miércoles, 7 de diciembre de 2016

Qué reconfortante es encontrar un hombro amigo sobre el que descansar y desahogar todas nuestras preocupaciones y agobios… Jesús no nos falla nunca

Qué reconfortante es encontrar un hombro amigo sobre el que descansar y desahogar todas nuestras preocupaciones y agobios… Jesús no nos falla nunca

Isaías 40,25-31; Sal 102; Mateo 11,28-30

¡Qué reconfortante es encontrar un hombro amigo sobre el que descansar y desahogar todas nuestras preocupaciones y agobios! Es algo que necesitamos en la vida, ese amigo, esa persona que nos aprecia y nos escucha, que está a nuestro lado y que quizá sabe guardar silencio hasta que nosotros rompamos en nuestro desahogo, esa persona que tiene la buena palabra de ánimo para que sigamos adelante, para que no desfallezcamos en nuestras luchas, para que no tiremos la toalla cansado por nuestros agobios. Quien tiene un amigo así puede decir que ha encontrado un bello tesoro.
Vamos muchas veces por la vida demasiado solos, a pesar de que tengamos muchos amigos y conocidos, de que utilicemos los modernos medios de las redes sociales para entrar en contacto con todo el mundo, aun cuando aparentemos que las cosas nos van bien y que vamos irradiando felicidad, tras esa fachada nos podemos encontrar cosas solitarios, llenos de amarguras, que se encierran en si mismos, que no han encontrado aun ese amigo del alma en quien confiar y en quien confiarse, porque hay muchas cosas que nos guardamos dentro de nosotros y las sabemos quizá disimular muy bien para mantener quizá una apariencia.
En el camino de la vida, aunque nos creamos muy autosuficientes, necesitamos sin embargo un punto de apoyo que nos dé ánimo y nos impulse a seguir caminando siempre con ilusión, con fuerza, con esperanza. El camino, es cierto, lo tiene que hacer uno, pero esa palabra de amigo, ese hombre en el que nos apoyamos y quizá derramamos nuestras lágrimas, ese oído que nos escucha una y otra vez, esa mirada que nos llega al alma, es como ese bastón que nos sirve de apoyo para evitar peligros y caídas pero que también nos sirve de impulso cuando la pendiente se nos puede hacer cuesta arriba llena de durezas y dificultades. Humanamente es algo que nos gratifica.
Hay alguien en quien siempre podemos confiar y que siempre no solo está a la espera de que vayamos confiados a él, sino que además se adelanta hasta nosotros para tendernos su mano, decirnos su palabra, darnos su fuerza, ser nuestro descanso. Hoy lo escuchamos en el evangelio. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso…’ Nuestro alivio, nuestra fuerza, nuestro modelo, nuestro descanso. Ahí está Jesús siempre a nuestro lado, ofreciéndonos su vida, ofreciéndonos su descanso.
Casi no es necesario decir nada más, sino sentir su presencia, dejarnos inundar por su gracia y por su amor. El nunca nos fallará. Ha prometido que estará con nosotros siempre, y siempre podamos contar con El. Es más, El quiere habitar en nosotros si lo amamos y guardamos su camino.
Y una última palabra en esta reflexión. Piensa como puedes ser tú también para los que están a tu lado ese punto de apoyo, ese hombro en el que descansar, ese oído que siempre escuche, esos labios que siempre tengan una palabra de ánimo para los demás.

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