viernes, 29 de enero de 2016

La semilla que germina hasta dar fruto nos llena de esperanza en nuestra lucha por el bien y en el compromiso de construir el Reino de Dios

La semilla que germina hasta dar fruto nos llena de esperanza en nuestra lucha por el bien y en el compromiso de construir el Reino de Dios

2Samuel 11,1-4a. 5-10a.13-17; Sal 50; Marcos 4,26-34

Es hermosa la imagen de la semilla que es plantada y que a su tiempo germina, crece una planta y llega a dar frutos. Es el misterio de la vida. Es la imagen que yo diría nos da esperanza en la vida. Es la imagen que Jesús nos propone hoy en el Evangelio para hablarnos de Jesús. No es la única parábola que Jesús nos propone con la imagen de la semilla. Nos hablará en otras ocasiones con distintas referencias ya sea porque nos habla de la tierra en que es sembrada esa semilla, o porque con la buena semilla se entremezclan también las malas semillas que nos llenarán de la cizaña del mal.
Hoy simplemente nos hace fijarnos en la semilla en si misma capaz de germinar en la vida y llenarnos de frutos buenos. Nos dice así es el Reino de Dios que nos llena de vida, que tiene en si mismo la fuerza de la gracia de Dios. Es la semilla que El vino a plantar entre nosotros que tiene que llegar a transformar nuestro mundo. Es la semilla, sí, que ha puesto en nuestras manos para que nosotros continuemos la siembra, conscientes y seguros de la fuerza del Reino, de la vida que nos trae la Palabra de Dios con la seguridad de que un día ha de dar fruto.
Como ya expresaba desde el principio es una imagen que nos llena de esperanza. Un día esa semilla germinará y tiene fuerza en si misma para transformar nuestro mundo. Muchas veces cuando queremos hacer el bien, cuando educamos o queremos trasmitir cosas buenas a los que nos rodean, cuando luchamos por ser mejores nosotros mismos pero también por hacer que nuestro mundo sea mejor, podemos sentirnos defraudados porque no vemos el resultado de nuestro trabajo tan pronto como nosotros querríamos.
Pero tengamos esperanza, confiemos en la fuerza de esa semilla del Reino de Dios que nosotros queremos plantar. Seamos capaces de tener una mirada positiva para ir viendo también cómo van surgiendo muchas señales de ese Reino de Dios en tantas personas buenas, en tanta gente que lucha por la verdad y la justicia, en tantos que trabajan comprometidos por hacer que nuestro mundo sea más humano y mejor, en quienes se esfuerzan por vayan apareciendo destellos de paz.
Muchas veces, por ejemplo, los padres se preguntan qué habré hecho mal, quise educar bien a mi hijo, trasmitirle unos buenos valores, pero mira por donde andan. Yo pienso, no nos sintamos derrotados; pensemos que esa buena semilla que un día quisimos plantar en ellos algún día germinará. Sigamos cuidando que haya buena tierra y abonémosla al menos con nuestros buenos deseos, pero además desde nuestro sentido de creyentes con nuestra oración. La esperanza no nos puede faltar nunca en nuestra vida.
Es el Reino de Dios que se hace presente entre nosotros, que quiere surgir con fuerza en nuestro corazón y que también podemos y tenemos que ver en las cosas buenas de los demás. Vivamos con esperanza.

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