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sábado, 12 de mayo de 2012


La urgencia del evangelio, ser evangelizado y ser evangelizador

Hechos, 16, 1-10; Sal. 99; Jn. 15, 18-21
‘Ven a Macedonia y ayúdanos. Inmediatamente decidimos salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el evangelio’. Así nos narra el autor de los Hechos de los Apóstoles con toda sencillez pero con un admirable mensaje el camino de predicación que realizaba san Pablo que le hace en este momento saltar a predicar también en Europa.
El texto que hoy hemos escuchado nos habla del segundo viaje apostólico de Pablo. Vuelve a recorrer algunas comunidades donde había predicado anteriormente; nos habla de Derbe, Listra e Iconio, donde ‘las iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día’ y también de su intento de continuar por otras regiones atravesando Frigia y Galacia – recordamos la carta a los Gálatas que más tarde escribiría a esta comunidad – pero en otros lugares ‘el Espíritu les impidió anunciar la palabra’, como en Bitinia, por lo que bajaron a Tróas (la Troya de las antiguas leyendas griegas). Es ahí donde tiene la visión del macedonio que les llama para que allí sí predique el evangelio y es por lo que salen para Macedonia.
Es de admirar el celo apostólico que arde en el corazón de Pablo para ir a anunciar el Evangelio allí donde el Espíritu le vaya conduciendo. Y éste es un aspecto que hay que destacar, se deja conducir por el Espíritu. En su deseo y en el ardor de su corazón quiere llegar a todas partes, pero habrá lugares donde no podrá ir, y ve él en esos acontecimientos la llamada del Señor. No se sentirá defraudado cuando no puede llegar a algún lugar o cuando en algún lugar tiene dificultades, como ya hemos venido viendo, sino que él se deja conducir por el Espíritu del Señor y a través de esos acontecimientos, en ocasiones parecen sueños, él descubre la voz y la llamada del Señor.
Cuánto tenemos que aprender. Qué hermosa lección para nuestra vida. Saber descubrir y escuchar la voz del Señor que nos habla de mil maneras. No nos podemos dormir ante la urgencia del anuncio del evangelio. Los momentos son apremiantes y hoy la iglesia, podríamos decir con una fuerza y una llamada especial del Espíritu, está embarcada sobre todo en nuestro primer mundo en una nueva evangelización.
Hemos de sentir esa urgencia en nuestro corazón porque somos conscientes de que se ha ido perdiendo el sentido de la fe, de lo religioso, de los valores cristianos en nuestro mundo. Es necesario hacer un anuncio nuevo para que se descubran de nuevo los valores del Evangelio. Mucha gente hay a nuestro alrededor que está bautizada, pero poco conoce del Evangelio y poco conocen a Jesús. Es una triste realidad. El pensar en esto quizá nos produzca tristeza y desasosiego, pero veámoslo como una llamada del Señor a nuestro corazón. Como aquel macedonio a Pablo también de una forma o de otra nos está llamando, nos están pidiendo ayuda, hemos de ir a anunciarles el evangelio.
Nos obliga a nosotros, los primeros, a que vayamos creciendo en ese conocimiento de Jesús, vayamos empapándonos cada vez más del espíritu del Evangelio, para así sentirnos en verdad evangelizados y luego podamos ir también a evangelizar, a llevar el evangelio a los que nos rodean. Evangelizarnos es dejarnos iluminar por el Evangelio, descubrir el mensaje de salvación que Cristo quiere trasmitirnos y ofrecernos, y es ponernos en camino de vivir esos valores, ese sentido de vida, de gracia, de salvación que nos ofrece el evangelio. Porque también hemos de reconocer que necesitamos nosotros ser iluminados cada vez más, porque muchas veces nuestra vida dista mucho de ese espíritu y esos valores.
Sintamos la urgencia del Evangelio, siendo evangelizados y siendo evangelizadores.

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