lunes, 4 de julio de 2016

En silencio caminamos sabiendo que vamos siguiendo los pasos de Jesús poniendo nuestro corazón y nuestra vida en sus manos con toda confianza

En silencio caminamos sabiendo que vamos siguiendo los pasos de Jesús poniendo nuestro corazón y nuestra vida en sus manos con toda confianza

 Oseas 2,16.17b-18.21-22; Sal 144;  Mateo 9,18-26

‘¡Ánimo, hija! ¡Ten confianza…! Tu fe te ha curado’. Son las palabras de Jesús a aquella mujer que con sus hemorragias y sus flujos de sangre se había atrevido a meterse entre la gente y acercarse a Jesús hasta tocarle el manto con la confianza de que podía ser curada. Lo que aquella mujer padecía producía una impureza legal que incluso trasmitía a quien la tocase o a quien ella se atreviera a tocar. Normalmente ese le impediría estar en medio de la gente por ese peligro de hacer incurrir en impureza a quien con ella tropezase. Pero sin temor a ninguna de esas consecuencias se acerca a Jesús. Cuando se siente curada y Jesús se vuelve hacia ella, todavía podía quedar en ella un cierto temor  ante lo que Jesús le dijera. Pero ya vemos las palabras de ánimo y de confianza que le dice Jesús.
‘¡Ánimo! ¡Ten confianza…!’  También quizá necesitamos escuchar nosotros en tantos momentos. Ahí están nuestras dudas y temores; ahí están tantas cosas que muchas veces nos pueden conducir a la desconfianza; ahí está lo que podemos temer que nos puedan decir los demás ante nuestras posturas o nuestra manera de ser; ahí están esas sombras que aparecen en nuestra vida quizá desde nuestras debilidades, nuestros tropiezos y fallos; ahí está nuestra fe débil que nos hace sentir tormento en nuestro corazón porque no sabemos si vamos a encontrar esa misericordia que nos aliviase por dentro.
Pero Jesús nos dice: ‘¡Ánimo! ¡Ten confianza…!’ y nos llama hijos, y nos manifiesta que el amor de Dios nunca falla, y se muestra la misericordia que cura nuestras dudas, nuestros temores, nuestras debilidades, que llena de luz nuestra vida porque nos hace sentirnos amados y comprendidos y perdonados y llenos de una nueva vida.
Aquella mujer se había acercado en silencio hasta Jesús y en silencio sigue ahora dando gracias en su corazón. Desde el corazón había hablado pidiendo y poniendo su confianza en Dios y desde su corazón en silencio, porque en el evangelio no escuchamos ninguna de sus palabras, da gracias a Dios por la nueva vida que siente dentro de si.
En silencio camina Jairo tras Jesús tras haberle hecho la petición de vida para su hija que acaba de morir y en silencio contempla ahora todo lo que sucede en intermedio con aquella mujer; en silencio le veremos llegar de nuevo a la casa con Jesús en medio de los alborotos de los que lloran la muerte de su hija, pero ha ido aprendiendo a confiar en Jesús que camina a su lado. ‘Basta que tengas fe’, le dice Jesús, y él ha puesto toda su fe en Jesús. Aunque la gente no entiende las palabras de Jesús ‘La niña no está muerta, está dormida’ el sigue confiando en silencio en que Jesús pondrá su mano sobre ella y vivirá.
En silencio caminamos nosotros sabiendo que vamos siguiendo los pasos de Jesús. Algunas veces habrá cosas que no entendemos, la gente nos dirá que estamos equivocados, el mundo querrá atraernos con sus concupiscencias, el materialismo ronda nuestra vida queriéndonos arrastrar tras sus redes, nos aparecen momentos oscuros en que parece que la soledad cae sobre nosotros como una loza que nos oprime o nos hunde, pero queremos tener confianza, queremos poner toda nuestra fe en Jesús, queremos seguir sus mismos pasos que sabemos que nos llevan a la vida. Que no se nos debilite la fe.

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