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domingo, 8 de diciembre de 2019

Hoy nos gozamos con María Inmaculada porque es ella como la aurora que nos anuncia el día que llega, el día de la salvación


Hoy nos gozamos con María Inmaculada porque es ella como la aurora que nos anuncia el día que llega, el día de la salvación

Génesis 3, 9-15. 20; Sal 97; Romanos 15, 4-9; Lucas 1, 26-38
En medio del camino del Adviento que iniciábamos el pasado domingo nos aparece hoy la figura de María en esta fiesta de su Inmaculada Concepción que siempre nos cae en este marco, pero que este año se hace coincidir con el segundo domingo de Adviento. Repetidamente aparecerá en la liturgia en este camino de preparación para la Navidad la figura de María. De mano de quien mejor podemos nosotros hacer este camino que de mano de María.
En la Palabra de Dios que para esta fiesta se nos propone aparece como en un contrapunto la figura de Eva y la figura de María. Nos aparece Eva en el relato del Génesis en esa página llamada precisamente el proto-evangelio, porque viene a convertirse en el primer anuncio, la primera Buena Nueva de la salvación que Dios nos ofrece para nuestro pecado.
Cuando nos acercamos al Génesis podemos ir llenos de prejuicios y de no tan correctas interpretaciones por lo que algunos casi lo descartan como fruto de leyendas y de mitos que dicen que se contraponen a conceptos que dicen científicos de lo que es el origen del universo y de la humanidad. Desde el sentido creyente de la vida con el que ponemos siempre a Dios en el centro y origen de nuestra existencia y de la vida misma, sabemos que nunca haremos de esas primeras páginas de la Biblia ninguna lectura literal ni por supuesto tampoco de signo científico.
Pero en esa lectura creyente que del Génesis hacemos podemos descubrir el sentido de Dios que gravita en el fondo de la existencia del universo mismo y que ahora mismo que tan dados somos a ecologías y cuidados del medio ambiente allí veremos también como Dios ha puesto su obra creadora en las manos del hombre para que la cuide y para que la desarrolle con las capacidades de las que está dotado. Que nunca la maldad que se introduce con tanta facilidad en el corazón del hombre destruya la vida ni destruya la obra creada de Dios.
Fijémonos como cuando dejamos introducir ese mal en el corazón del hombre, de la persona, en nuestros deseos de grandeza y de poder queremos ser como dioses que se sientan por encima de todo y de todos no importándole destruir lo que sea para no bajarse del pedestal en que ha querido subirse.
Lo que nos relata el Génesis del pecado de Adán y Eva lo podemos seguir leyendo, lo podemos seguir viendo en el corazón de la humanidad hoy donde seguimos con nuestros afanes y nuestros orgullos de grandeza y de poder que nos divide y nos destruye como destruye cuanto esté en nuestro derredor. Cuando se mete esa maldad en el corazón pronto aparece la discordia y el enfrentamiento porque nunca queremos reconocer que la culpa es nuestra sino del otro o de la circunstancia. Eva me dio de comer dirá Adán, la serpiente me engañó replicará Eva, pero nunca reconocemos cuando de ambición y de orgullo hay en nuestro corazón.
Es bueno detenernos un poquito a hacernos esta reflexión del pecado de la humanidad, porque no es un pequeño etéreo y en abstracto sino que tenemos que reconocer que sigue siendo nuestro pecado y ver ahí nuestra propia destrucción. Pero esta página es una página de esperanza porque para ese pecado que nos destruye hay una salvación. Es la promesa de Dios que escuchamos en esta página del Génesis. ‘Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; esta te aplastará la cabeza cuando tú la hieras en el talón’.
Está el anuncio de la victoria sobre el mal ‘te aplastará la cabeza’, y aparece también en cierto modo la figura de María. Es la mujer cuya descendencia será nuestra salvación. Es por lo que escuchamos este texto en esta fiesta de Maria, porque ya María, en virtud de los méritos de su Hijo, nació liberada de la esclavitud del pecado. Por eso la llamado Inmaculada en su Concepción.
Hoy el ángel del Señor la llama la llena de gracia, porque es la que está llena de Dios cuando le anuncia que va a ser la Madre del Altísimo. Decíamos antes como en contrapunto aparecen Eva y María, porque si aquella primera mujer la vemos seducida por el maligno – no nos quedemos de manera simple en la prohibición o la tentación de una fruta cogida de un árbol y comida – puede ser esa figura o esa imagen de la humanidad manchada por el pecado porque desobedece el plan de Dios, en contrapunto aparece María, la Inmaculada, la llena de gracia y que se convierte por su obediencia de fe en el puente de nuestra salvación porque es la madre del que vino a traernos la salvación.
Hoy nos gozamos con Maria, como los hijos se gozan con la Madre, pero hoy nos gozamos con María porque ella es aurora que nos anuncia el día que llega, el día de la salvación. Como nos gozamos tras una noche oscura cuando al amanecer van apareciendo los primeros albores del nuevo día, así nos gozamos con María y de manera especial en este camino de Adviento que estamos haciendo y que nos conduce a la celebración del nacimiento del Salvador.
En los pasos que vamos dando en este camino tantas veces oscuro de la vida vayamos impregnándonos de esos albores de gracia que en Maria contemplamos para que vayamos desprendiéndonos de esas negruras de orgullo y de vanidad en que nos vemos envueltos tantas veces para que imitando a María nos revistamos de esas vestiduras de gracia del hombre nuevo con nuestra humildad y nuestra disponibilidad, con nuestra apertura a los designios de Dios y nuestra obediencia de fe, con la generosidad de un corazón desprendido y que se ha despojado del orgullo y de la vanidad que nos hacia creernos grandes y nuestro compromiso siempre renovado de hacer de este mundo lleno de violencia y de maldad un mundo nuevo de verdad y de paz.
De mano de María será un hermoso camino de Adviento que nos llevará a una autentica navidad de Dios que se hace más presente en nuestro mundo.

domingo, 8 de diciembre de 2013

De la mano de Maria Inmaculada sentiremos que Dios está con nosotros

De mano de María Inmaculada sentiremos que Dios está con nosotros

Gén. 3, 9-15.20; Sal. 97; Rm. 15, 4-9; Lc. 1, 26-38
 En medio de nuestro camino del Adviento nos aparece hoy la figura de María. Volveremos a encontrarnos con ella en el cuarto domingo de Adviento, pero en este segundo domingo al coincidir con la fiesta de la Inmaculada se nos ha permitido centrarnos también en María nuestra  celebración.
María es ese faro de esperanza que nos ilumina y que nos orienta para que vayamos hasta Jesús. Ella es la madre que hizo posible el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre porque en sus entrañas se encarnó pero es también la madre que nos enseña a creer y a confiar, a poner nuestra esperanza en Dios y a dejar entrar a Dios en nuestra vida, como ella lo hizo, para dejarnos conducir por sus caminos. Como madre de Dios y madre nuestra nos enseña donde está Dios y cómo hemos de abrir nuestro corazón a Dios para que lo llene de su gracia y de su santidad.
‘¿Dónde estás?’ es la llamada Dios al hombre buscándole allá en aquel jardin del paraíso terrenal donde lo había colocado. El hombre se había escondido con temor al ver la desnudez de su vida a causa del pecado. ‘¿Dónde estás?’ es una búsqueda de amor más que un reproche como siempre hace un padre en la búsqueda de su hijo al que siempre amará aunque se haya apartado de él. El hombre no quiso escuchar la voz de Dios sino la voz del tentador que le ofrecía ser como Dios. En el diálogo que sigue aparecerá palpable la insolidaridad que se apodera fácil del corazón del hombre donde, aunque se sienta la culpa, sin embargo siempre se tratará de echar la culpa al otro. Es el mal, el vacío del desamor que se apodera del corazón del hombre y nos conducirá por caminos de mentira y de muerte.
‘¿Dónde estás?’ es la búsqueda continua de Dios a través de toda la historia de la salvación porque es el Señor el que siempre vendrá al encuentro del hombre por eso en este texto del Génesis - que llamamos por eso Protoevangelio - terminaremos escuchando un anuncio de salvación. Dios no abandona a la humanidad  a su suerte; Dios le ofrece salvación y liberación. Porque Dios querrá siempre la vida para el hombre y en su amor nos ofrecerá a su propio Hijo para que derrote ese mal y llene ese vacío del corazón del hombre con un nuevo sentido del amor. En Jesús comenzará una nueva era para la humanidad.
En contraste en el Evangelio la pregunta no es ‘¿dónde estás?’ sino más bien será la afirmación del ángel diciendole a María que en ella está Dios. ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… has encontrado gracia ante Dios’. María es la mujer que sí supo escuchar la voz de Dios abriendo su corazón al Misterio aunque en principio en su humildad se sintiera sobrecogida por el anuncio del ángel. ‘María se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel’, que dice el evangelista. Aunque era grande lo que se le anunciaba y podría parecer que trastocara todos sus planes humanos allí ella estaba dispuesta a dejarse conducir por Dios, a dejarse hacer por Dios. Sus preguntas son totalmente humanas porque en ellas se trasluce su humildad pero también la búsqueda de la mejor forma de cumplir la voluntad de Dios para su vida.
Y Dios se complace en María, y el Poderoso hará obras grandes en ella, y por María, porque hizo posible la Encarnación de Dios en sus entrañas, llegará para siempre, por todas las generaciones, la misericordia de Dios para con el hombre. ‘Has encontrado gracia ante Dios’, le dice el ángel. ¿Cómo no la vamos a ver toda pura e inmaculada, como hoy la proclamamos  en esta fiesta si así estaba ella llena de Dios, inundada por el Espiritu Santo? ‘El Espiritu Santo vendrá sobre ti y la fueza del Altísimo te cubrirá con su sombra’, le anuncia el ángel del Señor.
Dios le pregunta al hombre ¿dónde estás?, pero al mismo tiempo nos está diciendo dónde y cómo le podemos encontrar a El. Ahí tenemos un camino, hacer como María, la mujer humilde pero con disponibilidad total que abre su corazón a Dios. Porque esa apertura del corazón de María a Dios hará posible un maravilloso misterio de amor de Dios para con nosotros.
En las entrañas de María se encarnará para hacerse hombre, pero es que ya para siempre Dios será el Emmanuel, el Dios con nosotros; ‘concebirás y darás a luz un  hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará el Hijo del Altisimo… por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios’. Y en Jesús, el Hijo de María que es el Hijo de Dios, ya tenemos para siempre la puerta de Dios abierta para nosotros, para encontrarnos con Dios, para ir a Dios, para mejor escuchar a Dios, para llegar a vivir a Dios, porque así Dios querrá habitar en nosotros. ‘Mi Padre y yo vendremos a El y haremos morada en él’, que nos dirá luego Jesús en el evangelio
‘¿Dónde estás?’, era la pregunta de Dios buscando al hombre y ¿dónde estamos? puede ser la pregunta que nos hagamos nosotros. Si por una parte está esa búsqueda de Dios al hombre, tiene que estar también por nuestra parte nuestra apertura ante el misterio de Dios que se nos revela, que se nos manifiesta. 
María nos está enseñando a abrir nuestro corazón a Dios. En su humildad, en su disponibilidad, en la generosidad de la que ella había llenado su corazón nos está enseñando esas actitudes fundamentales que nosotros hemos de tener. ¿Dónde estamos, cuál es el camino que nosotros estamos haciendo para abrirnos al misterio de Dios, para acoger a Dios que viene a nuestra vida? Es lo que tenemos que pensar, es lo que tenemos que humildemente plantearnos.
María al final reconocería que Dios la hizo grande, que Dios realizó en ella cosas grandes, pero siempre se llamó a sí misma la humilde esclava del Señor dispuesta a que ella se cumpliera su Palabra, lo que era su voluntad. La actitud de la soberbia y del orgullo, como la de Adán que quería ser como Dios, es algo que tenemos que hacer desaparecer de nuestro corazón porque siempre hemos de saber reconocer que Dios es nuestro único Señor.
Tenemos que liberarnos de todo aquello que nos impide vivir del todo abiertos a Dios; arrancar apegos que nos hacen tener vacío el corazón y sueños de grandeza que tantas veces nos hacen insolidarios con los demás y llenos de mentira e hipocresía, como se manifestó ya al principio en la misma ruptura entre Adán y Eva que no reconocían su culpa y mutuamente se acusaban.
Ya expresábamos al principio que en este camino de Adviento María es un faro de esperanza que ilumina nuestra vida y nos señala trayectorias que nos lleven a Dios. Contemplar a María Inmaculada en esta fiesta que celebramos en medio del Adviento nos ayuda mucho en ese camino de preparación para la venida y la llegada del Señor a nuestra vida que celebramos en Navidad. María nos está enseñando a estar atentos al misterio de Dios, a su Palabra y a su presencia; con su pureza y su santidad es también un espejo donde mirarnos para aprender a ir reflejando en nosotros todas sus virtudes, toda su santidad,  toda la apertura de su corazón a Dios
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Caminemos de mano de María y también sentiremos que Dios está con nosotros.

sábado, 12 de febrero de 2011

Una armonía rota por la tentación del maligno y un anuncio de salvación y victoria final


Gén. 3, 9-24;

Sal. 89;

Mc. 8, 1-10

Hemos venido escuchando durante toda esta semana los relatos de la creación que nos trae el Génesis. Finalmente Dios crea al hombre y a la mujer como culminación de todo lo que Dios ha hecho. Todo ha ido hablando de belleza y de armonía por lo que se dice que Dios colocó al hombre y a la mujer que había creado en un jardín, el paraíso terrenal como también lo llamamos. El hombre no creado para la soledad sino para la comunión por eso se habla de la creacion de Adán y de Eva. Una armonía total que Dios quería para todos y así vivía el ser humano en medio de toda aquella bella naturaleza que cultivaba con la fuerza de sus manos, tal como Dios lo había creado a su imagen y semejanza, y rodeado incluso de toda clase de animales.

Pero todo ello se vió truncado por el mal, por la fuerza del maligno que tienta al hombre ofreciéndole otras cosas que venían a romper todo el orden y belleza de la creación que Dios había hecho. La serpiente tienta a Eva ofreciéndole ser como dioses – ‘seréis como dioses’ - y la criatura se deja seducir por la tentación, como siempre que el orgullo y la soberbia se mete por medio en el corazón del hombre que le llevará siempre a rupturas dolorosas consigo mismo y con todo lo que le rodea, que al fin será ruptura con el Creador, ruptura y pecado contra Dios.

La belleza de la inocencia se pierde – ‘se dan cuenta de que están desnudos’ -, comienzan las huídas para no reconocer el vacío que se nos mete por dentro – ‘el hombre y la mujer se escondieron de la vista del Señor entre los árboles del jardín’ – y comenzarán también los enfrentamientos, divisiones y acusaciones porque nunca queremos reconocer la parte de nuestra culpa – ‘la mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto y comí… la serpiente me engañó’ -.

Quienes habían sido creados para el encuentro y la comunión – ‘no está bien que el hombre esté solo, voy a hacerle a alguien que le ayude’ – terminarán enfrentados y causándose dolor el uno al otro. Así podríamos seguir considerando todas las consecuencias del pecado porque hasta el trabajo se volverá duro para el hombre como si la naturaleza se le hubiera vuelto adversa.

Pero el amor de Dios por su criatura preferida estará por encima de todo ese mal que se ha introducido en el corazón del hombre. Hay una promesa de salvación. llamamos a esta página del Génesis que hoy hemos escuchado como el Protoevangelio, porque es un primer anuncio, un adelanto de esa Buena Nueva de salvación que Dios ofrece al hombre a pesar de su pecado. ‘Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tu la hieras en el talón’. Es el anuncio de la futura liberación, promesa que Dios irá repitiendo a través de toda la historia de la salvación, que el pueblo de Israel guardará en su corazón a pesar de sus muchas infidelidades, y que tendrá plena realización en Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre que nos traerá la salvación.

Este texto del Génesis está lleno de imágenes, en ese lenguaje parábolico con el que se nos quiere decir tantas cosas. Esa imagen de la serpiente tentadora que lleva al pecado a Eva que viene a significar esa mal que se nos mete en el corazón del hombre, ese diablo tentador que nos quiere apartar del camino del bien, y que va a ser derrotado por el Mesías Salvador – ‘la estirpe de la mujer te herirá en la cabeza’ – será una imagen repetida que aparece con frecuencia en las imágenes que nos hablan de María Inmaculada a quien vemos pisando la cabeza de la serpiente, o en imágenes también de Jesús en la cruz o junto a la cruz aplastando también la cabeza del dragón maligno.

Pero todo ello nos habla de la victoria final de Jesús en su Pascua contra el mal; nos habla entonces también de esa tentación que nosotros hemos de saber vencer, no ya sólo por nuestras fuerzas, sino con la gracia salvadora de Jesús que siempre nos acompaña. Volvemos a repetir aquellas palabras del evangelio tantas veces recordadas, ‘no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal’. Que no caigamos en las redes del pecado, de la tentación, de la muerte, porque estamos llamados a la vida y a la vida feliz que en Dios podemos alcanzar. Mucho tendríamos que decir en este sentido y mucho tendríamos también que orar al Señor.