domingo, 3 de julio de 2016

Ser discípulo de Jesús no es solo seguirle sino ser también mensajeros de la Buena Nueva de Jesús con el anuncio de la paz y del Reino de Dios

Ser discípulo de Jesús no es solo seguirle sino ser también mensajeros de la Buena Nueva de Jesús con el anuncio de la paz y del Reino de Dios

Isaías 66, 10-14c; Sal 65;  Gálatas 6, 14-18; Lucas 10, 1-12. 17-20
Ser cristiano, ser discípulo de Jesús no solo significa seguirle, sino también necesariamente convertirse en anunciador, en mensajero de Jesús ante los que nos rodean. Como bien nos decía el catecismo que estudiamos desde pequeños ser cristiano es ser discípulo de Cristo y discípulo es el que sigue los pasos de su maestro.
Ser cristiano, ser discípulo de Jesús nos compromete, es cierto, a vivir su misma vida, pero la razón de ser de la vida de Jesús que era cumplir la voluntad del Padre era la misión del anuncio del Reino de Dios. Por eso, como decíamos, cuando nos hacemos discípulos de sus para seguir sus pasos, para vivir su vida, necesariamente nos hemos de convertir en anuncio del evangelio.
En el evangelio de este domingo escuchamos el envío que Jesús hace de aquellos setenta y dos discípulos que había escogido para que fueran delante de El, por donde habría de ir El, haciendo ese primer anuncio del Evangelio, esa Buena Noticia del Reino de Dios.
‘Poneos en camino’, les dice. El discípulo de Jesús ha de ponerse en camino. Bien nos lo está recordando una y otra vez el papa Francisco, de que nos pongamos en camino, que salgamos, que no nos quedemos encerrados, que no nos quedemos solamente donde estamos cómoda y plácidamente viviendo nuestra vida, con los nuestros, con los de siempre, con los ‘buenos de siempre’, sino que vayamos a las periferias, que vayamos a ese mundo que nos rodea aunque no siempre sea fácil, aunque nos parezca que no nos van a entender, porque quizá están hambrientos de Dios y más de lo que nosotros pensamos o pudiera parecer.
‘Poneos en camino’, les dice y ¿cuál es el anuncio que han de hacer? ¿Cuál es su misión? Es el anuncio del Reino, la Buena Noticia del Reino de Dios que llega y nos trae la paz. Ese es el primer anuncio, la paz. ¿Cómo no va a ser ese el primer anuncio si con Jesús nos viene el perdón para nuestras culpas y pecados? ¿Cómo no va a ser ese el primer anuncio, la paz, si con Jesús llega el amor? Jesús nos trae el anuncio del amor de Dios que nos hace sentirnos amados, pero el amor como sentido y razón de ser de nuestra vida, porque ya para nosotros siempre ha de estar presente el amor en nuestra vida y será el amor el que guíe, dé sentido y valor a nuestras relaciones con los demás.
‘Poneos en camino’ les dice pero su fuerza y su valor no será lo que lleven con ellos, no serán recursos humanos. La fuerza está en la Palabra que anuncian, la fuerza está en el Espíritu del Señor que está con ellos y hará que puedan realizar maravillas. Por eso les pide que vayan desprendidos de todo. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias… Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa…  Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: está cerca de vosotros el Reino de Dios…’
Es el desprendimiento y será el compartir; será el anuncio de la Paz con el Reino de Dios que llega, pero serán las señales de ese Reino haciendo desaparecer el mal. ‘Curad a los enfermos que haya’, les dice. Será la enfermedad pero como una señal de que con el Reino de Dios todo mal y todo sufrimiento será vencido. Es lo que queremos expresar cuando decimos que comienza el Reino de Dios; donde Dios es en verdad el Señor de nuestra vida el mal no tiene que existir; con Jesús nos llega el perdón, pero con Jesús nos llega una vida nueva de la que hemos de desterrar para siempre el mal, el pecado, la muerte. No nos quedemos en los enfermos por los enfermos en las palabras de Jesús de la misión que hemos de realizar, sino que en ellos hemos de ver un signo de todo ese mal del que Cristo nos quiere sanar, nos quiere salvar.
Un ponerse en camino y un anuncio del Reino que no siempre será tarea fácil. ‘Mirad que os mando como corderos en medio de lobos’. Y más adelante nos hablará de cómo en algunas casas no nos recibirán bien. Pero eso no nos ha de acobardar ni hacer que nos echemos para detrás. El anuncio ha de seguir haciéndose en medio de nuestro mundo. Muchos serán los que lo escucharán, los que estarán ansiosos quizá de escucharlos, pero nuestra cobardía y nuestro encerrarnos en nosotros y en los nuestros habrá impedido que llegue esa Buena Noticia a todos. Al final nos dirá que los discípulos volvieron contentos de la misión que habían realizado y así se lo contaban a Jesús. Sus nombres estarían inscritos para siempre en el cielo. Lo que nos ha de llenar a nosotros también de esperanza y de paz.
Una página del evangelio que nos ha de hacer pensar mucho en lo que hacemos, en el cumplimiento de esa misión que el Señor nos ha confiado. Lo que tenemos que ser anunciadores, mensajeros del Evangelio con nuestra vida. ¿Seremos en verdad signos con lo que hacemos del Reino de Dios que queremos vivir y anunciar? Que seamos verdaderos instrumentos de paz, constructores de la paz porque así alcanzaremos la bienaventuranza de ser verdaderos hijos de Dios.

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