jueves, 1 de septiembre de 2016

En los mares de la vida hemos de aprender a decir como Pedro aunque por nosotros no hayamos sido capaces de coger nada, en nombre echaré la red

En los mares de la vida hemos de aprender a decir como Pedro aunque por nosotros no hayamos sido capaces de coger nada, en nombre echaré la red

1Corintios 3, 18-23; Sal 23; Lucas 5, 1-11

‘Nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada…’ Parecen palabras de desaliento; ahora están lavando y repasando las redes después de una noche infructuosa de trabajo. Cuántas veces nos sucede algo parecido y el desaliento nos invade; no sabemos qué más o mejor podemos hacer, pero no conseguimos quizá los objetivos que nos habíamos programado, la vida muchas veces se nos vuelve dura, nos aparecen dificultades y contratiempos, y como decíamos nos invade el desaliento.
Serán problemas en el trabajo – cuántos se sienten desalentados porque no encuentran un trabajo digno -, serán problemas en la familia, con los hijos, en la convivencia familiar, serán los problemas de índole social en que nos vemos envueltos en un momento en que no parece que haya salida, que los que tienen que dirigir nuestra sociedad no son capaces ni de ponerse de acuerdo en cómo han de hacerlo. Podríamos seguir enumerando muchas otras situaciones que nos pueden llenar de desaliento en la vida.
Simón Pedro, aun en medio de sus dudas y de los interrogantes que aun se le planteaban en el corazón en relación con aquel predicador o profeta que había aparecido entre ellos y que les cautivaba con sus palabras, ahora tiene la intuición o la fe de confiarse en Jesús. ‘En tu nombre echaré las redes’. Y la cosa cambió. Las redes se llenaron de pescado y las barcas rebosaban, teniendo que llamar a otros compañeros que les ayudaran. Todo era distinto ahora. Se siente pequeño en la presencia de Jesús y comprendiendo la grandeza de su Jesús y su pequeñez ante El no se cree digno de estar en su presencia. ‘Apártate de mí que soy un hombre pecador’.
Esos problemas que tenemos en la vida y en los que luchamos tanto por superarlos, por encontrar una salida o una solución no los podemos mirar como algo ajeno a nuestra fe. Necesitamos una fuerza interior que nos mantenga firmes a pesar de las dificultades, necesitamos una gracia que nos haga ver las cosas con otros ojos, necesitamos la sabiduría del Espíritu que nos haga encontrar soluciones y salidas, necesitamos la presencia del Señor a nuestro lado para sentir su fuerza, para con El sentirnos renovados, con un fuerza nueva en nuestra corazón, con una vida nueva ante nosotros que hemos de vivir de otra manera.
Necesitamos aprender hoy de Pedro a decir ‘en tu nombre echaré las redes’, aunque me parezca imposible salir de estas situaciones que vivimos, aunque el mar de la vida lo veamos tan negro o embravecido, aunque pareciera que no hay un rumbo porque ya no sabemos que hacer; pero en tu nombre echaré las redes, en tu nombre y con la fuerza de tu gracia quiero seguir adelante.
El Señor también confía en nosotros y ante nosotros pone una tarea hermosa. A Simón Pedro y a aquellos pescadores les dijo que los haría pescadores de hombres, porque eran otros mares, otros mundos en los que habían de realizar su tarea. Otros mares, otros mundos, otro sentido de la vida también nos ofrece Jesús a nosotros y quiere ponernos en camino.
Seamos capaces de dejar atrás nuestras redes de siempre, nuestras rutinas que tantas cansancios producen en nuestra vida; también nosotros nos sentimos indignos y pecadores; pero abramos nuestro corazón a la novedad de Jesús y pongámonos en camino que El nos ofrece un camino nuevo, una vida nueva.

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