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miércoles, 30 de julio de 2008

Te pondré como muralla de bronce inexpugnable

Te pondré como muralla de bronce inexpugnable

Jer. 15, 10.16-21
Sal.58
Mt. 13, 44-46

Duro y difícil se le hacía al profeta Jeremías cumplir su misión. Pero la había asumido y quería ser fiel. ‘Tu nombre fue pronunciado sobre mí’. Se había resistido cuando el Señor le había llamado. ‘Soy sólo un muchacho y no sé hablar’, había dicho. Pero el Señor había puesto palabras en su boca y fuego en su corazón para cumplir su misión.
Era todo un signo de contradicción en medio del pueblo. Le rechazaban y no querían escucharle. Les hablaba con signos y palabras. Pero le perseguían, le ultrajaban, se burlaban de él, le metían en la mazmorra. ‘Ni he prestado ni me han prestado y todos me maldicen...’
Pero El quería ser fiel y cumplir con su misión. ‘Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón’, razona el profeta. Pero el Señor estaba a su lado. ‘Si separas lo precioso de la escoria, serás mi boca’. Y el Señor le dice que tenga cuidado para no dejarse seducir. ‘Que ellos se conviertan a ti, no te conviertas tú a ellos. Frente a este pueblo te pondré como muralla de bronce inexpugnable; lucharán contra ti pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte y salvarte...’
Es también nuestra lucha y nuestra fatiga. Es el camino de nuestra fe y el camino de la misión que el Señor nos confía y en el que muchas veces nos sentimos débiles e incapaces. Queremos ser fieles. Queremos cumplir con la misión que el Señor os ha encomendado, pero sentimos tantas flaquezas en nuestro interior.
Queremos bebernos también las palabras del Señor. Pero las tentaciones de todo tipo nos acechan y nos abruman. Nos sentimos también acosados por todas partes. Pero queremos caminar en la fidelidad. Nos queremos apoyar también en el Señor. ‘Dios es mi refugio en el peligro...’ como dijimos en el salmo. Cada día pedimos al Señor ‘no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal’.
Con el Señor nos sentimos fuertes en todos los embates. Pero incluso en nuestra misma oración algunas veces nos sentimos tentados, porque aunque decimos que el Señor es nuestra fortaleza y nuestro alcázar, algunas veces dudamos. Pensamos que no somos capaces de superar la tentación, de mantenernos en el camino bueno. Por eso también tenemos que superar y vencer esa tentación de la desconfianza y de la falta de fe.
Nosotros hemos encontrado el tesoro escondido, hemos comprado la perla preciosa. Cristo es la alegría de nuestro corazón. Nosotros hemos encontrado a Cristo y El nos da la fuerza de su Espíritu. No luchamos solos, con nosotros está el Espíritu del Señor que nos anima, nos consuela, nos fortalece, nos da vida. Nos sentimos seguros en el Señor. ‘Dios es mi refugio en el peligro... estoy velando contigo, fuerza mía, porque tú, oh Dios, eres mi alcázar...’ Con el Señor de nuestra parte hemos de sentirnos como ‘muralla de bronce inexpugnable’, porque nuestra fortaleza está en el Señor.

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