sábado, 4 de marzo de 2017

Dejemos que la luz de Jesús ilumine nuestras oscuridades nos ayude a descubrir las miserias acumuladas en nuestros rincones y alcancemos la purificación de la salvación

Dejemos que la luz de Jesús ilumine nuestras oscuridades nos ayude a descubrir las miserias acumuladas en nuestros rincones y alcancemos la purificación de la salvación

Isaías 58,9b-14; Sal 85; Lucas 5,27-32
¡Que difícil les es a los que están encerrados en las tinieblas de la oscuridad saber y saborear lo que es la luz! Quien se encerró en la noche en una habitación a oscuras con todas las puertas, ventanas y cortinas bien cerradas aunque fuera resplandezcan con ardor los rayos del sol en la mañana no sabrá lo que es la luz del sol de un nuevo día. Le diríamos, corre las cortinas, abre las ventanas, deja que entre la luz y podrás saborear el calor del sol.
Hay quienes se encierran en su oscuridad y no quieren saber lo que es la luz verdadera. Se obcecan intransigentes en sus posturas ateas o de pecado y no quieren dejar que entre la luz de Cristo a sus vidas. Quizás puedan darse cuenta de cuantas están felices a su alrededor porque se han encontrado con esa Luz que da sentido a sus vidas y envidiosos quizás sin querer reconocerlo critican, minusvaloran, quieren apagar esos rayos de luz en los otros queriéndoles quizás arrancarles su fe y la alegría de sus vidas. No pueden saborear lo que es el gozo de la fe porque se han encerrado tanto en si mismos que parece que son incapaces de caminar en búsqueda de la luz.
Sin embargo Cristo siempre viene a nuestro encuentro, nos ofrece su luz, quiere que caminemos con El, llena de alegría nuestras vidas, nos pone en nuevos caminos para que a pesar de las dificultades no cejemos en nuestro empeño de llevar la luz a los demás, también a los que no la quieren aceptar.
Allí junto a su paso hay un hombre detrás de su mostrador de cobrador de impuestos con toda la carga de su mala fama y quizás hasta de su pecado. Pero Jesús quiere contar con El, le invita a seguirle, a formar parte de su grupo más cercano de los discípulos. Y Leví fue capaz de abrir la ventana de su vida para que entrara la luz, descorrió las cortinas para que toda tiniebla fuera disipada, su vida se lleno de una nueva alegría.
Leví se levanto al punto e incluso ofreció un banquete a Jesús y sus discípulos – aquellos de cuyo grupo el ya iba a comenzar a formar parte – pero también con el estaban los que hasta entonces habían sido sus amigos y compañeros. En medio esta  Jesús con su luz para todos, también para los enfermos y los que hasta entonces andaban en oscuridades.
Pero enfrente hay otros que no quieren saber nada de la luz, guerrean contra ella. ¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?’ Siempre poniendo dificultades a la luz, queriendo taparla con las cortinas de sus ritualidades farisaicas. Pero Jesús es el medico que viene a sanarnos. Para todos ofrece su salud, su salvación y aquellos que la quieran aceptar la encontraran. Los enfermos que acudan al medico podrán encontrar la salud. Y Cristo nos esta siempre esperando.
Es la invitación que nos esta haciendo en este camino de cuaresma que estamos haciendo. ¿Queremos permanecer en la oscuridad de las tinieblas o abriremos las puertas y ventanas de nuestra vida para que entre la luz? Con la luz quizás nos demos cuenta de muchas miserias que hay acumuladas en rincones de nuestra vida. Dejémonos iluminar para que podamos limpiar, para que podamos llenar nuestra vida de los más hermosos tesoros del amor.

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