lunes, 19 de septiembre de 2016

Que al final de cada día puedas dar gracias a Dios porque has sido luz en alguna situación concreta para alguien que lo necesitaba

Que al final de cada día puedas dar gracias a Dios porque has sido luz en alguna situación concreta para alguien que lo necesitaba

 Proverbios 3,27-34; Sal 14; Lucas 8,16-18

La luz no se puede ocultar. Las lámparas están para iluminar. Se han de colocar en el sitio oportuno para que su luz pueda llegar a todos. Es algo elemental. No la encendemos y luego la tapamos; la encendemos y procuraremos acompañarla de todos los reflectores posibles para se vea aumentada esa luz y pueda iluminar mejor a cuantos más mejor.
De eso nos habla Jesús hoy en el evangelio. Y no es que quiera hablarnos de ornamentaciones o cosas así. La imagen que nos propone quiere decirnos muchas cosas. Y es que nos está diciendo que esa luz tiene que estar en nosotros y nosotros con esa luz hemos de iluminar a los demás. Esa luz se nos ha regalado, es una gracia. Esa luz ha llegado a nosotros cuando hemos sido iluminados por Cristo. Esa luz en nosotros nace de nuestra fe y nuestra fe ha de convertirse en ese faro potente de luz que ilumine a los demás. Claramente nos lo dirá en otro lugar. ‘Sois la luz del mundo’.
¿Qué hemos hecho los cristianos con esa luz cuando nuestro mundo sigue en tinieblas? Es cierto que las tinieblas rechazan la luz, como ya nos decía el evangelio de Juan desde el principio; vino la luz y las tinieblas, los que estaban en tinieblas, la rechazaron. Y sabemos bien cuántos en nuestro entorno, en ese mundo en que vivimos rechazan la luz.
Pero también podemos pensar que muchos quizá la rechazan porque no la conocen; muchos rechazan a Jesús porque no conocen a Jesús. Pensemos en cuantos prejuicios tiene la gente de la religión, del evangelio, de Jesús, pero se han creado esos prejuicios porque realmente no lo conocen.
Pero esto tendría que hacernos pensar en lo que hemos hecho de la luz, de la fe, del evangelio, del conocimiento de Jesús quienes ya lo poseemos, quienes hemos sido iluminados. Como decíamos antes, ¿qué hemos hecho los cristianos de la luz? ¿Verdaderamente estaremos iluminando nuestro mundo? ¿Nuestra vida estará reflejando en verdad la luz de Cristo? ¿Acaso nos ocultamos, tenemos miedo de ofrecer la luz, nos da vergüenza el que nos manifestemos como cristianos frente al mundo?
Muchas preguntas quizá que nos surgen allá en nuestro interior pero creo que sinceramente hemos de planteárnoslas. Es el necesario testimonio de vida que hemos de dar; quizá nuestras cobardías, en el encerrarnos en nosotros mismos, el no ser verdaderamente sinceros en nuestros sentimientos y actitudes cristianas haga dudar a muchos, haga que surjan esos prejuicios, tantos lleguen a desconocer esa verdadera luz para sus vidas que tiene que ser Cristo.
Iluminemos nuestro mundo con esa luz de Cristo. Que nuestras vidas sean verdadero reflejo de su luz. Piensa en concreto donde hoy es necesario que tú estés para iluminar con Cristo alguna situación concreta de lo que sucede en tu entorno, ya sea en tu familia, en tu lugar de trabajo o en el ambiente social en el que te muevas. Que cuando llegue la noche puedas dar gracias a Dios porque en alguna situación concreta has podido ser luz para alguien.

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