martes, 7 de marzo de 2017

Transformados tendríamos que sentirnos después de rezar con sentido el padrenuestro, la oración que Jesús nos enseño

Transformados tendríamos que sentirnos después de rezar con sentido el padrenuestro, la oración que Jesús nos enseño

Isaías 55,10-11; Sal 33; Mateo 6,7-15
En una ocasión se acerco a un prudente y santo sacerdote una pareja que tenia graves problemas en su matrimonio; habían surgido conflictos entre ellos a lo que se había sucedido algo que a uno y otro le costaba perdonar en su pareja; ya sabemos bien que si no hay una buena predisposición para comprendernos nuestros errores y fallos y se capaces de querer perdonarnos será bien difícil la convivencia; querían ellos resolver sus problemas, reencontrarse, pero no sabían como dar ese paso que les llevase a esa comprensión y a ese perdón.
Este sacerdote prudente sacerdote solo les pidió una cosa, que en aquel momento parasen en sus discusiones y enfrentamientos y rezaran juntos en alta voz el padrenuestro; les pidió que lo hicieran despacio, dándole hondo sentido a cada una de las palabras, frases y peticiones de la oración; después de un momento de duda porque no comprendían bien lo que les pedía el sacerdote comenzaron a rezarlo con mucho detenimiento. Cuando llegaron a aquellas palabras de ‘perdonanos nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden’ se detuvieron en principio incapaces de decirlas con todo sentido, tras unos momentos de silencio tímidamente continuaron balbuciendo aquellas palabras, mientras asomaban a sus ojos las lagrimas y el amen final fue darse un abrazo de reconciliación y de mutuo perdón.
¿Somos en verdad conscientes de lo que decimos, de lo que pedimos, de aquello a lo que nos comprometemos cuando rezamos el padrenuestro? Creo que tendríamos que quedarnos quizás ahora en esta pregunta que nos hagamos. Muchos padrenuestros rezamos en la vida, cada día en nuestras oraciones personales, cada vez que participamos en una celebración litúrgica, cuando nos acercamos al templo y visitamos el sagrario, pero quizás demasiado deprisa decimos sus palabras. ¿Por qué no salimos transformados después de rezar el padrenuestro?
En el evangelio de este martes de la primera semana de cuaresma Jesús nos enseña a orar y nos propone la formula del padrenuestro. Pero ya nos dice Jesús que cuando vamos a orar no necesitamos de muchas palabras, porque, como nos dice, ya nuestro Padre celestial bien sabe lo que necesitamos. Y nos enseña, si, a pedir y que pensemos lo que en verdad es importante que le pidamos. No son solo nuestras necesidades materiales que también pedimos por ello  cuando decimos que no nos falte el pan de cada día.
Pero nuestra oración es algo más, tiene que ser algo más. Saboreemos esas primeras palabras con las que nos dirigimos a Dios que es nuestro Padre que nos ama; busquemos en verdad su gloria, santo es el nombre del Señor y con toda la creación bendecimos a Dios; descubramos su voluntad, queramos vivir y gozarnos viviendo en su Reino, apartemos de nosotros todo mal, sabiendo que en verdad no nos faltara nunca la gracia del Señor para poder lograrlo y vencer la tentación.
Pero para saborear todo esto no podemos ir ni con prisas ni con carreras. No es necesario repetirlo muchas veces, sino que cada palabra que vamos diciendo la vayamos sintiendo en lo mas hondo de nosotros mismos. Que surja ese gozo del Espíritu allá desde dentro de nosotros como María que quería siempre proclamar la gloria del Señor. ‘Se goza mi espíritu en Dios mi Salvador’, que decía María. Que sintamos nosotros ese gozo porque también nos sintamos llenos de Dios, porque seamos capaces de descubrir como Dios esta obrando maravillas también en nosotros. Disfrutemos del padrenuestro, disfrutemos de nuestra oración, verdadero encuentro con el Señor.

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