Qué diferentes pueden ser nuestras miradas según los filtros que les pongamos, el único colorido que hemos de saturar siempre es el del amor
Filipenses 1, 1-11; Salmo 110; Lucas 14, 1-6
Más de una vez habremos escuchado aquello de que vemos las cosas según el color del cristal con que se mira; el color viene a ser como un filtro, en cambio la luminosidad de un cristal incoloro hará que veamos la realidad de los colores que se dispersan ante nosotros en cada cosa; las tonalidades de colores pueden expresar los sentimientos o las emociones que llevamos en nuestro interior, la pasión con que miramos la vida como también nos pueden hacer resaltar los tintes negros de la vida.
Me gusta despertar con luminosidad en los ojos, para poder disfrutar del amplio colorido de la vida, aunque en ocasiones las circunstancias de la vida pongan diversas tonalidades en nuestra mirada. Son esos filtros con que miramos cuanto sucede en nuestro entorno o nos sucede a nosotros mismos, pero son también los filtros con que miramos a las personas que nos rodean; nos podemos dejar influir ya sea por el momento malo o bueno por el que estemos pasando, pero también desde unos criterios, unas maneras de ver que nos hemos impuesto en la vida, o también por el ambiente o el sentido de la vida que nos rodea.
¿Podremos mantener siempre esa mirada luminosa? Qué diferentes pueden ser nuestras miradas influidos por las circunstancias, como diferentes las miradas de los que están a nuestro alrededor aunque estemos contemplando el mismo hecho, pero que como consecuencia de esa mirada la daremos diferentes interpretaciones.
Es lo que estamos contemplando en el pasaje del evangelio que hoy se nos ofrece. Jesús está viviendo un momento que puede tener un significado especial, lo han invitado en casa de unos fariseos a comer; nos vamos encontrar esas diferentes miradas, pues estando a la mesa se acercó un hombre enfermo de hidropesía, nos relata el evangelista. El ambiente era muy dispar, por un lado aquellos fariseos con sus criterios tan legalistas y tan puritanos y un hombre enfermo que poco menos que para ellos era como un maldito, era por su enfermedad un hombre impuro; pero está también Jesús que se ha visto envuelto por aquel ambiente tan dispar, porque además los fariseos estaban al acecho a ver lo que hacía Jesús, las desconfianzas de los torcidos corazones.
Era muy distinta la mirada de los que allí se encontraban alrededor de aquella mesa, había un colorido distinto que se resaltaría según de quien fuera la mirada. Pero la mirada de Jesús es siempre luminosa y allí hay un hombre con su sufrimiento; lo que veía Jesús en aquel hombre era bien diferente de la mirada ‘morbosa’ por sus malas intenciones de quienes lo habían invitado a aquella comida. Para Jesús quien estaba allí en medio era un hombre con su sufrimiento que había que liberar de aquella enfermedad. Y ese es el actuar de Jesús. Y allí quedaron en el aire las preguntas e interrogantes que Jesús planteaba que al final no supieron responder. ‘¿Es lícito curar los sábados, o no?… ¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca en seguida, aunque en día de sábado?… y no pudieron replicar… Pero Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió’.
¿Nos estará señalando Jesús cómo tiene que ser nuestra mirada? Quitemos los filtros de nuestras desconfianzas y nuestros prejuicios, de nuestras rutinas que terminan acostumbrándonos a las oscuridades y no somos capaces de ver ningún destello de luz, de nuestras autosuficiencias que se convierten muchas veces en prepotencias con lo que intentaremos ir anulando a los demás cuando no son como nosotros, de nuestra superioridad que nos hace sentirnos por encima y termina alejándonos de todos, de nuestros miedos y cobardías que nos hace ver todo inestable y nos llena de indecisión, de esas aureolas de buenos y de santos con que nos rodeamos que nos hacen soberbios y orgullosos… son tantos los filtros que estamos poniendo que no dejamos florecer el amor.
El único brillo que hemos de poner es el del amor que no hemos de temer saturarlo demasiado porque es lo que tiene que dar verdadero color a nuestra vida.

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