le ha liberado de muchas ataduras cuando les ha regalado su gracia cantarán casi como un emblema y un signo de lo que ha de seguir siendo su camino ese mismo cántico de María.

María con su camino de Nazaret a las montañas de Judea a nosotros también nos pone en camino, con ella quiere llevarnos y elevarnos, y está convirtiéndose para nosotros en modelo de ese camino que nosotros también hemos de recorrer. Un camino de Ascensión, como fue el camino de Jesús, y un camino de Asunción como fue el camino de María, como hoy estamos celebrando. Hemos de saber dejarnos conducir como lo hizo María, pero que no es un camino de pasividad sino que tiene que convertirse para nosotros en un camino muy positivo, muy activo. 

Dejamos actuar a Dios en nuestra vida, pero ponemos nuestra disponibilidad, ponemos la ofrenda de nuestro yo, ponemos nuestros esfuerzos de superación, ponemos toda esa lucha de liberación que a la manera de María hemos de saber ir realizando en nuestra vida.

Es el tiempo en que derribados del trono a los poderosos, ensalzaremos y levantaremos a los humildes porque en verdad queremos hacer un mundo nuevo, queremos hacer vivir una vida nueva a todos; es el tiempo de un nuevo compartir porque mientras los ricos se quedan encerrados en su propio vacío, sin embargo los humildes, los sencillos, los hambrientos se verán saciados porque el Señor en su bondad nos colma de bienes; es el tiempo de la misericordia y es el tiempo de la nueva ternura que florece con el perdón, es el tiempo en que hacemos desaparecer los orgullos y las prepotencias, es el tiempo en el que florece en el jardín de la vida la comprensión, la armonía y la paz porque todos nos sentimos valorados en lo que somos más que en lo que tenemos, porque todos nos sentirlos enriquecidos con el amor y la gracia del Señor, es el tiempo en que descubriremos cómo el Señor se revela en los pequeños y en los sencillos.

Es el camino que María nos está abriendo con su Asunción al cielo, que nos dice que es posible ese nuevo camino, que es posible esa Asunción en nuestra vida, que es posible que un día nosotros porque queremos mantener limpio el corazón podremos gozar de esa visión de Dios. 

Es lo que hoy estamos celebrando al celebrar la Asunción de María. Es a lo que nos sentimos invitados para caminar de mano de María que con nosotros, en nuestra tierra canaria, camina con nosotros como un faro de luz en su advocación de Candelaria. Que seamos capaces de cantar ese cántico de María reconociendo también cuantas maravillas el Señor realiza en nosotros.

lunes, 15 de agosto de 2022

Celebrar la Asunción de María es dejarnos envolver por un fogonazo de luz y de esperanza porque para nosotros también hay un camino de victoria y de glorificación



Celebrar la Asunción de María es dejarnos envolver por un fogonazo de luz y de esperanza porque para nosotros también hay un camino de victoria y de glorificación

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª;  Lucas 1, 39-56

Tenemos encuentros en la vida que todo lo llenan de luz; quizá lo hemos sentido o experimentado alguna vez, pasamos por momentos oscuros, situaciones que nos llenan de incertidumbre, problemas que se nos hacen insalvables, angustias que nos paralizan y nos llenan de temor, y de pronto todo es luz para nosotros, alguien llegó a nuestra vida, nos dijo la palabra más oportuna, nos tendió la mano en señal de amistad y de que confiaba en nosotros, y comienzan a despejarse esos nubarrones, y comenzamos a sentir una alegría muy especial dentro de nosotros. Aquel encuentro, aquel momento, aquella persona que llegó a nuestra vida, aquella mano tendida nos abrió horizontes de luz.

Me atrevo a decir que este momento que nos narra hoy el evangelio, el encuentro de aquellas dos mujeres, una venida desde la lejana Galilea y la otra habitante de aquellas montañas de Judea, fue un momento de luz y de despertar esperanzas para toda la humanidad. No lo vemos solo como la anécdota del encuentro de aquellas primas en esa visita que María hace a Isabel, sino como algo que viene a ser signo de salvación y de vida para la historia de toda la humanidad.

Dos corazones inundados de fe, dos corazones enamorados de Dios como para saber leer los aconteceres de la historia y descubrir la presencia de Dios en medio de nosotros, son los que allí se están encontrando y hoy nosotros contemplamos como algo que se hace, se tiene que hacer patente en medio del mundo en el que vivimos tan necesitado de esa luz.

Y surgió aquel canto tan maravilloso de unas mujeres verdaderamente enamoradas de Dios. Habían sentido y experimentado la presencia de Dios en sus vidas y su actuar maravilloso y ahora prorrumpen en cánticos de alabanza, de bendición y de acción de gracias. Es el canto de María pero es también el canto de Isabel. Ambas han experimentado esas maravillas de Dios en sus vidas, por eso están llenas del Espíritu divino.

Isabel ha sentido cómo Dios ha llegado a su vida concediéndole el don de la maternidad aun en su anciana edad, pero ahora está sintiendo de nuevo como Dios está entrando en su casa con la presencia de María. Desde que llegó a sus oídos la voz de su prima ya la criatura saltaba de gozo en su vientre, podría bendecir entonces a Maria, siendo también una bendición a Dios, porque la madre de su Señor la visitara, que era la visita de Dios.

María también reconocía que Dios hacia maravillas en la humildad de su sierva y por eso desborda de gozo también su corazón para alabar y bendecir a Dios. Se siente llena del Espíritu divino que ha puesto en ella esa semilla de Dios en aquel hijo que le ha de nacer que será llamado el Hijo del Altísimo. Siente entonces María que su gozo se desborda y ha de alcanzar a todas las generaciones, que la alabaran y bendecirán porque es la Madre de Dios, porque todos se van a ver inundados por esa misericordia de Dios tantas veces anunciada y que se hacía presente ahora para todos.

Había pasado Isabel por la noche oscura de no poder ser madre, como María se sentía turbada por cuanto le sucedía y que también le hacía hacerse preguntas en su interior. ‘Consideraba el significado de aquellas palabras’, nos dice el evangelista de cuando el ángel la vino a visitar a Nazaret. Seguro que aunque su corazón desbordaba de gozo en el Señor en la soledad de su camino también iría haciéndose preguntas sobre como asimilar cuanto le estaba sucediendo, como le sucedía también a su esposo José con un corazón también lleno de dudas. Pero ahora todo se había vuelto luz, resplandecían nuevos horizontes, la esperanza para todos los hombres comenzaba a tener cumplimiento, una nueva era de luz y de vida comenzaba a brillar entonces.

Es lo que nosotros hemos de sentir cuando hoy estamos celebrando esta fiesta de María en su Asunción al cielo. La vemos luminosa, enjoyada con oro de Ofir, como decía el salmo, viene entre alegrías y algazaras, todos cantan en su honor, como lo había hecho Isabel y como ella misma proféticamente había anunciado, la contemplamos en su glorificación, en el anticipo para ella, como había sido el verse liberada de todo pecado desde su concepción, pero también de su participación en la resurrección de Jesús y su entrada en la gloria del cielo.

Y esto, a los que aún caminamos con los pies sobre la tierra, pero envueltos en sufrimientos y angustias, agobiados en nuestras luchas de cada día, queriendo superarnos e intentando vivir una vida mejor y ser también mejores, nos está diciendo que hay algo que es distinto, que para nosotros también brillará la luz, que sabremos incluso descubrir un sentido nuevo a esas angustias y sufrimientos que en el camino de la vida hemos de padecer, que para nosotros también hay un camino de victoria y de glorificación final como lo tuvo María. Podremos recordar sus siete dolores en las espadas que le atravesaban el alma en tantas situaciones de la vida, pero ahora en ella todo lo contemplamos como luz y como gloria. Lo tenemos que ver reflejado en nuestra propia vida.

Es el camino al que nosotros tendemos, es la esperanza que nace en el alma, es la grandeza y la trascendencia que podemos darle a cada uno de los actos de nuestra vida, es la luz nueva que tenemos en la esperanza que un día nos envolverá. María hoy en su Asunción al cielo nos lleva de la mano, María despierta esa fe y esa esperanza en nuestros corazones, María con su presencia de Madre nos ayuda a hacer el camino. Es lo que hoy celebramos, es lo que queremos vivir.


Hoy nosotros los canarios, aunque en cada rincón de nuestras islas celebramos muchas fiestas de María, de manera especial celebramos a la que es la Patrona General del Archipiélago canario, la Virgen de Candelaria. Su imagen bendita ha estado presente en nuestra tierra desde los primeros momentos de la conquista de estas Islas siendo ella la primera embajadora y la primera misionera del evangelio para nuestros antepasados que habitaron estas tierras.

Pero ella ha estado ahí siempre a nuestro lado, como madre y compañera de nuestro camino, siendo ese faro de luz y de esperanza para nuestras vidas simbolizado en esa candela encendida que porta entre sus manos. Que ella sea también hoy, en el momento que vivimos, ese faro de luz y de esperanza, en ella nos sentimos alentados, junto a nosotros la sentimos siempre en nuestro caminar.

domingo, 15 de agosto de 2021

En la fiesta de la Asunción nos alegramos los hijos en la glorificación de la Madre y al tiempo sentimos el estímulo de María como un faro de luz que ilumina nuestra esperanza

 


En la fiesta de la Asunción nos alegramos los hijos en la glorificación de la Madre y al tiempo sentimos el estímulo de María como un faro de luz que ilumina nuestra esperanza

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Celebramos hoy una fiesta muy hermosa de la Virgen que se traduce en numerosas advocaciones con las que queremos invocarla en multitud de pueblos y lugares. Comienzo por mi tierra en que hoy la celebramos como patrona de nuestras islas, de todo el archipiélago en su advocación de Nuestra Señora de Candelaria, aunque como fiesta propia de esta advocación la tenemos el dos de febrero. 


Sin embargo en nuestras islas y sobre todo en la isla de Tenerife todos los caminos conducen estos días a Candelaria; si no hubiera sido por la pandemia que limita nuestros movimientos y encuentros desde hace días nos hubiéramos encontrado por los caminos de la isla peregrinos que se dirigirían a la Basílica de la Patrona.

No voy a entrar en otras numerosas advocaciones con que invocamos a la Virgen en este día en tantos lugares y en tantos pueblos, sino vamos a centrarnos en lo que litúrgicamente celebramos en este día. Hoy es el día, podríamos decirlo así, del triunfo pascual de María cuando celebramos su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Es la culminación de la vida de María y de su plena unión con Jesucristo, su Hijo y nuestro Salvador. Si Jesús nos dijera un día que quería que donde El estuviera estuviéramos nosotros también y por eso va al Padre y nos prepara sitio, qué podríamos decir de lo que Jesús querría para su Madre María.

El final del decurso de su vida terrenal culmina con esta glorificación de María en que Cristo quiere hacerla a Ella como primicia partícipe de su misterio de Redención. La había hecho toda pura e inmaculada en su Concepción porque iba a ser la Madre de Dios en virtud de los méritos de Jesucristo, como confesamos en los artículos de nuestra fe, como no la va a hacer partícipe de su resurrección en su glorificación en cuerpo y alma a los cielos.

Y decimos que ella es como primicia, porque es el camino al que estamos llamados todos los que creemos en Jesús. María, siempre lo decimos, es el mejor modelo de lo que es el seguimiento de Jesús. Así plantó ella en su vida la Palabra de Dios. Era como su lema y como su meta. Aquellas palabras que pronuncia ante el ángel en Nazaret no fueron fruto solo del fervor de un momento incluso con todo lo sublime que era aquel instante de la Encarnación, pero si ella fue capaz de decir ‘hagase en mi según tu palabra’, es porque ella ya en su vida se había dejado envolver totalmente por la Palabra de Dios. ‘Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica’, la plantan en su vida diría Jesús, lo que era como una alabanza a su madre, la que así se había dejado conducir por la Palabra de Dios.

¿Cómo no iba ella a prorrumpir en ese cántico de alabanza y acción de gracias a Dios que en ella había hecho obras grandes, fijándose en la humildad de su esclava? Solo quien vivía una espiritualidad profunda porque se había dejado traspasar por el Espíritu podía ser capaz de pronunciar tan hermoso cántico.

Un cántico que además se convierte en profético porque irá describiendo como todo se transforma y transfigura cuando nos dejamos inundar por la misericordia del Señor y nos dará las señales de ese mundo nuevo que va a surgir y que es el Reino de Dios. Un mundo donde son exaltados los humildes, un mundo que nos ofrecerá un orden nuevo donde los pobres y los hambrientos serán saciados mientras que aquellos que se consideraba a sí mismos hartos ahora se sentirán vacíos. Es todo un resumen del mensaje del evangelio, un resumen de la buena nueva del Reino de Dios que comienza.

Hoy con esta fiesta de la Asunción de María sentimos el gozo de los hijos cuando ven la gloria de la Madre, su glorificación al ser llevada en cuerpo y alma a los cielos. Es un momento para felicitarnos con María al tiempo que en ella nos sentimos estimulados en nuestro camino, y con ella renacen nuestras esperanzas. María viene a ser así como un impulso para nuestro camino y para nuestra esperanza; con la Asunción de María de alguna manera nos quedamos como atónitos y estupefactos al contemplarla en su glorificación, pero nos sentimos impulsados a seguir haciendo el camino donde queremos hacer presente esas señales del Reino de Dios entre nosotros.

En ocasiones podemos sentir el cansancio en nuestras luchas y en nuestros esfuerzos por hacer un mundo mejor, nos sentimos quizás en momentos algo defraudados porque nos parece que el mal avanza demasiado en medio de nuestro mundo, pero ahí está la presencia de la madre que nos alienta, que se pone a nuestro lado en el camino, que nos impulsa a dar un paso más, a poner un nuevo esfuerzo, a poner más ánimo en nuestro corazón. Es lo que hacen las madres con los hijos que con su presencia les alientan y les animan.

Así sentimos la presencia de María en esta fiesta que hoy estamos celebrando. Mitiga nuestras lágrimas ante los sinsabores de la vida y con su consuelo alivia nuestros corazones tantas veces de mil maneras atormentados. Es aliento y es esperanza, es fuerza nueva que nos da un nuevo impulso para caminar. En su imagen bendita de la Candelaria que hoy los canarios de manera especial contemplamos la sentimos como un faro de luz, en esa candela que lleva en sus manos, para ir delante de nosotros alumbrándonos el camino y haciéndonos vislumbrar nuestras metas finales.

 

sábado, 15 de agosto de 2020

María con su calor de Madre se hace presente junto a nosotros y se convierte en un aliciente de esperanza en nuestro camino que también nos llevará a la glorificación

 

María con su calor de Madre se hace presente junto a nosotros y se convierte en un aliciente de esperanza en nuestro camino que también nos llevará a la glorificación

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Hoy es un día en que en cualquier rincón de nuestra geografía celebramos una fiesta de María. La Virgen de Agosto escuchamos decir en los medios de comunicación y aún algunos nos ofrecen imágenes de las más insólitas de estas fiestas de María en sus distintas advocaciones según la devoción y la tradición de los diversos pueblos. Y es que cuando consideramos bien el hondo significado de la fiesta que nos ofrece la liturgia en este día es casi espontáneo que surja por acá o por allá el amor de los hijos que tiene los mejores piropos para la madre y se inventa los más diversos nombres para invocarla y para ofrecerle su amor.

Nosotros mismos, en nuestra tierra canaria, la invocamos como la Virgen de Candelaria a quien proclamamos patrona de nuestras islas y recordamos y celebramos las tradiciones de la aparición y del encuentro de su imagen en nuestras costas isleñas por los guanches, antiguos pobladores de estas islas.

Hoy es la gran fiesta de la exaltación y de la glorificación de María en su Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Si María había sido la elegida de Dios para encarnarse en sus entrañas y así hacerla su madre y la había rodeado de toda gracia y bendición, era la llena de gracia que había sabido decir Sí al designio de Dios para dejarse envolver por el Espíritu Santo y de ella naciera el Santo, el Hijo del Altísimo como diría el ángel de la Anunciación, justo era que por su unión tan profunda con el misterio de Cristo que incluso la había preservado de toda mancha de pecado, Inmaculada en su Concepción la llamamos, ahora participara trascurrido el curso de su vida temporal de la gloria eterna de los hijos de Dios. Es lo que viene a expresar este misterio y este dogma de la Asunción de María a los cielos.

Y es que en María nos estamos viendo a nosotros mismos y la gloria que un día nos espera si vivimos en la fe. Ella es un ser humano como nosotros pero a quien ahora vemos glorificada junto a Dios. Ella que hizo ese mismo camino mortal que nosotros hacemos y que recoge en su vida lo que es nuestro camino cuando unida a Cristo estuvo a su lado en el momento de la cruz y de la pasión. De alguna manera ella, con su dolor de madre ante el sufrimiento y la muerte de su Hijo está recogiendo en su vida, en su sufrimiento, en su dolor lo que es nuestro dolor y nuestro sufrimiento, como saben hacerlo siempre las madres que hacen suyo el dolor de los hijos.

En María están nuestros anhelos y nuestras esperanzas, nuestros calvarios y también todas esas frustraciones que sufrimos en la vida, nuestros problemas y nuestras angustias. Ella con el Sí al misterio de Dios que la convertía en la Madre de Dios, estaba también dando un sí a todo ese regalo de Dios que la iba a convertir en la madre de la humanidad, en la madre de la Iglesia. Y como madre recoge y asume, como decíamos, los anhelos, esperanzas, angustias, frustraciones y desencantos de sus hijos. Pero todo eso en María se transforma porque ha llenado su vida de Dios, porque su vida para siempre va a rebosar de fe y de amor; tras ese momento de calvario por el que María tuvo que pasar con Cristo porque así estaba unida al misterio de su Hijo, vendría también para ella la luz de la resurrección y de la gloria.

María participa ya de esa resurrección y de esa gloria, eso viene a significar su Asunción, pero María nos está abriendo el camino para que también nosotros participemos de esa resurrección y de esa gloria. María nos despierta la esperanza para que todo no se vuelva oscuro y turbio en nuestra vida mientras pasamos por esos momentos duros de calvario por los que tenemos que pasar en nuestra vida. Contemplando a María, que ha ido delante de nosotros, ya glorificada en el cielo nos sentimos fuertes en esos momentos duros de esta vida porque en nosotros hay esperanza.

No nos podrán entonces las frustraciones y desencantos que en la vida encontremos, no nos sentiremos hundidos en esos momentos duros del dolor y del sufrimiento, no nos sentiremos angustiados por muchos que sean los problemas que parece que nos quieren ahogar y de los que nos parece tantas veces que no les vemos salida. Tenemos la esperanza de la vida, del triunfo, de la gloria. María se convierte delante de nosotros en ese aliciente para nuestras luchas al tiempo que sentimos su amor de madre que está a nuestro lado. María viene con nosotros en nuestro caminar y nos ayuda a ponernos en camino como ella supo hacerlo como la contemplamos en el evangelio.

Nos podremos sentir pequeños, sentir nuestra pobreza o dolernos en nuestra humillación, pero en María vemos a la pequeña y a la humilde esclava del Señor que fue levantada y elevada y en quien el Señor realizó maravillas. Así sentiremos entonces cómo el brazo poderoso del Señor que es su misericordia se despliega sobre nosotros para hacernos sentir una vida nueva, para hacernos sentir como todo se transforma, para hacernos sentir iluminados por esa luz nueva de vida nueva que nos regala Jesús.

La imagen bendita de María de Candelaria, a quien hoy los canarios celebramos, se convierte en un signo para nosotros de esa luz. En su brazo porta a Jesús, pero en su mano tiene una luz, una candela – de ahí su nombre – para hacernos sentir cómo seremos iluminados en nuestra fe por la luz de Jesús.

Quizás este año nuestra fiesta de la Virgen de Agosto no tiene la alegría externa de otros años por las circunstancias que parece que cada día se nos hacen más duras y más difíciles, pero eso no impide que celebremos, y lo hagamos con una hondura especial, esta fiesta de María. ¿No decíamos que contemplar hoy a María nos llena de esperanza? Pues desde esas negruras que vivimos miremos de manera especial a María en esta fiesta para que renazcan las esperanzas en nuestros corazones y sigamos en el empeño de conseguir una pronta recuperación. María, la madre del cielo, ante su Hijo está intercediendo por sus hijos. No olvidemos nunca su calor de Madre que se hace presente junto a nosotros.

jueves, 15 de agosto de 2019

Nos gozamos con el triunfo y la glorificación de María en su Asunción y sentimos que pone en nuestras manos la Luz que nos conduce por caminos de una nueva evangelización



Nos gozamos con el triunfo y la glorificación de María en su Asunción y sentimos que pone en nuestras manos la Luz que nos conduce por caminos de una nueva evangelización

 Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56
¿No nos alegramos con el triunfo de los demás sobre todo de los que amamos o sentimos más cercanos a nosotros? ¿No nos gozamos con alegría de los nuestros y hacemos nuestros todos sus gozos? Nos alegramos y lo festejamos; nos alegramos y los felicitamos haciéndonos nosotros participes de esa felicidad.
¿Cómo no nos vamos a alegrar y festejar hoy con el triunfo de María, con el triunfo de nuestra madre a quien la vemos glorificada en el cielo? Hoy es la Asunción de María, es el triunfo de la Madre que participó tan intensamente del misterio de su Hijo que quiso tenerla junto así asociada a su triunfo en el cielo.
Si cuando Jesús se despedía de los suyos en la última cena les consolaba diciéndoles que se iba junto al Padre para prepararles sitio porque donde El estaba quería que también estuvieran los suyos, cómo no pensar que junto a si quería tener a su Madre y para ella tenía preparado el mejor sitio, cuando ella le había hecho sitio en su seno y en su corazón para que se hiciera Dios con nosotros y fuera posible para todos el misterio de la salvación.
Es con lo que hoy nosotros nos gozamos y festejamos. Celebrar pues esta fiesta de María es ese gozarnos con ella, a la que contemplamos dichosa coronada de gloria y dignidad, ‘de pie a su derecha está la reina enjoyada con oro de Ofir’, como decimos en el salmo de esta celebración. Hoy todo quiere ser cánticos de alabanzas a María, nuestra Madre y nuestra Reina gozándonos de su triunfo, gozándonos en la plenitud de Dios de la que ya ella participa en el cielo por toda la eternidad. Hoy con María queremos cantar su cántico de alabanza a la gloria del Señor.
Esta fiesta de la Asunción de María llena de gozo todos los pueblos de la tierra; la Iglesia se viste de fiesta porque queremos honrar a María, porque queremos honrar a la Madre, nuestra madre y la madre de la Iglesia. Si cuando celebramos la fiesta de la madre que nos llevó en su seno y nos trajo al mundo para ella buscamos los mejores regalos que expresen nuestro amor, y rebuscamos las más hermosas palabras con las que cantar su belleza y todas sus virtudes, cuanto más lo tenemos que hacer con nuestra Madre celestial.
Es la fiesta de la Asunción y a este misterio de María se unen en el fervor del pueblo cristiano muchas advocaciones con las que invocamos a María que es como queremos llamarla desde nuestro amor filial. Por toda la geografía se multiplican las fiestas de la Virgen de agosto, las fiestas en honor de María.
En nuestra tierra canaria hoy la invocamos con ese nombre tan querido de la Candelaria; no solo la celebramos en el dos de febrero que es más propiamente su fiesta litúrgica, sino que en este día queremos invocarla de manera especial recordando como María en su imagen bendita ya estuvo en nuestras como una adelantada de la evangelización. Hoy de manera especial en Tenerife celebramos a la Virgen de Candelaria y peregrinos acudimos a su Basílica para festejarla desde todos los rincones de las islas.
Ella, Candelaria, portadora de la luz bien significada doblemente al llevar en una mano un cirio encendido pero portando en el otro brazo a Jesús, fue pionera de la evangelización de nuestra tierra y podríamos decir que nos está pasando el testigo para que con ahínco nos empeñemos en esa tarea de la nueva evangelización de nuestra tierra y de nuestras gentes. Necesitamos renovar la vivencia del espíritu del evangelio entre nosotros que por tantas circunstancias ha mermado su luz entre nosotros.
Es la tarea en la que está empeñada la Iglesia y en lo que todos tenemos que sentirnos implicados. La Luz del evangelio tiene que brillar con fuerza en nuestra vida y en nuestra tierra. De la mano de María tenemos que comprometernos todos en esta tarea. Ella camina a nuestro lado y nos estará recordando siempre la luz de Jesús que tiene que iluminarnos.
Ese compromiso por nuestra parte tendría que ser la mejor ofrenda de amor que en esta fiesta le ofrezcamos como bueno hijos que somos de María. Por eso no tenemos que dejar que decaiga la devoción a María y sea tergiversada con falsas religiosidades ni meramente con un costumbrismo de no perder unas tradiciones. Es mucho más lo que tiene que ser nuestra devoción y nuestro amor a María, porque tiene que ser algo muy vivo en nuestro corazón, una luz muy fuerte que tiene que brillar en nuestra vida y que ha de ser camino de luz para todos para ese encuentro con Jesús al que siempre nos llevará María. 

miércoles, 15 de agosto de 2018

María de Candelaria, lucero del alba de la evangelización de nuestra tierra siga siendo Estrella de la evangelización y estimulo que con su presencia suscite esperanza en nuestros corazones


María de Candelaria, lucero del alba de la evangelización de nuestra tierra siga siendo Estrella de la evangelización y estimulo que con su presencia suscite esperanza en nuestros corazones

Apoc. 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Cor. 15, 20-27ª; Lc. 1, 39-56

Todos necesitamos en algún momento un estimulo que nos anime en nuestro camino, algo que suscite esperanza y nos haga ver las cosas sin negruras ni pesimismos sino que de alguna manera nos esté diciendo que es posible, que podemos, que hemos de tener ánimo para levantar el vuelo y no quedarnos ni en superficialidades ni en puro materialismo, que nos dé como un sentido nuevo que llene nuestro espíritu, llene nuestro ser y nos impulse a seguir caminando con ilusión y esperanza.
Algunas veces nos confundimos y podemos pensar en estimulantes efímeros que si nos dan quizá un poco de fervor se nos queda en algo momentáneo que luego nos dejará vacíos. Los estímulos no están en las cosas, los estímulos los podemos encontrar en personas que se convierten en tipo y figura de lo que tiene que ser nuestra vida y que con su ejemplo y testimonio no nos agobian ni nos hunden sino todo lo contrario  nos llenan de ilusión y esperanza nueva. En cuantas personas de nuestro entorno podemos encontrar ese ejemplo.
Un estimulo cierto lo tenemos en la cercanía y en el amor de nuestra madre que siempre estará a nuestro lado creyendo en nosotros a pesar de los errores o fracasos que algunas veces podamos cosechar en la vida. La presencia de la madre la tenemos desde nuestro nacimiento y nunca nos faltará. Aunque un día se adelante a nosotros en su muerte siempre sin embargo la podremos sentir junto a nosotros porque recordaremos su testimonio y recordaremos las palabras que quizás tantas veces nos repitió en vida y no le hicimos mucho caso, pero que ahora en soledades y momentos difíciles seguiremos haciendo presente en nuestro recuerdo.
Los discípulos de Jesús en nuestro camino de vida cristiana, en nuestro camino de seguimiento de Jesús tenemos el estimulo de cuantos antes que nosotros nos han precedido en el camino de la vida y con una vida ejemplar hoy son para nosotros ese espejo en el que nos miramos, esa imagen de lo que es vivir el evangelio convirtiéndose así en un recuerdo permanente de lo que ha de ser nuestra vida cristiana.
Pero tenemos sobre todo a María, la Madre de Jesús, que El quiso dejarnos también como esa madre que esté a nuestro lado siendo modelo estimulo para nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro compromiso en el amor. Por eso para los cristianos las fiestas en que conmemoramos a María tienen un especial significado. Las queremos llevar incluso físicamente junto a nosotros en sus sagradas imágenes por esos mismos caminos que nosotros tenemos que hacer en la vida cada día, porque así su recuerdo y su presencia se convierten en memoria y estimulo permanente.
Por eso nos llenan tanto de alegría las fiestas de María, porque con la madre nos regocijamos, a la madre celebramos, la presencia viva de la madre sentimos junto a nosotros y con ella queremos seguir haciendo el camino con ilusión y con esperanza. De ahí tantos y variados nombres con los que la invocamos, que como un rosario de piropos queremos dedicar a nuestra amada.
Hoy es una fiesta especial para ese estímulo y para animar nuestra esperanza, porque es el triunfo de María cuando la vemos glorificada como primicia ya en el cielo. En todos nosotros desde nuestra fe está la esperanza de la resurrección, pero a ella hoy la vemos como adelantada participando de la gloria de su Hijo en el cielo, es su Asunción, su glorificación, el contemplarla en cuerpo y alma en el cielo que es lo que expresamos en esta fiesta y es como un adelanto de la resurrección de la carne para María.
María se puso en camino, como  hoy nos dice el evangelio y hoy la vemos al término de ese camino en su glorificación en el cielo. Como María nos queremos nosotros también poner en camino, y aunque nos vamos a encontrar en la vida tantas veces ese dragón del maligno y de la tentación como la contemplamos en la imagen del Apocalipsis, a ella la vemos vencedora, y nosotros también podremos vernos un día vencedores para llegar a participar de la misma gloria en el cielo.
No siempre es fácil nuestro camino. Como decíamos al principio, necesitamos esos estímulos que nos den esperanza, que sean espejo en el que contemplarnos, y hoy nosotros miramos a María y con ella queremos seguir haciendo nuestro camino porque sabemos muy bien que ella viene con nosotros en nuestro caminar. Es la alegría y el gozo de la fiesta que hoy celebramos.
Nosotros los canarios miramos a María hoy con una mirada muy especial cuando la invocamos como Candelaria, la que antes incluso de la conquista de estas tierras ya su presencia estaba con nosotros siendo su imagen un preanuncio de evangelización para los moradores de la tierra canaria.
En nuestro tierra tinerfeña y podemos decir que en toda canarias, todos los caminos hoy conducen a Candelaria, todos los caminos conducen hasta María. Muchos incluso con grandes esfuerzos recorriendo a pie los caminos antiguos de la isla quieren acercarse hasta el Santuario y Basílica de la Morenita, como  nosotros cariñosamente la llamamos. Es toda una imagen ese camino.
Mucho esfuerzo quizá tengamos que hacer en el mundo que vivimos para mantener nuestra fe; María como estrella de la evangelización ahí está orientándonos en ese camino que tenemos que hacer, porque ella siempre apuntará al Norte verdadero de nuestra vida, porque ella siempre nos conducirá a Jesús. María es la Madre y Maestra de ese camino de nueva evangelización en el que queremos estar comprometidos con nuestra tierra y con el evangelio. Que en verdad sintamos la presencia, la fuerza de María, la gracia que ella nos trae de parte del Señor y no decaigamos por fuerte que sea el dragón fuerte de increencia o indiferencia que vamos a encontrar en muchos.
Que María de Candelaria, que fue lucero del alba de la evangelización de nuestra tierra, siga siendo esa estrella de la evangelización en quien nos sintamos estimulados para mantener firmes el legado de nuestra fe en nuestra tierra.

martes, 15 de agosto de 2017

Contemplar y celebrar la glorificación de María en su Asunción es sentirnos estimulados porque ella es nuestro modelo y nuestro consuelo que nos llena de esperanza

Contemplar y celebrar la glorificación de María en su Asunción es sentirnos estimulados porque ella es nuestro modelo y nuestro consuelo que nos llena de esperanza

Apoc. 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Cor. 15, 20-27ª; Lc. 1, 39-56

En la vida necesitamos puntos de referencia que de alguna manera nos marquen el camino; no solo es señalarlos la verdadera ruta sino además servirnos como de estimulo para que sigamos avanzando a pesar de que en ocasiones el camino se nos vuelva dificultoso o nos aparezcan los problemas. No son simples señales de trafico que nos dicen por donde ir correctamente, y que si las seguimos con fidelidad estamos seguros de no errar en nuestra ruta.
Eso sería como muy elemental y más que marcas materiales, o leyes y normas que nos digan lo que podemos o no podemos hacer, como decíamos, lo que necesitamos son estímulos en quienes vemos que han hecho ese camino y nos están dando esperanza porque de alguna manera nos dicen que ellos lo hicieron antes que nosotros y nosotros podemos hacerlo también. Son los ejemplos que podemos encontrar en los demás; una persona que vemos vivir en rectitud a pesar de los avatares de la vida es la mejor prédica que podamos tener para nosotros vivir también en esa misma rectitud.
Son los ejemplos que podemos admirar en nuestros padres o las personas que influyen en nuestra educación. La altura moral que podemos descubrir en nuestros educadores es el mejor testimonio que podamos recibir para cultivar en nosotros nuestra propia personalidad. No simplemente copiados sino que su testimonio es estimulo que se puede convertir en fuerza interior para nuestro crecimiento personal.
En el camino de nuestra vida espiritual y cristiana tenemos el evangelio que nos señala cual ese ideal de nuestra vida para vivir intensamente el Reino de Dios que nos anuncia Jesús. Por supuesto sabemos que no nos falta la gracia del Señor que fortalece nuestras vidas para alcanzar esa plenitud de vida eterna que nos ofrece Jesús con su salvación.
Pero esa gracia de Dios llega a nosotros en el testimonio de los santos que ante nosotros se presentan como modelos de lo que es vivir ese camino del seguimiento de Jesús y al mismo tiempo son estimulo para nosotros para superar cuanto hayamos de superar y vencer para vivir plenamente el Reino de Dios. Es así siempre como hemos de ver los santos al lado de nuestra vida, no como unos talismanes que nos van a solucionar los problemas milagrosamente sin que nosotros pongamos de nuestra parte ese esfuerzo en el seguimiento de Jesús.
Eso podemos decir del conjunto de los santos que nos acompañan en nuestro caminar, sean los santos que en el transcurso de la historia nos han quedado ahí como modelos permanentes de nuestra vida cristiana, sean los santos que caminan aun a nuestro lado cuando el camino junto a nosotros pero cuyo testimonio podemos contemplar en su entrega, en su dedicación y en la santidad de sus vidas.
Pero ¿qué no podemos decir de María, la madre de Jesús y nuestra Madre? La hemos endiosado por llamarla la Madre de Dios, y lo es, y parece que algunas veces la hemos hecho supraterrena y la hemos colocado demasiando alta en sus altares, olvidando que ella fue una como nosotros, que caminó también sobre el barro de esta tierra al lado de Jesús y así es el mejor ejemplo de Madre que a nosotros nos puede acompañar en el camino de nuestro seguimiento de Jesús.
Hoy precisamente la contemplamos glorificada en su Asunción al cielo y la hemos llenado demasiado de mantos y de joyas, que sí es cierto le ofrecemos en nuestro amor de hijos, pero que pudieran alejarla de nosotros y no terminemos de ver cuales son las verdadera joyas que adornan su vida y en lo que es verdadero ejemplo y estimulo de lo que tiene que ser nuestro seguimiento de Jesús.
‘Ella es figura y primicia de la Iglesia’, como la proclama la liturgia de este día de su glorificación. Así tenemos que verla, contemplarla. El evangelio de hoy la presenta caminante para el servicio, cuando va a casa de su prima Isabel donde sabe que la pueden necesitar.
Somos, sí, ese pueblo peregrino, ese pueblo caminante aquí en medio de nuestro mundo y también con una misión. Nuestra misión no es otra que la del servicio, la del amor. El mundo que nos rodea necesita de nuestro amor, necesita ver nuestra dedicación al servicio de los demás, necesita esa palabra y esa luz que les puede ayudar e iluminar para encontrar también un sentido nuevo y un valor nuevo de cuanto hacemos. Es el testimonio del servicio que nosotros hemos de dar, aunque muchas veces nos cueste salirnos de nosotros mismos.
Y contemplamos hoy a María, que se pone en camino, cuando quizás ella necesitaba en su incipiente maternidad ayuda de los demás, pero es capaz de olvidarse de si misma para ir al encuentro de Isabel. ¿No es eso lo que nosotros también tendríamos que hacer? Tenemos el peligro y la tentación tantas veces de reservarnos para nosotros mismos. Miremos a María, que nos estimula con su ejemplo, con su amor, con su caminar para que aprendamos y tengamos fuerzas para hacer lo mismo. ‘Consuelo y esperanza de tu pueblo, todavía peregrino en la tierra’, que repito la proclama hoy la liturgia.
Hoy, como decíamos, la contemplamos glorificada en su Asunción al cielo. Es la gloria de la Iglesia, es la gloria que un día esperamos nosotros también alcanzar. Hacemos este camino del Reino de Dios con la esperanza de la gloria del cielo. Sabemos que podemos alcanzarla. Jesús nos decía que El iba a prepararnos sitio. Con esas metas de eternidad feliz y dichosa junto a Dios caminamos este camino de nuestro mundo sembrando esas semillas del Reino de Dios con nuestra entrega, con nuestro servicio, con la responsabilidad con que queremos vivir el momento presente de nuestra vida, sin perder nunca la alegría de la fe porque hay esperanza en nuestro corazón.
Miramos a María y nos sentimos estimulados a seguir haciendo ese camino; miramos a María y sentimos fuerza en nuestro corazón porque no nos falta la gracia del Señor que ella intercede por nosotros y para nosotros; miramos a María y pretendemos parecernos a ella para ser luz para nuestro mundo, para llevar esa luz de Cristo como ella supo y sabe seguir llevándola para iluminar nuestros caminos.
La llamamos en nuestra tierra María de Candelaria, y así la celebramos también gozosamente en este día, porque nos trajo la candela, nos trajo la luz, sigue iluminando nuestro camino con la luz de Jesús. Hoy doblemente en nuestra tierra nos sentimos llenos de gozo en esta fiesta de María, por cuanto significa su Asunción y glorificación, por cuanto la podemos llamar Madre de Candelaria para iluminarnos de su luz, que es siempre la luz de Jesús.