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jueves, 22 de octubre de 2026

Dejémonos sorprender por el evangelio aunque nos deje inquietos y desconcertados porque el bautismo recibido tiene que encender una hoguera en el corazón

 


Dejémonos sorprender por el evangelio aunque nos deje inquietos y desconcertados porque el bautismo recibido tiene que encender una hoguera en el corazón

Efesios 3, 14-21; Salmo 32;  Lucas 12, 49-53

No dejan de sorprendernos y a veces desconcertarnos muchas páginas del evangelio que cuando vamos a él desde nos planteamientos a razonamientos meramente humanos nos cuesta entender y cómo traducirlo en la vida. En más de una ocasión se me ha acercado alguien con corazón inquieto y con deseos de búsqueda porque quiere encontrar respuestas y luz para su vida y cuando le he invitado a que se acerque a la Biblia, que se acerque al evangelio me dice que lo ha intentado y que se encuentra en ocasiones cosas que no entiende y que de alguna manera le llenan de confusión.

Buscamos quizás porque queremos encontrar respuestas, pero algunas veces lo que nos está sucediendo es que no nos dejamos sorprender; nos parece que esas respuestas que buscamos tienen que ir en un sentido que de alguna manera hemos predeterminado pero para encontrarnos con la palabra de Dios tenemos que escuchar y hacerlo sin nuestros prejuicios o nuestras predeterminaciones; y escuchar despojándonos de lo que nosotros pensamos se nos hace imposible, porque incluso en nuestros diálogos humanos con los que están a nuestro lado muchas veces decimos que dialogamos, pero lo que hacemos es discutir sin escuchar, porque ya llevamos de antemano pensado lo que creemos que piensa el otro y no nos detenemos a escuchar, y mucho nos tendrá que decir el otro. Es lo que tenemos que hacer con Dios, escuchar dejándonos sorprender por lo que el Señor quiere manifestarnos, mucho será lo que el Señor quiere decirnos.

Emplea hoy Jesús palabras que nos parecen duras y pensamientos en nuestra prevención que nos parecen contradictorios e inaceptables. Habla de fuego y de violencia, habla de bautismo y de muerte, habla de división cuando por otra parte se nos ha presentado como el Príncipe de la Paz y en su nacimiento los ángeles del cielo al cantar la gloria de Dios cantaban como un anuncio la paz para aquellos que Dios ama.

Pero con estas palabras que ahora nos está diciendo Jesús ¿no nos estará trazando el cuadro de lo que ahora mismo está sucediendo a su alrededor? Aunque aparentemente en el relato del evangelio parece que todos querían escucharle y estar con Él, pues nos habla de multitudes venidas desde todos los rincones de Palestina, sin embargo por en medio van apareciendo continuamente los que no lo aceptan, los que traban discusiones con Él porque les parecen inaceptables las palabras y las actitudes de Jesús; si Jesús estaba anunciando un Reino de Dios en donde entre sus principales características tenía que estar la paz, el amor, la comunión, sin embargo en torno a Jesús se iba forjando también la división que llegaría a calar entre sus mismos discípulos más cercanos cuando entre ellos andaban discutiendo por los primeros puestos y alguno defraudado lo abandonaría y lo traicionaría.

Por algo proféticamente el anciano Simeón había dicho que aquel niño iba a ser un signo de contradicción y que en su presencia tendrían que decantarse los que optaban por la luz o por las tinieblas. ¿No será también la opción que nosotros hemos de hacer en nuestro seguimiento de Jesús pero que sin embargo muchas veces sentimos que nuestro corazón está dividido?

Y ese primer grito desgarrador de Jesús porque sentía que había de recibir un bautismo que ya parecía que estaba tardando, es el fuego del amor que arde fuerte en su corazón desde el que quiere llenar de vida el mundo que le rodea. Un día también les había dicho a aquellos que aspiraban a los primeros puestos si estaban dispuestos a beber su mismo cáliz o ser bautizados con el mismo bautismo que el de Jesús. Y aquí es donde nosotros tenemos que pensar nuestra respuesta, si queremos o no dejarnos envolver por ese fuego del Espíritu que haga de nosotros unos hombres nuevos.

¿Tenemos miedo al fuego del amor? ¿Trataremos igualmente de templar el ardor de ese fuego como hacemos tantas veces cuando simplemente vamos queriendo poner remiendos a nuestra vida? ¿Habremos pensado lo suficiente lo que significa, lo que tiene que significar en todas sus consecuencias ese bautismo de Jesús? No se nos puede quedar el bautismo en un rito lejano que recibimos un día porque nuestros padres nos trajeron a bautizar cuando éramos niños sin que ahora esté repercutiendo en nuestras vidas con unas actitudes nuevas y con un amor llevado hasta el final. Creo que la escucha de este evangelio va a ser una sorpresa grande para nuestra vida.


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