Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta mies. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mies. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de julio de 2026

Con nuestra manera de vivir y comprometernos ¿seremos signos o contra signos del Reino de Dios en medio del mundo?

 


Con nuestra manera de vivir y comprometernos ¿seremos signos o contra signos del Reino de Dios en medio del mundo?

Oseas, 8, 4-13; Sal. 113; Mateo 9, 32-38

Vemos a alguien caminando a nuestro lado, como suele decirse, con la lengua fuera por el cansancio ante el esfuerzo que tiene que realizar o la intensidad de lo que está haciendo, y más en días como los que estamos pasado por nuestros lares de intenso calor, nos hace sentir compasión y lástima y si de nuestra parte estuviera les ayudaríamos en lo que fuéramos capaces. Normalmente nuestro corazón se conmueve cuando vemos el sufrimiento de los demás, salvo que fuéramos unos desalmados.

Es la imagen que quiere ofrecérsenos en el texto del evangelio que hoy escuchamos. Jesús recorre pueblos y aldeas en aquellos caminos de Galilea siempre con el mismo anuncio del Reino de Dios que llega y para el que hemos de estar preparados; las gentes escuchando las palabras de Jesús y contemplando los signos que realiza le siguen, sienten como se enardecer sus corazones y parece que renace en ellos la esperanza; se sienten desorientados porque los mensajes que han venido recibiendo no siempre les llegan al corazón ni parece que responden a sus expectativas; parece como si fueran llevados de un lado para otro en medio de un mar embravecido o unas corrientes que no les llevan a ninguna parte. Es lo que Jesús les quiere hacer constatar. Parecen ovejas sin pastor que a ninguna parte son conducidas.

No todos, como suele suceder siempre saben leer el mensaje que Jesús quiere transmitirles, algunos se harán sus propias interpretaciones interesadas, porque están sintiendo que lo que jesús les anuncia y les propone va a exigir un cambio en sus vidas; recordemos que siempre Jesús comienza su predicación invitando a la conversión, a abrirnos a ese cambio y transformación total que tienen que darle a su existencia. 

Que un hombre poseído por el mal y encima con tantas limitaciones en su vida como la sordera o el no poder hablar sea curado de su mal viene a significar cómo nuestros oídos están sordos por tantas cosas o tantos apegos o intereses y tenemos que abrirnos a algo nuevo que se nos está ofreciendo; son los signos del Reino de Dios que nos están pidiendo la vivencia de otros nuevos valores, el desgarro de nuestro interior de todas esas malas voluntades, la apertura para poder encontrarnos con esa luz nueva que quiere iluminar nuestras vidas, pero para muchos eso puede significar perder los papeles, perder las influencias, tener que comenzar de nuevo al recorrido, y eso cuesta y es difícil; por eso querrán atribuir las obras de Jesús al espíritu del mal para crear confusión en los demás.

¿No andaremos nosotros también con esas sorderas que nos hacen escuchar lo que nos interesa? ¿No nos sentiremos en muchas ocasiones confundidos y desorientados por esa lucha interior que sostenemos cuando vemos donde está la luz pero preferimos las luces opacas de nuestras rutinas de siempre?

Jesús nos dice que la mies es abundante pero que los operarios son pocos; está contemplando esas multitudes ansiosas de algo nuevo pero a quienes no siempre llega ese mensaje de salvación. ¿Cómo es ese mundo que nos rodea? ¿Seguirá habiendo en el fondo el deseo de algo y mejor, algo que eleva nuestros espíritus y nos traiga metas de gran altura? A pesar del gran vacío que podríamos contemplar en muchos a nuestro alrededor, sin embargo hay ansia de algo mejor aunque muchas veces no se sepa definir bien lo que queremos. 

Ahí tendríamos que estar nosotros para decir la palabra oportuna, para ofrecer una novedosa orientación para la vida de los que nos rodean, para convertirnos nosotros también en una señal para los que están a nuestro lado y puedan discernir a dónde se tienen que dirigir, para despertar deseos de querer escuchar esa buena nueva del Evangelio. Con nuestra manera de vivir y comprometernos ¿seremos signos o contra signos en medio del mundo?


sábado, 6 de diciembre de 2025

Estamos adormilados los cristianos y tenemos que despertar, tenemos que dar las señales del Reino de Dios que vivimos y tenemos que ponernos en camino para curar

 


Estamos adormilados los cristianos y tenemos que despertar, tenemos que dar las señales del Reino de Dios que vivimos y tenemos que ponernos en camino para curar

Isaías 30, 19-21. 23-26; Salmo 146; Mateo 9, 35 — 10, 1. 5a. 6-8

Todos vamos haciendo camino todos los días por las calles  y senderos del mundo que nos rodea; son nuestras salidas a nuestros trabajos o a nuestra convivencia social, la búsqueda o compra de lo que vamos necesitando, o las visitas que hacemos a aquellos que queremos y apreciamos, pero ¿qué seremos capaces de contemplar? En las redes sociales vemos la reacción de tantos porque las cosas no están como desearíamos y protestamos porque las calles están llenas de basura o porque ha habido algo por donde todos pasamos que se ha estropeado y nadie la ha arreglado, y hablamos de la pasividad de nuestra sociedad o la falta de vitalidad del pueblo donde vivimos, si los servicios que necesitamos para la vida de nuestro pueblo funcionan o no, por ejemplo. Nos preocupamos de esas cosas materiales porque deseamos que todo sea más fácil para la convivencia o para la vida sana de nuestras gentes.

Pero ¿nuestra mirada se queda ahí? ¿Contemplaremos de verdad las personas que nos rodean y tratamos de comprender la situación por la que estarían pasando? Son cosas particulares de las personas y parece que sentir preocupación por ellos no es cosa nuestra. Pero ¿sabemos cuanto sufrimiento puede haber tras esos rostros con los que  nos cruzamos cada día? Pueden ser enfermedades, soledades, angustias en sus necesidades y tantas otras cosas que se ocultan tras unos rostros que nos parezcan quizás inexpresivos pero que pueden ser un grito que despierte nuestras conciencias ¿cuáles son las expectativas de la gente y en qué cosas quizá se sienten fracasados? ¿Cuáles son sus esperanzas o el sentido que le dan a sus vidas?

Hoy nos habla el evangelio de que Jesús iba atravesando todos aquellos pueblos y aldeas de Galilea, se iba encontrando con la gente y en todas partes quería dejar un mensaje de esperanza, hablaba del Reino de Dios que llegaba, que estaba cerca, que habían de sentir dentro de ellos. Y Jesús iba dejando signos y señales de esa llegada del Reino curando a los enfermos y expulsando demonios.

Y dice el evangelista que Jesús sentía compasión de aquellas muchedumbres ‘porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor’. Allí quiere dejar Jesús esas señales que despierten la esperanza; por eso, como nos dice, cura a los enfermos que le traen. Pero Jesús se hace una consideración en voz alta para aquellos discípulos que de cerca le siguen. ‘La mies es abundante, los obreros pocos, hay que pedirle al dueño de la mies que mande más obreros para poder atender a su mies’.

Pero no son solo deseos; es el impulso que Jesús quiere dar a sus discípulos porque ellos también han de ir a dar señales de la llegada del Reino, a hacer el anuncio del Reino de Dios. Y a ellos también les da poder y autoridad para que también vayan sanando ese mundo con el que se van a encontrar. Y habla de las ovejas descarriadas, de las ovejas perdidas que hay que ir a buscar. ¿No nos hablaría en otro momento de que El es el Buen Pastor que va a buscar a sus ovejas allá donde estén? El Reino de Dios no solo como anuncio, como Palabra, sino como vida traducida en hechos concretos tiene que llegar también a esas ovejas extraviadas, a esas ovejas que andan como perdidas sin rumbo ni sentido.

Como Jesús tenemos también nosotros que recorrer esos senderos, no para fijarnos en las cosas que están mal, sino para curar, para sanar, para llevar ese mensaje de salvación. Tenemos que abrir los ojos para darnos cuenta de esa realidad, mirar a nuestro alrededor, mirar a nuestros vecinos o a nuestros familiares, mirar esa gente con la que convivimos o con la que trabajamos, con las que nos vamos cruzando cada día en nuestro caminar ¿cuál es la señal de salud, de vida, de salvación que les podemos ofrecer? ¿Podrán llegar a descubrir en nosotros esos signos del Reino de Dios?

Estamos demasiado adormilados los cristianos, vivimos de las rentas pero las rentas se pueden acabar, no estamos curando a nuestro mundo como Jesús nos ha encomendado, no hemos terminado de ver y comprender esa muchedumbre que nos rodea y que tenemos que saber contemplar, tenemos que despertar un mundo nuevo, tenemos que volver a anunciar el evangelio como algo verdaderamente creíble que despierte la fe y la esperanza a nuestro alrededor.

martes, 8 de julio de 2025

Tenemos que escuchar la voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta semilla también es resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a ser operarios de su mies

 


Tenemos que escuchar la voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta semilla también es resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a ser operarios de su mies

Génesis 32, 23-33; Salmo 16;  Mateo 9,32-38

¿Cuánta gente necesitamos para hacer eso? Es quizás una pregunta que surge cuando nos presentan un proyecto de gran envergadura y para el que necesitaríamos muchas cosas para poder realizarlo. Pensamos sí en lo que cuesta, pensamos en como mejor entender ese plan o ese proyecto que nos presentan, pensamos con cuantos podríamos contar para poderlo llevar a cabo, no solo en el sentido de la cantidad, sino en el sentido de la capacidad y la fuerza para llevarlo adelante. Humanamente siempre nos estamos haciendo cálculos, estudiando posibilidades, viendo si somos capaces de llevar a término aquello que nos proponemos.

Válganos en principio esta primera reflexión para una profundización y una preparación para cuanto en la vida tenemos que realizar, con valentía y sin miedos, siendo capaces de arriesgarnos y poniendo toda nuestra confianza en ello también.

Pero cuanto este principio de reflexión me estoy haciendo estos planteamientos me los hago también en referencia a lo que hoy nos cuenta el evangelista. Parte de la curación de un hombre poseído por el mal, un endemoniado como es el lenguaje de aquel tiempo y del relato del evangelio. Admiración por parte de la gente, que no ha visto nunca cosa igual, como se dicen. Recorrido de Jesús que nos hace el evangelista por todos aquellos lugares de Galilea donde Jesús va anunciando el Reino pero también donde señales del  mismo con los signos, los milagros que iba realizando. Multitudes que se agolpan en torno a Jesús, que podríamos decir, se ve desbordado. Confidencia del corazón de Cristo a aquellos primeros discípulos que le siguen más de cerca. Mucha gente, multitudes a las que ve Jesús como abandonados, como ovejas sin pastor, ansiosas de algo nuevo y distinto, queriendo escuchar lo que Jesús les propone.

‘La mies es abundante y los obreros pocos’. Grande es la tarea, pero no es tarea para uno solo; Jesús sabe que El es el Redentor, el Mesías Salvador, pero su mensaje de salvación ha de llegar a todos. ‘Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies’.

Pero os confieso algo, no me quedo en el allá del relato del evangelio, en aquel tiempo, sino quiero mirar este tiempo, el aquí y ahora y comienzo a mirar alrededor. Camino por las calles y caminos de mi pueblo y pienso en tanta gente repartida, por así decirlo, por un lado o por otro; ayer mismo atravesaba en mi paseo lugares por los que hace tiempo no pasaba y notaba el cambio, el aumento de la población, la cantidad de nuevas viviendas, lo que significa cuánta gente habita en ellas.

Y pensaba, ¿cómo está llegando el evangelio a todos estos lugares? Probablemente la mayoría de esas personas están bautizadas, cuando llega la fiesta del pueblo, de la Virgen o del Santo de su devoción probablemente participaran en muchos de los actos de esas fiestas, pero ¿con eso solo podemos decir que está calando en sus corazones el sentido cristiano de la vida?, ¿habrá calado el evangelio en sus corazones? ¿Cómo estamos haciendo presente el Reino de Dios en esos lugares, cómo llega la voz de la Palabra de Dios a todos esos hogares?

‘La mies es abundante…’ los campos de trabajo son amplios, muchas son las multitudes que de una forma u otra están en la cercanía de nuestras iglesias o tienen alguna conexión en ocasiones con los actos religiosos que organizamos y vivimos, pero ¿nos podemos contentar con solo eso? ¿Cuántos son los que desde nuestras comunidades sienten la inquietud por participar en la acción pastoral de la Iglesia? ¿Qué estamos haciendo en este sentido?

‘Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies’. Tenemos que orar, pero tenemos también que comprometernos, tenemos que saber escuchar esa voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta reflexión que nos estamos haciendo puede ser también una resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a que nosotros seamos operarios de su mies. ¿Sentiremos en verdad inquietud por todo esto, por la obra que la Iglesia tiene que estar haciendo hoy en medio de nuestro mundo y que sea lo más parecida a lo que vemos en el evangelio?

martes, 5 de julio de 2022

Hemos de caminar también en medio de nuestro mundo realizando los signos del Reino de Dios para que alcance esa luz y encuentre de nuevo el sabor del evangelio

 


Hemos de caminar también en medio de nuestro mundo realizando los signos del Reino de Dios para que alcance esa luz y encuentre de nuevo el sabor del evangelio

 Oseas 8, 4-7. 11. 13; Sal 113; Mateo 9, 32-38

Los signos del Reino de Dios se van prodigando en la medida en que avanzamos por las páginas del evangelio. Aquellas señales anunciadas por los profetas y que Jesús mismo nos recuerda cuando proclama la profecía de Isaías en la Sinagoga de Nazaret se van cumpliendo. Escuchamos el relato de la resurrección de la hija de Jairo, como la curación de la hemorroísa que se había acercado con fe a Jesús queriendo tocarle al menos la orla de su manto; se van sucediendo relatos de curaciones de ciegos a los que se les devuelve la vista o como es el caso que escuchamos hoy en el evangelio será un hombre atenazado por el espíritu del maligno y que no podía hablar el que ahora es curado por Jesús para que pueda manifestarse y expresarse con entera libertad.

Son los signos que nos liberan, y no solo de enfermedades o limitaciones físicas, sino de ese mal que más hondo mora en nosotros y del que Jesús quiere liberarnos. Son muchos los que acercan hasta Jesús para ver la liberación y la salvación en sus vidas. Es el signo y señal de que algo nuevo está comenzando, que una nueva primavera de vida va brotando con el paso y la presencia de Jesús. Será clara la liberación que Jesús quiere hacer en nosotros y van brotando semillas nuevas de ese Reino de Dios que abre horizontes, en encamina para un mundo nuevo.

La gente decía admirada que nunca había visto cosas igual, aunque por otra parte haya algunos que quieren negar lo evidente y lo que quieren es socavar los cimientos de la confianza que la gente sencilla y humilde ha puesto en Jesús. Siempre estarán al acecho los fariseos y maestros de la ley para hacernos su interpretación, que lo que Jesús hace no es con el dedo de Dios, con el poder de Dios, sino con el poder del príncipe de los demonios. Como Jesús les hará ver en alguna ocasión, todo reino dividido se destruye a sí mismo, luego son incomprensibles y sin sentido las palabras de los que quiere enturbiar la acción de Jesús que va así realizando el Reino de Dios.

Hoy le contemplamos recorriendo las ciudades y las aldeas de Galilea anunciando la llegada del Reino de Dios y realizando esos signos que nos manifiesta que ya el Reino de Dios está entre nosotros. ‘Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor’. Pero realizaba los signos, curaba de toda clase de enfermedad, iba transformando el corazón de los hombres y mujeres que le rodeaban y le escuchaban, porque algo nuevo, una vida nueva iba brotando en ellos.

¿Cómo estamos haciendo presente el Reino de Dios hoy en este mundo concreto que nos ha tocado vivir? ¿Estaremos haciendo resplandecer de verdad esos signos del Reino de Dios que se han de ir manifestando en nuestra vida? Tenemos que ser un signo bien palpable en medio de nuestro mundo, donde también muchos se sienten extenuados, desorientados, abandonados. Es nuestra tarea.

Hemos de caminar también en medio de nuestro mundo, como Jesús caminaba en medio de aquellos pueblos de Galilea y toda Palestina, realizando de la misma manera esos signos del Reino de Dios para que el mundo alcance esa luz, para que tantos se dejen iluminar y renovar por esa luz y encuentren de nuevo el sabor del evangelio. Por eso nos ha dicho Jesús que tenemos que ser luz del mundo y sal de la tierra. No lo podemos olvidar. Un amplio campo que se abre ante nosotros y por el que también debemos orar, como nos está pidiendo hoy Jesús. ‘La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies’.

Estemos atentos a esto que nos dice Jesús hoy en el evangelio. También tenemos que orar, por la abundancia de trabajadores, pero también por la realidad de ese mundo en medio del cual estamos. Será nuestra oración lo que lo vivificará porque hará que se derrame el Espíritu del Señor sobre él.

martes, 6 de julio de 2021

Jesús quiere arrancar el mal de lo más hondo de nosotros para que sintamos esa libertad interior, por eso nos regala el perdón que nos hará sentir la verdadera paz

 


Jesús quiere arrancar el mal de lo más hondo de nosotros para que sintamos esa libertad interior, por eso nos regala el perdón que nos hará sentir la verdadera paz

Génesis 32, 23-33; Sal 16; Mateo 9,32-38

Lo había anunciado con palabras del profeta en la sinagoga de Nazaret. Jesús ha venido para dar libertad a los oprimidos. Por eso proclamaba el año de gracia del Señor; el año de gracia era aquel en el que las deudas quedaban condonadas y los que carecían de libertad eran liberados. Los signos que va realizando Jesús son la señal, la muestra de esa liberación.

En el evangelio se habla con frecuencia de los endemoniados, o sea, de aquellos que estaban poseídos por el espíritu del mal; el que está poseído o dominado, sea de la forma que sea, no es libre para hacer lo que desea; la posesión significa ese dominio que se ejerce sobre algo o sobre alguien; poseído por el espíritu del mal, se sentirá impelido a hacer las obras del mal, como el esclavo que no puede hacer sino lo que su amo le mande hacer. El poseído no puede ser él mismo, no podrá expresar lo que son sus verdaderos sentimientos, no podrá actuar con verdadera libertad, no podrá tener su proyecto de vida personal, no podrá dejar de hacer aquello que no quiere hacer. Y no es eso lo que Dios quiere para la persona, creados a imagen y semejanza de Dios, lo que significa con capacidad de conocimiento y de decisión.

Creo que tenemos que entender muy bien lo que el evangelio quiere expresarnos cuando nos muestra a Jesús expulsando demonios. Con la misma autoridad con que Jesús expulsa a los demonios – aunque como vemos en el evangelio de hoy hay quienes quieren negarle esa autoridad a Jesús – le veremos por otra parte no solo curando a los enfermos sino sobre todo perdonando a los pecadores. Todo es signo de esa liberación que Cristo quiere realizar en nuestra vida. Nos quiere Jesús liberados, que nada ni nadie nos domine ni nos esclavice; por eso quiere arrancar el mal de lo más hondo de nuestro corazón para que sintamos esa libertad interior, por eso nos regala el perdón que nos hará sentir la verdadera paz.

Seamos conscientes de esa liberación que necesitamos en nuestra vida, porque bien sabemos cómo el mal nos domina tantas veces en nuestra vida. Cuántas veces nos sentimos inclinados al mal y nos parece que no podemos liberarnos de esa inclinación; cuántas veces nos cegamos en nuestro interior con las diferentes pasiones y nos parece que aunque quisiéramos no podemos superar ese momento que nos llena de maldad; cuántas veces el orgullo o el amor propio nos dominan de tal manera que ya no sabemos actuar bien con los demás sino que nos aparece la malquerencia, la envidia o el resentimiento, los deseos de venganza o la violencia, y nos convertimos ciegamente en destructores de los otros.

Cuánto tendríamos que analizar en nuestra vida para darnos cuenta de esas esclavitudes de las que dependemos. Claro que también tendríamos que pensar en esas esclavitudes que nosotros imponemos a los demás cuando no les dejamos ser ellos mismos, cuando manipulamos y tratamos de dominar de la manera que sea a nuestros semejantes. Nosotros no podemos ser signos del dominio del mal, sino signos de liberación para los que nos rodean.

Jesús llega a nosotros con su compasión y con su misericordia; parecemos muchas veces esas ovejas descarriadas que andan a la deriva en la vida sin pastor. Es lo que nos expresa hoy el evangelio cuando nos habla de aquellas multitudes que acudían a Jesús, que le llevaban a sus enfermos, pero que Jesús en su compasión sentían lástima de ellos como andaban como ovejas sin pastor. Y ya nos damos cuenta que no se refería solamente a aquellas gentes que contemplamos en esas hermosas páginas del evangelio, sino que nos está mirando hoy, a nosotros y a nuestro mundo.

‘Las mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies’, termina diciendo Jesús. Una oración que tenemos que elevar a Dios pero también una misión que hemos de asumir para ser esos signos de liberación para cuantos nos rodean.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Nadie a nuestro lado nunca ha de sentirse solo y desesperanzado porque nosotros sepamos hacernos presencia de esperanza y ser signo del Dios que les ama


 

Nadie a nuestro lado nunca ha de sentirse solo y desesperanzado porque nosotros sepamos hacernos presencia de esperanza y ser signo del Dios que les ama

Isaías 30, 19-21. 23-26; Sal 146; Mateo 9, 35-10, 1. 5a. 6-8

Es triste y angustioso verse solo en la vida sin nadie que esté a tu lado en momentos de dificultad, cuando los problemas nos abruman y nos envuelven, cuando se amontonan las necesidades y carencias sin ver fácilmente un camino por el que salir adelante. En un momento así cualquiera que llegue a nuestro lado y nos tienda la mano es como un ángel para nosotros; quizá no necesitamos que se nos resuelvan los problemas, que salgamos quizá inmediatamente de aquella necesidad, pero no sentirnos solos, sentir esa mano amiga que se nos tiende para darnos ánimo es quizás lo más que agradecemos en ese momento. Nos hace falta esa presencia, ese decirnos aunque sea sin palabras ‘aquí estoy’ es lo que nos daría ánimos y fuerzas para luchar, para encontrar caminos.

Podíamos decir que era lo que significaba la presencia de Jesús en medio de la gente, porque cuantos se sentían en dificultades, llenos de sufrimientos y dolor a El acudían, como escuchamos hoy en el evangelio. Era una presencia que llenaba de esperanza; no era solo que en aquel momento se vieran libres de una enfermedad o de una limitación sino que era el ánimo que sentían en sus corazones porque se despertaba la esperanza de un mundo nuevo en que todo fuera distinto. ¿Por qué buscaban a Jesús? Es cierto que iban con sus enfermedades y el evangelista insiste en esa descripción de todos lo que acudían a El con sus limitaciones, pero era mucho más lo que comenzaban a sentir en sus corazones.

¿Por qué buscamos a Jesús? Tendríamos quizá que preguntarnos. ¿Qué esperamos encontrar en Jesús? ¿Cuáles son los tormentos de nuestro espíritu que traemos cuando venimos a su presencia? ¿Se despiertan también en nosotros, en nuestro mundo las esperanzas de algo nuevo? ¿Cuál es realmente el cambio que en El buscamos? Muchas veces de una forma muy elemental solo nos podemos quedar en esos dolores físicos que padezcamos, en esas enfermedades que sufrimos, pero seguro que en el fondo sentimos que necesitamos algo más. Demasiado desesperanzados nos encontramos muchas veces en los caminos de la vida.

Es, sí, lo que buscamos en Jesús, pero también tendríamos que pensar lo que en nombre de Jesús nosotros podemos llevar a los demás. Esas luces nuevas que se van encendiendo en nuestro espíritu con esos interrogantes quizás que se nos plantean pueden ser también un rayo de luz que encendamos en los demás. Jesús quiere que los que creemos en El vayamos también al encuentro de los demás para ir encendiendo con esa luz nueva sus corazones.


Hay muchas oscuridades en nuestro entorno, hay muchas oscuridades en el corazón de los hombres y mujeres que nos rodean. Jesús les está diciendo a sus discípulos más cercanos que la mies es mucha y que los obreros son pocos. Y los envía al mismo tiempo que les enseña a rogar al Padre, al dueño de la mies, para que envíe más operarios para su mies. Esa mies que es ese mundo desesperanzado que nos rodea; esa mies que son tantas oscuridades como hay en los corazones de los hombres de hoy; esa mies que es ese mundo de sufrimiento, de incertidumbres, de dudas y de miedos en que muchas veces vivimos sumidos. ¿No estaremos pasando por una situación así?

Y los cristianos tenemos una palabra que decir, una presencia que hacer notar, una luz que encender, una esperanza que despertar, una mano tendida para dar ánimo, para ayudar a encontrar salidas y caminos. Cuando dice el evangelio que Jesús les dio poder a los discípulos y a los apóstoles para expulsar demonios y para curar enfermos, eso nos lo está diciendo a nosotros también. Esas desesperanzas y oscuridades son los demonios que tenemos que expulsar, las enfermedades que tenemos que curar. Sintamos que Jesús nos ha curado, quiere curarnos a nosotros pero para que vayamos y curemos a los demás.

Cuando decimos que queremos hacer un mundo nuevo es por ahí por donde tenemos que comenzar y entonces comenzará a florecer el amor y la solidaridad, y comenzaremos a saborear de verdad lo que es la paz, porque con esa presencia de Jesús de la que nosotros tenemos que ser signos y señales es todo eso lo que iremos provocando, esa es la verdadera revolución del Reino de Dios que tenemos que instaurar. Que nadie nunca a nuestro lado se sienta solo y abandonado, desesperanzado, porque nosotros sepamos hacernos presencia y así ser en verdad signo del Dios que les ama.

sábado, 7 de diciembre de 2019

La mies es mucha y los operarios son pocos no solo porque haya pocos sacerdotes o religiosos sino porque no siempre los cristianos nos tomamos en serio la tarea de la evangelización


La mies es mucha y los operarios son pocos no solo porque haya pocos sacerdotes o religiosos sino porque no siempre los cristianos nos tomamos en serio la tarea de la evangelización

Isaías 30, 19-21. 23-26; Sal 146; Mateo 9, 35-10, 1. 5a. 6-8
¡Cuánto trabajo por hacer, cuántas cosas quedan pendientes! Cosas así escuchamos muchas veces de boca de quienes quizá se sienten agobiados por el mucho trabajo, pero sobre todo de boca de aquellos que se han tomado la vida con responsabilidad; se lo toman todo muy en serio, quieren abarcar a todo y no pueden llegar; es el padre o madre de familia y no solo trabajar por traer un salario a casa con lo que pueda atender con dignidad a sus responsabilidades en el hogar y a sus responsabilidades como padre, sino que quiere llegar más allá atento siempre a la tarea educadora de sus hijos y al logro de la mejor armonía en su hogar para que sea ese recinto de amor donde todos desarrollen su vida.
Pero podemos pensar en quien tiene un proyecto para su vida, para su trabajo, queriendo lograr sus metas, queriéndolo desarrollarlo de la mejor manera no solo para lograr unos beneficios para su empresa sino porque piensa cuanto está haciendo por la sociedad. Quisiera tener más manos para poder atender a todo, que el día tuviera más horas para ver avanzar en sus proyectos, contar con más colaboradores en que todos a una pudieran lograr lo mejor.
Ya sé que luego nos encontraremos a muchos que mano sobre mano, de brazos cruzados, están sin hacer nada, porque nadie les ha ofrecido un trabajo, o porque no han sido tener las iniciativas que les lleven a emprender nuevas tareas o no encuentran la ayuda necesaria para salir de ese impase de la vida. Contamos también con la situación de crisis económica, es cierto, que se vive en nuestra sociedad, aunque también tendríamos que contar con la negatividad, la pasividad con que muchos se toman la vida sin ser capaces de intentar emprender algo nuevo. El emprendedor siempre intenta abrirse caminos en la vida.
Contemplamos hoy en el evangelio a Jesús realizando su acción evangelizadora queriendo llegar a todos, recorriendo aldeas y ciudades, enseñando a la gente, curando enfermos, acogiendo a cuantos acudían a El. ‘Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor’. Y es entonces cuando le habla a los discípulos de que la mies es mucha, pero los obreros son pocos, invitándoles a rezar al dueño de la mies para que envíe operarios a su mies.
Luego El enviará a sus discípulos para que realicen y continúen su labor. Y los envía con unas instrucciones muy concretas, pero también con una misión y unos poderes para poder realizar su misión.
En este texto normalmente vemos unas indicaciones que nos hemos tomado muy en concreto para orar por las vocaciones; y cuando  hablamos de vocaciones pensamos siempre en aquellos llamados con una vocación especial para consagrar su vida en el sacerdocio, la vida religiosa o la vida misionera. Miramos la realidad de nuestra Iglesia y constatamos esa ausencia de vocaciones, esas carencias que se ven en nuestras comunidades que no siempre pueden contar con un sacerdote o que no tienen a su lado el testimonio de unas personas consagradas en la vida religiosa y que realicen también su valor. Y oramos por las vocaciones queriendo que haya más sacerdotes, queriendo que haya mas consagrados en la vida religiosa, o quienes sientan la vocación misionera para ir a otros lugares para el anuncio del evangelio.
Pero ¿no nos estará faltando el pensar en algo más? la misión evangelizadora en la Iglesia no tiene que ser solo de los sacerdotes o de los consagrados; la misión evangelizadora de la Iglesia nos compete a todos, también a los no consagrados, a los seglares. Cada cristiano tendría que sentirse un evangelizador, llamado también a hacer ese anuncio del evangelio allí donde realiza su vida. Creo que es algo que tenemos que despertar en la Iglesia, esa conciencia en todos los cristianos de que todos tenemos que ser evangelizadores, que todos podemos realizar una labor apostólica en la Iglesia, que todos tenemos esa misión recibida de Jesús. Mucho más tendríamos que reflexionar.
Que se despierte la vocación evangelizadora de todo cristiano. Que se despierte esa iniciativa en cada uno de nosotros. Salgamos de la pasividad. ¿No sería un buen compromiso nacido en este Adviento que vivimos para que Jesús pueda nacer en cada corazón?

domingo, 7 de julio de 2019

Con nosotros va la paz del Señor que tenemos que anunciar porque nuestra fuerza está en el Señor que es quien hace fructificar nuestra tarea



Con nosotros va la paz del Señor que tenemos que anunciar porque nuestra fuerza está en el Señor que es quien hace fructificar nuestra tarea

Isaías 66, 10-14c; Sal 65; Gálatas 6, 14-18; Lucas 10, 1-12. 17-20
Un texto del evangelio que hoy escuchamos que es verdaderamente gratificante en su mensaje; nos recuerda la misión que a todos se nos encomienda del anuncio de la Buena Nueva de la salvación que en Jesús encontramos, pero al mismo tiempo nos hace sentirnos seguros en nuestra tarea incluso en aquellos momentos en que podamos encontrar oposición o dificultades. Con nosotros va la paz del Señor que tenemos que anunciar y que no lo hacemos buscando apoyos humanos o los que en nosotros mismos podemos encontrar porque nuestra fuerza está en el Señor y es El quien hace fructificar nuestra tarea.
Es cierto que en la vida en tantas cosas estamos tentados por el desánimo; nos creemos que nos las sabemos todas y que tenemos todos los recursos para alcanzar lo que anhelamos, pero todo se nos puede venir abajo de un momento a otro. Y eso en muchas tareas de la vida; quizás nos habíamos preparado concienzudamente, habíamos incluso estudiado con todo ahínco para terminar aquella carrera que nos parecía que nos abría muchas puertas o muchos horizontes, pero luego nos encontramos con fracasos, no nos salen las cosas, hay aspectos que se nos han quedado en penumbra y cuando tenemos que enfrentarnos a la realidad nos sentimos como descolocados.
Hablo de los trabajos que profesionalmente realizamos, o podemos hablar de las responsabilidades familiares que luego nos van a costar mucho más de lo que habíamos pensado. La respuesta que esperábamos no la encontramos y casi no sabemos por qué ya que lo habíamos intentado preparar todo muy bien.
Es también en la tarea de superación personal, en que queremos ser mejores, luchando contra esas sombras que nos aparecen en nuestra vida y que se pueden convertir fácilmente en vicios y no llegamos a conseguir nuestras metas, no llegamos a superar aquello que pensábamos que ya lo habíamos logrado, porque parece que retrocedemos, volvemos a tropezar en las mismas piedras del camino y no llegamos a aquello en lo que habíamos soñado para nuestra vida.
He querido pensar en esos aspectos humanos de nuestra vida personal, nuestros trabajos o responsabilidades, porque en todo eso hemos de buscar también la luz del evangelio. Es cierto que de lo que hoy nos habla el evangelista es de aquel envío que Jesús hizo de setenta y dos discípulos para que fueran por delante anunciando el Reino de Dios del que Jesús nos hablaba dándoles instrucciones de qué habían de hacer aquel anuncio y como iban a enfrentarse a las situaciones de dificultad con que podrían encontrarse.
Le habla de un desprendimiento total; en pobreza han de ir a hacer el anuncio, porque la riqueza y la fuerza está en lo mismo que es anunciado. Es necesaria una disponibilidad total, ni siquiera han de preocuparse de llevar recursos en el bolsillo para resolver los problemas con que se han de encontrar. El anuncio es un anuncio gratuito y generoso. La paz que anuncian no es algo que se pueda imponer o que se pueda comprar. Es algo que hay que sembrar en el corazón. Y la fuerza esta en el Señor.
De ahí la manera en que han de reaccionar incluso ante las respuestas negativas que pudieran encontrar. Es la respuesta de la paz, porque es el anuncio de la paz lo que estarán haciendo. Pero ante la inmensa tarea que tienen por delante, saben que solo podrán realizarla regada con la gracia del Señor. Habla de la mies abundante y de los pocos obreros, y Jesús les dice que oren. ‘Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies’, les enseña Jesús.
Y con esa fuerza del Señor, con su gracia, podrán ir realizando esa transformación del mundo. Tenían poder sobre los espíritus, el espíritu del mal, ellos reconocen lo que han ido realizando y Jesús les dice que veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Cuando el evangelio es anunciado y es aceptado los corazones se transformarán de manera que arrojamos de nosotros todo lo que sea malo y contrario a ese Reino de Dios.
Es la tarea que nosotros tenemos en medio del mundo, es la tarea de la Iglesia, pero es la tarea de cada uno de los cristianos. También nosotros podemos sentir ese desaliento cuando no se encuentra la respuesta a nuestro esfuerzo evangelizador. Nos gastamos nosotros y gastamos hasta lo que no tenemos para conseguir esos recursos con los que queremos realizar de la mejor manera posible nuestra tarea evangelizadora. Y es aquí donde quizá tendríamos que detenernos, porque en ocasiones podemos dar la impresión que la eficacia del anuncio del evangelio la vamos a conseguir a base de esos recursos de los que hoy dispongamos.
Nos sentimos pobres en ocasiones porque no podemos tener todo lo que nosotros desearíamos para realizar nuestra tarea y a esa pobreza de medios quizá podemos echar la culpa de no conseguir lo que anhelamos. Tendría que ser todo lo contrario, porque no podemos sostener la eficacia de la evangelización en los medios, sino que desde nuestra pobreza hemos de confiar por encima de todo en la fuerza y la gracia del Señor.
Dedicamos mucho tiempo a la preparación de todas esas técnicas, y no damos tiempo suficiente a la oración que tiene que ser la auténtica preparación. Pedro tenía mucha técnica para la pesca y en aquellas dos ocasiones no consiguió nada, cuando en el nombre del Señor echó la red pudo hacer una redada de peces muy grande. Necesitaba, es cierto la red, pero solo haciéndolo en el nombre del Señor podría realizar aquella asombrosa pesca. ¿Nos sucederá así a los pastores o a los que realizamos alguna tarea pastoral?
Y así también en todas las tareas de nuestra vida, pondremos nuestro empeño y nuestro esfuerzo, valiéndonos también de todos los recursos humanos, ¿por qué no?, pero un verdadero creyente sabe que cuanto hace ha de ser en el nombre del Señor y siempre buscando la gloria del Señor.

martes, 5 de julio de 2016

Un mundo que necesita ser fermentado por la levadura del evangelio y en el que hemos de ser verdaderos testigos de la luz de Jesús

Un mundo que necesita ser fermentado por la levadura del evangelio y en el que hemos de ser verdaderos testigos de la luz de Jesús

Oseas 8,4-7.11.13; Sal 113; Mateo 9,32-38

‘Jesus recorría todas las ciudades y aldeas…  Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor… rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies…’
Cuando voy caminando en medio de la ciudad o por las calles de nuestros pueblos en cierto modo recuerdo este pasaje del evangelio. Casas y casas pero en las que habitan muchas personas que diríamos, al menos en nuestros ambientes, son cristianos que han sido bautizados pero en los que muchas veces no vemos ninguna otra referencia a una vida de creyentes o de cristianos miembros vivos de unas comunidades cristianas que son nuestras parroquias.
Son cristianos pero ¿sus vidas están fermentadas con la levadura del evangelio? Son cristianos pero ¿Cristo significa de verdad algo en sus vidas? Quizá reducen su vida cristiana a una asistencia de forma esporádica a unos actos religiosos, pero sin que en verdad cale en sus vidas la semilla del evangelio. Son personas buenas con toda seguridad porque seguramente querrán llevar una vida recta a su manera, pero quizá no han encontrado esa luz de Jesús y su evangelio que transforme sus vidas. Como todos tendrán sus problemas y sus necesidades, se harán preguntas en su interior que muchas veces no sabrán contestar, quizá tienen hambre o deseos de más pero no han encontrado el camino por donde dar satisfacción a esos buenos deseos.
Quisiera tener la mirada de Jesús y siento en mi corazón la desazón de cuanto se podría hacer y no se hace, o de la imposibilidad quizá de poder llegar a toda esa gente con el mensaje del evangelio. Como decíamos ahí están esas multitudes que no han encontrado respuestas para los interrogantes profundos de su vida, porque quizá nadie ha llegado hasta ellos para ayudarles a encontrar esa luz. Y he de confesar que eso me hace sentir inquietud en mi interior porque quizá yo tampoco he sabido ser esa luz que ayude a encontrar la verdadera luz.
Hoy la iglesia está sintiendo un nuevo impulso misionero en ese deseo de salir al encuentro de tantos que buscan la luz y no la encuentran. Los planes pastorales de nuestras parroquias y nuestras diócesis van por ese camino. Pero como nos decía Jesús hoy en el evangelio ‘La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos…’ Necesitamos en verdad comprometernos en esa tarea evangelizadora de la Iglesia; tenemos que aprender a ser luz para los demás y convertirnos en testigos del evangelio con nuestra vida. Es inmenso ese mundo que nos rodea que necesita esa luz, que necesita esos testigos y no podemos defraudarles.
Roguemos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies; pidamos con intensidad al Señor para que surjan muchas vocaciones al apostolado y en verdad la Iglesia sea verdadero anuncio y signo de salvación en medio del mundo.


martes, 8 de julio de 2014

Un resumen de la actividad apostólica de Jesús que nos pone en camino de inquietud por el anuncio del Reino



Un resumen de la actividad apostólica de Jesús que nos pone en camino de inquietud por el anuncio del Reino

Os. 8, 4-7. 11-13; Sal. 113; Mt. 9, 32-38
‘Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias…’ Parece un resumen de la actividad apostólica que realizaba Jesús. El anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios acompañado de señales.
‘Curando todas las enfermedades y dolencias’, nos dice pero antes ha hablado de un endemoniado mudo. Nos quiere expresar cómo viene a arrancarnos del poder del maligno. Nos anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios, pero si el Señor es nuestro Rey, nuestro único Señor no cabe que el maligno tenga poder sobre nosotros. Los milagros de las curaciones son señales de ello, cuando quiere quitar el mal de nuestra vida, pero además nos manifiesta el poder del maligno.
Pero es que además en este que llamábamos resumen vemos también la oposición de las fuerzas del mal expresado en aquellos que malintencionados atribuyen al poder del maligno las obras de Jesús. El mal siempre quiere crear confusión, porque es el padre de la mentira y del engaño. Pero con Jesús no nos podemos dejar engañar.
Escuchamos su Buena Noticia y la hacemos vida de nuestra vida, porque queremos arrojar ese mal de nosotros; por eso acudimos a Jesús que es el que tiene el poder de la salvación, es el que nos puede liberar de las fuerzas del mal, es quien ha venido para vencer el mal y su pascua es la gran señal, su muerte en la Cruz es la sangre de nuestro rescate, su resurrección es la señal de la vida nueva que nos ofrece.
‘Nunca se ha visto cosa igual’, decía la gente admirada ante las obras de Jesús. Y claro que nunca se ha visto nada igual porque el único que nos puede ofrecer la salvación es Jesús; es quien nos ha redimido y nos ha salvado. Pero quería fijarme en un detalle; nos habla de la gente admirada, tenían aún capacidad de admiración ante las maravillas que ante sus ojos se estaban realizando; es algo que nosotros hemos de despertar de nuevo, porque las costumbres pueden hacernos rutinarios y podemos acostumbrarnos a hablar de la salvación de Jesús y ya lo vemos como una cosa de todos los días que ya no somos capaces de sentir admiración por las obras de Jesús.
Por ejemplo, ¿seremos capaces de sentir admiración ante la maravilla que ante nosotros se realiza cuando celebramos la Eucaristía y se realiza ante nuestros ojos el milagro de la transustanciación? Nos hemos acostumbrado cuando tendríamos que hacer que nuestros ojos se abran como platos, como solemos decir, cuando todos los días ante nosotros se realiza el milagro de la Eucaristía.
Y nos queda una cosa en este llamado resumen que hemos escuchado hoy en el evangelio: la acción misionera de Jesús que tiene que ser la acción misionera de toda la Iglesia, de todos los que creemos en Jesús. Allí están ante Jesús las multitudes que le siguen y que ‘estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor’. Jesús siente compasión por esa situación, siente dolor en el alma por tantos y tantos hambrientos de Dios pero a los que no llega el anuncio del Evangelio.
‘La mies es abundante  y los trabajadores son pocos’, les dice Jesús a sus discípulos. ¿Qué nos dirá a nosotros? ¿Sentiremos también esa inquietud misionera en nuestro corazón? Los obreros son pocos, y ¿no podríamos ser nosotros esos obreros que se necesiten en la vida del Señor? Podremos ser llamados en la primera hora o en la última hora, pero esa inquietud y esa vocación al apostolado tendría que estar muy latente en nuestro corazón.
Tenemos que rogar al dueño de la mies para que envíe operarios a su mies, para que sean muchos los llamados con esa vocación especial en el apostolado, en al vida sacerdotal o religiosa, o para las misiones hacia el tercer mundo, pero tenemos también que poner manos a la obra porque esa tarea es tarea de todos, es también nuestra tarea. Es compromiso de nuestro bautismo y nuestra confirmación, es compromiso de nuestra fe. ¿Sentiremos esa inquietud?