Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta chipre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta chipre. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de mayo de 2012


Con este misión del Espíritu… zarparon para Chipre para el anuncio del Evangelio

Hechos, 12, 24-13,5; Sal. 66; Jn. 12, 44-50
‘Yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas’, nos ha dicho Jesús. Queremos estar a su luz; queremos poner toda nuestra fe en El; no queremos apartarnos de sus caminos; nos sentimos impulsados a llevar su luz a los demás.
¡Cuántas tinieblas tendríamos que hacer desaparecer de nuestro mundo! Que el testimonio de nuestra vida y de nuestro amor despierte la fe en los que nos rodean. Tiene que ser nuestro deseo y por lo que luchemos viviendo una vida de rectitud y de amor. Nos lo exige la fe que tenemos en Jesús. ¡Cuánto tenemos que hacer y cuánto podemos hacer si nos dejamos iluminar por la luz de Jesús!
En los Hechos de los Apóstoles, primera lectura, contemplamos el inicio del primer viaje apostólico de san Pablo. Hay un detalle importante. Pablo desde que tuvo su encuentro con Jesús en el camino de Damasco todo su deseo era hablar de Jesús y así lo había hecho hasta que tuvo que retirarse en principio a Tarso, su ciudad de origen, a donde lo fue a buscar Bernabé que lo trajo a la Iglesia de Antioquía. Veremos ya también junto a ellos a Juan Marcos, el Marcos evangelista del que estos días pasados ya hablamos en su fiesta.
Se nos hace una breve descripción de aquella comunidad, donde como en días anteriores escuchamos se comenzó a llamar cristianos a los seguidores del camino de Jesús. Hoy nos habla el texto de los diferentes carismas que resplandecían en aquella comunidad al hablarnos de algunos de sus miembros más destacados. ‘En la Iglesia de Antioquía, se nos dice, había profetas y maestros’. Y se nos hace una relación.
Pero era una comunidad que se dejaba conducir por el Espíritu del Señor. Cosa importante porque quien dirige realmente a la Iglesia de Dios es el Espíritu Santo que la asiste con su fuerza y con su gracia. Ayunaban y daban culto al Señor cuando sienten que el Espíritu Santo se manifiesta entre ellos.
‘Apartadme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los he llamado’. Vuelven a ayunar y a orar y les imponen las manos. Signo de gran significado la imposición de las manos como expresión de la asistencia y la gracia del Espíritu. Signo que se repite en la liturgia de la Iglesia en momentos bien significativos para expresar esa presencia del Espíritu. Se imponen las manos al que va a recibir el Sacramento de la Confirmación, al que es ordenado sacerdote, sobre el pan y el vino de la Eucaristía para que sean para nosotros por la fuerza del Espíritu el Cuerpo y la Sangre del Señor, en los diversos sacramentos como la Penitencia o la Unción de los enfermos, como signo de bendición…
Ahora reciben la fuerza del Espíritu Bernabé y Saulo para la misión y la tarea a la que han sido llamados. Van a comenzar su largo viaje apostólico, primero por Chipre y luego por casi toda el Asia Menor. Ya seguiremos en los próximos días escuchando el relato de estos viajes de san Pablo. ‘Con esta misión del Espíritu, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre’, nos dice el texto sagrado. Seleucia era el puerto de mar cercano a Antioquía de Siria de donde habían partido.
Aparte del mensaje con que iniciábamos esta reflexión sobre la luz de Jesús que nos ilumina cuando creemos en El, quedémonos con este mensaje de la asistencia del Espíritu a la Iglesia de Dios en toda su tarea de anuncio del Evangelio y de vivencia de la salvación de Dios. Pongamos nuestra fe en el Espíritu Santo. Aprendamos a invocar al Espíritu Santo cuando vamos a emprender cualquier obra buena. Sintamos la fuerza del Espíritu Santo en nuestro corazón que nos moverá siempre a lo bueno y nos dará fuerza para apartarnos del camino del mal y del pecado. Escuchemos al Espíritu Santo que nos habla en nuestro interior y que será quien nos ayude a comprender y vivir todo el misterio de Dios.

sábado, 11 de junio de 2011

Bernabé, hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe



Hechos, 11, 21-26; 13, 1-3; Sal. 97; Mt. 10, 7-13


‘Era un hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe’. Así nos describe o define el autor de los Hechos de los Apóstoles a Bernabé. Su nombre era ‘José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa el hijo de la consolación, levita y natural de Chipre’.


El primer momento en que aparece en los Hechos es cuando en aquel compartir de los primeros cristianos vendió el campo que tenía y ‘llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles’. No formó parte nunca del grupo de los doce, pues su conversión sucedería después de Pentecostés, sin embargo la Iglesia también lo considera un apóstol.


Lo veremos ahora enviado a la comunidad de Antioquía que se abría también a los gentiles en nombre de los Apóstoles y la Iglesia de Jerusalén. Es el hombre que sabe descubrir donde hay un tesoro escondido y va en busca de Saulo a Tarso, que aunque tenían ciertos recelos hacia él a pesar de su conversión por su anterior vida en la que perseguía a los cristiano, supo descubrir en él al que sería el gran apóstol de los gentiles.


Escogido de manera especial por el Espíritu junto con Saulo emprenderá el largo recorrido de lo que se suele llamar el primer viaje de san Pablo, pero en el que ambos apóstoles tenían igual protagonismo en el anuncio del Evangelio. Lo veremos en distintos momentos, como el concilio de Jerusalén, pero ya en sucesivos viajes de san Pablo, Bernabé marchará por su lado y se dirigirá a Chipre de donde era natural.


Es el cumplimiento fiel de lo que hemos escuchado en el evangelio hoy: ‘Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca’. Es el anuncio de Cristo resucitado que los apóstoles van haciendo por todas partes construyendo así el Reino de Dios. Es el anuncio de la paz y del amor, dones también del Espíritu Santo, que van realizando y ¿cómo no? Bernabé, ‘hijo de la consolación’, como significaba su nombre, sembrando esa paz y armonía en aquellas comunidades, superando obstáculos y dificultades y logrando que ‘una multitud considerable se adhiriera el Señor’, como nos dicen los Hechos de los Apóstoles.


¿Cuál es el mensaje para nuestra vida? Volvemos a fijarnos en esa como definición que de él hace Lucas, ‘un hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe’. Es de notar como se resalta en el relato de los Hechos de los Apóstoles la presencia y la acción del Espíritu. Un hombre lleno del Espíritu Santo y escogido para el Espíritu para grandes misiones dentro de la Iglesia.


El Espíritu que había movido su corazón a la generosidad y al compartir; el Espíritu que ahora le conducía en el anuncio del Evangelio como misionero por todas partes; el Espíritu que le llenaba de sabiduría y prudencia en los distintos problemas de la Iglesia naciente donde le vemos actuando, unas veces enviado por los apóstoles, u otras interviniendo directamente como le vemos en el encuentro de de los anciones y apóstoles de la Iglesia de jerusalén.


Bien nos vienen estas consideraciones en el momento concreto en que tenemos la fiesta de este apóstol precisamente en la víspera de la celebración de Pentecostés. Con el ejemplo y testimonio de Bernabé también hemos de saber abrir nuestro corazón al Señor para dejar que el Espíritu nos inunda también con su gracia, con su sabiduría con todos su dones. Es lo que hemos venido pidiendo intensamente a lo largo de esta semana que nos ha servido como preparación para esta gran fiesta de Pentecostés.


Hemos pedido en las oraciones de la liturgia de hoy que ‘como Bernabé, varón lleno de fe y de Espíritu Santo fue designado para llevar a las naciones el mensaje de la salvación, así nosotros proclamemos con la misma firmeza el evangelio de Cristo con fidelidad de palabra y de obra’. Que sintamos en nuestro corazón el mismo ardiente de san Bernabé para ‘llevar a las naciones la luz del evangelio’.