sábado, 3 de septiembre de 2016

No podemos olvidar que el ser humano con sus valores y su dignidad ha de estar por encima de todo y lo hemos de preservar siempre con la mejor relación con los demás

No podemos olvidar que el ser humano con sus valores y su dignidad ha de estar por encima de todo y lo hemos de preservar siempre con la mejor relación con los demás

1Corintios 4, 6b-15; Sal 144; Lucas 6, 1-5

Mientras en la vida nos encontramos con gente que no acepta ninguna norma o regla que trate de regir su conducta viviendo en un subjetivismo total y absoluta que se puede convertir en anarquía, por otra parte nos encontramos con otros que todo tienen que tenerlo reglado y reglamentado hasta en los más mínimos detalles de manera que no sabrían hacer nada que se saliera o no estuviera contemplado en esas normas, preceptos o reglamentos.
Creo que llevar al extremo ambas posturas es algo peligroso y que si bien necesitamos unas normas que nos den las pautas de lo que ha de ser nuestra conducta, la formación de una buena conciencia hará que descubramos lo que verdaderamente es bueno y aquello de lo que nos hemos de apartar. Las normas aunque necesarias en el conjunto de una vida social sin embargo no nos han de atar y esclavizar de tal manera que pareciera que el objetivo de nuestra vida sea simplemente el cumplir unas normas. Ya se que esto que estoy comentando daría para más abundantes reflexiones y podría ser tema de un dialogo muy interesante.
Hoy nos encontramos con este tema en el evangelio cuando vienen a echarle en cara a Jesús que sus discípulos están haciendo lo no permitido por la ley porque en sábado al pasar por un sembrado han cogido unas espigas y las van estrujando para obtener unos granos que echarse a la boca. Era sábado, el sábado no se puede trabajar, estaba reglamentado todo hasta casi los pasos que pudiéramos dar para no convertirlo en trabajo y aquel gesto tan humano y tan sencillo se podía considerar como que estaban espigando o segando el trigo con lo que había que considerarlo un trabajo. Vemos aquí como se lleva hasta un extremo casi esclavizador las normas del cumplimiento del descanso del sábado.
‘El Hijo del Hombre es señor del sábado’, termina diciéndoles Jesús para ayudarnos a entender el autentico sentido del descanso sabático, en este caso. ¿Leyes y normas que regulen nuestra convivencia y nuestra relación social? Está bien y son necesarios. Una cosa creo que es importante y hemos de tener bien en cuenta. El ser humano con sus valores y con su dignidad ha de estar por encima de todo. Y lo que nos tiene que preocupar es ayudar a mantener esa dignidad de todo ser humano, de toda persona. Por eso es tan importante nuestra apertura a los demás, la consideración de las personas, el valor de lo que tenemos como propio si no está en función de esa dignidad de todo ser humano.
¿Cómo puedo yo apoderarme de tal manera de esas cosas que poseo que mientras a mi quizá hasta me sobra porque llego a acumular hay otros seres humanos que pasan necesidad? Y así podríamos seguir haciéndonos muchas preguntas por ejemplo sobre a qué dedicamos nuestro tiempo de descanso y si en nuestros planes y objetivos está el ir al encuentro con los demás sobre todo para compartir con aquellos que mayor necesidad tienen de ese encuentro y de esa presencia. Muchas veces no son solo las necesidades materiales las que tenemos que atender, sino la soledad, el abandono, la discriminación que de alguna manera pueden estar sufriendo tantos cerca de nosotros y casi no nos damos cuenta.

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