sábado, 23 de julio de 2016

La paciencia de Dios que nos regala su gracia y espera nuestra respuesta de conversión y buenos frutos

La paciencia de Dios que nos regala su gracia y espera nuestra respuesta de conversión y buenos frutos

Mt. 13, 14-30
‘¿No sembraste buena semilla en tu campo?, ¿de dónde sale esa cizaña?’ Una pregunta que de alguna manera nos hacemos cuando nos vemos envueltos por la maldad de tantos, por los problemas que nos agobian, por el daño que nos hacen o vemos que hacen a tantos, por tanta injusticia y tanto mal. No quisiéramos un mundo así y cuando como creyentes leemos en la Biblia que en la creación se nos repite que todo cuanto fue Dios creando era bueno y al crear al hombre se dice que era muy bueno, surge con angustia y con rabia quizá esa pregunta en nuestro corazón.
La parábola que Jesús hoy nos propone nos habla del hombre que plantó buena semilla en su campo, pero mientras dormía vino un enemigo suyo y planto cizaña. Es cuando surge la pregunta de sus servidores. ‘¿No sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale esa cizaña?’ Quieren arrancarla, como nosotros que queremos arrancar también el mal de nuestro mundo. Y seguramente habremos oído o hemos pensado si Dios es tan poderoso como es que permite el mal, cómo no es que arranca de la vida a esas personas llenas de maldad para que no sigan haciendo daño a los demás.
El mal se convierte en una prueba para nosotros, una prueba para nuestra fe, pero una prueba de donde tenemos que aprender a salir victoriosos porque no nos hemos de dejar cautivar por ese mal; es la tentación que continuamente nos acecha y nos pone en peligro, pero es donde tenemos que ser fuertes para no dejarnos arrastrar por esa tentación.
Pero también nos está manifestando la espera de Dios; sí, Dios sigue esperando que nuestro corazón se convierta; Dios llama a los pecadores a la conversión, como nos llama a nosotros. Cuánta ha sido la paciencia de Dios con nuestra vida; nos ha regalado su gracia, pero hemos de reconocer que no siempre hemos correspondido a la gracia del Señor; hemos de reconocer que seguimos en nuestro pecado y no terminamos de arrancarnos de él, y Dios sigue dándonos su gracia, Dios sigue llamando a las puertas de nuestro corazón para que nos volvamos a El. Podríamos recordar aquella parábola en la que el padre espera pacientemente la vuelta del hijo que se ha marchado y cómo se llena de alegría a su vuelta y hace fiesta porque el hijo perdido ha sido encontrado.
El mal está ahí envolviéndonos en nuestro mundo, pero hemos de reconocer que ese mal también lo tenemos en nosotros; en pequeñas o en grandes cosas no siempre somos fieles, no siempre somos la buena semilla que da buen fruto, y no por eso Dios nos arranca de la vida, sino que espera nuestra vuelta a El. Es lo que nos está enseñando la parábola que siempre nos viene a manifestar lo que es la misericordia y el amor de Dios.
Con los demás quizá somos exigentes, pero luego no lo somos de la misma manera con nosotros mismos. Confiemos más en la gracia del Señor. Transformemos esa cizaña del mal que hemos dejado meter en nuestra vida y comencemos a dar buenos frutos.

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