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viernes, 28 de agosto de 2026

Qué importante ese aceite que hemos de mantener como reserva en nuestro espíritu y en nuestra vida y así siempre nuestra luz resplandecerá y podrá iluminar el camino

 


Qué importante ese aceite que hemos de mantener como reserva en nuestro espíritu y en nuestra vida y así siempre nuestra luz resplandecerá y podrá iluminar el camino

1Corintios 1, 17-25; Salmo 32; Mateo 25, 1-13

Lo que tenga que suceder ya vendrá haga yo lo que haga, para que voy yo a andar con agobios y preocupaciones, habremos oído decir a alguien o lo habremos dicho en alguna ocasión; no es simplemente una frase que decimos para salir del paso, expresa una actitud y una postura, está quizás manifestando la actitud pasiva con que nos tomamos la vida o las cosas que deberíamos hacer; esperar no es quedarnos sentados aunque estemos en el lugar de paso de quien esperamos, es necesario algo más.

Hace días me sucedió, esperaba el servicio publico de transporte, la guagua como decimos en mi tierra, y estaba en su parada, pero me había sentado tranquilamente y mientras me había entretenido con el móvil, como ahora todos hacemos que lo tenemos siempre en nuestras manos, y pasó el autobús y siguió de largo dándome cuenta cuando ya iba unos cuantos metros más allá de la parada; no era suficiente que estuviera en la parada, tenía que estar atento, tenía que hacer señales de que yo quería utilizar ese servicio. Pasó de largo. Esperar no es solo estar sentado incluso aunque sea el lugar adecuado.

Es lo que nos está enseñando Jesús con la parábola que hoy nos propone y que tantas veces hemos reflexionado; nunca terminaremos de sacar enseñanzas, porque así es la riqueza de la Palabra de Dios. Unas jóvenes que salieron, según las costumbres de la época para recibir e iluminar el camino del novio que llegaba a su boda; su misión esperar para luego poder iluminar acompañando con sus lámparas encendidas al cortejo; pero había que tener también suficiente aceite para que esas lámparas se mantuvieran encendidas. La parábola habla de una tardanza, porque además nunca se sabe ni el día ni la hora, pero también de un dormirse de quienes estaban esperando; despiertas quizás se hubieran dado cuenta de la tardanza y de la posibilidad de no tener suficiente combustible para reabastecerse a tiempo, pero habían entrado en una pasividad por la mala confianza que no les había hecho previsoras. Luego ya no fueron reconocidas cuando llegaron hasta la puerta cerrada ya.

Es la necesaria vigilancia de la vida, hay que estar atentos, debemos dar señales de que en verdad estamos esperando algo, hemos de tener las necesarias disposiciones, tenemos que darnos cuenta de la importancia del momento, tenemos que sentirnos responsables de lo que tenemos entre manos y actuar en consecuencia, las actitudes pasivas no son las mejores porque al final nos quedamos dormidos o perdemos la conciencia del lugar que hemos de ocupar en la vida, hemos de ser conscientes de verdad de la transcendencia que tiene cada momento y cada cosa que hagamos.

Podemos pensar en ese momento final de nuestra existencia para el que debemos estar preparados porque esa vigilancia y esa preparación que vivamos en cada momento va a definir el sentido ultimo de nuestra vida pero también de nuestra eternidad. ¿Podremos escuchar entonces ese ‘venid benditos de mi Padre a poseer el Reino que tengo preparado para vosotros…’ porque realmente hemos estado vigilantes y en buena disposición para ese momento final y transcendental?

Pero precisamente por eso hemos de estar con esa vigilancia y atención en cada momento de nuestra vida porque un tesoro se ha depositado en nuestras manos que no podemos enterrar, como se nos dirá en otra parábola. Tenemos una responsabilidad en nuestras manos y no solo porque pensemos en un beneficio propio sino también porque en eso que hacemos nos debemos a los demás. Desarrollamos nuestros valores y capacidades, hacemos florecer nuestras cualidades y nuestras posibilidades, nos sentiremos enriquecidos y no solo es pensar en lo económico sino en lo humano y en lo espiritual con el fruto que producimos con nuestro hacer, pero que no es solo para nosotros sino que también es en bien de los que nos rodean, de nuestra sociedad a la que estamos enriqueciendo también con lo que nosotros aportamos, construimos, ideamos. Aquellas doncellas no solo alumbraban el camino para si, sino para todos los que iban a participar de aquella boda. Nuestra tarea no solo nos da una riqueza personal sino que es riqueza para toda la humanidad.

Eso nos tiene que hacer pensar en el cuidado de nuestra vida, en cómo nosotros también tenemos que ir enriqueciéndonos interiormente para poder luego iluminar a los demás, cómo tenemos que preocuparnos de crecer por dentro, de no enterrar nuestros talentos, de sacar a flote toda nuestra creatividad, de ofertar a los demás esa riqueza interior que tenemos que alimentar y hacer crecer. 

Qué importante es todo aquello que nos pueda ayudar en nuestra formación y en nuestro crecimiento, qué importantes son esos deseos de superación que tenemos que alimentar dentro de nosotros, qué importante es que limemos todo aquello que forma parte de nuestra vida y de nuestro carácter para que podamos ajustarnos bien con los demás y por el roce nunca nos hagamos daño. Es ese aceite que hemos de mantener siempre como reserva espiritual en nuestra vida y así nuestra luz siempre brillará.


jueves, 13 de marzo de 2025

Oramos y pedimos con la confianza de los hijos que se saben amados y sentirán siempre al Padre a su lado como estímulo y fortaleza para el crecimiento de su vida

 


Oramos y pedimos con la confianza de los hijos que se saben amados y sentirán siempre al Padre a su lado como estímulo y fortaleza para el crecimiento de su vida

Ester 4, 17k. l-z; Salmo 137; Mateo 7, 7-12

Afrontando la vida con realismo y sinceridad nos damos cuenta que en el mundo en que vivimos estamos llamados a interrelacionarnos los unos con los otros, porque mutuamente nos necesitamos empezando para comunicarnos pero también por la ayuda que nos podemos dar los unos a los otros en las mismas necesidades vitales con que nos encontramos.

Surge, pues, esa relación y esa intercomunicación, ese pedir ayuda en multitud de ocasiones y aceptar lo que los demás puedan ofrecernos. Orgullosos somos en ocasiones para no querer o no atrevernos a pedir a los demás eso que necesitamos, aunque haya otros que viven en una dependencia total de los demás porque tampoco son capaces de hacer nada por si mismos.

Hoy Jesús en el evangelio está enseñándonos esa relación de humildad pero también de confianza que nosotros hemos de tener con Dios. Es la confianza de los hijos que se sienten amados por sus padres y a ellos llegarán con toda confianza con lo que es su vida porque sabe que siempre serán escuchados y comprendidos y siempre van a encontrar el apoyo que necesitan para desarrollar su propia vida.

El padre en su amor hará siempre todo lo que pueda por su hijo porque lo ama, pero también dejará crecer al hijo, estará a su lado como apoyo que le sostiene en ese enfrentarse con los problemas de la vida; no es mejor padre el que se convierte es un insustituible en la vida del hijo haciéndolo todo por él, sino el que mejor estimula, acompaña y ayuda a crecer haciéndole sentir la fuerza que necesita para hacer también todo lo que es capaz.

Hoy nos dice ‘Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre’, y no es para que nos sintamos incapaces y que nos lo den todo hecho sino para que tengamos la confianza de que somos escuchado, que se nos dará lo que necesitemos, se nos responderá a nuestras súplicas o en aquellas angustias que podamos pasar en los momentos tormentosos de la vida, vamos a tener la seguridad de quien está a nuestro lado y será nuestra fortaleza. ‘Quien busca encuentro y al que llama se le abre’, nos dirá Jesús.

Algunas veces le hemos dado una literalidad a estas palabras de Jesús que vemos a Dios solo como el solucionador de problemas o ese paternalismo de quien nos da las cosas hechas sin que nosotros pongamos nada de nuestra parte. Así muchas veces vamos en nuestra oración a Dios, como al solucionador de problemas o la tómbola que nos regala las cosas en función de la suerte o la lotería que reparte premios, vamos al que nos va a sacar las castañas del fuego para que nosotros no nos quememos.

La presencia de Dios en nuestra vida es mucho más que todo eso. Es, sí, nuestro refugio y nuestra fortaleza, pero es también la luz que nos guía, la Palabra que nos pone en camino, la Sabiduría que ilumina nuestro espíritu en las decisiones que hemos de tomar, y el viático que nos acompaña para hacer que nos sintamos fuertes en nuestras luchas y en la consecución de nuestros mejores deseos. Otra tiene que ser la forma de nuestra oración.

Una imagen preciosa de una hermosa oración la tenemos en el ejemplo de la reina Esther. Era ella la que tenía que presentarse ante el rey para suplicar por su pueblo que se veía oprimido y humillado; acude ella en su oración a Dios antes de enfrentarse a aquella situación para sentir esa presencia y esa fortaleza del Señor para hacer lo que tenía que hacer. ‘Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos….’ Se siente sola y desamparada, incapaz de pronunciar palabra, pero pide la ayuda del Señor que ponga en sus labios la palabra oportuna. Y con esa confianza da el paso adelante para realizar su tarea.

Tenemos que quemarnos en la vida, tenemos que afrontar nuestras tareas y responsabilidades, tenemos que luchar contra el mal, tenemos que hacer el camino, pero lo hacemos con la confianza de que Dios está con nosotros, Dios inspirará lo que hemos de hacer o lo que hemos de decir, será nuestra fortaleza para superar nuestros decaimientos y para levantarnos de donde nos hundimos.

Es la confianza con que hacemos el camino, porque somos escuchados, encontraremos esa luz o esa fuerza, sentiremos ese regalo de la presencia del Señor en nuestro camino. Oramos y pedimos con la confianza de los hijos que se saben amados.