miércoles, 30 de noviembre de 2016

Escuchemos la invitación a irnos con Jesús para aprender a ser pescadores de hombres llevando a todos la Buena Noticia del Reino de Dios

Escuchemos la invitación a irnos con Jesús para aprender a ser pescadores de hombres llevando a todos la Buena Noticia del Reino de Dios

Romanos 10, 9-18; Sal 18; Mateo 4, 18-22

‘Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores’.
Pasa Jesús y observa. Allí están unos pescadores. ¿Conocían a Jesús? ¿Habían escuchado a Jesús? Si rebuscamos en los evangelios san Juan nos dirá que en día él y Andrés que escuchaban a Juan allá en el desierto se habían ido tras Jesús y habían pasado la tarde con El. Buscaban conocer a Jesús y le preguntan por donde vivía. Estuvieron con Jesús y Andrés al día siguiente corre a llevarle la noticia a su hermano Simón. Pero su tarea de pescadores había continuado porque era el sustento de su vida.
Ahora pasa Jesús y observa. Aquellos jóvenes pescadores también habrían estado cuando Jesús hablaba y enseñaba a las gentes. Jesús mira más adentro de lo que podamos ver los hombres con nuestros ojos de la carne. Jesús conocerá la inquietud de sus corazones, su ardor, su entusiasmo por las cosas buenas, la esperanza que anidaba en su vida y no se perdía sino que ahora escuchándole quizá se enardecía más. Son pescadores, cumplidores de su oficio, pero Jesús quiere algo más para ellos, tiene algo que ofrecerles.
‘Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres’ y lo mismo dirá más adelante a otros dos hermanos que hacen lo mismo y están junto a su barca con su padre Zebedeo y los jornaleros contratados para ayudarles. Eran pescadores en aquel lago de Galilea pero Jesús quiere abrirles el corazón a otros mares, a otras formas de pescar. ‘Os haré pescadores de hombres’.
La buena noticia que Jesús anunciaba y que enardecía los corazones de aquellas gentes sencillas había que sembrarla en otros tierra, en otras gentes; habría que invitar también a otras personas, en otros lugares, allí donde ahora no llegaba Jesús para que conocieran también esa buena noticia. Muchos pobres en muchos lugares necesitaban escuchar esa buena noticia que les anunciaba una liberación y un mundo nuevo. Había que ser pescadores de hombres, Jesús necesitaba pescadores, necesitaba que aquella semilla calase hondo en los corazones para que pudiera ser trasmitida. Allí estaban los primeros a los que Jesús invitaba a estar con El. Con Jesús aprenderían un nuevo arte de pesca, porque aprenderían a ser pescadores de hombres.
Ya Andrés había hecho sus primeros intentos cuando había llevado a su hermano Simón hasta Jesús. Algún día lo veremos que algunos griegos quieren conocer a Jesús y a través de Andrés van a ser presentados a Jesús. Por el mundo habrían de salir un día con esa misión, con ese anuncio que realizar, con esa tarea de llevar hombres y mujeres de todos los lugares del mundo hasta Jesús.
Hoy estamos celebrando a san Andrés y muchas más consideraciones podríamos seguir haciéndonos. Pero ¿no escucharemos nosotros en nuestro corazón también esa invitación de Jesús para ser pescadores de hombres?
El Papa nos está repitiendo continuamente que tenemos que salir a las periferias, que tenemos que ir al encuentro de todos los hombres, allá donde estén. Es la tarea en sus objetivos pastorales que nuestras diócesis y parroquias están ahora empeñadas en realizar. Discípulos y apóstoles, discípulos y misioneros, discípulos que estamos junto a Jesús  pero que tenemos que salir a ser pescadores de hombres.
Que no se nos apague esa inquietud que sentimos en nuestros corazones; que vayamos al encuentro con Jesús para conocerle – ‘maestro, ¿Dónde vives?’, también le preguntamos; que escuchemos esa llamada de Jesús y dejemos atrás esa cosas que nos impedirán hacer una pesca mejor. 

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