martes, 29 de noviembre de 2016

Un corazón humilde y sencillo sabe sintonizar con los demás y entrará también en la sintonía de Dios

Un corazón humilde y sencillo sabe sintonizar con los demás y entrará también en la sintonía de Dios

 Isaías 11, 1-10; Sal 71; Lucas 10, 21-24

La gente que camina por la vida con humildad y sencillez nos gana el corazón. Con ellos nos sentimos a gusto y esa humildad y sencillez facilitan la amistad y la relación.
Los que van orgullosos por la vida, poniendo distancias de los demás desde los pedestales que se han creado o se imaginan no encontrarán una verdadera amistad desde la falsedad de vida que se han creado. Se hace difícil la comunicación y la relación. Desgraciadamente son muchos los que caminan así por la vida y es una fácil tentación que todos sentimos de subirnos en los pedestales de nuestro orgullo.
Pero actitudes así nos cierran el corazón, nos impiden levantar la mirada para descubrir las cosas que son verdaderamente grandes y son una tremenda interferencia para conectar con la sintonía de Dios. Quienes no somos en nuestro orgullo capaces de sintonizar con el que está a nuestro lado nos vemos también imposibilitado de sintonizar con Dios.
Creo que tendríamos que aprender muy bien este sentido y este estilo de vivir que nos enseña Jesús en el evangelio. Que nuestro corazón sencillo y lleno de humildad esté siempre abierto a sintonizar con el hermano desterrando de nosotros toda malicia para que no haya doblez en nuestro corazón. No es cuestión solo de aparentar sencillez sino de que nuestro corazón sea humilde y sencillo. Tendría que ser la autenticidad de nuestra vida lo que tendría que resplandecer.
Hoy escuchamos en el evangelio el gozo de Jesús cuando ve la sintonía de los humildes y sencillos con Dios al que pueden escuchar y conocer mejor. ‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla’.
En la sinagoga de Nazaret lo había anunciado con palabras del profeta. La Buena Noticia es para los pobres. ‘Los pobres son evangelizados’ cuando a los oprimidos y carentes de libertad se les trae la salvación. Quienes se sienten satisfechos y llenos de si mismos no recibirán la Buena Noticia, no podrán escucharla porque ya no creerán necesitarla cuando creen que ya lo tienen todo. Por eso como cantaría María ‘a los hambrientos llenó de bienes, mientras a los ricos los despidió vacíos y sin nada’.
Dos cosas a la manera de conclusión quiero pensar escuchando estas palabras de Jesús. Primero me pregunto si escucho yo esa buena noticia porque me siento de verdad pobre delante del Señor. ‘Dichosos los pobres porque de ellos es el Reino de los cielos’ proclamará Jesús en las bienaventuranzas del Sermón del Monte.
Y la segunda cosa que me hace pensar es si en verdad estamos anunciando esa Buena Noticia a los pobres hoy. Es el primordial mensaje que tiene que realizar la Iglesia en el nombre de Jesús. ¿Los pobres de hoy, en pleno siglo XXI, verán en la Iglesia ese rayo de luz y de esperanza porque en verdad les estamos anunciando la Buena Noticia de Jesús, no solo con palabras sino con los hechos de nuestra vida y lo que es la vida de la Iglesia? Sería triste que por el testimonio negativo de nuestra vida no fuéramos esa Buena Noticia para los pobres y a ellos no llegara la sintonía de Dios por nuestra culpa.

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