sábado, 24 de septiembre de 2016

La vida es pascua, porque tiene mucho de dolor, de sufrimiento, de muerte incluso, pero siempre ha de resplandecer la vida

La vida es pascua, porque tiene mucho de dolor, de sufrimiento, de muerte incluso, pero siempre ha de resplandecer la vida

Eclesiastés 11,9–12,8; Sal 89; Lucas 9,43b-45

‘El lenguaje les resultaba oscuro y no le cogían el sentido… les daba miedo preguntarle’. Se sentían de alguna manera desconcertados.
Como nos sentiríamos nosotros si en medio de la euforia de grandes momentos que parecen de triunfo se nos anuncia que todo eso se puede venir abajo, porque vendrán días amargos. Nos cuesta aceptar los vaivenes de la vida. Claro que nos gustaría que todo siempre fuera sobre rosas, pero olvidamos que las rosas tienen espinas; y así se nos vuelve la vida muchas veces.
Nos hacemos proyectos, soñamos cosas hermosas que nos van a venir, nos llenamos de ilusión porque incluso a veces nos parece fácil de encontrar y realizar lo que son nuestros sueños, pero se da vuelta la tortilla, y aparecen obstáculos y dificultades, nos sentimos desconcertados y no sabemos por donde salir, parece que se nos acaban las esperanzas y nos llenamos de frustraciones. No le encontramos sentido a lo que nos sucede y hasta tenemos la tentación de tirar la toalla porque nos puede parecer un sinsentido tanta lucha y tanto esfuerzo para terminar como parece que terminamos tantas veces.
Hemos de saber encontrarle un sentido a la vida y cuanto nos sucede. Hemos de soñar, sí, y ponernos metas y tener ilusión, siempre con esperanza. La vida es pascua, porque tiene mucho de dolor, de sufrimiento, de muerte incluso, pero siempre ha de resplandecer la vida. Nosotros los creyentes miramos a Jesús. Vemos su camino y queremos seguirle aunque nos cueste, porque sabemos que al final habrá vida y habrá resurrección, y que la semilla que plantamos ha de dar su fruto aunque no sepamos cuando ni quizá nosotros lo veamos.
La vida de Jesús fue ese grano de trigo sembrado en tierra para que renaciera una nueva planta, una nueva flor, una nueva vida. El morir del grano de trigo en el surco hace surgir la vida. Como Jesús, como ha de ser nuestra vida también, porque eso en medio de las negruras que podamos encontrar en la vida no perdemos la esperanza, la esperanza de la vida. Con nosotros está Jesús.
Como habíamos comenzado comentando en el texto del evangelio se nos habla de que entre la admiración general por lo que hacia Jesús les anuncia que al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres. No lo entienden. Está hablándoles de su pasión, de su pascua, de lo que va a suceder en Jerusalén. Pero ellos no lo entienden.
Luego más tarde podrán proclamar que en verdad Jesús es el Señor. Que Dios lo resucitó de entre los muertos. Que en Jesús está la verdadera salvación porque no hay otro nombre en el que podamos salvarnos. Es el camino de fe y de esperanza que nosotros hemos de caminar también en medio de esa pascua de nuestra vida, para que aprendamos a sentir que en medio de todos esos contratiempos, de esas luchas, de esos momentos oscuros que nos parecen sin sentido, el Señor llega y pasa por nuestra vida,
El está con nosotros y estando con nosotros tendremos vida, no nos faltará la luz, podremos seguir caminando con esperanza. No sabemos como será al final la salida de ese túnel oscuro de la vida, pero tenemos la certeza de que el Señor no nos abandona. No olvidemos nunca esa presencia de gracia del Señor en todo momento con nosotros.

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