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jueves, 19 de abril de 2018

Comiendo a Cristo en la Eucaristía entraremos en la sintonía de Dios que es una sintonía de amor para una relación más estrecha con Dios mismo y con los hermanos



Comiendo a Cristo en la Eucaristía entraremos en la sintonía de Dios que es una sintonía de amor para una relación más estrecha con Dios mismo y con los hermanos

Hechos de los apóstoles 8, 26-40; Sal 65; Juan 6,44-51

A veces sentimos dentro de nosotros como un impulso interior que nos impele a realizar algo bueno, parece como que nos sugiere una cosa buena que nunca quizás habíamos pensado que podíamos hacer, y es como una fuerza que no nos deja tranquilos hasta que nos dejamos llevar por ese impulso y lo realizamos. Saludar a alguien a quien nunca habíamos saludado, prestar un servicio que no se nos había ocurrido que podríamos realizar, comprometernos con algo que sentimos que con ello podemos ayudar a otras personas, cosas que nos hacen salir de nosotros mismos y nos llevan a lo bueno, nos llevan a un nuevo encuentro con los demás, nos llevan quizás a un compromiso.
Nos damos muchas explicaciones para todo eso que sentimos, pensamos que es una intuición o una sintonía que establecemos con esa persona a la que vamos a ayudar. Pero como creyentes que somos por qué no pensamos en una inspiración de lo alto, una inspiración que nos viene de Dios que de alguna manera nos está llamando a ser más generosos con nuestra vida, a un compromiso por los demás o por el entorno en el que vivimos.
Nos dirán que son sueños que tenemos, que es el inconsciente que nos habla, o muchas otras cosas, pero yo como creyente pienso en la fuerza del Espíritu de Dios que actúa en nosotros, que  nos inspira, que nos llama y que nos conduce por caminos buenos que nos acerquen mas a Dios. Yo, como creyente creo en la fuerza del Espíritu de Dios que Jesús nos prometió que estaría con nosotros.
Hoy nos ha dicho Jesús en el evangelio ‘nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día… Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí…’ Es por la fuerza del Espíritu de Dios por lo que en verdad podemos confesar que Jesús es el Hijo de Dios. Y creemos en su Palabra, que es Palabra de vida eterna para nosotros. Como  nos dice Jesús ‘yo lo resucitaré en el último día’, y estamos participando de esa resurrección en la medida en que nos llenamos de vida porque nos llenamos de amor, un amor que un día podremos vivir en plenitud total junto a Dios.
Dejémonos conducir por el Espíritu divino y pongamos toda nuestra fe en Jesús. Hoy nos dice Jesús que El es el Pan de vida. Es el verdadero pan bajado del cielo. Y les recuerda que si los padres comieron el mana en el desierto al que ellos llamaban pan bajado del cielo, los que comieron de aquel pan murieron, pero quien como ahora de este verdadero Pan de Vida que es Jesús tendrán vida para siempre.
‘Éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo’. Ya nos está hablando Jesús de la Eucaristía, en la que El mismo será nuestra comida, nuestro alimento, nuestra vida. ‘El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo’, nos ha dicho.
Comiéndole a El entraremos en esa nueva sintonía de Dios, porque comiendo a Cristo entramos necesariamente en la sintonía del amor. Comer a Cristo es hacernos una misma cosa con El. Si somos una misma cosa con El nuestra vida no puede estar en otra sintonía que la del amor.  Sintonía del amor que nos hace entrar en una nueva relación cada vez más intensa con Dios, pero que también nos abrirá a una relación cada vez más intensa de amor con los demás. El Espíritu del Señor que habita en nuestros corazones nos conduce por esos caminos.

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