viernes, 4 de marzo de 2016

Nuestra verdadera sabiduría está en reconocer que Dios es nuestro único Señor y seremos felices y haremos felices a cuantos nos rodean

Nuestra verdadera sabiduría está en reconocer que Dios es nuestro único Señor y seremos felices y haremos felices a cuantos nos rodean

Oseas 14,2-10; Sal 80; Marcos 12, 28b-34

Es de sabios saber ir a lo fundamental y esencial no quedándose en rodeos ni en cosas que no son fundamentales. De alguna manera todos tendemos a eso; si muchas veces nos quedamos dando rodeos o en las cosas que no son tan fundamentales es quizá por falta de conocimiento, quizá también debido a una cierta superficialidad con que nos tomamos la vida, o por esa tendencia a lo que llamamos la ley del mínimo esfuerzo y no somos capaces de aplicarnos seriamente en esa búsqueda de lo que es lo esencial. Ir al grano, como solemos decir y no quedarnos en la paja es lo que tendríamos que saber hacer. El verdadero sabio sabe resumir quizá en una frase o en un principio lo que otros necesitarían de muchas palabras y explicaciones suntuosas para reflejarlo.
Un maestro de la ley se acerca a Jesús, vemos hoy en el evangelio, preguntando por lo que es lo fundamental, el mandamiento principal. Sabemos que muchas veces esas preguntas de los escribas a Jesús eran en cierto modo tendenciosas, porque realmente como maestros de ley que eran tenía que ser algo que habían de tener muy claro. Jesús le responde yendo a lo que allá en la escritura estaba reflejado como ese mandamiento principal. No cabía ninguna réplica a la respuesta de Jesús aunque luego veremos cómo el escriba trata de dar como una aprobación a las palabras de Jesús, por eso sospechamos de sus preguntas tendenciosas.
‘El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.  El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que éstos’. Jesús le está respondiendo con las palabras del Deuteronomio y del Levítico.
¿Cuál realmente es el punto principal de esta respuesta de Jesús, de esta formulación? El escriba está preguntando por lo fundamental, por el mandamiento principal, pero fijémonos que no es tanto el mandamiento lo que es esencial sino la primera afirmación que es una proclamación de fe de la que se derivará el mandamiento del amor a Dios. ‘El Señor, nuestro Dios, es el único Señor’. Ahí está lo fundamental, lo esencial. Esa proclamación de fe que reconoce el señorío del único Dios.
Y eso era importante en aquel mundo en que Vivían rodeados de pueblos que tenían muchos dioses. ‘El Señor, nuestro Dios, es el único Señor’. El único Dios, el único Señor, el que en verdad tendría que ser el único centro de nuestra vida, de nuestra existencia, de todas las cosas. Y a ese Dios que es único no solo hemos de adorar y reconocer sino que hemos de amar y no con un amor cualquiera sino con un amor por encima de todas las cosas, ‘un amor con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo el ser’.
Nos preguntamos también nosotros por lo esencial, lo fundamental. Comencemos por ese reconocimiento de Dios como único Señor de nuestra vida. Teniendo esto claro todo lo demás se derivará como una consecuencia. Nada puede ocupar el lugar de Dios en nuestro corazón, en nuestra vida. Es lo que tenemos que examinar en nosotros y veremos entonces si en verdad amamos a Dios sobre todas las cosas y como consecuencia amamos también a nuestro prójimo como El nos enseña. Muchas cosas pueden ocupar el lugar de Dios en nosotros, empezando por nuestro amor propio, ese orgullo que se nos mete dentro y que nos quiere hacer dioses.
Pero serán también tantos apegos que tenemos en nuestro corazón y que convertimos en tan esenciales en nuestra vida que sin ellos parece que nada somos ni nada valemos. Claro que con esos apegos el otro, la otra persona, quizá importará poco y de ahí nuestro desamor, de ahí nuestra intolerancia, de ahí nuestras violencias, de ahí se derivarán tantas cosas con las que hacemos daño a las otras personas.
Que Dios sea el único Señor de nuestra vida y veremos cómo somos felices y haremos felices a cuantos nos rodean. Es la verdadera sabiduría que en Dios encontraremos.

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