sábado, 3 de diciembre de 2016

Somos nosotros también apóstoles enviados a sanar a nuestro mundo con el anuncio del Evangelio del Reino creando lazos de amistad y encuentro entre todos

Somos nosotros también apóstoles enviados a sanar a nuestro mundo con el anuncio del Evangelio del Reino creando lazos de amistad y encuentro entre todos

 Isaías 30,19-21.23-26; Sal 146; Mateo 9,35–10,1.6-8

‘Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias… Y llamando a sus doce discípulos los envió con estas instrucciones: Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis…’
Lo mismo que realiza Jesús lo confía a sus discípulos. Ha llamado a doce y los ha constituido apóstoles, sus enviados. Han de realizar su misma misión. El anuncio de la Buena Nueva del Reino, como lo hacia Jesús. Y les da poder para realizar las mismas señales, los mismos signos que realiza El, curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar demonios.
Son los signos de que llega el Reinado de Dios. Si Dios es nuestro único Señor no podemos permitir que el mal se enseñoree de nuestra vida. No podemos servir a dos señores, nos dirá Jesús en otra ocasión. Como un signo de que eso es posible Jesús quiere ir quitando todo lo que pueda hacer sufrir o esclavizar al hombre. Algo que físicamente nos hace sufrir son las enfermedades y todas las limitaciones físicas que podamos padecer; nada nos puede aislar ni de Dios ni de los demás. Nada de muerte puede imperar en nuestra vida.
El anuncio de la Buena Nueva del Reino es un anuncio de vida; nos viene a traer el perdón y la paz, viene a poner amor en nuestro corazón, viene a destruir las barreras que nos puedan impedir acercarnos los unos a los otros; son los signos que Jesús va realizando cuando va curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Por ejemplo, el curar de la lepra incluía que el que la había padecido pudiera volver de nuevo a reintegrarse a su familia y a su comunidad. La lepra era una barrera que aislaba, que separaba de los demás, porque el contagiado con esa enfermedad no podía vivir ni con su familia ni en el seno de la comunidad, había de marchar a sitios aislados. El sufrimiento no eso solo lo físico del dolor de la enfermedad, sino ese sufrimiento de verse aislado de todos.
Jesús viene a romper esas barreras. Muchas veces nosotros en la vida nos aislamos o aislamos a gente de nuestro entorno. Nos aislamos porque no nos comunicamos, porque nos encerramos en nosotros mismos, porque nuestro egoísmo y nuestro orgullo nos separan de los demás, porque quizá nos hacemos intratables para los otros por nuestra manera de ser. O aislamos a los demás porque cuantas barreras creamos cuando nos ponemos a hacer distinciones por su manera de pensar, por su manera de ser, por su condición social o por el lugar de donde procede o donde vive; aislamos a los demás cuando juzgamos a los demás y condenamos desde las apariencias, cuando marcamos a la gente con las que no nos queremos tratar, y así cuantas cosas.
Con Jesús, queriendo vivir en el Reino de Dios, eso no nos lo podemos permitir, esa no puede ser nuestra manera de actuar. Jesús quiere curar nuestro corazón para que lo llenemos de humildad y de amor, para que podamos ir al encuentro con los demás y abramos también nuestra vida para que los otros puedan llegar hasta nosotros. Y eso nos dará la paz más hermosa que podamos sentir, cuando nos damos y amamos y al mismo tiempo sabemos sentirnos amados de los demás.
Es la tarea que hemos de realizar en nosotros cuando escuchamos el Evangelio de Jesús pero es la tarea que nosotros hemos de realizar anunciando ese Reino de Dios a los demás no solo con nuestras palabras sino con los signos de nuestra vida, nuestros gestos, nuestras actitudes, nuestras acciones concretas. Hemos de ir dejándonos curar por el Señor y curando a los demás cuando vamos poniendo paz y entendimiento entre todos. Es el evangelio que Jesús nos confía que hemos de anunciar. Lo que hemos recibido gratis, hemos de anunciarlo gratis también. Todo es gracia.

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