miércoles, 16 de marzo de 2016

Mantenernos con perseverancia en la Palabra de Jesús, escuchándole, queriendo ir plasmando su Palabra en nosotros para llegar a la plenitud de vida que nos ofrece


Mantenernos con perseverancia en la Palabra de Jesús, escuchándole, queriendo ir plasmando su Palabra en nosotros para llegar a la plenitud de vida que nos ofrece

Daniel 3, 14-20. 91-92. 95; Sal.: Dn. 3, 52. 53. 54. 55. 56; Juan 8, 31-42

La perseverancia es lo que nos permite llegar a conseguir nuestras metas y deseos. Mantenernos firmes en un dirección, constantes en la lucha por conseguir nuestras metas, no perder la intensidad del empeño con que nos esforzamos para alcanzar unos objetivos, ser fieles a unos principios que hemos adoptado o nos hemos propuesto como motor o raíz de lo que hacemos en la vida, mantener la palabra dada y no es solo porque se lo hayamos prometido a algo sino por fidelidad a nosotros mismos es algo que muchas veces nos cuesta.
Nos viene el cansancio, los fracasos o la dificultad en la lucha nos hacen perder la ilusión, los espejismos de lo que vemos alrededor que nos parece más fácil o que nos va a costar menor esfuerzo son tentaciones que nos van apareciendo y nos hacen bajar la guardia, perder intensidad, y hasta el peligro de olvidar aquellas metas que nos propusimos. Qué importante es ser perseverantes. Qué necesario para ir logrando esa plenitud de nuestra vida.
En el camino de nuestra fe y de nuestra vida cristiana eso es importante. Importante para que no se nos enfríe nuestra fe, importante para no quedarnos en una vida cristiana superficial, importante para ir logrando una verdadera hondura espiritual en la medida en que vayamos creciendo en el conocimiento de Cristo e impregnándonos de su sentido de la vida, importante para que lleguemos a ese necesario compromiso que sufre de nuestra fe y nos abre a los demás y al mundo en el que tanto bueno podemos hacer.
Nos aparecen también sombras, tentaciones, desganas, cansancios cuando no ponemos esa necesaria intensidad. Crecer en el conocimiento de Cristo es crecer en nuestra relación con El, en nuestra vida espiritual, en nuestra oración, en esa reflexión que nos hacemos cada día iluminados por su palabra sobre la vida que vamos haciendo y donde está nuestra misión.
Hoy nos dice Jesús en el evangelio. ‘Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres’. Les estaba hablando a aquellos más cercanos que habían creído en El. El evangelio en estos días nos va relatando los enfrentamientos que tiene con los judíos en Jerusalén, donde hay muchos que no le aceptan. Pero algunos escuchan en lo hondo de su corazón las palabras de Jesús y comienzan a creer en él. A ellos de manera especial se dirige con palabras que nos viene bien recordar.
Mantenernos en la Palabra de Jesús, perseverar en su escucha, perseverar en el querer ir plasmando esa Palabra de Jesús en nuestra vida, para ser sus discípulos de verdad, para seguirle, para hacer su camino, pero un camino que nos conduce a la plenitud, a la verdad, a la autentica libertad, como nos dice.
La palabra de Jesús nos libera porque nos hace grandes, nos hace descubrir nuestra dignidad, nos da motivos grandes e importantes para luchar por ser mejores, por hacer un mundo mejor.
La Palabra de Jesús nos traza metas que nos llevan a la plenitud y nosotros queremos seguirle, nosotros queremos alcanzar esa plenitud que nos ofrece, aunque nos cueste. Pero hemos de ser perseverantes, mantenernos en esa palabra de Jesús. 

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