martes, 1 de marzo de 2016

Aprendamos el camino de la misericordia porque sentimos cuán grande es la misericordia que Dios tiene con nosotros

Aprendamos el camino de la misericordia porque sentimos cuán grande es la misericordia que Dios tiene con nosotros

Daniel 3,25.34-43; Sal 24; Mateo 18,21-35

‘Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?’ La pregunta de Pedro que a veces nos parece retórica y otras veces nos parece un tanto infantil. ¿Es que tenemos que estar contando las veces que le tengo que perdonar a los demás? O más bien quizá nos preguntamos, ¿por qué tengo que perdonar si el otro me ha ofendido y me ha hecho daño? Con esa persona no tengo por qué tener más tratos, tenemos la tentación de pensar. O también muchas veces nos decimos y creemos que hemos llegado ya a grandes cosas que perdonar sí, pero olvidar no.
Es una cuestión que sigue produciéndonos en nuestro interior preguntas e intranquilidades, porque aunque tratemos de justificarnos al final no estamos tan tranquilos cuando seguimos manteniendo en nosotros reticencias, resentimientos, rencores que a la larga nos están haciendo daño en nuestro interior.
¿Por qué tengo que perdonar?, quizá nos preguntamos. Y es que nuestro camino es el camino del amor, el único camino que nos puede conducir a una mayor plenitud de vida. Y el que ama de verdad sabe comprender y hasta sabe disculpar; el que ama de verdad comprende las debilidades, porque primero que nada las ve en sí mismo; el que ama de verdad mira con una mirada nueva y distinta al que está a su lado; el que ama de verdad sabe ser humilde para ser capaz de reconocer sus propios errores; el que ama de verdad en consecuencia de todo esto aprende a perdonar.
De ahí la respuesta de Jesús. ‘No setenta, sino setenta veces siete’, con lo que Jesús nos está enseñando que hemos de perdonar siempre. No es fácil, tenemos que reconocer porque está nuestro amor propio herido, porque están nuestros orgullos, porque está esa sensación de haberse sentido humillado cuando te ofendieron.
Por eso hemos de mirar al amor. Y al amor que tenemos que mirar es al amor que Dios nos tiene, reconociendo cuan indignos somos nosotros porque somos tan débiles y tan pecadores. Una y otra vez hemos ofendido al Señor alejándonos de sus caminos y de su ley, alejándonos de su amor y una y otra vez se ha acercado el Señor a nosotros, cual padre bueno, como el padre bueno de la parábola para ofrecernos el abrazo de su amor y de su perdón.
¿No nos ha enseñado Jesús a ser compasivos y misericordiosos como Dios es compasivo y misericordioso? ¿No nos dijo Jesús que cuando alguien te ofender has de amar al que te ha ofendido y hasta rezar por él? ¿No nos ha enseñado a llamar Padre a Dios cuando oramos, pidiéndole perdón por lo que le hemos ofendido pero diciendo que también nosotros queremos perdonar?
Aprendamos a recorrer el camino de la misericordia, sintiendo la misericordia de Dios sobre nosotros para ser nosotros también misericordiosos con los demás. En este año de la misericordia ha de ser un compromiso muy concreto para nuestra vida.


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