lunes, 20 de junio de 2016

Si Dios nos acepta y nos ama tal como somos aprendamos a aceptarnos mutuamente siendo un estimulo para mejor nuestra vida y nuestras relaciones

Si Dios nos acepta y nos ama tal como somos aprendamos a aceptarnos mutuamente siendo un estimulo para mejor nuestra vida y nuestras relaciones

Reyes 17, 5-8. 13-15a. 18; Sal 59;  Mateo 7,1-5

Si Dios nos acepta y nos ama tal como somos, ¿por qué no somos capaces de aceptarnos los unos a los otros? Cuánto nos cuesta; cómo tenemos ojos enseguida para ver los posibles defectos o fallos que tenga el otro, sin ser capaces de mirar nuestras debilidades que muchas veces son peores. De esto nos quiere prevenir hoy Jesús.
Si nos ha ido anunciando un Reino de Dios al que todos hemos de pertenecer, en el que tenemos que sentirnos como hermanos y la suprema regla de nuestra vida es el amor, quien ama acepta al que ama tal como es. Es lo que nos pide Jesús. Ojalá todos fuéramos perfectos y santos, pero la realidad es la debilidad de nuestra vida en la que vamos tropezando en tantas cosas. Pero antes de juzgar y condenar a los demás tenemos que ser conscientes de nuestra propia debilidad, y que no siempre somos capaces de superarnos, que tanto nos cuesta mejorar, ¿por qué no aceptar al otro,  que también tendrá sus defectos, pero que también tendrá su lucha interior por mejorar aunque de eso nosotros no sepamos nada?
Por eso la compasión y la misericordia con valores y actitudes que tienen que predominar siempre en nuestra vida. Cuando tienen paciencia con nosotros, bien que lo agradecemos; cuando nos sentimos amados, sabiendo los defectos que hay en nuestra vida, los errores que cometemos, o la maldad que muchas veces se puede ocultar en nuestro corazón, sentimos una cierta paz, un gozo en nosotros y un estímulo para nuestras luchas y deseos de superación. Más que juzgar y condenar lo que tendríamos que saber hacer siempre es ser un estimulo para los demás, para sus luchas, para sus deseos de superación. Es lo que tendrían que hacer los hermanos que se aman de verdad; son las actitudes positivas que tendría que haber en nuestra vida.
No nos gustan los juicios que los otros puedan hacer de nosotros; nos sentimos humillados y aparece enseguida en nosotros el orgullo y el amor propio con muchas malas consecuencias para nuestra relación con los demás; ya sabemos como reacciones con despecho en nuestro orgullo y fácilmente se crea una tensión y una espiral de violencia al menos en nuestros sentimientos hacia los otros. Seamos humildes para reconocer nuestros fallos y debilidades, pero seamos valientes para saber aceptar a los demás y quitemos de nosotros todo atisbo de juicios y prejuicios.
Escuchemos con corazón abierto lo que nos pide Jesús. ‘No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros’. Y nos habla Jesús de la paja del ojo ajeno, pero de la viga que hay en nuestro ojo y no somos capaces de ver y reconocer. Qué distintas serían nuestras relaciones si escucháramos con corazón abierto estas palabras de Jesús. 

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