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jueves, 5 de agosto de 2021

Dedicación de la Basílica de santa María la Mayor y celebración de la Virgen de las Nieves nos recuerdan la presencia de la Madre que nos protege y camina a nuestro lado

 


Dedicación de la Basílica de santa María la Mayor y celebración de la Virgen de las Nieves nos recuerdan la presencia de la Madre que nos protege y camina a nuestro lado

Seguramente ya nos hemos acostumbrado y casi ya no es noticia que publiquen los informativos a que el Papa Francisco cada vez que va a realizar un viaje apostólico o regresa de él, o cuando va a haber un acontecimiento de especial significado, acuda a la Basílica de Santa María, la Mayor, para postrarse ante un Icono de la Virgen que se venera en dicho lugar con la advocación de Salus populi romani (Salud del pueblo romano).

Hago referencia a ello porque de alguna manera así se ha conocido un poco más esta Basílica Mayor de Roma, que es el gran y primer templo dedicado a María en toda la cristiandad. La tradición y la historia nos hablan del Papa Liberio como promotor de esta basílica cuya situación en el Monte Esquilino (una de las siete colinas de Roma) se debió a unos sueños en los que se le señalaba que el lugar que apareciera cubierto de nieve en la mañana siguiente era el designado para la edificación de este templo en honor de la Virgen. Lo curioso o milagroso, como queramos verlo, es que se trata del cinco de agosto que en Roma habitualmente se sufren fuertes y agobiantes calores, pero que apareció cubierto de nieve como hemos dicho.

Este es el origen de esta basílica que posteriormente ha sido engrandecida y enriquecida con toda la belleza del arte para contemplar hoy toda su grandiosidad. Es una de las cuatro basílicas llamadas mayores o papales como queramos decir junto con la catedral de san Juan de Letrán, san Pablo extramuros y san Pedro del Vaticano. El palacio apostólico edificado junto a la basílica fue incluso en algunos momentos de la historia residencia de los Papas. Hoy precisamente celebramos la Dedicación o consagración de esta basílica romana.

Quizás por ese hecho extraordinario y que pudiera parecer incluso anecdótico de la aparición de la nieve para señalar el emplazamiento de esa futura Basílica  ha surgido la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, que se celebra en muchos lugares precisamente en este día 5 de agosto. En nuestras islas son varios los templos dedicados a la Virgen con esta advocación pero es de destacar de manera especial la Isla de la Palma que la tiene como patrona y la celebra con gran devoción.


Allí a pocos kilómetros de la capital de la Isla, camino del monte se levanta este Santuario Insular dedicado a su patrona la Virgen de las Nieves. Ya a los pocos años de la conquista de la Isla el adelantado concedió los terrenos donde había de edificarse este templo en honor de la Virgen de las Nieves, lo que viene a expresar como esta devoción a la Virgen en esta Advocación de las Nieves está presente en nuestras islas, en concreto en la isla de la Palma, desde los albores de la conquista y de la cristianización de las Islas.

He querido dedicar esta página de la semilla de cada día a estos dos aspectos que hemos mencionado, la Basílica de santa María la Mayor de Roma y la Virgen de las Nieves que celebramos en este cinco de agosto queriendo así resaltar ese amor y esa devoción a María que mantenemos desde lo hondo de nuestro corazón.

María siempre presente en el caminar del cristiano; María la madre que nos protege y camina a nuestro lado; María a quien siempre acudimos para sentir ese aliento de la madre en nuestro caminar y en nuestras luchas. Que ese resplandor de la santidad de María, como el brillo y el resplandor de la blancura de la nieve, nos envuelva, nos llene de luz, y haga resaltar así también el amor de nuestros corazones.


lunes, 5 de agosto de 2019

Nos queremos meter en el molde de Maria para si mejor parecernos a ella, la llena de gracia, para así mejor llenarnos de Dios



Nos queremos meter en el molde de Maria para si mejor parecernos a ella, la llena de gracia, para así mejor llenarnos de Dios

Lucas, 11,27-28
Hoy quiero tener un recuerdo especial en esta semilla de cada día para la Virgen María. En nuestra tierra, y en especial en la isla de La Palma, se la celebra en este día con la Advocación de Nuestra Señora de las Nieves, allá en su santuario del monte, a donde acuden hoy todos los moradores de la isla para honrar y venerar a su madre y patrona. En muchas otras localidades de nuestras islas se celebra también con esa misma advocación así como son muchas las mujeres canarias que llevan su nombre de Nieves o María de las Nieves.
El origen de esta hermosa advocación está en Roma en el Monte Esquilino, que en un cinco de agosto apareció cubierto de nieve como una señal del cielo para aquellos sueños del Papa de entonces en los que la Virgen le pedía edificar un templo en su nombre. Uno de los primeros templos de la cristiandad levantados en honor de María, a Madre de Dios, como recientemente entonces había sido proclamada por los concilios.
Hoy aquel templo inicial se ha convertido en la magnifica Basílica de san Maria la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores, o basílicas papales que hay en la ciudad de Roma junto a san Juan de Letrán, su Catedral, san Pedro del Vaticano y san Pablo extramuros. Es allí donde acude antes y después de cada viaje pontificio el Papa Francisco para postrarse ante la imagen de Maria, Salus populi romani, que en aquella Basílica se venera. Una Basílica, por demás, que lleva el patronazgo del reino de España desde tiempo inmemorial, de manera que el Jefe del Estado español es canónigo honorario de la misma.
Pero no nos queremos quedar en datos históricos en nuestra mirada a Maria en este día de su fiesta, como decíamos, con la advocación de Virgen de las Nieves. El mismo nombre nos está indicando el camino de pureza y santidad que hemos de seguir para imitar a María. La llena de gracia, como la llamó el ángel de la Anunciación; llena de gracia porque estaba inundada de Dios que la hace resplandecer con las más bellas virtudes. Concebida sin pecado original la proclamamos como Inmaculada Concepción, hablándonos de su alma pura, de su corazón sin pecado, de su vida llena de gracia, del amor de Dios que la envuelve para convertirse en ternura de Dios para nosotros.
Es la madre solicita y atenta que siempre está a nuestro lado para señalarnos y ayudarnos a encontrar el camino que nos lleva a Jesús. Es la madre que ruega por nosotros para que sintamos la gracia y la fortaleza de Dios para que no caigamos en la tentación del mal, del desamor, de la dureza del corazón; sintiendo la ternura de la Madre a nuestro lado nuestros corazones tienen que derretirse de amor, no valen ya las corazas del egoísmo y de la insensibilidad, no tiene lugar de ninguna manera en nuestra vida la maldad que nos haría injustos y violentos, sino que todo tiene que ya ser siempre en nosotros delicadeza, ternura, amor, cercanía con los que están a nuestro lado.
La Biblia nos habla de cómo resplandecía del rostro de Moisés cuando bajaba del monte de la presencia de Dios; miramos a María y cual nieve resplandeciente con el sol la contemplamos a ella en la que brilla toda gracia porque así está llena de Dios. Cuando decimos llena de toda gracia no es como si estuviera llena de alguna cosa hermosa, queremos referirnos a la presencia de Dios en su vida que eso es gracia, porque siempre el amor de Dios en nosotros es un regalo de Dios, es un don gratuito en que Dios mismo se nos da.
En María resplandece de una manera especial; eso de ella tenemos que aprender, copiar en nosotros metiéndonos en el molde de su vida para así mejor parecernos a ella, para así mejor llenarnos de Dios. Ella fue el molde de Jesús que en su vientre se engendró como hombre.

sábado, 5 de agosto de 2017

Al celebrar la fiesta de la Virgen de las Nieves nos llenemos de la ternura de del corazón de María para hacer que nuestro mundo tenga un nuevo olor y sabor


Al celebrar la fiesta de la Virgen de las Nieves nos llenemos de la ternura de del corazón de María para hacer que nuestro mundo tenga un nuevo olor y sabor

Hoy 5 de agosto se celebra en muchos lugares con especial devoción una fiesta de la Virgen, la Virgen de las Nieves o la Virgen Blanca. En nuestras islas se celebra en diversos lugares, pero quiero destacar como la Virgen de las Nieves es la patrona de la Isla de la Palma donde hoy se celebra con particular devoción, acudiendo los palmeros desde todos los rincones de la Isla hasta el Santuario de las Nieves.
El origen de esta advocación está en la Basílica Papal de Santa María la Mayor en Roma. La tradición nos habla de cómo la Virgen en sueños le pidió al Papa Liberio la construcción de un templo en su honor en la ciudad de Roma; en la mañana siguiente, cinco de un tórrido agosto de Roma, apareció el Monte Esquilino – una de las siete colinas romanas – cubierto de nieve, viendo en ello la señal del lugar donde la Virgen quería que se edificase su templo. Fue el primer templo del orbe católico dedicado a la Virgen que en el Concilio de Efeso fue proclamada la Madre de Dios. De ahí el nombre o advocación con la que invocamos a la Virgen en muchos lugares y que hoy estamos celebrando.
Celebrar una fiesta de la Virgen siempre es algo entrañable para un cristiano; estamos celebrando la fiesta de la madre, de la Madre de Jesús que es la Madre de Dios, como esta misma celebración y advocación de hoy nos lo recuerda, y la fiesta de nuestra madre. Así quiso dárnosla Jesús desde la Cruz. Ahí tienes a tu hijo, le dijo señalándole a Juan, señalándonos a nosotros representados por Juan el que siempre fue fiel en su amor a Jesús, allí al pie de la cruz. Desde entonces Juan la tomó consigo. Desde entonces la Iglesia siempre ha tenido a María a su lado, como la invoca como Madre, la imita como fiel discípula de Jesús, quiere parecerse a ella la llena de la gracia, la llena de Dios.
Con ternura nos acercamos a María, como cualquier hijo que se precie se acerca a su madre. Necesitamos siempre esa ternura en nuestro corazón y la presencia de María nos lo recuerda y nos lo hace revivir. Es la ternura de Dios que nos la hace sentir con su presencia, es la ternura con que debemos envolver nuestra vida para romper esas aristas que tantas veces como costras se nos pegan a nosotros con las que hacemos daño a los que están a nuestro lado. Hace falta poner ternura en la vida, delicadeza, sencillez, humildad, amabilidad, cariño, buen trato, amor en una palabra. ¿Y a quien no le afloran esos brotes de ternura cuando está al lado de la Madre, cuando estamos al lado de María?
Es lo que hoy quiero pedirle a María, que nunca se endurezca mi corazón, que arranque de mi toda violencia, que sea capaz de controlar mis gestos y mis palabras, que nunca aparezca en mi corazón el frío del desamor y la insolidaridad, que tampoco viva en la tibieza de la indiferencia y la lejanía del que nunca se preocupa de los problemas de los demás, que encienda con fuerza mi corazón en el fuego del amor y sea capaz de derretirme en ternura hacia los demás.
Que de María aprenda a poner amor en la vida, el espíritu de servicio y la atención a los demás. Amó con todo su corazón y se lleno de Dios; amó hasta olvidarse de si misma y se puso al servicio de Isabel; amó a todos con la ternura de una madre y estaba atenta y vigilante a lo que pudiera faltar a los que la rodeaban como hizo en las bodas de Caná; amó a aquellos hijos que su Hijo le confió en la cruz y con ellos estaba orante para que como ella todos se llenaran del espíritu en Pentecostés.
Que con la ternura de María vayamos haciendo cada día un mundo mejor, un mundo con un nuevo olor y con un nuevo sabor, el olor y el sabor del amor y la ternura. Es así como iremos construyendo cada día el Reino de Dios.

viernes, 5 de agosto de 2016

Que la Virgen de las Nieves extienda su manto protector de manera especial sobre sus hijos que en la Isla de la Palma padecen la catástrofe del incendio forestal que asola su tierra

Que la Virgen de las Nieves extienda su manto protector de manera especial sobre sus hijos que en la Isla de la Palma padecen la catástrofe del incendio forestal que asola su tierra

Gál. 4, 4-7; Sal. 112; Lc. 2, 1-7
Hoy es una fiesta de la Virgen que tiene una hermosa resonancia popular y un hermoso significado, aunque en su origen fuera fiesta eminentemente eclesial pues es la Dedicación de la Basílica Mayor de Santa María en el monte Esquilino de Roma. Fue, sin embargo, en su origen la primera Iglesia dedicada a María, la Madre de Dios, en el occidente cristiano.
La tradición envuelve en hermosas leyendas la construcción de este templo con el sueño del Papa que le impelía a edificar una Iglesia en Roma donde apareciera el suelo nevado en pleno mes de agosto. Es así como se enmarca el solar donde sería levantada lo que es hoy la hermosísima Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro Basílicas Mayores o Papales que existen en la Urbe romana. Allí se venera el Icono de Santa María, Salus populi romani, que bien sabemos que el Papa Francisco va a venerar con frecuencia y en especial antes y después de cada uno de sus viajes apostólicos por el mundo.
Decíamos que la fiesta de la Virgen de este día tiene una fuerte resonancia popular sobre todo en la Advocación de la Virgen de las Nieves. Son muchos los lugares que veneran a María con esta Advocación que nos habla de la pureza de María y nos impulsa a seguir sus mismos caminos de santidad y de gracia. No podemos menos de recordar hoy aquí en mi tierra canaria a la Isla de La Palma que la venera como Patrona en esta Advocación de la Virgen de las Nieves, sobre todo en estos momentos angustiosos que se viven en aquella isla con el incendio forestal que va devastando sin control los montes de la isla y poniendo en peligro sus poblaciones.
Queremos pedir con todo el amor de nuestra alma que María extienda su manto protector sobre la isla y sus habitantes y como tantas veces se han visto liberados de tantos peligros ella ahora una vez extienda su protección sobre todos ellos y encuentren la forma de controlar y detener tal catástrofe que se abate sobre la isla. Grande es el amor que los palmeros sienten por su madre y patrona y son muchos los que se congregan hoy en su santuario para invocarla y celebrarla, aunque muchos también se hayan visto imposibilitados para ir a visitarla por las circunstancias que viven. Que María les conceda hacerles sentir paz en sus corazones y la alegría del control de tan devastador fuego que va calcinando sus montes y poniendo en peligro sus vidas.
En otras circunstancias me hubiera detenido en esta reflexión que diariamente os ofrezco en considerar muchas cosas que podemos y tenemos que aprender de María, porque siempre a la Madre tenemos que imitar y muchas son las cosas que de ella podemos aprender. Hoy simplemente quiero invitar a cuantos lean esta página de mi blogs a que eleven una oración especial por los habitantes de aquella bella isla en las duras circunstancias que vive en estos momentos, y por quien ha fallecido desempeñando su labor de luchar contra este incendio.
Que la amargura de las circunstancias negras o difíciles por las que pasamos en ocasiones no nos oscurezca las mentes ni endurezca los corazones, sino que en todo momento sintamos la protección de quien nos ama como Madre y siempre nos querrá llevar hasta la paz de Jesús.

martes, 5 de agosto de 2014

Dios nos dé un corazón humilde y agradecido como el de María

Dios nos dé un corazón humilde y agradecido como el de María

Gál. 4, 4-7; Sal. 112; Lc. 2, 1-7
Popularmente esta fiesta de la Virgen en el cinco de agosto es la fiesta de la Virgen de las Nieves; más en nuestra tierra que no solo la tiene como patrona en la isla de La Palma sino también en otras localidades se venera a la Virgen con esta advocación de las Nieves. Litúrgicamente sabemos que es la fiesta de la Dedicación de una de las Basílicas papales o mayores de Roma que es Santa María, la Mayor, hermosísima Basílica situada en una de las siete colinas de Roma, en el Monte o Colina del Esquilino.
¿Por qué este nombre o esta advocación con la que invocamos a la Madre de Dios como Virgen de las Nieves? Tenemos que hacer referencia precisamente a lo que es el título de la fiesta litúrgica de la Dedicación de la Basílica de Santa María, la Mayor y a los orígenes casi legendarios de la construcción de la primitiva Iglesia, que precisamente hace referencia a la nieve.
Un noble matrimonio romano, en el siglo IV, que era muy generoso con sus limosnas para atender a los necesitados, queriendo dar el mejor uso a sus riquezas recibieron en un sueño el encargo de levantar un templo a la Virgen María en aquel lugar que apareciera a la mañana con un manto de nieve. Era el amanecer de un cinco de agosto en medio del bochornoso verano de Roma cuando apareció precisamente ese manto de nieve en el monte Esquilino. Allí se edificó la primitiva Iglesia, que luego tras el Concilio de Éfeso, ya en el siglo V, en que se proclamó a la maternidad divina de María, el Papa Sixto III dedicaría en ese lugar lo que se considera la primera Iglesia de Occidente dedicada a María, la Madre de Dios, la Basílica de santa María, la Mayor, como hoy se conoce. Ahí tenemos, reseñado brevemente, el origen de la Advocación de la Virgen de las Nieves dedicado a María, la Madre de Dios.
Queremos, pues, nosotros en esta fiesta tan hermosa de la Virgen y que tanta devoción despierta en el pueblo cristiano, cantar las glorias del Señor con María recogiendo el espíritu del cántico de María, con el que ella también quería dar gloria al Señor que había querido fijarse en la humildad de la que se consideraba la esclava del Señor para elegirla como su Madre.
Desborda de gozo el corazón de María, porque aunque se siente pequeña y así pequeña y humilde quiere ella presentarse delante del Señor, sin embargo reconoce las maravillas que el Señor ha hecho en ella. ‘El Poderoso ha hecho en mi cosas grandes’, reconoce María, y por eso bendice el santo nombre de Dios. La humildad de María no la anula y la hace esconderse, sino precisamente en nombre de esa humildad reconoce la grandeza de las obras de Dios en ella.
Se siente instrumento en las manos de Dios que va a derramar su misericordia y su bondad sobre todos los hombres. Ella solamente ha dicho ‘sí’ y se ha puesto en las manos de Dios, pero sabe María cómo Dios quiere contar con ella, y por eso ella abre su corazón a Dios para servir de cauce de esa gracia divina que se va a derramar sobre todos los hombres.
Reconoce María que todos los hombres, de todas las generaciones en ella y con ella se van a alegrar, pero siente que aunque todos la van a llamar bendita, las bendiciones son para Dios, porque Dios es el que obra maravillas y es de Dios de donde proviene toda gracia para hacer presente su misericordia con todos los hombres, que va a hacer posible un mundo nuevo y distinto donde todo se va a transformar y las escalas de valores van a ser distintas, porque no serán los que se creen poderosos y ricos los que van a ser considerados importantes, sino los pequeños y los humildes van a ser ensalzados y los hambrientos van a ver saciados y satisfechos los deseos más profundos del corazón.
Cuando hoy cantamos a Dios con María utilizando su mismo cántico de alabanza y de acción de gracias nosotros estamos queriendo también aprender de María. Es de su humildad generosa y agradecida de la que tenemos que impregnar nuestro corazón y nuestra vida; no para escondernos y anularnos porque nos sentimos pequeños, sino que nos sentimos pequeños porque reconocemos que lo que somos se lo debemos al Señor que así nos ha enriquecido con sus dones y con sus valores.
Nunca la humildad puede anularnos, como tampoco podemos decir que vivimos humildes en la apariencia llenando de orgullo el corazón; la humildad nos hará reconocer precisamente esos dones que nos ha regalado el Señor pero para hacerlos fructificar, porque todo ha de ser siempre para el bien común dando así gloria al Señor. El guardarnos para sí esos dones pudiera convertirse en un orgullo solapado de humildad y con eso no agradaríamos al Señor. La gloria del Señor está en que esas gracias que hemos recibido del Señor las empleemos como hizo María en la preocupación y en el servicio a los demás. ¡Cuánto podemos aprender de María!

Damos gracias a Dios por María, por ese Sí de María que la hizo la Madre del Señor; por ese sí de María expresión de un corazón abierto a Dios, pero abierto también siempre a los demás; ojalá aprendamos de María y así sea nuestro corazón siempre abierto a Dios y con esa humildad generosa y agradecida como ella tuvo, para saber con ella cantar siempre la gloria del Señor.

lunes, 5 de agosto de 2013

María de las Nieves, salud y vida de nuestro pueblo

Gál. 4, 4-7; Sal. 112; Lc. 2, 1-7
A lo largo del año son muchas las fiestas de la Virgen en las que vamos celebrando el misterio de María en torno al Misterio de Cristo y reconociendo cuántas grandes el Señor quiso realizar en María, porque era su Madre, la Madre del Señor. ‘El Señor hizo en mi maravillas’, como cantaría ella misma en el Magnificat.
Fiestas en las que celebramos su Maternidad divina, la mayor de sus grandezas, como hacemos dentro del misterio de la Navidad, o fiestas donde contemplamos todas las prerrogativas con las que Dios quiso adornarla en su infinita sabiduría y misericordia, como cuando la celebramos preservada de todo pecado e Inmaculada en su Concepción o glorificada en su Asunción al cielo como la vamos a celebrar dentro de pocos días.
A lo largo del año en otras fiestas celebramos a María en sus diferentes advocaciones, que son como piropos que queremos cantar a la Madre después que de diversas maneras hemos sentido su presencia y su protección. Toda una manifestación de ese amor que le tenemos a María, porque el Señor ha querido dejárnosla como Madre que nos protege y continuamente nos alcanza la gracia del Señor.
A ella la contemplamos como el mejor ejemplo y estímulo que podemos sentir en el camino de nuestra vida cristiana, y siempre estamos queriendo aprender de María porque en ella nos sentimos impulsado a caminar hacia lo alto, a recorrer esos caminos de santidad a los que estamos llamados.
Esta fiesta del cinco de agosto nace de la conmemoración de una de las Basílicas Mayores que están en Roma junto a la sede de Pedro, pero que es, así siempre se ha considerado, el primer templo cristiano dedicado en Roma al culto y a la veneración de la Santísima Virgen María. Será también en esta Basílica donde se encuentra el Icono de María, Salud del Pueblo Romano, de especial advocación en toda Roma que se quiere acoger al patrocinio y protección de la Virgen esta Advocación de Salus populi romani. Ante él se ha postrado el Papa Francisco en el inicio de su Pontificado y en diversas visitas hechas a esta Basílica, como ahora con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud que se acaba de celebrar.
Litúrgicamente este día es el de la Dedicación de Santa María la Mayor, erigida en el siglo cuarto de la era cristiana precisamente después que el Concilio de Éfeso había proclamado la maternidad divina de María, cuando se vino a definir en toda plenitud la divinidad de Jesús, proclamando que es verdadero Dios al mismo tiempo que verdadero hombre.
Luego en torno a la construcción de este templo dedicado a María surgen tradiciones y leyendas con lo que esta Basílica liberariana levantada en el monte Esquilino es conocida también como la de Nuestra Señora de las Nieves, haciendo referencia a las nieves aparecidas en el ferragosto romano para señalar el lugar de la edificación de este templo.
Por eso en diversos lugares una de las advocaciones más queridas de la Virgen que se celebra en este día es precisamente el de Nuestra Señora de las Nieves, como lo es en la Isla de la Palma y en tantos otros lugares en nuestras islas.
Queremos nosotros hoy celebrar con devoción esta fiesta de María; a ella queremos invocarla para que sintamos siempre su protección de Madre que nos preserve de todos los peligros y sea para nosotros luz que nos ilumine en ese camino de santidad que hemos de hacer cada día. Virgen de las Nieves cuya blancura nos habla de resplandores de pureza y de santidad; Virgen de las Nieves que nos hace sentir fuertemente el ardor del fuego de su amor en nuestro corazón para que así nos derritamos en ternura para cuantos nos rodean nuestros hermanos.
Que María nos lleve siempre de su mano; que seamos capaces de revestirnos de María que es revestirnos de gracia y de santidad para que con ella nos sintamos fuertes en nuestra lucha contra el maligno tentador. Vestidos de María, y no solo porque llevemos una vestidura externa, un escapulario o una medalla como escudo protector, sino sobre todo porque nos vistamos de sus virtudes, de su entrega, de su humildad, de su amor, de su apertura a Dios y a su Palabra, nos sintamos seguros porque estando así María con nosotros el enemigo malo nada podrá contra nosotros.

Ruega por nosotros, que somos pecadores, le decimos a María, ahora y en la hora de nuestra muerte. Que en María encontremos la salud de Dios, la salvación de Dios, y que de María aprendamos a llevarla a los demás.

viernes, 5 de agosto de 2011

María, verdadero templo en que se encarnó la Palabra de Dios



Gál. 4, 4-7;

Sal. 112;

Lc. 11, 27-28

Esta fiesta del 5 de agosto tiene un profundo sentido mariano. Litúrgicamente es la Dedicación de la Basílica romana de Santa María, la Mayor, una de las cuatro basílicas mayores de la ciudad de Roma. Esta basílica levantada en el monte Aquilino de Roma fue erigida inmediatamente después del Concilio de Efeso en el que María fue proclamada Madre de Dios; es el primer templo del occidente cristiano dedidado a la Santísima Virgen María.

Pero es también una fiesta de la Virgen con gran sabor popular en su advocación de la Virgen de las Nieves, como se celebra en muchos lugares, y nosotros los canarios destacamos que con esa advocación es venerada como patrona de la isla de La Palma, aunque muchos otros templos en nuestras islas están levantados en honor de María con esta advocación de Virgen de las Nieves.

Como en todas las fiestas de la Virgen nos alegramos con ella y la festejamos, porque es lo que siempre hacen los buenos hijos con la madre. Así la amamos desde que Jesús nos la dejara como Madre al pie de la cruz y en todo momento queremos mostrarle nuestro amor queriendo copiar de ella su santidad con la que demos siempre gloria al Señor. Si la contemplamos como la Virgen de las Nieves no lo hacemos sólo por las circunstancias con las que se designó aquel lugar romano donde se había de levantar ese templo a María, apareciendo en pleno agosto romano cubierto de nieve aquel lugar, sino que en esa blancura de la nieve queremos ver la pureza, la santidad con la que María resplandecía y queremos copiar en nuestra vida.

A ella queremos pedirle que tengamos un corazón puro y limpio de toda maldad y de todo pecado; a ella como madre le pedimos que interceda por nosotros que somos pecadores para que nos alcance del Señor esa gracia que nos purifica, esa gracia que nos fortalece en nuestra lucha contra el pecado para vencer siempre en toda tentación.

Y en las circunstancias u ocasión de esta fiesta de Dedicación de esta Basílica en honor de María, la Basílica de Santa María la Mayor queremos contemplar a María como ese templo de Dios, donde de manera Dios quiso morar al encarnarse en sus entrañas para hacerse así Emmanuel, Dios con nosotros. Si decimos que un templo es un lugar sagrado donde sentimos de manera especial esa presencia de Dios, donde nos congregamos para darle culto al Señor, escuchar su Palabra y alimentarnos de su gracia en los sacramentos, ¿qué podemos decir de María en la que Dios quiso de esa manera maravillosa habitar?

María, templo de Dios, que nos ayuda como Madre a encontrarnos con Dios, a sentir la presencia maravillosa de Dios. Ella nos conduce siempre hasta Cristo porque siempre nos está diciendo que hagamos lo que El nos dice. María, templo de Dios, que se convierte asi para nosotros en palabra viva de Dios; en ella se había encarnado el Verbo de Dios, la Palabra eterna de Dios para hacerse hombre, pero ella así había abierto su corazón a la Palabra que de tal manera la plantaba en su vida y daba frutos de santidad. María nos enseña, pues, como nadie sabe hacerlo, cómo hemos de escuchar, de plantar en nuestro corazón la Palabra de Dios. ‘Hágase en mí según tu palabra’, le dijo al ángel, porque ‘aquí está la esclava del Señor’.

‘Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la plantan en su corazón’, nos dirá Jesús como un eco a aquellas alabanzas que en honor de María cantaba aquella mujer anónima en medio del pueblo. Pero también Jesús nos dirá cuando le dicen que su madre y sus hermanos están allí esperándole, que quienes escuchan la Palabra y la ponen en práctica esos son su madre, y su hermano, y su hermana.

Ojalá alcancemos nosotros también esa bienaventuranza de Jesús porque así escuchemos su Palabra y la pongamos en práctica. Ojalá así nosotros nos convirtamos en esos templos de Dios – ya lo somos desde nuestra consagración bautismal como tantas veces hemos recordado – que por nuestra manera de escuchar la Palabra y vivirla nos convirtamos en signos para los demás de esa presencia del Señor en medio de nosotros.

Que María, Madre de las Nieves, interceda por nosotros para que alcancemos esa gracia, para que vivamos esa pureza y esa santidad, para que así convertidos en signos de Dios atraigamos a los demás a los caminos del Señor.

jueves, 5 de agosto de 2010

Te saludamos María, Madre de Dios, Madre y Reina de las Nieves


Gál. 4, 4-7;
Sal. 112;
Lc. 2, 1-7

Aunque en la devoción popular hoy celebramos la fiesta de la Virgen de las Nieves, litúrgicamente lo que estamos celebrando es la Dedicación de la Basílica de Santa María, la Mayor, que es una de las cuatro Basílicas Mayores que hay en Roma. Su origen está por una parte en un hecho milagroso acaecido en el siglo cuarto y de ahí la advocación de nuestra Señora de las Nieves que celebramos en este día; una nevada caída en Roma en el monte Esquilino señaló el lugar donde había de edificarse el primer templo de Roma en honor de María, la Madre de Dios.
Por otra parte, posteriormente, a partir de mediados del siglo quinto. con la celebración del Concilio de Éfeso que vino a proclamar a María como Madre de Dios, el papa Gregorio III dedicó solemnemente este templo a la Maternidad divina de María, como había sido proclamado en el Concilio mencionado. Una bellísima Basílica dedicada a la Virgen en el mismo centro de Roma, y en cuyo interior se venera también por los romanos a María, como Salud del pueblo romano.
Es como decíamos el día de la Virgen de las Nieves como se celebra solemnemente en la Isla de La Palma como a su patrona, pero que se celebra igualmente en otros muchos rincones y pueblos de nuestras islas, por hacer mención al lugar donde estamos, pero también en todo el mundo. Santa María de la Blanca, la celebran en Vitoria en el país vasco, nuestra Señora de Africa o nuestra Señora de los Remedios en otros lugares también en este día, por citar algunas advocaciones.
Nosotros queremos celebrar esta fiesta de Maria desde lo más hondo de nosotros mismos con el gran amor que le tenemos a la Virgen. Como siempre con ella nos regocijamos y a Dios damos gracias porque nos ha dado a María, espejo de santidad en el que hemos de mirarnos siempre para así sentirnos estimulados continuamente en ese crecimiento de nuestra fe y nuestro amor, que es el crecimiento de esa santidad que tiene que florecer en nuestra vida.
Dios quiso tenerla junto a sí y la escogió como Madre para encarnarse y hacerse hombre, como nos decía el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas ‘cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción’. Por María nos vino Cristo; por María nos vino la gracia y el don de que pudiéramos ser hijos en el Hijo. El Hijo de Dios se hizo hombre, nacido de Maria, para rescatarnos, para liberarnos de los lazos del mal y de la muerte, pero para elevarnos a ser hijos por la fuerza del Espíritu que nos concede. Cómo no darle gracias a Dios por María.
Y saludamos a María, queriendo ofrecerle todo nuestro amor, queriendo cantar los mejores cánticos y alabanzas en su honor, queriendo sentirla siempre a nuestro lado para que nos siga acompañando en nuestro caminar. Es la Madre que está junto a nosotros; es la madre que nos señala siempre el camino para que vayamos a Jesús; es la madre que nos protege y nos alcanza la gracia de Dios para que vivamos en todo momento santamente. Virgen de las Nieves, la invocamos en este día, que así blanca como la nieve resplandezca también nuestra alma, nuestro corazón, nuestro espíritu porque nunca dejemos meter la negrura del pecado en nuestra vida. Que María nos proteja, nos ayude, nos alcanza de Dios la gracia que necesitamos.
Cómo no saludarla y cantarla con las mejores palabras y muestras de nuestro amor. ‘Dichosa eres, santa Virgen María, y muy digna de alabanza: de ti ha salido el sol de justicia, Cristo, nuestro Señor’, le canta la liturgia hoy. Queremos hacerlo tambiérn tomando prestadas algunas palabras de las pronunciadas por San Cirilo de Alejandría en el Concilio de Efeso cuando se proclamó la Maternidad divina de María.


‘Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre y virgen, por quien es llamado bendito el que viene en el nombre del Señor. Te saludamos a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e inabarcable; a ti, por quien la Santísima Trinidad es adorada y glorificada; a ti por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se alegran los ángeles y arcángeles… por quien la criatura, caída en pecado, es elevada al cielo… por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el aceite de la alegría; por quien han sido fundamentadas las iglesias en todo el orbe de la tierra; por quien todos los hombres son llamados a la conversión…’


Te saludamos, María, la Madre de Dios, que también eres nuestra madre.