Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta claridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta claridad. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de octubre de 2026

Mostremos con claridad nuestra fe y por la congruencia de nuestra vida contagiemos a los demás de lo que llevamos en nuestro interior, el mundo nos necesita

 


Mostremos con claridad nuestra fe y por la congruencia de nuestra vida contagiemos a los demás de lo que llevamos en nuestro interior, el mundo nos necesita

Efesios 1, 15-23;Salmo 8; Lucas 12, 8-12

En la vida tenemos que saber actuar con claridad y con congruencia; nuestro actuar, nuestra manera de plantearnos las cosas, los principios por los que nos regimos, que son también nuestras palabras, lo que decimos; todo lo cual tiene como cola una cadena de consecuencias, porque realmente tiene que haber una congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos; podemos proclamar muy bonitos principios pero si luego actuamos de otra manera, ¿de qué nos sirve? ¿dónde está nuestra congruencia? Claro que eso nos obliga a tener las cosas claras, lo que significa que tiene que ser algo que hemos pensado mucho, hemos reflexionado, hemos tratado de profundizar lo más posible.

Cuidado que la superficialidad nos puede desembocar en muchas incongruencias; además en nuestra palabra no nos podemos contradecir, por eso antes de hablar tenemos que pensar mucho las cosas y ahondar en nosotros mismos, en lo que es nuestra vida, como decíamos, esos principios por los que nos regimos, que no son simplemente para lucirnos ante los demás por todo lo que sabemos, sino para manifestar con nuestro actuar que estamos obrando siempre en consecuencia. Todos alegamos fácilmente de la rectitud con que queremos obrar, de la madurez de la que queremos hacer gala y hasta hacemos mil promesas, pero bien sabemos que muchas veces nos resbalamos por unas pendientes que nos hacen salirnos de cauce. Lo vemos con demasiada frecuencia en nuestro entorno, y también tenemos el peligro de deslizarnos nosotros por esas pendientes.

Como cristianos, ¿estaremos actuando con esa congruencia? ¿Tenemos realmente claros lo que son los caminos del Evangelio? Esto es algo que tenemos que analizar alguna vez en nuestra vida, encontrar esos momentos de silencio y reflexión para encontrarnos esa verdad de nuestro interior. No es precisamente el evangelio a lo que le demos demasiado tiempo de reflexión habitualmente; cuanto nos cuesta participar en esos grupos que se nos pueden ofrecer en nuestras comunidades para una mayor profundización de nuestra fe.

¿Estaremos como Iglesia haciendo lo suficiente en este sentido? La semilla ha de llegar a un determinado grado de maduración para que al sembrarla pueda germinar y al final darnos fruto. ¿Estaremos haciendo lo suficiente en este sentido?

Hoy en el evangelio Jesús nos está pidiendo que demos testimonio por El. Declararnos por El ante los hombres, nos dice, dar la cara. No lo podemos negar, pero tampoco podemos actuar como si no tuviéramos fe en El, y esa fe no es solo que recemos o vayamos a los actos de culto, comulguemos todos los domingos o recibamos los sacramentos en su momento.

Es mucho más, porque es nuestra manera de actuar en la vida, son nuestras relaciones con los demás, es la rectitud con que vivamos desde lo más hondo de nosotros mismos, es la asunción de nuestras responsabilidades con todas sus consecuencias, son los planteamientos que nos hacemos de cara a nuestra sociedad… en cada cosa, en cada momento hemos de actuar como cristianos, hemos de actuar en consonancia con lo que nos enseña el evangelio, es lo que hablamos o lo que decimos, el consejo que damos o la atención que le prestamos al otro. Y no es que tengamos que estar en todo momento nombrando a Dios, pero sí que aquello que hacemos o que decimos tenga ese sentido y ese valor desde la trascendencia de nuestra fe.

Pero Jesús hoy nos está enseñando algo más, a confiar en la asistencia y la inspiración del Espíritu Santo en cada momento y en cada situación. Como nos dice, no tenemos que preocuparnos de preparar nuestra defensa cuando seamos llevados a los tribunales, porque el Espíritu Santo obrará en nuestro interior y pondrá palabras en nuestros labios y actitudes y posturas en nuestra vida. Tenemos que creer en esa asistencia del Espíritu Santo y dejar que actúe en nosotros.

Seguro que tenemos la experiencia de que cuando vamos en la vida dejándonos así guiar por la fe y la gracia de Dios ha habido momentos en que hemos hablado y en que hemos actuado de forma que nosotros mismos nos hemos asustado del acierto y valentía con que obramos. ¿Por qué no creer en esa fuerza del Espíritu que actúa en nosotros? Mira que hoy nos dice del terrible pecado que es actuar contra la acción del Espíritu de Dios.

Mostremos con claridad nuestra fe y por la congruencia de nuestra vida contagiemos a los demás de lo que llevamos en nuestro interior.


viernes, 12 de septiembre de 2025

Emprendamos un camino de sinceridad y humildad en el que vayamos poniendo nuestros granitos de arena que construyan un mundo de luz en que sepamos aceptarnos mutuamente


Emprendamos un camino de sinceridad y humildad en el que vayamos poniendo nuestros granitos de arena que construyan un mundo de luz en que sepamos aceptarnos mutuamente

1Timoteo 1, 1-2. 12-14; Salmo 15; Lucas 6, 39-42

Solemos decir que cada uno tiene su propia visión de las cosas, es cierto y merece todo respeto; pero también hay otro dicho que nos habla de que cada uno ve las cosas según el color del cristal a través del cual mira; nuestras visiones, pues, pueden estar marcadas por nuestras propias experiencias, lo que ha producido en nosotros una reflexión profunda sobre lo que nos va aconteciendo, sacando nuestras conclusiones y nuestras lecciones, o podemos vernos influidos también por lo que hay a nuestro alrededor, las ideas de los que caminan a nuestro lado o incluso por las manipulaciones que realizan los que quieren dirigirnos en una determinada dirección.

¿Cómo salir de una visión parcial o de una visión meramente subjetiva para llevar a una verdad que sea más absoluta y permanente? En eso está el hombre sabio, para lo que trabaja y reflexiona, para llevarnos a lo que es verdaderamente fundamental, para tener esa claridad de visión de lo que sucede e incluso de nuestra propia vida. Es la búsqueda en la que hemos de empeñarnos, es la inspiración que queremos encontrar en la verdadera y autentica sabiduría, es lo que buscamos en Dios, en su revelación y en su palabra. Y no siempre es fácil, pero ese camino de ascensión en nuestra vida hemos de emprender.

A eso nos quiere estar llevando la Palabra de Dios que escuchamos y que hemos de hacerlo con todo respeto y con una gran apertura de nuestro corazón. Es un camino de ascensión que no siempre es fácil. Hoy nos habla Jesús de los ciegos guía ciegos, que es un peligro y tentación en la que podemos caer. Nosotros mismos sin tener una claridad de ideas queremos influir en los demás. ¿Estaremos cayendo en el hoyo como nos dice Jesús?

Pero esto nos tiene que hacer pensar también en esa visión que nosotros podemos tener de los demás. No nos suceda como a aquella mujer que decía que su vecina lavaba mal su ropa y la tendía a secar llena de manchas, hasta que un día alguien le hizo comprender que las manchas no estaban en la ropa de su vecina sino en los cristales de su ventana; era necesario tener bien limpios los cristales de su ventana para poder ver con claridad, para que en verdad la luz radiante del exterior también penetrara en su casa.

Somos nosotros con nuestros prejuicios cuando juzgamos a los demás; la visión que tenemos de los demás está deforme porque en la retina de nuestro corazón guardamos mucha maldad que va a deformar la visión de las cosas, la visión de la vida de los demás. Necesitamos un colirio que nos cure y que nos limpie; en Jesús lo podemos encontrar; El ha venido a poner una luz en nuestro corazón que dará verdadero brillo a nuestra vida, que dará verdadero brillo a nuestros ojos, que nos hará tener una visión clara de la vida, que nos hará ver con nuevos y limpios ojos a los demás.

Hoy nos habla el evangelio de quitar la viga de nuestro ojo antes de querer quitar la parva que pudiera haber en el ojo ajeno. Es cierto que tenemos que corregirnos, porque nos amamos y nos ayudamos a caminar; pero tiene que brillar la delicadeza y la humildad, la delicadeza en las palabras con que nos acercamos al otro siempre derramando ternura, y humildad para saber aceptar que nosotros también somos débiles, tenemos nuestros tropiezos, también tenemos que dejarnos corregir por el hermano. Qué mal nos ponemos habitualmente cuando alguien nos expresa una opinión que pudiera contradecir lo que nosotros decimos o hacemos; cuanto nos cuesta tener la valentía de reconocer que también nosotros nos podemos equivocar; cómo rebrota tantas veces nuestro orgullo y nuestro amor propio prejuzgando que quien nos corrige lo que quiere es hundirnos o destruir lo que nosotros pretendemos construir.

        Si somos sinceros tenemos que reconocer que eso nos pasa con demasiada frecuencia, pero que triste es también el espectáculo que ofrece nuestra sociedad que en lugar de colaborar con buenos deseos se destruye mutuamente porque no sabemos aceptar lo bueno que nos puedan ofrecer los demás. Pongamos nuestros granitos de arena de sinceridad y de humildad que vayan construyendo una sociedad mejor. El Evangelio es una luz que nos guía en este camino que tendríamos que emprender. 

jueves, 9 de diciembre de 2021

Tenemos que cuidar la imagen que nosotros demos con el testimonio de nuestra vida de Jesús, de la Iglesia, de los valores del evangelio

 


Tenemos que cuidar la imagen que nosotros demos con el testimonio de nuestra vida de Jesús, de la Iglesia, de los valores del evangelio

 Isaías 41, 13-20; Sal 144; Mateo 11, 11-15

Las apariencias pueden engañarnos; y las apariencias nos las creamos nosotros en nuestra imaginación; nos hacemos la idea de cómo tiene que ser una cosa y no somos capaces de ver la realidad; estamos buscando algo en el revoltijo de nuestras cosas y pasamos una y otra vez por nuestra mano lo que andamos buscando y no somos capaces de reconocerlo.

Pero lo de menos son las cosas, lo importante son las personas, y la imagen que nos creamos no sabiendo captar en profundidad el valor de una persona; muchas veces las personas buenas de verdad nos pasan desapercibidas, pero nos encandilamos con quien habla mucho de si mismo o trata de manifestarse de una forma atractiva para llamarnos la atención. Cuántas veces de una misma persona nos encontramos dos opiniones enfrentadas en los que dicen que la conocen quizá por la imagen que de ella nos hemos hecho desde nuestros prejuicios o de las oscuridades que llevamos no solo en nuestros ojos sino en el corazón.

¿Qué idea se tenían del Mesías que había de venir los contemporáneos tanto del Bautista como del mismo Jesús? ¿Cuál es la idea que se formaron de Juan Bautista? Mientras muchos acudían entusiasmados a la orilla del Jordán pensando quizá que ya había llegado la hora del Mesías, había quienes desconfiaban de él e incluso enviaban embajadas que de alguna manera iban a examinar con lupa lo que Juan decía y hacía Lo mismo harían posteriormente con Jesús.

¿Es el Mesías? ¿Es un profeta? ¿Es un antiguo profeta que ha vuelto a aparecer? ¿Será acaso Elías el que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego que ha vuelto de nuevo como anunciaron algunos profetas? ¿Por qué bautiza y qué es lo que realmente anuncia? Y la figura de Juan pasó cuando primero fue encarcelado luego fue decapitado por Herodes a pesar de los revuelos que había levantado su presencia en el desierto juno al Jordán. Cuando más tarde Jesús les preguntara que sentido tenía el bautismo de Juan, si era cosa de Dios o cosa de los hombres, incluso no querrán responder. Herodes se quedaría con sus dudas y tormentos de conciencia cuando aparece la figura de Jesús.

Ahora será Jesús el que hable de Juan situándolo de verdad en su misión. Un día diría que no era una caña cascada en el desierto que el viento lleva de allá para acá, para señalar la verdad y la fortaleza de la palabra que había anunciado el Bautista preparando los caminos del Señor. Ahora nos recordará que ha sido el que ha venido con el espíritu y el poder de profecía de Elías como se lo había anunciado el ángel al Zacarías en el templo, aunque muchos no han querido reconocerlo.

Son las imágenes prefijadas de antemano las que nos confunden, como se confundieron con la figura de Juan Bautista porque sus miradas eran turbias. Son las imágenes también prefijadas de antemano que muchos pueden tener de Jesús, de la Iglesia o de la religión quizás también porque el corazón anda turbio y cuesta entonces ver y reconocer con claridad.

Claro que muchas veces somos nosotros culpables de esa neblina turbia que creamos en torno a Jesús, o en torno a la Iglesia, porque no hemos dado un testimonio claro de nuestra fe. Los propios cristianos podemos crear esa neblina turbia cuando nuestra vida se convierte en antitestimonio, porque no hay la rectitud debida en nuestras vidas.

Es lo que tenemos que cuidar, la imagen que demos del cristianismo, de la Iglesia, de la fe por nuestra vida; no estamos reflejando en nosotros siempre con toda claridad los valores del evangelio, no resplandecen las virtudes cristianas, no somos siempre auténticos ejemplos de solidaridad y de amor; nos decimos cristianos y nuestras vidas dejan mucho que desear. La apariencia que damos no es la de unos creyentes en Jesús totalmente convencidos y comprometidos. Podríamos habernos convertido en una pantalla opaca que  no deja traslucir la luz de Jesús y del evangelio.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Purifiquemos el corazón para que sea un cristal limpio y brillante con el que miremos a los demás y lo que hacen viéndolo siempre con un sentido positivo



Purifiquemos el corazón para que sea un cristal limpio y brillante con el que miremos a los demás y lo que hacen viéndolo siempre con un sentido positivo

Génesis 2,4b-9.15-17; Sal 103; Marcos 7,14-23
Se suele decir que cada uno ve las cosas según el color del cristal a través del cual mira; bien sabemos que si tenemos los cristales opacos veremos todo con esa opacidad, esa falta de brillo y de luz, con unos cristales limpios veremos más nítidamente y con una claridad más natural las cosas. Algunos utilizamos los cristales de nuestras lentes, de nuestras gafas como decimos normalmente al menos entre nosotros, con un tratamiento que hace que por la fuerza de la luz solar los cristales se oscurezcan, decimos que para no molestar a nuestros ojos, pero bien sabemos que vemos las cosas con una oscuridad no natural y también tenemos la experiencia que si nuestros cristales están con suciedad o polvo en el contraste de la luz del sol muchas veces se nos convierten como en espejos que más que ver claramente lo externo casi nos vemos a nosotros mismos.
Pero los cristales con que miramos la vida no son los de una ventana a través de la que miremos o los de nuestras gafas con tantos tratamientos y matices de colores que les podemos dar. Los cristales de la vida es lo que llevamos en nuestro interior y bien sabemos que el egoísta no mirará a lo que hay alrededor sino desde su egoísmo acaparador, o los prejuicios que tengamos en nuestro interior desde intereses particulares, ideologías que nos absorben la mente y el corazón nos llevarán a juzgar a los demás desde esos criterios interesados y cuando no coinciden con nuestra idea o interés todo lo que veamos en el otro lo veremos con mirada turbia poniendo en los demás los intereses malignos que llevemos en el corazón.
¿Por qué no somos capaces de valorar lo bueno que hace el otro, lo que ha acertado en su manera de actuar, y siempre estaremos poniendo objeciones al actuar de los que no piensan como nosotros y viéndolo todo desde un sentido negativo? Nos pasa con el consideramos nuestro contrincante o adversario en cuestiones, por ejemplo, sociales o políticas, con el que no sabremos colaborar nunca en lo que plantea desde sus ideas para bien de la sociedad, y a quien veremos siempre casi como un enemigo al que si pudiéramos hacíamos desaparecer. Así vivimos enfrentados en lugar de ser capaces de ponernos de acuerdo y colaborar, mejorando también en lo que hiciera falta de parte y parte, para lograr un bien común. En lugar de colaborar tenemos más bien deseos de destruir todo lo que hago el otro desde otro signo.
Creo que todos podemos entender lo que estamos reflexionando y tendría que hacernos pensar para ser capaces de trabajar de verdad por un bien común que mejore la vida de nuestra sociedad. Pero es que parece que son unos enemigos contra los que tenemos que luchar en lugar de una gente que pueda pensar distinto pero que tendríamos que lograr el ser capaces de colaborar todos juntos.
Ahí está el color del cristal con el que miramos. Pero ese color lo llevamos en nuestro corazón y cuando dejamos meter la maldad dentro de nosotros todo serán rencillas, resentimientos, orgullos heridos, amor propio que nos llega de petulancia y de soberbia, envidias y desconfianzas, ira y violencia que se nos descontrola, y así nos vivimos enfrentados, nos herimos los unos a los otros, no somos capaces de poner comprensión en nuestra vida para entender mejor al otro, y el perdón nunca aparecerá como una buena actitud y un valor que tendríamos que cultivar para encontrar la paz.
Es de lo que nos está previniendo Jesús hoy con sus palabras en el evangelio. Queremos auto-justificarnos en lo que hacemos diciéndonos que nosotros si actuamos así es influenciados por lo que vemos alrededor para así descargar nuestras culpas. Es cierto que podemos recibir muchas influencias negativas de nuestro entorno, pero los actos que nosotros realizamos los hacemos con nuestra libertad personal, y ante lo negativo que podamos recibir nosotros tenemos que ser los que decidimos cual es nuestra respuesta que daremos libremente. Somos nosotros los que dejamos salir de nuestro interior como un torrente embravecido todas esas maldades con las que miramos o con las que tratamos a los que están a nuestro lado.
Parte Jesús del concepto que tenían los judíos de que la impureza nos podría llegar desde fuera y por eso había que purificarse tanto con sus abluciones y lavatorios para que al comer no entrar nada impuro en su corazón. Pero Jesús nos viene a decir que la impureza sale de dentro de nosotros. ‘Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre’, les dice; y luego les explicará a los discípulos más cercanos en casa cuando le vuelven a preguntar: ‘Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro’.
Purifiquemos nuestro corazón para que sea un cristal limpio y brillante con el que miremos a los demás y lo que hacen y lo veamos siempre con un sentido positivo en la vida.