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domingo, 26 de enero de 2014



Jesús sigue siendo hoy Evangelio que llena de luz nuestro mundo

Is. 8, 23-9, 3; Sal. 26; 1Cor. 1, 10-13.17; Mt. 4, 12-23
Prácticamente iniciamos la lectura del evangelio de san Mateo que va a ser el evangelio que se proclame en este ciclo con el inicio de la actividad pública de Jesús en Galilea. Y nos viene hoy a expresar el impacto que significó para aquellas gentes la predicación y la presencia de Jesús, de manera que el evangelista recuerda anuncios proféticos de Isaías y nos habla de tierras de tinieblas y de luz que amanece para ellos llenándolos de gran alegría, como había dicho el profeta.
Grande tuvo que ser el impacto que produjo la palabra y la acción de Jesús. ¿Qué significa el que el evangelista, como hiciera el profeta, quiera comparar la situación por la que pasaba aquel pueblo con esa imagen de tinieblas y de sombras de muerte? Una primera cosa que tendríamos que constatar era la situación de pobreza en que vivían; aunque estaban asentados en la fértil Galilea eran unos simples pastores de ganados y gente que realizaba una agricultura, podríamos llamar, de subsistencia; junto al lago eran pescadores, pero no podemos pensar, como desde las imágenes de nuestra vida moderna podríamos imaginar, ni en grandes barcas para realizar la pesca ni en riquezas que pudiera producir un pequeño lago allá en medio del valle del Jordán.
Signo  también de su pobreza y sufrimiento era la cantidad de personas enfermas de las que nos hablará el evangelio que le traían a Jesús para que los curara, paralíticos, ciegos, leprosos y otras muchas limitaciones y sufrimientos. Grandes tenían que ser los tormentos que anidaran en sus corazones que les podrían hacer perder el sentido y entrar en un estado casi de locura. Un mundo, sí, de oscuridad en medio de sus muchos sufrimientos y donde la esperanza de algo mejor quizá podría ser muy corta y limitada. Y no hay peor oscuridad que cuando estamos abatidos en medio de muchos sufrimientos y tenemos poca esperanza de que las cosas puedan cambiar y mejorar.
Aunque eran un pueblo creyente capaz de descifrar el actuar de Dios en sus vidas y en su historia, vivían en la esperanza de un futuro Mesías libertador tan anunciado por los profetas pero que no terminaban de ver llegar, viviendo además una situación difícil para un pueblo que amaba la libertad pero que se veía oprimido por la dominación extranjera.  La esperanza de la llegada de ese Mesías libertador les sostenía pero aún así se veían envueltos en medio de muchas tinieblas.
La aparición de Jesús, aquel profeta venido de Nazaret, que anunciaba tiempos nuevos, porque anunciaba un reino nuevo comenzó a despertar con fuerza sus esperanzas y los signos que le veían realizar tratando de ayudar y liberar de sus sufrimientos a los enfermos y a cuantos se veían atormentados en su espíritu eran como un rayo de luz que iluminaba sus vidas y sus corazones. Por eso el evangelista nos recuerda lo anunciado por los profetas.
‘Convertios, les decía Jesús, porque está cerca el Reino de los cielos, el Reino de Dios’. Convertios, las cosas pueden cambiar; convertios, si comenzamos a cambiar desde dentro de nuestros corazones poniendo mayor ilusión y esperanza todo puede comenzar a ser nuevo; convertios, hay que arrojar lejos de nosotros todo lo que sea tiniebla y muerte, porque la luz puede comenzar a brillar en los corazones y en la vida; convertios, podemos darle la vuelta a la vida y no dejar que las tinieblas de nuestras desesperanzas nos invadan, las tinieblas de nuestros egoísmos nos encierren en nosotros mismos, las tinieblas de la violencia y de la maldad anulen los deseos de paz que pueden surgir en el corazón; convertios, porque de verdad comienza un mundo nuevo.
Y hubo gente que comenzó a creer en aquel profeta que había surgido en medio de ellos, y venían a escucharle, y le traían los enfermos y todos los que sufrían se acercaban hasta El porque encontraban una nueva paz para sus vidas que les hacía brillar el corazón con una nueva alegría. Y hubo gente que a su invitación comenzó a irse con El. Por allí andaba Simón Pedro y su hermano Andrés en sus quehaceres y su barca y cuando pasó Jesús y les invitó a una nueva y distinta pesca se fueron con él; y más allá estarían Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo que ante la palabra y la invitación de Jesús también lo dejaron todo para irse con El.
Parecía, sí, que el sol comenzaba a brillar de una forma distinta en Galilea y aquel pueblo que había perdido las esperanzas en medio de su pobreza y de su sufrimiento comenzaba a mirar las cosas como con una nueva luz y se iban con Jesús. Lo que había  anunciado el profeta. ‘El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en sombras de muerte, una luz les brilló’. Y crecía la alegría porque renacía la esperanza en aquella palabra nueva que escuchaban; y se llenaban de gozo porque sus sufrimientos eran sanados y una nueva salud llena de paz iba inundando sus vidas. ‘Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo’.
Hasta aquí lo que nos relata el evangelio. Pero tiene que ser Evangelio para nuestra vida. Por eso, quizá tendríamos que preguntarnos si en verdad Jesús significa todo eso para nosotros, si lo sentimos como esa luz que nos llena de una vida nueva y distinta. Hemos dicho en el salmo ‘el Señor es mi luz y mi salvación’, pero ¿lo hemos dicho de verdad? Quizá tendríamos que reconocer también cuales son las tinieblas en las que nosotros nos vemos envueltos con nuestros problemas, nuestros sufrimientos, nuestras desilusiones y faltas de esperanza que algunas veces se nos meten en el corazón.
También para nosotros, para el mundo en el que vivimos, no son tiempos fáciles y hay mucha gente que sufre en nuestro entorno, mucha gente que ha perdido la fe o la esperanza  en lo humano y en lo religioso, mucha gente que también puede vivir encerrada en si misma y muy llena de tinieblas. También nos puede suceder a nosotros que, o bien nos suceden cosas así, o nos dejamos envolver por el ambiente que nos rodea y caemos en esa espiral de tinieblas y de muerte.
Necesitamos escuchar de verdad a Jesús, encontrarnos con El, dejar que su Palabra llegue a nuestro corazón, saber encontrar en El esa luz que quiere ofrecernos, poner en El toda nuestra fe y nuestra esperanza, comenzar a llenarnos de su amor para vivir esa vida nueva que El nos ofrece y que también nosotros hemos de saber llevar a los demás. Jesús es Evangelio, Buena Noticia también para nosotros hoy.
Jesús nos está pidiendo lo mismo que le pedía a la gente de Galilea de entonces. Su palabra también nos está diciendo: ‘Convertios, porque está cerca el Reino de los cielos, el Reino de Dios’. Convertirnos, cambiar nuestro corazón y nuestras razones de desesperanza para comenzar a confiar más en el Señor; convertirnos, para llenarnos de luz, de esa luz que mana de Jesús y nos llena de paz el corazón frente a tanta turbulencia en que nos podamos encontrar por nuestros problemas o sufrimientos; convertirnos, porque sí creemos que podemos hacer que nuestro mundo sea mejor, que podemos hacer un mundo nuevo al que llamamos Reino de Dios, si vamos sembrando las buenas semillas del amor, de la compresión, de la capacidad de perdonarnos y amarnos de verdad, de saber aceptarnos y tendernos la mano para caminar juntos un camino de solidaridad y de armonía; convertirnos, para arrancar de nosotros toda la negrura del egoísmo, el odio, la envidia, la desconfianza; convertirnos, para poner de verdad a Jesús en el centro de nuestra vida y su evangelio sea en verdad la luz que ilumine nuestro camino.
Jesús también está pasando a nuestro lado, como pasó junto a Simón Pedro y su hermano Andrés,  como  pasó junto a los hermanos Zebedeos y nos está invitando a seguirle, a ponernos manos a la obra porque todo eso tenemos que llevarlo a los demás; son muchos los sufrimientos que tenemos que sanar, son muchas las esperanzas que tenemos que suscitar, mucho el amor que tenemos que sembrar, mucha la paz que tenemos que cultivar para hacer ese mundo nuevo y mejor. Como a aquellos primeros discípulos a nosotros nos quiere también en esa pesca nueva - ‘venid conmigo y os haré pescadores de hombres’, nos dice -, ¿qué le vamos a responder? ¿seremos capaces de levantarnos de nuestras rutinas de cada día que nos llenan de cansancios para emprender esa tarea de la construcción del Reino de Dios?

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