martes, 21 de junio de 2016

No nos pide Jesús nada extraordinario sino que seamos capaces de tratarnos con humanidad los unos a los otros con todas sus consecuencias

No nos pide Jesús nada extraordinario sino que seamos capaces de tratarnos con humanidad los unos a los otros con todas sus consecuencias

Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36; Sal 47; Mateo 7, 6. 12-14

‘Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas’. Estas palabras de Jesús se corresponden ya al final del sermón de la montaña que Mateo nos ha ofrecido en estos capítulos a partir de las bienaventuranzas como un compendio de lo que era vivir el Reino de Dios que Jesús nos viene anunciando. En una sentencia Jesús quiere que recordemos lo que es lo fundamental que hemos de vivir.
Alguien podría pensar que esta sentencia no nos ofrece nada especial, porque entraría dentro de una lógica humana ese trato que hemos de darle a los demás, semejante al menos al que nos gustaría a nosotros recibir. Nos puede parecer sencillo y nada extraordinario, pero es que Jesús no nos pide nada extraordinario, sino que seamos capaces de hacer extraordinariamente bien las cosas sencillas y normales de cada día.
Todo lo que Jesús nos ha ido pidiendo a lo largo del sermón de la montaña que hemos venido escuchando lo que pretende es que seamos realmente humanos los unos con los otros. Sí, el amor verdadero nos hace humanos, nos hace que nos tratemos con humanidad. Cuando nos tratamos con humanidad hacemos desaparecer todo aquello que nos divide, nos separa, nos enfrenta o nos aísla. Es todo el mensaje de amor que hemos de vivir.
No es camino fácil; nos es camino de dejarse llevar, arrastrar por los impulsos que en cada momento vayamos teniendo, sino que significará, es cierto, un camino de superación, un camino en el que tenemos que ser capaces de dominarnos y controlarnos a nosotros mismos, un camino que hemos de realizar con esfuerzo. Digo camino de superación, dominio y esfuerzo, porque ya bien sabemos cuales son nuestras reacciones, cuales son esos atisbos de orgullo, de amor propio o de egoísmo que muchas veces pueden ir apareciendo en nuestra vida. No siempre es fácil.
¿No quieres tú que te traten con humanidad? Y humanidad significa respeto, consideración, valoración, comprensión, aceptación mutua. Y con humanidad nos amamos y nos perdonamos, con humanidad nos damos cuenta que todos somos hermanos, con humanidad somos capaces de no tener en cuenta lo que nos hayan podido hacer para reemprender una y otra vez el camino. Seamos capaces de hacerlo también con los demás, aunque muchas veces nos cueste, aunque muchas veces tengamos la tentación de ver primero la pajita del ojo ajeno como nos decía ayer Jesús.
Es a lo que Jesús se refiere en sus palabras hoy. ‘Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos’.


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