viernes, 6 de enero de 2017

La estrella que guió a los Magos hasta Belén nos ayuda también a nosotros a tener un nuevo y verdadero encuentro con Jesús en los hermanos que sufren a nuestro lado

La estrella que guió a los Magos hasta Belén nos ayuda también a nosotros a tener un nuevo y verdadero encuentro con Jesús en los hermanos que sufren a nuestro lado

Isaías 60, 1-6; Sal 71;  Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12
Hoy es un día que suena a mucha ilusión y nuestros hogares se llenan de alegría en el compartir de regalos, como decimos en nuestras costumbres y en nuestra cultura, que nos traen los reyes. Pareciera que es solo la ilusión de los niños que esperan los regalos y tras de eso quizá nos parapetamos nosotros que no queremos reconocer que también nos llenamos de esas ilusiones que nos pueden parecer infantiles, pero que realmente también llevamos en el corazón.
Sin perder esa ilusión tan bonita que también necesitamos en la vida creo que no podemos empañar el sentido profundo y precioso que tiene esta fiesta de la Epifanía del Señor, tan importante que para la Iglesia oriental este día es algo así como la verdadera navidad.
Algunos podrán objetar que son ilusiones infantiles las que marcan el sentido de esta fiesta, otros quizá puedan poner en duda la historicidad de los hechos que nos narra el evangelio de Mateo, algunos querrán darnos complicadas explicaciones de que si son reyes o  no son o de lo que pueda significar esa palabra ‘magos de oriente’ de la que nos habla el evangelio.
Pero creo que no es necesario quedarnos en explicaciones para esas dudas ni en la confusión que hayamos podido tener en la interpretación del evangelio que nos habla de magos – algo así como astrólogos o quienes estudian el curso de las estrellas en el firmamento – pero que como en los salmos o los profetas se nos habla de los reyes que vienen a traer ofrendas al templo del Señor de ahí la mezcla de palabras que hemos hecho llamándolos los Reyes Magos.
Creo que hay una hermosa enseñanza que puede ser algo así como un itinerario que hagamos en el camino de nuestra fe y de nuestro encuentro con el Señor. Eso es lo importante. Una luz, una estrella que aparece en lo alto y que puede tener un hermoso significado en nuestra vida si sabemos interpretarla como lo hicieron aquellos magos.
Todos buscamos esa luz para nuestra existencia, miramos a lo alto que es decir algo así como que estamos buscando algo que nos supera, porque solo a ras de tierra quizá no sabemos encontrar. Hay preguntas, hay interrogantes, hay búsquedas en nuestra vida, porque algunas cosas nos parecen misteriosas y no sabemos encontrarle una significación. Pero habrá luces que como signos se levanten delante de nosotros y nos estarán invitando a ir más allá, a ponernos en camino, como hicieron aquellos magos.
No es fácil siempre seguir esos nuevos caminos que se abren ante nosotros en la vida; la luz, o los signos algunas veces puede parecernos que desaparecen y nos encontramos desorientados. Vamos quizá por un camino que creíamos que era allí donde encontraríamos respuestas, pero las cosas se nos pueden volver en contra de nosotros. Ahí está o debe estar nuestra perseverancia, nuestra constancia, el saber buscar también quien nos ayude a encontrarle el verdadero significado o sentido.
Los magos salieron de su propia tierra y se pusieron en camino, llegaron hasta Jerusalén porque allí estaba el rey y pensaban que en ese palacio podrían encontrar al recién nacido que iba a ser el verdadero rey. Ya sabemos la desconfianza que se origino en Jerusalén y en Herodes. Acudirán a los entendidos en la interpretación de las Escrituras y solo sabrán decir que será en Belén donde van a encontrarlo. Con recomendaciones no demasiado sinceras volvieron a ponerse en camino hasta que de nuevo la luz apareció hasta llegar a aquel humilde hogar donde encontrarían al niño con su madre. Allí será la ofrenda.
Como decíamos en nuestra búsqueda y en las desorientaciones en que nos vamos encontrando en el camino de la vida hay, sí, un lugar donde tendríamos que saber acudir y que son las Escrituras santas que a nosotros nos trasmiten la Palabra del Señor. Es el Vademécum que tendríamos que saber llevar con nosotros siempre porque será la Palabra del Señor la que nos va a hacer encontrar la verdadera luz que nos ilumina y nos trae la Salvación.
Nos queremos poner en camino como los Magos de Oriente porque queremos encontrarnos con el Señor. Pero vayamos atentos por ese camino porque tenemos que saber buscar y encontrar al Señor a pesar de las dificultades y contratiempos; vayamos atentos porque vamos a encontrar un nuevo rostro del Señor en esos hombres y mujeres con los que nos vayamos encontrando y fijémonos que si no nos encontramos con los demás en ese camino no nos vamos a encontrar de verdad con el Señor; estemos atentos porque esos que caminan a nuestro lado pueden ser, van a ser estrellas, luces que nos señalen el camino.
Sepamos leer las señales, descubrir los signos, descubrir al Señor en los que caminan con nosotros en este camino de la vida en medio de muchas dificultades y carencias. Es la manera nueva que nos enseña el Señor para que le encontremos a El, en el hermano que sufre, en el llanto de un niño, en el dolor de una madre que no tiene para dar de comer a su familia, en los que no tienen un techo donde cobijarse y los encontraremos quizá tirados en la acera o refugiados en la casa abandonada e inhabitable, en el refugiado que viene huyendo de las miserias de su país, o en aquel que nadie quiere y todos desprecian, en esos publicanos y pecadores quizá de nuestros tiempos por todos arrinconados, o en ese que toca a nuestra puerta pidiéndonos una limosna por amor de Dios.
Es el camino que siguieron aquellos magos para llegar hasta Jesús y hacerle sus ofrendas; es el camino que hemos de hacer haciéndole la ofrenda de nuestro amor en la atención que prestemos a los necesitados que encontramos en el camino de la vida.
La luz de lo alto nos señala el camino, ahora nosotros tenemos que ponernos de verdad en camino para llegar hasta Belén, para llegar hasta Jesús. 

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