jueves, 9 de junio de 2016

Qué grandes nos hace el amor cuando amamos con un amor verdadero al hermano, a todo ser humano porque es un hermano

Qué grandes nos hace el amor cuando amamos con un amor verdadero al hermano, a todo ser humano porque es un hermano

1Reyes 18, 41-46; Sal 64; Mateo 5, 20-26

‘Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entrareis en el Reino de los cielos’, les dice Jesús a los que quieren ser sus discípulos. ‘Si no sois mejores…’ Hace referencia Jesús en concreto a los escribas y fariseos porque estos se querían presentar como el paradigma, el no va más de los hombres perfectos, pero ya sabemos lo que había en su interior; es por eso por lo que hace Jesús esta referencia. No vamos a poner comparaciones, sino simplemente quedarnos con la invitación ‘si no sois mejores…’
Cuesta superarnos y crecer; nos pensamos quizá que ya lo tenemos todo conseguido y es imposible ser mejor; por eso mismo no avanzamos en la vida, porque no nos ponemos metas altas que tenemos que superar una y otra vez. ¿Qué más puedo hacer?, quizá nos preguntamos porque ya nos creemos buenos. Aunque seamos buenos siempre hay una meta más alta, siempre es posible una superación, siempre podemos crecer en valores, apreciar algo nuevo para nuestra vida que podemos conseguir.
El tener esos deseos de superación y crecimiento es la mejor forma de luchar contra nuestras rutinas; nos acostumbramos y ya simplemente nos vamos dejando arrastrar, pero el peligro está en que si no queremos subir, la pendiente nos llevará a lo contrario, a que nos arrastremos hacia abajo y perdamos los pasos que hayamos dado. Y eso en todos los aspectos de la vida, en nuestra vida espiritual, pero humanamente también en nuestra vida profesional y hasta en nuestra vida de familia; si no hacemos nuevo el amor cada día, el amor perderá su brillo, porque iremos olvidando los detalles, los pequeños gestos que engrandecen y hacen sublime cada día más la entrega de nuestro amor.
Hoy nos habla Jesús de algo muy concreto como es el quinto mandamiento de la ley de Dios, ‘no matarás’. Jesús quiere que le demos toda la amplitud y profundidad que tiene este mandamiento. Y es que nosotros también decimos en ocasiones, yo no tengo pecado porque yo no mato ni robo. ¿Es suficiente con decir esto? Creo que todo entendemos que matar es algo más que quitar la vida de forma violenta a alguien. Todo lo que atente contra la dignidad de la persona está incluido en este mandamiento.
Jesús nos habla de una forma concreta haciendo referencia al insulto, pero cuantas expresiones y gestos tenemos tantas veces que hieren la dignidad del otro. Es el que digamos palabras injuriosas contra el otro queriendo menoscabar su dignidad, pero nuestros gestos de indiferencia y de desprecio, las actitudes con las que queremos ignorar a los demás, los resentimientos que guardamos en nuestro interior, la malquerencia que sigue hirviendo en nuestro corazón y así tantas cosas con las que nos distanciamos, queremos rebajar al otro y tantas cosas que están expresando nuestra falta de amor.
Luego nos habla de la reconciliación, del reencuentro, de la renovación de nuestra relación, de la humildad para reconocer nuestros fallos con los que hayamos podido herir a los demás. ‘Vete primero a reconciliarte con tu hermano…’ nos dice Jesús para que tu amor sea verdadero, para que la ofrenda que presentes ante Dios sea verdaderamente digna. Nos ha enseñado Jesús a perdonar pero también a pedir perdón porque reconozcamos nuestros errores, nuestros fallos, nuestra debilidad con la que hayamos podido dañar la dignidad del hermano.
Qué grandes nos hace el amor cuando amamos con un amor verdadero al hermano, a todo hermano. Cada día podemos ser mejores en nuestro amor.

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