lunes, 27 de febrero de 2017

Es necesario salirnos del círculo en que nos encerramos con nuestras “cosas” para ir de verdad al encuentro con los demás

Es necesario salirnos del círculo en que nos encerramos con nuestras “cosas” para ir de verdad al encuentro con los demás

Eclesiástico, 17, 20-28; Sal. 31; Mc. 10, 17-27
Yo soy bueno, decimos tantas veces; y hasta nos lo creemos. Bueno, ¿Qué mal hacemos?, nos preguntamos; yo no hago daño a nadie, no me gusta hablar mal de los demás, no molesto a nadie y a nadie quiero deber nada; bueno, si hacen algo malo, allá ellos, y pretendemos desentendernos. Somos buenos, cumplimos, no hago grandes cosas en la vida, pero no me meto con nadie.
¿Será eso suficiente? ¿Nos podemos quedar tranquilos así porque pensamos que ya hemos hecho todo lo que teníamos que hacer? Seguramente en el fondo nos damos cuenta de que quizás si tendríamos que hacer mas aunque no sepamos como ni que. Pudiera sucedernos incluso que nos sintamos vacíos, nos demos cuenta que somos meros cumplidores. Nos preguntamos y no sabemos responder, o no nos atrevemos a respondernos. Sabemos que tendríamos que dar un paso hacia delante pero no sabemos como ni atisbamos bien que dirección tomar.
El evangelio de hoy puede ayudarnos. Bueno, si con sinceridad y con un corazón abierto nos acercamos al evangelio siempre vamos a encontrar esa ayuda, esa luz que necesitamos y muchos caminos se pueden ir abriendo delante de nosotros. Lo difícil quizás será decidirnos a tomar ese camino.
Un hombre bueno se acerca a Jesús, un joven. Es bueno, cumple los mandamientos porque así se lo enseñaron desde niño. Quiere algo más. ‘Maestro, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?’ Y Jesús le habla de los mandamientos, que el ha cumplido desde siempre. Y es cuando Jesús propone algo más. ‘Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres – así tendrás un tesoro en el cielo – y luego sígueme’.
Se abría un hermoso camino delante de sus ojos. Seguir a Jesús, ser su discípulo. Quizás hoy podríamos recordarlo como uno de aquellos del grupo de los Doce. Pero con tristeza quizás es como lo recordamos. Como fue la mirada de Jesús cuando el joven se dio la vuelta y se marcho pesaroso porque era muy rico. Aquel desprendimiento le caía grande para su posibilidad de generosidad sin limites; muchos apegos habría en su corazón. De gente así no es el Reino de Dios.
Una cosa nos falta nos esta diciendo Jesús también a nosotros que nos decimos que somos buenos. Cada uno ha de rebuscar allá en lo hondo de su corazón en que se traducen estas palabras de Jesús. Aquel joven era rico, nosotros no seremos ricos por la cantidad de riquezas que podamos poseer, pero seguramente hemos llenado nuestro corazón, nuestra vida de cosas. Esas cosas que consideramos imprescindibles y sin las cuales nos parece que no seriamos nadie pero que a la larga tampoco nos hacen tan felices.
Nos parece imposible desprendernos, vaciarnos de nosotros mismos, de nuestros orgullos o de nuestras apetencias; nos parece que ya no seriamos nada sin esos aparatitos que van llenando nuestra vida, y que son buenos no lo vamos a negar, pero que el uso que hacemos de ellos nos convierte en sus esclavos. ¿Qué somos hoy sin el teléfono de ultima generación, la tablet, o no se cuantas otras cosas de ese tipo? ¿Qué somos si no tenemos Internet y no estamos apuntados a no se cuantas redes sociales? ¿Qué somos si no vestimos la ropa de la última moda que salga? ¿Qué somos si no tenemos no se cuantas comodidades en casa?
quizás luego no sabemos detenernos a hablar con el vecino que vive al lado de nuestra casa, pasamos por la calle entretenidos en nuestras conversaciones con gente que esta al otro lado del mundo pero no vemos al amigo con el que nos cruzamos, no saludamos a la persona que conocemos y que esta quizás sentada sola en el banco de la plaza esperando poder hablar con alguien, no entablamos conversación con el familiar con el que estamos sentados a la misma mesa comiendo porque estamos entretenidos en nuestro WhatsApp.
¿No nos estará diciendo Jesús hoy que vendamos lo que tenemos, que apaguemos ese aparatito y vayamos a compartir con ese pobre que puede ser nuestra propia familia o nuestros amigos de siempre que tenemos al lado y no vemos, o con ese necesitado que nos tiende la mano y ni siquiera nos damos cuenta que esta a nuestro lado?

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