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viernes, 27 de octubre de 2023

Miramos la vida y contemplamos cuanto sucede, encontremos la sabiduría que nos da unos ojos distintos, una mirada nueva sobre cuanto acontece y nos comprometemos

 


Miramos la vida y contemplamos cuanto sucede, encontremos la sabiduría que nos da unos ojos distintos, una mirada nueva sobre cuanto acontece y nos comprometemos

Romanos 7, 18-24; Sal 118; Lucas 12,54-59

Saber leer la vida es una sabiduría. Es importante. Es necesario. Como nos echa en cara hoy Jesús en el evangelio sabemos interpretar las señales de las nubes para decir que tiempo es o podemos esperar, pero no sabemos leer las señales de los tiempos. Sobre todo en las gentes de nuestros campos, no sé si por estar más en contacto con la naturaleza, o depender en cierto modo de lo que la naturaleza nos ofrece para que nuestros trabajos sean más productivos están ‘barruntando’ como decimos en nuestra tierra si el tiempo está del norte o del sur, si las nubes nos traen agua, o más bien nos anuncian vientos y temporales. Recuerdo a mi abuelo en la tarde pendiente de las nubes, de las señales de la luna o si había no había nubes cubriendo nuestro Teide. Hoy quizás hasta eso las nuevas generaciones lo hemos olvidado.

Pero no nos quedemos en las nubes, sepamos leer la vida, la historia, lo que acontece a nuestro alrededor. Como decíamos al principio, es una sabiduría que no todos sabemos alcanzar. Pero es que en nuestras carreras vamos a lo que salga; no nos detenemos, nos cuesta analizar lo que sucede, es necesario ser más reflexivos y para eso necesitamos estar con los ojos más abiertos. Quizás estamos más pendiente de si el vecino hizo esto o aquello para entrar en nuestros juicios, pero no somos capaces de reflexionar sobre la marcha de la vida.

Nos vemos aturdidos por los acontecimientos, pero parece como si un destino ciego nos estuviera conduciendo de manera que no reaccionamos. En nuestras tertulias o charlas de café, por llamarlas de alguna manera, somos capaces de ponernos con nuestras lamentaciones o con las culpabilizaciones de rigor porque parece que siempre tenemos a quien echarle la culpa, pero no llegamos a la conclusión de mirarnos a nosotros mismos para reaccionar, para poner nuestro grano de arena constructiva, para darnos cuenta de qué parte tenemos nosotros que poner o que no hemos puesto para que la sociedad marche como está marchando.

Los cristianos tenemos que tener criterios claros sobre cuál ha de ser nuestra participación. Razones y motivos tenemos para ir poniendo en nuestro mundo unos valores nuevos. Si nos llamamos cristianos es porque hemos hecho una opción por nuestra vida cuando decimos que creemos en Jesús y que El es nuestro Salvador; tenemos unas claves en ese Reino de Dios en el que creemos y que sabemos que tenemos que construir; tenemos claro unos valores que tenemos que desarrollar porque sabemos el mundo que queremos. Y es por ahí por donde tenemos que apostar. Sabemos bien qué es lo que va a humanizar nuestro mundo y por eso tenemos que luchar.

Y miramos la vida, y contemplamos cuanto sucede, y hemos de tener unos ojos distintos, una mirada nueva sobre todo eso que acontece. Y tenemos que aprender; y tenemos que analizar cuales son los errores que estamos cometiendo para enmendarlos, para hacerlo de una manera nueva y distinta. Y tenemos que saber escuchar esa llamada que Dios nos está haciendo desde esas mismas cosas que suceden. No para crear alarmas, no para ser catastrofistas, que de esos hay muchos en el mundo, pero esa no es la manera. Los miedos no son los mejores consejeros ni serán nunca la fuente de la sabiduría para construir lo nuevo. Sabemos que la semilla sembrada en silencio es la que puede germinar para que surja una nueva planta, una nueva vida. Es por donde tenemos que caminar.

Podemos alcanzar esa sabiduría que nos hará no solo saber leer la vida, sino comenzar a poner manos a la obra para transformarla.  Podemos saber el sentido de las nubes de la vida y aprovechar la fuerza que nos viene de lo alto para generar nueva vida. Y es una tarea que no hacemos solos, porque el Espíritu del Señor está con nosotros para ser nuestra sabiduría y nuestra fuerza.

viernes, 1 de julio de 2022

El relato del evangelio nos interpela y nos interroga para analizar bien a quienes escogemos como compañeros de camino también en la vida de nuestras comunidades

 


El relato del evangelio nos interpela y nos interroga para analizar bien a quienes escogemos como compañeros de camino también en la vida de nuestras comunidades

Amós 8,4-6.9-12; Sal. 118; Mateo 9,9-13

Seguimos llevándonos por las apariencias. Aunque digamos que no, que no discriminamos a nadie. Pero pensemos a los amigos que vamos a llevar con nosotros si queremos emprender un camino; pensemos a quien escogemos si vamos a realizar una tarea ardua en la que se pueden poner en juego muchas cosas y que de alguna manera podría marcar un futuro; pensemos en los cuestionamientos que nos hacemos si hay una tarea social en nuestro entorno en la que podríamos participar, pero para ver qué clase de personas son las que van a participar.

Y pensemos en las ciertas reticencias o desconfianzas que no las decimos pero las tenemos por dentro ante un inmigrante, un latino que haya venido de América, alguien que haya llegado de más allá de las fronteras de Europa, o una persona de color que haya llegado a nuestras tierras, ya fuera en patera o por cualquier otro medio; y vemos a la hija que se ha hecho muy amigable de aquel muchachito de color y comenzamos a preguntarnos de donde viene, y quien es, y qué hace, y no se cuántas cosas más… De muchas maneras, sutiles muchas veces, seguimos llevándonos por las apariencias.

Sucede hoy como ha sucedido siempre, pero no significa que ésas tengan que ser nuestras posturas. La elección que Jesús hace en aquella ocasión de alguien a quien invita a seguirle produce muchos comentarios, o en una palabra, no era bien vista por todos, como no lo eran las compañías de las que se rodeaba Jesús.

En lo que hoy nos relata el evangelio vemos que Jesús al pasar por delante de la garita de un recaudador de impuestos, se detiene e invita a aquel hombre al que todos consideraban un publicano para seguirle y para estar con El. Leví está allí en sus tareas de cobrador de impuestos, de cambista o prestamista que era algo que iba unido en aquella profesión y pasó Jesús le dijo ‘Sígueme’, y nos dice que ‘se levantó y lo siguió’.

Podría haber tenido otros criterios Jesús en la elección de sus seguidores, y sobre todo de aquellos que luego de una manera especial iba a llamar para ser los apóstoles. Como un día se había detenido al pie de aquella higuera para decirle al que estaba escondido entre sus ramas que quería hospedarse en su casa, y era también un publicano.

Los fariseos, los maestros de la ley eso no lo entienden ni lo entenderán nunca. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’, les echarán en cara a los discípulos de Jesús. ¿Cómo es que os mezcláis con tan variada gente sin mirar a quien Jesús está escogiendo?, podría ser la consideración que de alguna manera en su crítica le estaban haciendo. ¿Es que también vosotros os mezcláis con todos, sea quien sea?

Quizá sea una consideración que aun nosotros llevamos en nuestro interior. Algunas veces seguimos sin entender, o no nos atrevemos a dar el paso a la manera de Jesús. Tenemos que ser sinceros con aquellas consideraciones que nos hacíamos para comenzar esta reflexión. Tendríamos que analizarlo en nuestras actitudes personales, en las cosas que realizamos y que no les damos importancia, pero que de alguna manera ocultan esas discriminaciones que tantas veces en la vida vamos haciendo.

Tendríamos que analizarlo en nuestro actuar como iglesia en nuestras comunidades, porque quizá seguimos reservando puestos de honor, porque quizás seguimos dejando a la puerta aquellas personas que no nos agradan, porque quizá aun no todos se sienten a gusto en nuestras comunidades porque notan ciertas miradas quizá compasivas, pero que no siempre son las miradas limpias y llenas de amor de quienes sabemos acogernos los unos a los otros.

El relato del evangelio nos interpela, nos interroga por dentro; no nos quedemos en juzgar las actitudes de las gentes en los tiempos de Jesús sino que ahí tenemos que ver cómo eso quizá se está reflejando de alguna manera en nuestras actitudes o en nuestra manera de actuar. El relato nos anima a abrir los ojos con una mirada nueva y distinta, a que evitemos esas miradas superficiales con las que vamos tantas veces en la vida, fijándonos solo en apariencias, buscando honores o reconocimientos, pero no teniendo la apertura de corazón que nos pide Jesús. Sepamos descubrir el misterio de Dios que se oculta en cada persona y aprendamos entonces a amarla de verdad.

viernes, 29 de octubre de 2021

Dejemos que nuestra vida se impregne de los valores del evangelio y nuestra manera de actuar sea en el estilo de Jesús si en verdad nos decimos cristianos

 


Dejemos que nuestra vida se impregne de los valores del evangelio y nuestra manera de actuar sea en el estilo de Jesús si en verdad nos decimos cristianos

Romanos 9,1-5; Sal 147; Lucas 14,1-6

Hay momentos en que nos encontramos con situaciones en que no tenemos muy claro cuál es nuestra forma de actuar; quizás nos sentimos presionados por el ambiente que nos rodea, quizá la costumbre o la rutina de que esto siempre se ha hecho así, el actuar de la mayoría como criterio que tienen algunos de encontrarse con la verdad, nos hace dudar cuando nosotros en nuestro interior vemos quizás otra posibilidad, o pensamos que desde un verdadero sentido de la caridad y el amor cristiano nuestra forma de actuar tiene que ser otro. Pero sentimos quizás que la gente no lo va a entender, que vamos a estar nadando a contracorriente y nos dirán que queremos estar cambiando todo, que nos van a tener por radicales y hasta de alguna manera extremistas, y todo eso nos puede llenar de dudas.

Hemos de tener nuestra propia personalidad, tener claros cuáles son nuestros criterios y qué es lo que en verdad tiene que predominar en la vida. ¿Dónde fundamentar esos criterios de autenticidad? ¿Cuál es verdaderamente el sentido que le queremos dar a nuestra vida? Pudiera ser que nos encontráramos envueltos en un mar de dudas. Pero cuando el sentido de nuestra vida parte del Evangelio, cuando en verdad centramos nuestra vida en la fe que tenemos en Jesús nuestras dudas tendrían que irse disipando y no podríamos dejarnos influir por quienes han hecho de su vida una rutina.

Por eso es tan importante que fundamentemos nuestra vida de verdad en el evangelio y en los valores del Reino de Dios. Esto nos obliga a una búsqueda constante, a un analizar nuestra vida contrastándola continuamente con la verdad del Evangelio, con lo que descubrimos en Jesús. Esto nos tiene que hacer valientes de verdad para no dejarnos seducir, para no dejarnos influir por un ambiente que incluso algunas veces se dice religioso y hasta cristiano pero que puede estar lejos de los auténticos valores del evangelio.

Es la profundización que tenemos que darle a nuestra vida. Que no siempre será fácil, porque muchas veces predomina la superficialidad y el dejarse arrastrar evitando todo lo que signifique esfuerzo y superación. Los cristianos necesitamos leer más el evangelio, pero una lectura sosegada, una lectura meditada y hecho oración, una lectura que sea en verdad abrir nuestro corazón a Dios y a su Palabra. Leemos muy deprisa el evangelio y eso cuando lo leemos; no le damos tiempo para que repose en nuestros corazones y vaya así transformándonos por dentro.

Hoy en el evangelio vemos que han invitado a Jesús a comer en casa de unos de los principales de la ciudad; allí hay muchos invitados de los maestros de la ley y del grupo de los fariseos que siempre estarán al acecho de lo que hace o dice Jesús. Y al entrar Jesús se encuentra con un hombre enfermo. Pero es sábado y ya sabemos lo que sucede y lo que son los criterios que predominaban precisamente entre aquellos que en aquel momento rodeaban a Jesús y están al acecho a ver qué es lo que va a hacer.

Jesús, como se suele decir, coge el toro por los cuernos y dirige directamente la pregunta a aquellos que le rodeaban. ‘¿Es lícito curar los sábados, o no?’ No espera respuesta Jesús porque además se han visto sorprendidos por sus palabras que se adelantan a las turbias intenciones que tuvieran en aquel momento. Jesús curó a aquel hombre sin importarle lo que pudieran responderle en su conservadurismo y en la rigidez con que se tomaban las Palabras de la Ley. No le importó a Jesús que lo estuvieran acechando ni la condena que hicieran de El y de su actuación. Es más les comenta.  ‘¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado?’ No tenían nada que decir.

Creo que este pasaje del evangelio y este actuar de Jesús nos iluminan sobre todo aquello con lo que comenzamos nuestra reflexión. ¿Qué es lo que en verdad tiene que predominar en nuestra vida? busquemos siempre los criterios del evangelio.


viernes, 27 de septiembre de 2019

Unas preguntas para clarificar cual es el sentido profundo de nuestra fe desde nuestra propia experiencia de pascua


Unas preguntas para clarificar cual es el sentido profundo de nuestra fe desde nuestra propia experiencia de pascua

Ageo 2,1b-10; Sal 42;  Lucas 9,18-22
¿Qué dice la gente? ¿Qué dicen ustedes? ¿Qué es lo que realmente digo yo, pienso yo? Preguntas interesantes. Preguntas a las que hemos de saber dar una buena interpretación pero que sobre todo en la última hemos de saber darle verdadero sentido y profundidad. Para formarnos una opinión, ¿estaremos pendientes de lo que le gente pueda decir?
Realmente reconocemos que nos sentimos influenciados por lo que digan o lo que piensen los demás. No siempre es una influencia positiva. Porque la comidilla de lo que dicen o piensan los demás, sobre todo cuando se hacen de forma negativa pueden influir en nosotros de forma negativa. Cuantas veces en la vida hemos comenzado a sospechar de alguien, a mermarle nuestra confianza desde algo que nos susurraron quizá con no buenas intenciones, y empezamos a desconfiar, a pasar por el filtro de ese comentario que nos hicieron el concepto que teníamos de alguien, o a cambiar la mirada hacia esa persona.  Y es que a veces parecemos tan ingenuos que nos tragamos todo lo que nos digan.
¿Dónde se queda nuestro criterio? ¿Por qué cambiamos nuestra manera de pensar? Nuestra mirada, nuestros criterios, nuestros juicios deberían ser los de una persona madura que no se deja influenciar. Tratar de no poner filtros interesados a nuestras miradas, a nuestros pensamientos, querer ser verdaderamente justos y equilibrados, tener unos criterios bien formados para obrar y para pensar de la mejor manera. A veces no es fácil.
Me ha surgido este comentario y reflexión desde unas preguntas que nos aparecen hoy en el evangelio, aunque parezca que no tienen mucha relación pero es bueno pensar en ese lado humano de la vida, de lo que cada día nos puede pasar, de lo que son nuestras relaciones con los demás. Todo siempre podemos mejorarlo.
Las preguntas las hace Jesús a sus discípulos más cercanos, a aquellos a los que había constituido en apóstoles. Es ver lo que opina la gente de Jesús, pero lo que Jesús va buscando realmente es que los mismos discípulos más cercanos se decanten, se definan, lleguen realmente a tener un conocimiento profundo de Jesús.
Ayer escuchábamos en el evangelio que Herodes recogiendo lo que la gente le contaba de Jesús, y quizás con su conciencia no demasiado tranquila, aunque hay siempre maneras de acallarla y en eso era un buen artista, ahora se siente interrogado por la presencia de Jesús y al final se termina diciendo que quería conocerle. Reflexionábamos entonces sobre cómo la gente busca a Jesús y cómo esa tendría que ser nuestra tarea dejándonos conducir por el Espíritu del Señor para que nuestra fe se abriera al misterio, al Misterio de Dios que se manifestaba en Jesús.
Hoy podríamos decir que el evangelio nos está invitando a dar un paso más, un paso más comprometido. La pregunta ya no es solo a los discípulos, sino la pregunta es a nosotros. Soy yo el que tengo que responder, libre de toda influencia, desde una experiencia viva en el encuentro con Jesús. ¿Qué es lo que realmente yo pienso, qué es lo que opino? ¿Quién es Jesús para mí?
Los discípulos responden primero lo que la gente dice, un profeta, alguien como Juan Bautista como si hubiera vuelto a la vida, para luego dar su propia respuesta de fe. El Mesías de Dios, el Hijo de Dios. Como nos dirá otro evangelista aquello no lo habían conocido por si mismos, sino porque el Padre se lo había revelado en sus corazones. Pero aun tienen que ahondar más en el misterio de Cristo. Por eso Jesús les habla de su pasión, de su muerte en Cruz, de su resurrección. Y aunque aun ahora no terminan de entender estas palabras de Jesús será algo que tienen que ir metiendo  hondamente en su corazón para llegar a comprender y vivir todo el misterio de Jesús.
No podían quedarse con una idea preconcebida de Mesías como quien los liberara de la esclavitud de los romanos, sino que tenían que conocer y comprender el misterio de Cristo a través de su Pascua. Será un trance duro y amargo, que les llevará a muchas dudas y miedos, pero del que han de salir fortalecidos para reconocer que en verdad Jesús es el Señor. Así comenzarán a proclamarlo a partir de la resurrección con la fuerza del Espíritu que comenzará a habitar en sus corazones. La experiencia dura de la Pascua les abrirá de verdad los ojos al misterio de Dios que en Jesús se les manifiesta.
Pero la pregunta queda en el aire. Y nosotros ¿qué pensamos de Jesús? ¿Cuál es nuestra experiencia vital del encuentro con Jesús? ¿Cuál sería en verdad nuestra fe? ¿Habremos pasado también por esa experiencia pascual?

domingo, 8 de septiembre de 2019

Ser cristiano es haber encontrado el tesoro escondido que es Jesús y el evangelio y estar dispuesto a todo por vivirlo


Ser cristiano es haber encontrado el tesoro escondido que es Jesús y el evangelio y estar dispuesto a todo por vivirlo

Sabiduría 9, 13-19; Sal 89; Filemón 9b-10. 12-17; Lucas 14, 25-33
Necesitamos tener criterios claros en la vida para no andar dando bandazos de un lado para otro, sentirnos frustrados porque no alcanzamos nuestras metas, sentir quizá el fracaso de que lo intentamos pero no sabíamos bien a donde queríamos ir y por una parte nos sentimos desorientados o no tenemos las fuerzas ni los medios para conseguirlo.
Tener criterios claros significa saber bien a lo que aspiramos pero de alguna manera ver las fuerzas o los medios con los que contamos. Cuando estamos seguros, tenemos clara la meta o los objetivos y consideramos que aquello que buscamos es la mejor y mayor riqueza que podamos obtener, ya pondremos todo nuestro esfuerzo, ya buscaremos los medios, las orientaciones, los caminos para lograrlo.
Claro que eso significará tener que dejar a un lado aquello que no es tan importante para centrarnos en lo que merece la pena. Para comprar, por ejemplo, una propiedad que anhelamos, haremos sacrificios por un lado o por otro sabiendo que lo que vamos a conseguir es lo mejor y que merece la pena. El que estudia y quiere conseguir un carrera universitaria que él ve como la vocación de su vida donde pueda en verdad realizarse, tendrá que poner todo su esfuerzo, renunciando incluso a momentos buenos cuando tiene que rendir de una materia, pero sabe que aquello es el sueño de su vida y merece la pena todo ese esfuerzo. Y así en tantas cosas de la vida.
Quizá llegue el momento en nuestra reflexión de preguntarnos si tenemos criterios claros en lo que comporta el seguimiento de Jesús. ¿Es en verdad Jesús ese tesoro escondido por el que merece venderlo todo, como nos dirá Jesús en otro momento del evangelio? Es importante este planteamiento porque es cuando adquieren todo su sentido las palabras que le escuchamos hoy a Jesús en el evangelio.
Ser cristiano no es una religión en la que simplemente se nos pide que renunciemos a cosas y más cosas así porque si. Quizá ha sido la confusión que muchos hemos tenido en nuestra cabeza y es la razón por la que tantos abandonan y ya no les dice nada lo de ser cristiano. Es una opción que hacemos por Jesús y por el Reino de Dios que El nos anuncia. Pero tenemos que ver que es importante, pero no con una importancia cualquiera. Tantas cosas que vemos importantes en la vida pero que en un momento nos decidimos por unas y en otro momento elegimos otras. El seguimiento de Jesús tiene una radicalidad mayor.
Tampoco es que digamos que somos cristianos porque lo hemos sido de toda la vida, por eso fue lo que me enseñaron, esa fue la religión de mis padres y de mis antepasados y solamente lo vemos como una tradición más que hay que seguir. Escuchando en estos días declaraciones y comentarios que se hacen desde los medios de comunicación con motivo, por ejemplo, de las fiestas de la Virgen o del Cristo que se proliferan en estos meses por todas partes, las gentes o los comentaristas de los medios hablaban de por qué iban a aquellos santuarios en estas ocasiones.
Respuestas de las más variadas con muy buena voluntad, que si es la fe que le tengo a esta Virgen o este Cristo que es muy milagroso, que si lo hacemos por devoción y como un sacrificio que ofrecemos, que así nos lo enseñaron nuestros padres y nosotros lo hemos hecho siempre, que son unas tradiciones que no hemos de perder, y no digamos nada en los que van por la fiesta o simplemente por pasarlo bien y hasta como un deporte. No me lo invento, lo he escuchado hoy mismo. Sin quitar la buena voluntad de estas personas ¿vemos aquí unas convicciones profundas sobre lo que es el ser cristiano y lo que nos dice el Evangelio para hacer un seguimiento total de Jesús con toda mi vida?
¿Significa que nos hemos encontrado con Jesús como la verdadera luz de mi vida, mi única salvación? Es que tenemos que ver que es lo que en verdad significa creer, creer en Jesús, decir que soy cristiano. Un nuevo sentido de vivir que me hace entrar en otra orbita de relación con Dios, pero también de relación con los demás y con el mundo en el que vivo.
Claro eso significará clarificar muy bien los criterios que tengo en la vida, purificando, cambiando si es necesario para emprender ese camino nuevo que se nos ofrece. Tendré que desprenderme mi yo, de mis antiguos criterios, de otras formas de vivir la vida, pero lo hago por conseguir lo mejor, por vivir lo mejor que es lo que encuentro en Jesús. Ya mencionábamos antes lo de venderlo todo para conseguir el tesoro escondido pero que hemos encontrado. Ahí nos dice Jesús que tenemos que aprender a decir no, a renunciar a muchas cosas que no son compatibles con el sentido del evangelio, con el sentido de Jesús.
Hoy nos habla Jesús de renunciar incluso a aquellos que más amamos, si son un obstáculo para alcanzar a vivir esa sabiduría de Dios; nos habla de negarnos incluso a nosotros mismos, que es por donde tenemos que empezar, aunque eso signifique abrazarme a la cruz del sufrimiento, porque será algo doloroso y algo que cuesta.
No nos pide Jesús el negarnos por negarnos, el cargar la cruz por hacer un sacrificio de sufrimiento, significa desprenderme de aquello que me puede producir desgarro en el corazón, pero por alcanzar la vida. Y claro mientras vamos caminando por la vida con estos nuevos criterios, los del evangelio, vamos a encontrar la cruz de los que no nos entienden e incluso se nos van a poner en contra, pero que en mi fidelidad he de mantenerme firme.
Pero todo eso porque nos hemos encontrado con el tesoro que es Jesús y el evangelio para nosotros. Y merece la pena. Y lo vivimos con alegría aunque haya cruz, porque en todo eso hay amor y el amor nos llena de plenitud.

jueves, 27 de junio de 2019

Nos habla Jesús de la necesaria profundidad que tenemos que darle a nuestra vida poniéndole verdaderos cimientos fundamentados en lo que es la voluntad de Dios


Nos habla Jesús de la necesaria profundidad que tenemos que darle a nuestra vida poniéndole verdaderos cimientos fundamentados en lo que es la voluntad de Dios

Génesis 16, 1-12. 15-16; Sal 105; Mateo 7,21-29
‘Eso ya lo sé, pero…’ habremos escuchado más de una vez que nos responden cuando le decimos o comentamos algo sobre lo que debe hacer o cual es el sentido de lo que hacemos o tenemos que hacer. Ya lo saben, ya lo sabemos, nos decimos nosotros también en tantas ocasiones, pero luego no actuamos conforme a eso que decimos que sabemos sino que ponemos ‘peros’, decimos que las circunstancias, que no siempre se pueden hacer las cosas, que la gente hace o quiere otra cosa… y al final nuestro actuar está bien distante de aquello que sabemos que deberíamos hacer.
Incongruencias de la vida, en las que todos podemos caer, porque quizá estamos más pendientes de qué dirán, o aparecen nuestros intereses muy personales o muy egoístas como queramos llamarlos, pero quizá olvidamos la rectitud en nuestro actuar, de unos principios o valores que tendrían que motivar nuestra vida, y así vamos con el pensamiento por un lado y la vida en su actuar por otro.
Nos falta firmeza quizá en nuestras convicciones, nos falta una profundidad en la vida porque nos es más fácil dejarnos arrastrar por cosas superficiales que no llegan a comprometernos, nos falta un compromiso serio en la vida. Y hablamos de muchos aspectos humanos de la vida, en el trabajo, en el familia, en las relaciones sociales, o de lo más intimo de nuestro yo, como podemos hablar de nuestra fe y de nuestro seguimiento de Jesús que muchas veces es muy frió y poco comprometido.
Nos habla Jesús de la necesaria profundidad que tenemos que darle a nuestra vida poniéndole verdaderos cimientos. La casa edificada sobre roca o sobre arena, como hoy nos dice. ¿En qué verdaderamente fundamentamos nuestra vida? ¿Cuáles son sus verdaderos cimientos? Por esa superficialidad con que actuamos, vamos y venimos como una veleta llevada por el viento. Y cuando hay superficialidad pronto nos cansaremos de todo y terminaremos abandonando. Cómo tendríamos que cuidar esa espiritualidad de nuestra vida que le dé verdadera hondura.
Tenemos que pararnos mucho a pensar, a rumiar dentro de nosotros lo que vamos viendo y lo que nos va sucediendo. Será así cómo aprendamos, como le sacaremos verdaderas lecciones a la vida, pero con unos criterios bien formados. Y para un cristiano el criterio de nuestro actuar está en el evangelio. No siempre lo conocemos lo suficiente, no siempre lo hemos rumiado en nuestro corazón, no siempre sabemos pasar la vida o lo que nos sucede por ese tamiz del evangelio para confrontar así lo que hacemos con los valores que nos enseña Jesús. Por eso parece que andamos muchas veces como cojos o como ciegos, porque por falta de profundidad para que no tenemos donde apoyarnos de verdad y en todo tropezamos.
Por eso hoy nos dice Jesús que no nos basta que digamos ‘¡Señor, Señor!’. Es necesario algo más. Nuestro reconocimiento de que Jesús es el Señor de nuestra vida no se puede quedar en palabras, tendrá que traducirse en los hechos de nuestra vida; y la norma y el criterio que tenemos que seguir son los mandamientos del Señor. Cumplir los mandamientos, porque de lo contrario nuestra vida estaría vacía de contenido.
Somos muy dados a mantenernos solamente en una religiosidad natural, que podríamos llamar así. ‘Yo soy muy religioso’ decimos tantas veces porque visitamos un santuario de la Virgen, le llevamos unas flores o encendemos unas luces, no nos perdemos quizá una procesión o rezamos todas las noches a nuestros muertos.
Pero luego seguimos con nuestra vida de siempre y nuestros criterios están bien lejos del sentir del evangelio, nuestra manera de actuar está bien lejana de lo que es el cumplimiento de los mandamientos. No traducimos en nuestra vida concreta y de cada día esa religiosidad que manifestamos en algunos actos de nuestra vida. Es lo que tenemos que plantearnos seriamente y es a lo que Jesús hoy nos está invitando en el evangelio.

martes, 28 de noviembre de 2017

Confianzas y desconfianzas envuelven nuestra vida pero nunca nos ha de faltar la esperanza que nos ayude a tener criterios claros y a no perder la paz

Confianzas y desconfianzas envuelven nuestra vida pero nunca nos ha de faltar la esperanza que nos ayude a tener criterios claros y a no perder la paz

Daniel 2,31-45; Salmo: Dn 3,57.58.59.60.61; Lucas 21,5-11

‘Cuidado con que nadie os engañe’, nos previene Jesús. En ocasiones somos un tanto desconfiados ante lo que nos puedan decir, ante la interpretación que se hace de lo que sucede, pero también en algunas cosas nos confiamos demasiado porque quizá no analizamos lo suficiente las cosas, lo que nos dicen, o porque simplemente nos fiamos de la autoridad de los que nos hablan.
No hay que ser desconfiado, pero sí hemos de saber analizar bien lo que nos dicen para tener nuestro propio criterio; algunas veces quizá callamos lo que pensamos en nuestro interior por ciertos recelos o respetos que tengamos con los que hablamos, o también por falta de un criterio claro y creo que tendríamos que ser valientes para expresar nuestra opinión aunque nos pueda parecer dispar con lo que la gente de nuestro alrededor comúnmente piensa.
Valga este breve comentario que nos sirva para reflexionar para el día a día de nuestra vida y eso nos impulse a ser más reflexivos, a formar nuestros propios criterios, a ser valientes y al mismo tiempo respetuosos en el diálogo que mantengamos con los demás; sabemos que nos encontraremos quienes quieran imponernos sus ideas o sus criterios y nosotros también podamos tener la misma tentación y en nuestro diálogo no llegamos a escucharnos lo suficiente.
¿Por qué nos dice Jesús esto de que tengamos cuidado con que nadie nos engañe? En el texto del evangelio parte primero de una ponderación que se hace de toda aquella belleza del templo de Jerusalén que estaban contemplando, quizá bajando por el monte de los Olivos desde donde se puede admirar la belleza de la ciudad de Jerusalén con el templo en primer termino. Jesús les anuncia que todo aquello un día será destruido no quedando piedra sobre piedra. Quizá el evangelista cuando nos cuenta este episodio ya ha contemplado lo que fue la destrucción de Jerusalén cuarenta años más tarde aproximadamente por parte de los romanos.
Pero en el texto se entremezclan otras cosas que Jesús nos anuncia del final de los tiempos. Escucharemos en estos días diversos textos en este sentido. Jesús quiere que vivamos los acontecimientos de la historia, que no son siempre fáciles, sin perder la paz del corazón de la misma forma que tenemos que enfrentarnos así con esperanza al final de nuestros días. Habrá momentos de gran confusión ante las cosas que se suceden y las interpretaciones demasiado en sentido catastrófico que muchas veces nos hacemos. A veces parece que hay quien quiera meternos miedos en el cuerpo, como se suele decir.
Más de una vez en los años de nuestra vida habremos escuchado también cosas parecidas, anuncios e interpretaciones de castigos en las catástrofes que se producen en la propia naturaleza, en mas de una ocasión habremos oído hablar de visiones y de apariciones sin ningún sentido que nos pueden producir confusión. Los mismos enfrentamientos humanos entre pueblos que producen las guerras son también momentos duros y de confusión. Y hemos de saber afrontar todas esas cosas, no perder la serenidad ni la confianza, mantener la esperanza, buscar siempre caminos de paz.
Jesús nos está diciendo que no nos dejemos confundir. Nosotros vivimos siempre con una esperanza porque ponemos nuestra confianza en el Señor que está a nuestro lado y es nuestra fuerza y nuestra vida. Es el Padre bueno que nos ama y de mil maneras, aun en esos momentos difíciles y de horror, siempre nos hará sentir su presencia y su amor.