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martes, 20 de octubre de 2026

Vigilancia y atención, espera y esperanza vividas con sentido, grandeza en nuestra disponibilidad y espíritu de servicio, desarrollo de valores y cuidados, señales del Reino de Dios

 


Vigilancia y atención, espera y esperanza vividas con sentido, grandeza en nuestra disponibilidad y espíritu de servicio, desarrollo de valores y cuidados, señales del Reino de Dios

Efesios 2, 12-22; Salmo 84; Lucas 12, 35-38

¿Para qué te molestaste en venir a buscarme? Quizás le hemos dicho, sorprendidos por su generosidad al venir a nuestro encuentro cuando quizás veníamos de viaje y ya andábamos pensando a ver cómo solucionaremos la forma de llegar a casa, al encontrarnos con que sin nosotros haber pedido nada allí estaban para recibirnos y atendernos. Un momento así siempre se agradece, pero también es un toque de atención para los detalles que nosotros podemos tener con los demás sin que nos lo pidan. Son momentos también en los que se manifiesta la grandeza de espíritu que se puede tener, incluso que deberíamos saber tener atención de los unos con los otros; seguro que luego ya buscaremos formas para manifestar nuestra gratitud.

Me hace pensar en estos gestos humanos que tendríamos que saber tener los unos con los otros, lo que por otra parte realmente nos está pidiendo Jesús hoy en el evangelio. Nos habla de vigilancia y de atención, de esperas y de esperanzas vividas con sentido, de la grandeza que hemos de dar a nuestra vida desde nuestra disponibilidad y nuestro espíritu de servicio, de lo activa que tiene que ser nuestra vida que es más que ver pasar los días de una forma monótona y que nos tiene que llevar a aplicarnos con toda responsabilidad en las tareas que tenemos entre manos que es ciertamente la construcción de ese mundo en el que vivimos que hemos de mejorar cada día, de ese desarrollo de nuestros valores y cualidades porque como nos dirá en otro lugar no nos podemos contentar con enterrarlos en lugar seguro para que no se pierdan.

‘Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame’, nos dice Jesús hoy. No puede ser una actitud pasiva, la espera es en vigilancia, que es disponibilidad pronta. Por eso nos dice que hay que tener ceñida la cintura; cuando nos acostamos ya sea para el descanso o simplemente para pasar el tiempo porque no tenemos más que hacer, nos aflojamos el cinturón como una manera también de estar más cómodos; pero eso es señal de pasividad en nuestra inactividad, por eso nos dice que hay que tener las lámparas encendidas y para que esa luz se mantenga encendida tenemos que cuidar que no falte el aceite, no nos suceda como a aquellas doncellas que no llevaron aceite cuando esperaban al novio de la boda. Además no nos podemos dormir, porque el dueño puede llegar en cualquier momento y hay que abrir la puerta a su tiempo.

Creo que Jesús nos está sugiriendo muchas cosas que hemos de tener en cuenta en nuestra vida; nada de pasividad, nada de dejarnos dormir porque ya tendremos tiempo cuando nos avisen, nada de irresponsabilidad en la vida porque tenemos que estar preparados; nada de quedarnos tras la ventana para ver por dónde andan los tiempos; sí de vigilancia y atención porque cada momento es importante; sí de ojos bien abiertos porque sabemos que el Señor llega a nuestra vida también y principalmente en aquellos que están a nuestro lado o en aquellos que aunque los desconozcamos llegan a tocar a las puertas de nuestro mundo y en ellos viene el Señor.

‘Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo’, continúa diciéndonos Jesús. Nos está llamando bienaventurados porque si le estamos esperando así Él nos sentará en la mesa de su Reino. ‘Venid vosotros, benditos de mi Padre… a heredar el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’, como nos dice que será esa bienaventuranza en el final de los tiempos. Nos hará sentar a su mesa y nos irá sirviendo. Es el Banquete del Reino definitivo del que nos hará participar. ¿Nos lo mereceremos? Es el regalo de su amor. Como se suele decir Dios nunca se queda atrás en esa medida del amor.


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