lunes, 29 de agosto de 2016

Juan Bautista testigo de la verdad hasta su muerte nos enseña a ser testigos ante el mundo por la autenticidad, rectitud y sinceridad de nuestra vida

Juan Bautista testigo de la verdad hasta su muerte nos enseña a ser testigos ante el mundo por la autenticidad, rectitud y sinceridad de nuestra vida

1Corintios 2,1-5; Sal 118; Marcos 6, 17-29

Celebramos hoy el martirio de Juan Bautista. En Junio celebrábamos con gran alegría su nacimiento, con la alegría de todo el pueblo como ya expresaba el mismo evangelio su nacimiento allá en las montañas de Judea por donde había corrido la noticia. Hoy celebramos su martirio.
Como expresa la liturgia en las oraciones de esta fiesta Juan Bautista fue el precursor del nacimiento y de la muerte de Jesús. Normalmente pensamos en el Bautista como el Precursor, porque había venido a preparar los caminos del Señor con su predicación y su testimonio allá en el desierto en las orillas del Jordán donde bautizaba invitando a la penitencia y la conversión del corazón para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. Le había precedido en su nacimiento y eso hacía también que lo llamáramos el precursor, el que había venido antes.
Sin embargo la liturgia de este día nos lo señala también como el precursor de su muerte cuando hoy estamos celebrando su martirio. Es el testigo de la verdad y por su fidelidad a esa verdad y a la rectitud llegó a dar su vida. El que cuando preparaba los caminos del Señor a cuantos acudían a él les señalaba caminos de rectitud, de justicia, de honradez, de solidaridad para preparar los corazones, por esa valentía de su palabra dio testimonio con su vida. A Herodes le señalaba que el camino de su vida estaba lleno de pecado porque no hacía lo que era justo y recto, y las envidias y las intrigas lo llevaron a la cárcel y a la muerte.
Ya escuchamos el evangelio. Herodías odiaba a Juan y tramaba como quitarlo de en medio a pesar del aprecio que por otra parte parecía que Herodes podía tenerle. Pero la debilidad de Herodes, en esa espiral de pecado en la que se había visto envuelto terminaría por cortar la cabeza de Juan ante las intrigas de Herodías. Cuando caemos en la pendiente del pecado todo parece que se vuelve más resbaladizo bajo nuestros pies y poco a poco unas cosas nos precipitan en otras. La verdad que Juan proclamaba resultaba incomoda a quienes Vivian envueltos en la vanidad de la vida que hace que todo se vuelva falsedad y mentira.
El testigo de la verdad que era Juan por la valentía de su palabra y la rectitud de su vida lo convertiría así con su muerte en precursor de la muerte de Jesús. También Jesús ante Pilatos se había proclamado testigo de la verdad y que para eso había venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Aquí sería ahora el escepticismo de Pilatos que se preguntaba qué era la verdad, lo que le llevaría a la cobardía de lavarse las manos para tratar de quitar de sí la mancha de la cobardía de la condena de Jesús.
Pero en la oración litúrgica de esta fiesta pedimos que ‘asi como Juan murió mártir de la verdad y de la justicia, luchemos nosotros valerosamente por la confesión de nuestra fe’. Y confesar nuestra fe no ha de ser solo con palabras, sino que tenemos que confesarla con el testimonio de nuestra vida; y ese testimonio de nuestra vida nos lleva a esa lucha por la verdad y por la justicia. Nuestra fe nos compromete. Los cristianos tendríamos que ser las personas más comprometidas del mundo por la verdad y por la justicia, por el bien, por el testimonio del amor, por la solidaridad más profunda.
¿Daremos en verdad así testimonio de nuestra fe? ¿Hasta donde llega nuestro compromiso por el amor y la justicia? ¿El estilo de nuestra vida nos hace testigos de la verdad por nuestra autenticidad, por nuestra sinceridad, por la rectitud de nuestra vida en consonancia con nuestras palabras?

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